Home || Colaboradores || Francia no defrauda

Francia no defrauda

Colaboraciones y reflexiones de Gastón T. Melo-Medina en El Semanario

miércoles 10 de mayo de 2017

Los resultados de la elección francesa no son sorprendentes, pero sí aleccionadores. Macron tiene un margen consistente para armar un gobierno sólido frente a las ideologías tradicionales. Su 66 por ciento incluye votantes en su favor, de las regiones que en la primaria votaron por Marine le Pen, Fillon y algunos de Mélenchon. Quedan para la glosa, las razones de este voto en que 16 millones de franceses declinaron participar u optaron por anular la papeleta.

Si pensamos el nivel de retórica empleado en esta elección no nos sentiríamos demasiado lejos del alambicado discurso de los políticos mexicanos, las frases gordas, el lenguaje sin rumbo preciso, las expresiones que quedan en el límite del insulto franco. Anoche las frases hechas y las arengas fáciles desafortunadamente acompañaron a Emmanuel Macron, impuesto ante la pirámide de Ieoh Pei en el Louvre. La imagen queda como un símbolo faraónico que augura cierto mesianismo o, por lo menos, cierta dosis de sorpresa para este mundo que parece haber abandonado izquierdas y derechas para debatirse entre populismos nacionalistas, afanes globalizantes, entre integrados a las urbes y vecinos de las regiones menos pobladas; entre educados y con grandes títulos, entre menos educados con diplomas pragmáticos, entre altas y bajas identidades, entre migrantes y establecidos.

Llaman la atención la napoleónica evocación con el “Himno a la alegría” de la 9ª de Beethoven, las evocaciones al miedo de Francia sobre el liderazgo de Francia y lo que “el mundo” esperaba de esta elección. Los franceses no quieren apuntar mucho sobre la diferencia de edad entre la pareja presidencial porque encuentran misógino el comentario. Sin embargo, llama la atención el desapego a su cónyuge sexagenaria, quien le besa la mano ante su total indiferencia (si tan solo la elegancia de Barak Obama con Michelle no hubiera existido, el gesto habría pasado desapercibido). En tiempos de la posmodernidad, donde lo simbólico prevalece sobre el dato objetivo, estos elementos cuentan y avalan porvenires.

Los datos post electorales señalan también la necesidad de empleo mostrada por la clase política que, como en el caso del ex Primer Ministro del Val, se lanza ahora para no quedar fuera de la jugada como candidato a legislador por el partido macronista de la República en Marcha, aún en obra.

La rumorología habla de la bi-sexualdad del nuevo gobernante que, si bien los franceses tolerantes no pueden menos que aceptar, no deja de ser uno de los factores que la derecha católica conservadora pero no “ultra”, señala como un argumento de su abstencionismo y uno de los más altos históricamente desde la década de los 60. A este abstencionismo contribuyen también los señalamientos acerca del abuso sexual de su esposa cuando a los 17 años Emmanuel Macron inició una relación con ella, cuando era su profesora de francés y quien en ese entonces tenía casi el doble de su edad. Redes masónicas y LGBT apoyaron abiertamente al nuevo presidente, esto después de su declaración en el sentido que: La comunidad LGBT encontrará siempre en mí, un defensor. Los rumores de su relación con Mathieu Gallet, presidente de Radio France, pese a los desmentidos, contribuyeron a su fama y reconocimiento.

Los jóvenes franceses votaron divididos en la primera vuelta, una parte por Macron y otra por Mélenchon, el candidato de la izquierda digna. En la segunda, sin embargo, el voto joven fue para Macron, y es que mucho estaba en juego en esta elección: Europa lo más importante. En una encuesta del Instituto Francés de Opinión Pública, hecha con luxemburgueses en un plebiscito de elección en Francia, se encuentra que 90 por ciento de estos habrían votado en favor del ya electo nuevo presidente de Francia. Es probable que en Alemania y Bélgica hubiera sucedido lo mismo. Europa necesitaba este resultado para reforzar sus negociaciones frente a una Teresa May, ensoberbecida después de su encontronazo con el Jean-Claude Juncker, el 26 de abril. Una Europa más ejecutiva y menos legislativa, más libre frente al Reino Unido, es la primera derivada de esta elección.

Los electores franceses comienzan así, a despertar de la jornada con enormes dudas respecto de su nuevo presidente. No saben mucho de suposición frente a temas impositivos, el retiro, el inmobiliario, los salarios, el impuesto sobre la renta. La perdedora Marine Le pen, pese a sus augurios en torno a las próximas legislativas en donde buscará posicionarse, acusó siempre a Macron de ultra liberal, durante la campaña, señalando en aval su pasado como banquero en el consorcio de los Rothschild, una de las instituciones bancarias más influyentes en el mundo desde el siglo XVIII. Macron, formado en la tradición escolar francesa, jesuita y enarca, (es decir egresado de la gran Escuela Nacional de Administración Pública), continúa el linaje roto por Sarkozy de contar en el gobierno con una élite meritocrática franco-francesa de la que tanto gustan los votantes tradicionales.

