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Y el silencio fue…


lunes 8 de diciembre de 2014

Mi confusión viene sin duda, del hecho de no saber por qué lado coger la madeja de este enredo, de este nudo en que como mexicanos nos encontramos envueltos.

Ciudad de México.- Cómo no guardar silencio en este país del estruendo, para reflexionar, para apartarse un poco de la barbarie y de la estulticia. De la rabia generalizada. Como no recogerse en una cavilación y en diálogos necesarios.

Hace aproximadamente un mes que no escribo en las páginas de este sitio amigo que se ha posicionado sin dudacomo el mejor portal de noticias en México. No lo he hecho porque no he podido detenerme a reflexionar en palabras escritas, palabras compromiso, cuando paso de la sorpresa al asombro, a la estupefacción, a la decepción.

Mi confusión viene sin duda, del hecho de no saber por qué lado coger la madeja de este enredo, de este nudo en que como mexicanos nos encontramos envueltos.

Si bien hemos incorporado la palabra Ayotzinapa a nuestro vocabulario cotidiano, no terminamos de entender su discurso ya histórico. Ayotzinapa ya quedó irrenunciablemente inscrita como referente en la historia mexicana.

Ayotzinapa está siendo un detonador de conciencia. Quién vendrá un día a decirnos qué pasó, a reconocer los hechos, a presentar los datos desde un ángulo de inteligencia estratégica, de criminología, de análisis sólido. No lo ha hecho la PGR, debilitada como sólo en la época de “la Paca” y el entierro del Encanto… No lo hace tampoco la sociedad civil bajo ninguna óptica, las hipótesis abundan y la razón escasea.

Los paros en el Politécnico, anteriores, cierto, pero paralelos, también parecen hoy irresolubles. El semestre esta sin duda perdido, pero eso no es lo más grave. Lo es quizá el silencio de las mayorías que dóciles que aceptan los actos de una minoría constituida no necesariamente por la Intelligenzia del Instituto, sino por los sectores menos académicos y mas politizados que quizá con alguna razón, pero con mas intereses, están infringiéndose un daño difícil de saldar. México necesita una buena escuela politécnica.

Yoloxochitl Bustamente conoce bien la institución, muchos años pasó cerca del poder antes de tomar las riendas del IPN. Su problema fue sustituirse a una inteligencia natural del corpus politécnico, aprovechar y pretender la sorpresa como acción sin crítica. Error.

Se pretende ahora solicitar a todo personal directivo su carta de renuncia. Horror. La vida institucional no se revierte sin consecuencias. Toda curva de aprendizaje queda reducida por nuevas prácticas párvulas.

Y en corolario de los males todos “la casa Blanca”y el peor manejo de comunicación presidencial de que se tenga noticia. Una decisión de mandos diluidos en colegios incapaces de contradecir la superioridad. David, Roberto. ¿Qué pasó? ¿Quién manda allí? Espero no equivocarme al pensar que no pudieron ser ustedes quienes sugirieron la bárbara acción mediática de la primera dama. Quién opinó, qué sugirió, porqué así. Mal, mal, muy pero muy muy mal. ¿Quién está tomando allí las decisiones? Ojalá y no sea el caso de un agente externo, un asesor “factotizado”. Por favor… Quien deja errar al Rey, hierra también.

Ayotzinapa, más IPN, más Casa Blanca, igual a complejidad sin paralelo. El empresariado está inhibiendo sus inversiones, los flujos internacionales se han detenido, algunos comodities estratégicos para el país están en franco declive. La academia esta estudiando el caso sin encontrar ni proponer soluciones, está aislada, poco caso se hace a la investigación. La UNAM se inquieta, Narro, prudente, ha caído en la trampa de una retórica mas o menos predecible y que no ayuda. Y todo esto en el marco de la Cumbre Iberoamericana. Que no le ocurra, esperemos al presidente Peña, lo que dicen haberle ocurrido en Australia donde escasearon las fotografías con jefes de Estado y el registro de diálogos bilaterales. A México se le hizo dicen, el feo, como se le hacía a Berlusconi en algunas reuniones de calibre similar.

La Sociedad se está levantando, las clases medias y profesionales no quieren perdonar estas faltas mayores.

Y cómo hacerse perdonar ahora por una opinión pública en franca rehabilitación. La sociedad dijo un día la hoy más influyente que nunca Carmen Aristegui -ya no se chupa el dedo-. Un amigo querido profesor e investigador sugería hace apenas un par de días que el presidente Peña hiciera un mea culpa al estilo Clinton en el Affaire Mónica Lewinski. Pensable sólo si reconoce el conflicto de intereses y su laxitud, pre corrupta, digámoslo en su abono. Muchos en nuestro corrillo amistoso se opusieron, pero como decía el Fausto de Valéry, al reconocer la mano de Mefistófeles en uno de sus escritos. Yo no lo escribí… pero no esta mal….- Y es que no hacerlo es pasar por alto algo que le puede costar mas caro.

Al presidente de la República le quedan dos alternativas difíciles: O ser el mejor presidente de México, asumiendo su situación coyuntural, el impulso de las reformas y dedicándose a trabajar intensamente cuatro años, bien acompañado y mejor asesorado… o el peor, el mas represivo, el mas distante, el mas tirano, el mas ciego, el mas aislado.

Estamos viendo aparecer en el país, un Estado Policíaco sobre el que inquieta su gobernanza múltiple y a veces oscura. Hay mucha tinta aun por correr en materia de los mandos únicos estatales en materia de seguridad. Un pacto ciudadano, un Incumbente y un consejo plural y de alto nivel se hacen hoy fundamentales.

Peña, puede convertirse en un Gran presidente aún. Si, pudiera lograrlo si y sólo si, reconoce su fragilidad inicial y la corrige retrospectivamente (solución sólo viable en caso de sentir no haber incurrido en situación de delito). Puede serlo si reconoce sus problemas, si comparte la actitud, si hace permear las Reformas y logra la participación en ellas de las PyMES, de las academias, de la Sociedad Civil.

Lo puede lograr si ante el problema del IPN, establece un grupo de estudio para revisar el marco jurídico y académico de la Institución en un contexto de mejores prácticas en diálogo con el Proyecto Nacional conciliado y discutido ampliamente entre grupos meritocráticos de la Institución.

Peña puede ser el mejor presidente de México, si deja que ocurran procesos electorales transparentes, incluido el proceso presidencial.

Puede ser un gran presidente si su actitud detona otras acciones similares, algunas renuncias necesarias de políticos en el ejecutivo, en el legislativo y judicial, claramente contaminados por la corrupción, antes que les coja la vocación transparentadora de las Instituciones como el IFAI, como Hacienda, antes que se obligue a CISEN a proveer datos sobre conductas y asociaciones y a la Función Pública sobre sus patrimonios.

O es así o Enrique Peña terminaría su sexenio con represión a los ciudadanos, mala imagen internacional para el país y una frágil posición económica.

Las cosas que van mal pueden ir para peor. Que no se piense que el período navideño contribuirá al olvido, el perdón o el abandono de causas nacionales. Eso, no va a suceder. La ola de consciencia llegó para lograr un cambio y lo logrará por una vía o la otra. A México después de esto, no le queda sino ser mejor. Y lo será.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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