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Una nación en busca de estilo


jueves 12 de diciembre de 2013

Venimos al mundo como individuos, escogemos un carácter y nos convertimos es personas.

 

He pasado la semana asistiendo a reuniones en la O.C.D.E. ese organismo de cooperación y desarrollo económico animado por poco mas 30 países que hasta hace poco representaban la mayor parte del PIB del planeta.

Creado por el hoy tan a la moda Presidente Kennedy en 1963, como un colofón del Plan Marshall y tan bien dirigido por ese personaje mundial en que se ha convertido el mexicano Ángel Gurría, la OCDE como se conoce familiarmente su acrónimo, basa su acción en una permanente búsqueda y compartición de “mejores prácticas¨ better policies for better lifes dice su leit-motiv.

Las 15 grandes salas modulares del Centro de Convenciones inaugurado hace unos cuantos años, permanecen la mayor parte del año ocupadas por conferencias y debates sobre las más diversas temáticas. Desde el medio ambiente, a la pornografía infantil, la innovación, las telecomunicaciones,  la minería o los mercados emergentes, por sólo mencionar algunos.

Esta semana fue dedicada precisamente a las telecomunicaciones, las medidas de la economía del internet  y las infraestructuras.

Atentos a los mínimos detalles, representantes de todas las naciones miembro de las compañías multinacionales y funcionarios,  acuden a estos foros para vigilar, orientar en la medida de lo posible y recoger siempre, información sobre las industrias en cuestión, sobre los efectos de su quehacer en las sociedades, de los aportes a la economía y de los marcos legislativos.

Un buen laboratorio y una concentración que privilegia la observación de los diversos estilos nacionales, industriales y gremiales.

Colombia, país que se encuentra hoy en el umbral, junto con Costa Rica,  de su entrada en la OCDE, a través de su Ministro Diego Molano, presentó las primicias del plan Colombia en materia de telecomunicaciones e internet.

Llama la atención su lenguaje claro, su desenfado en el manejo de la lingua franca (inglés, no latín), la transparencia de sus propósitos estratégicos, la transversalidad de los alcances de sus propuestas que no temen en conciliar los intereses de otros ministerios como salud, justicia o finanzas. La seguridad, su aplomo e incluso su ingenuidad que le revela también algo ufano, algo latino,  tuvieron un positivo efecto en una sala llena de funcionarios del organismo, diplomáticos, asesores y técnicos de las TIC’s, en un inicio de tarde parisina soleada y fría.

Las intervenciones de varios países para comentar lo expuesto por Molano reconocieron los esfuerzos de Colombia y aminoraron los aspectos más críticos como la falta de transparencia y consistencia de algunos factores de competitividad que apuntaron los funcionarios de OCDE al exponer el estudio de referencia sobre la telecomunicaciones en Colombia, que ganó en status tras la presentación hecha por su ministro.

Para el propósito de esta nota, nos interesa menos el contenido que la forma. Colombia quedó muy bien y ensancho la puerta por la que sin duda habrá de entrar en la prestigiosa comunidad de naciones representadas en esa casa llamada de los Ricos del mundo.(*)

Francia es el único país que aplica la totalidad de sus intervenciones en su propia lengua. Ni el alemán ni el castellano se escuchan a menudo en estos foros. Los Rusos quieren imponer también su idioma y piden que haya traducción del ruso en las salas, aunque hacen el intento de expresarse en un inglés mucho de esfuerzos maxilares y acentos guturales. Los Coreanos hacen gala de su buen manejo del inglés, los japoneses lo hablan cada vez mejor, los alemanes, suecos, daneses, neerlandeses, noruegos, austriacos y hasta los checos  y portugueses,  un poco menos los españoles, se expresan límpidamente en el idioma de Wilde, de Chatwin y de Hawthorne.

