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Ingeniería y otras artes
Por Edgar Tungüí *


¡Está temblando!

El día 20 de marzo los capitalinos volvimos a vivir la angustia de sentir un sismo de magnitud mayor.  Cerca del medio día la tierra se movía.  Aunado al desconcierto de los primeros minutos, empezó a surgir información acerca de la magnitud; los primeros datos hablaban de 7.8 grados en escala de Richter. Las primeras reacciones fueron comparar la magnitud con el sismo del año 1985, el fatídico 8.1...solo tres décimas de diferencia. Sin embargo, cabe aclarar que no se comporta de forma lineal la magnitud, por lo que tres décimas es mucha diferencia.

Tres días después, el día jueves, empezó a correr el rumor en las redes sociales de que temblaría a las 4 de la tarde.  De forma anormal empezaron a llegar llamadas a las oficinas del Gobierno del Distrito Federal pidiendo instrucciones sobre que había que hacer para recibir el temblor.  La cara de desconcierto, y de temor, de las telefonistas era evidente.  Hubo que tranquilizarlas primero a ellas: hasta el momento no existe forma, método o esfera mágica que pueda predecir o pronosticar un temblor.  ¿Seguirá temblando? Sí, siempre. Vivimos y es una zona sísmica.

¿Qué se ha logrado avanzar de 1985 a la fecha?  Tenemos un Reglamento de Construcciones más estricto y con factores de seguridad más altos que reducen las posibilidades de derrumbe de edificaciones.

Contamos con una alarma sísmica que nos avisa de aquellos temblores mayores que vengan de la costa de Guerrero (por eso no sonó en el temblor del 11 de abril), ahora hay que fomentar que sea colocada en mayor número de lugares. Lo acepten o no, los simulacros han ayudado a dar orden a las evacuaciones de edificios, lo cual ha quedado demostrado en los últimos eventos. Cada vez son menos las crisis nerviosas.

En fin, sigamos acostumbrándonos a ellos, conviviremos con ellos mientras vivamos aquí, estemos preparados.  Tengamos nuestro plan de protección civil familiar: que hacer después de un temblor, como contactarnos, en donde encontrarnos, que papeles debemos tener resguardados, etc.  No está por demás hacerlo.

* Ingeniero civil por vocación y de profesión. Docente por convicción.