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No más atole con el índice

Colaboraciones y reflexiones de Gastón T. Melo-Medina en El Semanario

miércoles 21 de octubre de 2015

En el 2018, veremos una escena donde 2 candidatos, el persistente AMLO y un independiente, decidirán el curso de la nueva era en que el país quiere entrar de lleno.

 

Ciudad de México.- Y ¿cómo está el empresariado medio en el país con relación a la escena política y ante el panorama 2018?

Esta mal, aunque le vaya bien, enojado y buscando interpretar para dar respuestas a las cosas de su entorno de país y de industria. Molesto y activo, dispuesto al quehacer que transforma.

Sus primos mayores de las grandes empresas no les abren sino a penas huecos de participación, acotados siempre.

Las cámaras industriales y de comercio, son trampolines de protagonismos e intereses siempre angulares y no les sirven.

La mediana industria del país, en Puebla, en Jalisco, en Veracruz o en la Ciudad de México, por mencionar sólo aquellos con quienes he hablado en las semanas recientes, están a disgusto con sus gobiernos y no quieren quedarse allí.

Agricultores, autoparteros, radiodifusores, constructores, hoteleros, productores y otros profesionistas, sienten y viven la poca consideración del gobierno a sus intereses: créditos caros, baja representatividad, cero consideración a sus intereses, impuestos insensibles y con poco retorno, desatención a la relación entre las estadísticas y la acción política, malos esquemas de capacitación, deficiente representación gremial y demasiado politizada.

Los industriales medianos han caído en cuenta que su aprendizaje de la globalización es quizá mayor a de los grandes intereses que buscan preservar los cotos de acción, la connivencia con el gobierno y los beneficios del status quo. La mediana industria busca en mercados exteriores las posibilidades y garantías que no obtiene en el país.

Aquellos patrones que tienen entre 30 y 300 trabajadores, que venden entre 15 y 300 millones de dólares al año, a ellos nos referimos.

La efervescencia de su acción sin embargo, su vocación de ser tomados en cuenta, su contacto con el México de a de veras, tanto el de abajo como el de arriba, los hacen la bisagra más sustantiva para entender y proyectar una visión distinta del desarrollo del país.

Este grupo de personas, hombre y mujeres de la brega diaria, de la inteligencia activa y necesaria, saben que la perinola del tiempo marca en todas sus caras un irremediable “todos ponen” y están dispuestos para incorporarlo a su cotidianidad.

Son ellos quienes mejor se están preparando, quienes reconocen el valor de la meritocracia, quienes saben que el desarrollo es sobre todo sostenible, incluyente conectivo. Por eso quieren, entre otras cosas, un acuerdo con la base trabajadora para reforzar la productividad y la garantizar mejores retribuciones y calidad de vida. Cumplir con aquello que la partidocracia no ha podido cumplir con sus promesas y prevaricaciones.

Los medianos industriales de México están cansados de no existir cuando sus empresas son el ánimo del 60% del PIB y de más del 80% del empleo. Este gremio se cansó de los crédito gotero y está dispuesto a tomar el país en sus manos.

La mediana industria es la plataforma idónea para acompañar y desarrollar la topografía de un programa de país encabezado por un candidato ciudadano que sepa interpretar las condiciones de este Primer Motor de la economía y conforme un equipo sensible a las problemáticas del gremio, que concilie una visión de crecimiento sostenible y palie las desigualdades para garantizar calidad de vida a las familias de la fuerza de trabajo, haciéndola crecer y acceder a salarios dignos y formación constante a lo largo de la vida.

Hartos de una partidocracia que ha sabido preferentemente servirse a si misma, cansados de mantener a esa ameba que pareció abrirse con la transición fallida en el 2000 y se cerró con el ingreso cooptado de la izquierda light y achuchada que nunca supo ser zurda ilustrada y de partiditos de pacotilla, sin otra ideología que la venta de sus mercenarios servicios al mejor postor, los industriales medios están decidiendo otros destinos para el país.

Formados en las universidades nacionales, la cepa de becarios y de criollos más sensibles que han podido, pese a los entornos refractarios, descollar en los negocios, quieren tener un mejor país y algunos están dispuestos a sensibilizarse a una realidad mas incluyente, menos desigual, con mayor acceso a las oportunidades, a partir de una territorialidad donde las posiciones se ecualicen y favorezcan a los que menos y hagan aportar a los que mas.

Una nueva inteligencia aparece en México y es menos tolerante, menos connivente, más analítica, tiene mejor lenguaje, no sabe exactamente lo que quiere pero reconoce distintamente lo que no quiere.

Andrés Manuel el bueno, el candidato único hoy, se mueve con holgura, reúne grupos numerosos, colecta el hartazgo nacional esperanzado de encontrar novedades en el anquilosado discurso de quien pudo ser presidente en el 2000 y quien perdió por su soberbia y su ego mesiánico, pero no aporta novedades a un electorado exigente y a una ciudadanía mas consciente y madura que hasta hoy no ha encontrado otras ofertas y que sin embargo esta dispuesto a construirlas en diálogo con una Intelligenzia menos integrada con el poder, mas independiente y urgida de proveer alternativas y escenarios distintos que si bien de riesgo, de mejor potencial también.

Lo sabe AMLO y comienza ya a señalar que la posibilidad de un candidato independiente es parte de la complósfera salinista que como el diablo es ubicua y sabe estar en todas partes.

Los adelantados evidencian sus posturas: el ex rector Juan Ramón de la Fuente, no ha hablado, firma en grupo manifiestos, cabildos de más reflexión que acción por el momento. Como en los tiempos en que agazapado pactó con López Obrador y no apareció sino hasta el final esperando el momento idóneo parta revelar su posición. Emilio Álvarez Icaza, apuesta a una fama y a un prestigio demasiado elitista, Jorge Castañeda, el impulso y el ánima intelectual del movimiento independentista que tiene desde luego aún mucho que decir y algunos que incorporar.

Falta ver quienes se apuntan, mas nombres aparecerán sin duda en la escena y su condición hoy de analistas y estudiosos de la escena nacional permite que se armen y se preparen con estrategias más sofisticadas.

En el inconsciente colectivo la decisión esta tomada, las ganas de castigar a la partidocracia no son retóricas y aunque se apuntalen los liderazgos internos, sobre todo los del partido en el poder, salvo la siempre posibilidad de una contra experiencia, en el 2018, veremos una escena donde dos candidatos, el persistente AMLO y un independiente, decidirán el curso no sólo de la elección sino de la nueva era en que el país quiere entrar de lleno, las lecciones se han tomado y el resultado predecible se está gestando a favor del país mejor que se acerca y que reclama inteligencia y visión.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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