Por otra parte, sin embargo, se acusa a Macron de ser en el fondo el candidato del presidente François Hollande, quien habría convenido en no imponerlo como candidato del Partido Socialista, cuyo representante Hamon dejó a la izquierda prácticamente en manos de Mélenchon, oponiéndose siempre al gobierno de Hollande, desde su querella en el seno del Partido Socialista a finales de la década de los años 90.

Muchos en la derecha tradicional que habrían querido imponer a François Fillon, consideran a Macron una marioneta del actual presidente francés. La derecha católica a través de sus propias redes promovió el voto nulo y el abstencionismo pero, a pesar de esto, un prurito de conciencia les obligó a votar; de suerte que no ocurriera lo que en Estados Unidos, en donde los que no querían a Hillary Clinton pero que la creían ganadora, votaron por Trump para castigarla y que llegara a la Presidencia con el menor margen posible.

Lo mismo sucedió en Francia entre las dos elecciones, aunque al final, el modo en que el mundo observó esta votación, o la manera en que los franceses se sintieron responsables ante el mundo por un posible cambio radical a la derecha, hizo que algunos de estos abstencionistas potenciales terminaran votando por Macron a regañadientes.

Macron se sabe con un fardo grande en compromiso con estos electores y mitigará o detonará a favor de este grupo, en consecuencia, algunas de sus políticas. Muchos le criticaron en el camino su falta de definición. Es ahora cuando esa falta de definición se puede convertir en su principal aval en materia de una nueva seducción ya no a los electores sino a los ciudadanos, a través de su trabajo inmediato y el armado de un gobierno que satisfaga a los jóvenes, a la izquierda moderada y a la derecha conciliadora.

Quedan de modo muy cerrado, siempre en su favor, pero con márgenes muy limitados, los votantes de Córcega y de La región norte; muy lastimada, por cierto, con los campos de migrantes y un encono particular con las políticas centralistas del gobierno. De esta situación derivaran sin duda protestas alimentadas por el Frente Nacional de Marine Le Pen, quien intentará por la vía del escándalo obtener algunos escaños. Le Pen invierte, en este entre-juego, la unidad del FN que después de la elección está de nuevo en riesgo de una división que pudiera a plazo contribuir a una eventual reelección de Emmanuel Macron, después de su primer quinquenio, aunque es pronto para estos augurios.

Desde el punto de vista norteamericano, sagaz como lo ha venido demostrando, el Primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, quien busca reunirse pronto con su coetáneo recién electo. Una oportunidad, desde luego, para ese gigante del norte americano que requiere ante la amenaza de una actitud proteccionista de Estados Unidos, abrirse a nuevos acuerdos con Francia, país con el que comparte historia, parte de su cultura e innumerables afinidades en materia de prácticas sociales.

La semana se anuncia muy cargada para Macron. Ya de plácemes con François Hollande, acordaron la transición de poderes oficialmente para este próximo domingo. Será seguramente entonces cuando tenga mini acuerdos con sus colegas europeos, americanos, rusos, chinos y musulmanes de distintos orígenes; con otros también, aunque serán más protocolaros y breves. Las frases clave para estos mini-encuentros están en fase ya de laboratorio. Merkel y la pléyade europea seguramente estarán en la ceremonia; probablemente Theresa May, y quizá hasta Trump si su visión geopolítica lo mueve a alianzas nuevas con sus viejos socios.

Las legislativas de la primera quincena de junio terminarán de definir la escena política francesa y se espera entonces una mayoría de centro, aunque Mélenchon y Le Pen, pisándose la cola buscaran en la elección su propia subsistencia y la no división de sus tropas y partidos. Ya en el Socialista se dividen las fuerzas entre los Hamonistas, los Macronistas y los que el diario izquierdista Liberation llama legitimistas.

La semana es de entrenamiento para el nuevo presidente. Ceremonia del armisticio en el Arco del Triunfo, entrevistas de paso de poderes, arreglos en el Palacio del Eliseo, invitaciones y lugares, repasar el discurso, entrevistas con los próximos ministros y futuros legisladores.

