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OPINIÓN
Por Dr. Antonio Reyes


Una visión paradigmática sobre el ambiente recesivo internacional 



Como en todo inicio de año, los organismos internacionales y algunas instituciones nacionales han difundido sus previsiones económicas para el futuro inmediato, enfatizando la mejora sustancial de la producción y el empleo estadounidense.  Sin embargo, se ha obviado, el efecto económico que podrían generar cambios políticos factibles, especialmente la reelección del Presidente Obama y el triunfo socialista en Francia, así como el desenlace adverso de la tragedia griega y de la vieja confrontación de Estados Unidos e Israel con Irán.  En todo caso, desde la perspectiva institucional, nuevas y diferentes políticas económicas podrían llevar a escenarios hasta ahora no considerados.

En este contexto e inmersos en las noticias del affaire griego, finalmente ha sido anunciado el reconocimiento de la caída económica de la Unión Europea (UE) en el último trimestre de 2011 y la entrada en recesión de algunos países de la zona Euro, entre ellos Italia.  Estas noticias sólo confirman lo que ya se preveía desde septiembre pasado y hacen, desde ahora, pronosticar el alargamiento de lo que se ha llamado depresión económica, concretamente de la UE.

En ambos casos, es posible pensar que se asume que la economía y las finanzas regresarán relativamente al estado que prevalecía antes del inicio de la recesión de EU, iniciada en diciembre de 2007 y que después de 18 meses terminó a mediados de 2009.  De igual manera, que no se pone la debida atención en que la crisis en sí significará cambios estructurales representativos que podrían terminar por crear nuevos paradigmas.

Si tal conjetura es válida, es evidente que se están obviando dos hechos incontrastables.  En primer lugar, la dinámica productiva general que prevalecía antes de la crisis demostraba un cambio estructural radical, cuyas fuerzas inerciales siguen aún presentes y, en segundo lugar, la prevalencia de la confrontación paradigmática que prevalece de la visión de la política económica entre USA y la UE, que podría hacer posible que la crisis en la zona Euro tuviera una salida inesperada.

Sobre el cambio estructural internacional, los comentarios y evidencias semejan un hartazgo, pero vale la pena tenerlos presentes así como los resultados de la visión contrastante entre EU y la UE deben ser considerados, especialmente a la luz de las ideas económicas de México, que han transitado del catarrito a la catástrofe, para aterrizar, como siempre, en el aquí siempre es todo diferente; para con ello, tener una perspectiva más pertinente de las adversas condiciones económicas actuales y su evolución futura.

De 1969 a 2008, la estructura porcentual de la participación regional en el Producto Interno Bruto (PIB) mundial cambió grandemente.  El gran perdedor fue lo que ahora llamamos la UE, al perder casi 10 puntos en su participación porcentual del PIB global, siendo el gran ganador Asia/Oceanía al pasar de 15% a casi 27% del producto.  América Latina tuvo una pérdida relativamente pequeña y USA vio disminuir su participación en casi cuatro puntos, en los últimos años. 

En esta dinámica, fue en la composición del PIB en donde se experimentó el mayor cambio estructural mundial por regiones y países.  Específicamente, entre 1970 y 2009 Japón pasó de participar con 35% del PIB mundial manufacturero a alrededor del 20%, en tanto USA perdió casi 10 puntos en su participación mundial.  Obviamente los ganadores fueron China y los países asiáticos, situación que se ha acelerado en los último años.  Todo deja indicar que en este cambio estructural de la economía real es en donde radica mayormente el centro del problema que se ha vivido y en el que EU pretende asumir sus principales medidas económicas futuras; es decir la puesta en marcha de una nueva política industrial.

