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A vuelta de correo

escritor mexicano

Miguel Ángel Sánchez de Armas


Juego de Ojos

Alfonso Reyes (Foto: Siempre).

viernes 14 de diciembre de 2018

El 7 de mayo de 1932, el joven periodista campechano Héctor Pérez Martínez, autor de la columna “Escaparate” de El Nacional, reprochó nada menos que a don Alfonso Reyes –en ese momento embajador de México en Brasil– su “distanciamiento” de la literatura mexicana, y le expuso el descontento de un grupo de escritores –después conocidos como nacionalistas–, porque los “Contemporáneos” ni ponían interés en los problemas del país, ni volvían la mirada a la literatura de los grandes maestros mexicanos:

“Dentro de sobres inexpresivos, Monterrey –correo literario de Alfonso Reyes–, nos visita: notas sobre Góngora, charadas bibliográficas, la eterna cuestión de las aclaraciones al Cementerio marino de Válery, y una evidente desvinculación de México […] Y si es penoso contemplar el desarraigo de valores completos como Reyes, lo será, aún más, la comprobación del desligamiento de la juventud que está, contra su deseo, unida biológicamente a México.”

escritor

Alfonso Reyes (1889 – 1959) (Foto: Más de Mx).

No faltó un alma caritativa que le enviara la columna a Reyes a tierras cariocas y el Gran Regio (así, con mayúsculas) no tardó en responder a vuelta de correo. Su “desvinculación” con México, declaró, no era más que una leyenda, un malentendido propalado por sus malquerientes, encerrados y aislados en pequeñas luchas de campanario. Se preguntó: “¿Qué tendremos los mexicanos que no podamos ir a donde todos los pueblos van? ¿Quién nos impide hurgar en el común patrimonio del espíritu con el mismo señorío que los demás?”

Este ríspido inicio de una relación epistolar y personal que habría de mantenerse durante los siguientes 15 años, abonó el campo para el encuentro de dos espíritus si bien separados por la edad –el campechano contaba 25 años y 43 el regiomontano–, estaban equilibrados en su amor por México. De Reyes se dice que su figura amparó a todos los escritores mexicanos de la segunda mitad del siglo XX. El episodio con el joven columnista habla de que su influencia fue quizá mayor y más profunda. Tenemos la fortuna de que esa correspondencia fuera rescatada por la hija de Pérez Martínez, la escritora Silvia Molina, en un volumen que tituló, pienso que por razones de amor filial pero también por eficacia literaria, A vuelta de correo.

escritora mexicana

Silvia Molina (Foto: El Siglo de Torreón).

Héctor Pérez Martínez, periodista y político, escritor, polemista e historiador, formó parte de una generación de intelectuales que orientaron su vida y su trabajo a transformar el rumbo del país durante la primera mitad del siglo XX. La suya fue una trayectoria ejemplar que arroja nueva luz sobre un tema frecuentemente desdeñado por la Academia de la historia: la relación entre periodismo, literatura y nacionalismo.

En 1929 sentó plaza de corrector de estilo en el recién fundado diario El Nacional Revolucionario; luego fue reportero, cronista parlamentario, jefe de información, columnista y subdirector del periódico. En voz de Carlos J. Sierra, “Cuando ingresó al periodismo llevaba su carcaj repleto de ideas, ilusiones… que lo hizo parte de una generación nueva… heredera del movimiento revolucionario de 1910”.

Su carrera política lo llevó a ser diputado federal, gobernador de su estado, oficial mayor, subsecretario y secretario de Gobernación en el régimen de Miguel Alemán.

intercambio epistolar

Libro ‘A vuelta de correo’, ed. El Colegio de México (Imagen: Librerías El Sotáno).

La política no apartó a Pérez Martínez de las actividades intelectuales y creativas. Al contrario. Puso éstas al servicio de aquélla: inusual recurso hoy escasamente visto. En una entrevista poco antes de dejar el gobierno de Campeche, expresó al reportero que inquiría sobre su futuro: “Tengo 37 años y un oficio: el de usted, el periodismo”. Nótese que no expresó que su oficio fuera “la política”.

Cultivó la novela, el ensayo y la poesía. Pérez Martínez el periodista no se limitó a reseñar los acontecimientos de su tiempo. No fue “neutral” ni “objetivo”, como exigiría la Academia de la comunicación hacia mediados del siglo. Vamos, ni siquiera estudió periodismo: cursó la carrera de odontología por razones familiares y tan pronto le fue posible se entregó a su verdadera vocación.

Su militancia era con la pluma y a favor del esclarecimiento y la defensa de los valores que son esencia de lo humano y de lo mexicano. Su intercambio epistolar y posterior amistad entrañable con Alfonso Reyes son muestra de ello.

pelea de letras

Héctor Pérez Martínez y Alfonso Reyes (Imagen: Siempre).

Entre las cuestiones de su tiempo intervino y dejó huella en las cardinales: Una polémica en torno de frailes y encomenderos; Una polémica sobre literatura nacional; Presencia del indio y otros comentarios; En los caminos de Campeche, entre muchos otros títulos para los que no tengo espacio aquí pero que bien haría el lector en procurarse lo más pronto posible.

Héctor Pérez Martínez”, dijo Alí Chumacero, “fue un escritor dado a la polémica. Desde su columna ‘Escaparate’ –y él era profesionalmente y ante todo un periodista– solía procurarse opiniones a fin de cernir, mediante la discusión o el cotejo de creencias contradictorias, el significado de ciertos temas nacionales que despertaran la curiosidad e interés”.

Alfonso Reyes escribió de Pérez Martínez: “A quienes tuvimos la fortuna de tratarlo y de frecuentarlo, nos deja un imborrable y cariñoso recuerdo, así como en la vida pública de México señala un hito por su alta y ejemplar conducta de gobernante”.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Miguel Ángel Sánchez de Armas

Miguel Ángel Sánchez de Armas
Doctor en Comunicación y Cultura por la Universidad de Sevilla y diplomado en estudios avanzados por la misma institución, Maestro en Comunicación por la UPAEP y Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas por la UNAM, se ha desempeñado en la academia, en la docencia, en el periodismo y en la comunicación institucional. Fue discípulo de Manuel Buendía, en cuya memoria estableció la fundación que lleva el nombre del periodista asesinado en 1984. Fundó las revistas Mexicana de Comunicación, Mexicana de Cultura Política y Mexican Journal of Communication. Milita en organizaciones de comunicadores de México y de América Latina y es integrante de la Academia de Historia de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística. Ha ocupado asientos en congresos nacionales e internacionales y fue miembro de la Junta de Gobierno del International Institute of Communications de Londres. Entre sus publicaciones figuran El peligro mexicano: comunicación y propaganda en la expropiación petrolera de 1938; Apuntes para una historia de la televisión mexicana; El enjambre y las abejas: reflexiones sobre comunicación y democracia; En estado de gracia: conversaciones con Edmundo Valadés; Medio pan y un libro y Retrato del General. Fue jurado del Premio Nacional de Periodismo, consejero electoral propietario en el D.F., recipiendario del “Micrófono de oro” de la Federación de Asociaciones de Radio y Televisión de España y becario Ashoka. Desde 1990 escribe la columna semanal “Juego de ojos” que publican diversos medios en México, Estados Unidos, España y Centroamérica. Su ficha curricular está incluida en el Diccionario biográfico mexicano.