La especulación será creciente sobre todo en materia del nuevo Primer Ministro porque su nominación definirá hacia dónde se inclina la balanza ideológica. Una mujer, ¿por qué no?, pudiera ocupar este puesto; le toca a Francia abrir su club de toby, en el Hotel de Matignon (Palacio del Primer Ministro) y en ese caso puede ser la eurodiputada centrista Sylvie Goulard, o bien, alguno de los alcaldes del Havre o de Lyon.

Un dossier opone a Macron con el presidente de Estados Unidos: el cambio climático. Macron querrá hacer de la innovación en este campo una de las principales metas de su gobierno. Esto le permitiría a Francia continuar su tradición de liderazgo en la innovación energética con el viejo lema de En Francia seguimos sin petróleo, tengamos ideas.

México en este esquema es percibido como un mercado para los productos franceses, como un cliente en materia aeronáutica, como un discípulo en temas de formación energética. Algunas de las Grandes Escuelas, como el ESSEC, Escuela Superior de Ciencias Económicas y Comerciales, deberá instalarse pronto en el país. La actual Embajadora, Maryse Boissière, cuya labor ha sido bastante protocolaria y relativamente tibia en la percepción incluso de sus propios conciudadanos, deberá partir pronto para favorecer el nombramiento de alguna figura más activa y dinámica, menos Quai d’Orsay y más business oriented.

México, por su parte, también tiene en el actual Embajador Juan Manuel Gómez Robledo, un representante diplomático que aún no muestra garra. Aunque buen funcionario, si quiere trascender el sexenio requiere tomar más riesgo para detonar iniciativas que convengan a ambos países. La UNAM y su representación en París, no han encontrado aún la vía de un desarrollo consistente ni en ciencias básicas ni en ciencias humanas, tampoco en divulgación de la ciencia. Hay allí áreas de oportunidad que pueden sin duda ser atendidas. En cultura, Ana Lara, comienza a despertar al dormido Instituto Cultural de México, la Casa de México en Francia; en la Ciudad Universitaria, va mal pese a sus arreglos y maquillaje exterior. Autoritaria y distante, su directora se piensa directora de una secundaria pública del Estado de México. Lejos están los días ilustrados de Sheridan al frente. México y Francia requieren de un programa de intercambio y de expresión de conveniencias mutuas que, por ahora, está más pensado en Francia que en México.

Un colegio de inteligencia para la relación bilateral se revela indispensable. Hoy el antes célebre y hoy dormido Grupo de Alto Nivel, encabezado por Jorge Castañeda en México y por el ex embajador Philippe Faure, en Francia parece inexistente y sin otra agenda que la protocolaria de los viajes costosos y sin resultados. Una oportunidad para Jorge Castañeda, quien parece estar colgando el saco de la investidura independiente y una llamada de atención a Philippe Faure, quien, a su vez, sabe gozar de México y le toca trabajar en éste con más energía. Tiempos nuevos para las representaciones. Jorge Castañeda, Embajador en Francia, y Jean-Michel Blanquer, en México: he allí una idea efervescente.  ¡Ay, ay, ay!, si tan sólo pudieran presidir ambos países…

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

Tu opinión es importante

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

Sobre Gastón Melo

Gastón Melo
Gastón Tadeo Melo Medina ha dedicado su vida profesional al quehacer comunicacional. Doctor en Psicología Social y de las Comunicaciones por la Universidad Louis Pasteur, Estrasburgo, Francia, (1981). Concibió y produjo hasta 2005 “Cumbre Tajín” Fórmula para el encuentro entre altas y bajas identidades. Concibió produjo y animó “Espacio Vanguardia” (EVAC), seminarios, conferencias y actividades para reconocer la perspectiva joven sobre la agenda nacional y global y una plataforma de encuentro y diálogo entre el mundo de las universidades y el de las empresas, habiendo creado redes presentes en 22 países de Iberoamérica (1997/2013). En su función de Productor y Director en diversos medios, ha ganado premios en Cinematografía con la película “Talpa”, adaptando la obra de Juan Rulfo y en televisión con diversos documentales de investigación etnológica, arqueológica y científica. Redactor en Noticieros de Televisa en 1974, corresponsal en Francia hasta 1980. Director de la oficina de la presidencia del Grupo Televisa y vicepresidente de Grupo hasta el 2001; asesor de su Presidente, hasta el 2013. Gastón Melo es socio Director del Sistema de Información Logística (SILOG) desde 1993. Concibió y es rector del Colegio de la Globalización, seminario permanente de formación de cuadros de negociadores con instituciones multilaterales. Asesor de varias empresas y gobiernos y colaborador de la revista Semanario sin Límite desde 2015, Gastón es también, medalla al Mérito Universitario por la Universidad Anáhuac de México y Officier de l’Ordre des Arts et des Lettres, condecorado por el Gobierno de Francia (1998).