Prácticamente en ese período se vivieron grandes crisis internacionales, como la desaparición del dólar como moneda de valor fijo frente al oro; las crisis petroleras, particularmente la del inicio de lo 1980’s; y EU enfrentó cuatro recesiones económicas, siendo la de 1982 la segunda más aguda después de la recientemente terminada.  En ese mismo periodo se liberaron internacionalmente los mercados, manteniéndose restringido el relativo a la mano de obra y que llevó en 1982 a enfrentar tasas de interés de dos dígitos.

Sin duda, estos últimos eventos fueron producto de decisiones de política económica que se fundaron en un paradigma que se fue gestando a lo largo de los 1960´s y que se hizo manifiesto a partir de los 1970’s, como fue el fallido experimento inicial chileno, con los llamados Chicago Boys, la desregulación financiera y más recientemente con la reforma económica identificada con el nuevo liberalismo.  Hoy, frente a la crisis que se ha vivido, la mayoría de los males son asignados, tanto por las autoridades financieras internacionales como nacionales a la fallida operación de los mercados desregulados, precisamente los financieros, sin dejar de identificar a sus actores.

Sin embargo, con los principios de solución de la crisis en marcha en EU al igual que de la UE todo deja indicar que la preocupación sobre la simple visión de la desregulación de los mercados ha dejado de ser la principal preocupación, centrándose en otros dos focos.  En el caso de EU y de acuerdo con lo anunciado, es el desbalance económico internacional que enfrenta la economía norteamericana lo que ha obligado a poner en marcha una nueva política industrial, por la vía fiscal.  En contraste, la UE ha puesto significado en la deuda pública como el meollo de la solución del euro, más que en el ámbito de la producción, especialmente la industrial.  

Adicionalmente, en tanto EU ha buscado afanosamente alentar la producción y el empleo por la vía del gasto público, la UE ha sustentado sus acciones en sanear las finanzas públicas por la vía de la reducción del peso de la deuda soberana.  Los resultados, en ambos casos, son contrastantes.  En tanto EU ha entrado en una franca recuperación económica y abatimiento del desempleo, en la UE las dificultades de producción y empleo han terminado por generalizar la recesión en países impensables de correr este riesgo, como son Bélgica y Holanda, como se aprecia el cuadro que se presenta.

Bajo la dinámica paradigmática de bajar la deuda soberana y con un sistema financiero disfuncional para mantener sanamente a la UE y al Euro es totalmente previsible que España y otros países pronto entren en recesión, incluida Alemania.

En contra posición, es previsible que EU con un sistema financiero central funcional y la nueva política industrial anunciada siga consolidando su recuperación, pero posiblemente afectando la dinámica de crecimiento de ciertos países asiáticos, en especial China.  En esta perspectiva, no es remoto que el mundo pueda entrar en una nueva etapa de proteccionismo, como aconteció después de la crisis del 29, tal como fue temido desde hace tiempo por ciertos analistas e investigadores.

Por ello, no es ajeno que las disputas comerciales profundas que se estimaban no existirían con los llamados acuerdos y tratados de libre comercio parecen comenzar a emerger.  Tal situación ha sido ampliamente documentada para el caso de Brasil y México por analistas tan sobresalientes como De la Calle.  En este tipo de disputas, las condiciones estructurales diferenciadas de cada país serán evidentes e irán en su negociación conformando una nueva globalización, diferente hasta la ahora conocida y promovida.

En este tenor, específicamente las autoridades hacendarias deberían ir previendo como podría activamente insertarse México a una condición económica internacional diferente a la que prevalecía hasta hace muy poco.  De igual manera, sería necesario tomar en cuenta las ventajas comparativas que ante tal realidad cuenta el país y, más importante, nuestra relación comercial y de interdependencia regional con EU.

Acumular reservas monetarias por la vía de altos intereses y sobrevaluación de la moneda en un país ávido de empleo y de inversiones es insuficiente para lograr una sostenibilidad económica sana.  Así, sin dejar de tener en cuenta las deudas y los gastos públicos, como en la parábola de los talentos, más que guardarlos y acumularlos habrá que buscar afanosamente reproducirlos.