El caso nuestro es complejo. Ángel Gurría, quien epitomiza la representación mexicana, habla un perfecto inglés decantado en la Escuela Moderna Americana y sus muchos años de trabajo internacional que suele alternar en sus presentaciones con un francés de buena factura y buen acento, pero no es un caso generalizado, lejos están buena parte de los funcionarios mexicanos asistentes que se refugian en sus corrillos de connacionales.

Hace un par de semanas conversaba con el canciller Meade, acerca de este asunto y el posible papel que pudiera jugar el Instituto Matías Romero, para intervenir esta situación y lograr que exista en todas las representaciones nacionales una actitud más clara, mejor orientada, basada en referentes comunes. Comentamos de la importancia  y la oportunidad que ofrecen para este ejercicio las Reformas emprendidas desde la Presidencia y atendidas en los cuerpos legislativos. No hablamos sin embargo de su aterrizaje fuera del llamado círculo rojo. De la necesidad de discutirlas en los estados, en las universidades, con las medianas y pequeñas empresas, en los gremios.

Y es que el país reclama cada vez más un estilo, tal vez perdido o quizá nunca alcanzado, una forma de ser.

Los mexicanos están, en muchos aspectos, cantando mal hasta las rancheras.

Hacerse de un estilo propio mas allá de los clisés que reducen al arquetipo de la estridencia, de la riqueza tonta, del folclore o de una cultura que poco se conoce, es un reclamo que debe atenderse desde todas las esferas.

Capacitar a todos quienes representan al país, ofrecer un barniz acido que sepa penetrar hasta la médula de la identidad, que pueda trascender la diversidad y encuentre el denominador común de la unidad que da sentido, es tarea en parte medular, de Alfonso de María y Campos a quien invitamos a emprenderla con toda urgencia y garantía de éxito.  Es deseable un Matías Romero renovado, pro activo en la industria, cercano a la academia, dislocado en la amplia geografía del país, interviniente en lo gremios, con programas puntuales. El modelo económico que subyace a este ejercicio es incluso redituable. Un estilo de país puede nacer de esta institución crisol de imagen que habrá de recoger Presidencia y los responsables de la marca país.

Se lo firmo y se lo cumplo!

* Hace ya dos años que la mayor parte del PIB mundial dejo de estar en las economías de los países de la OCDE.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Gastón Melo

Gastón Melo
Gastón Tadeo Melo Medina ha dedicado su vida profesional al quehacer comunicacional. Doctor en Psicología Social y de las Comunicaciones por la Universidad Louis Pasteur, Estrasburgo, Francia, (1981). Concibió y produjo hasta 2005 “Cumbre Tajín” Fórmula para el encuentro entre altas y bajas identidades. Concibió produjo y animó “Espacio Vanguardia” (EVAC), seminarios, conferencias y actividades para reconocer la perspectiva joven sobre la agenda nacional y global y una plataforma de encuentro y diálogo entre el mundo de las universidades y el de las empresas, habiendo creado redes presentes en 22 países de Iberoamérica (1997/2013). En su función de Productor y Director en diversos medios, ha ganado premios en Cinematografía con la película “Talpa”, adaptando la obra de Juan Rulfo y en televisión con diversos documentales de investigación etnológica, arqueológica y científica. Redactor en Noticieros de Televisa en 1974, corresponsal en Francia hasta 1980. Director de la oficina de la presidencia del Grupo Televisa y vicepresidente de Grupo hasta el 2001; asesor de su Presidente, hasta el 2013. Gastón Melo es socio Director del Sistema de Información Logística (SILOG) desde 1993. Concibió y es rector del Colegio de la Globalización, seminario permanente de formación de cuadros de negociadores con instituciones multilaterales. Asesor de varias empresas y gobiernos y colaborador de la revista Semanario sin Límite desde 2015, Gastón es también, medalla al Mérito Universitario por la Universidad Anáhuac de México y Officier de l’Ordre des Arts et des Lettres, condecorado por el Gobierno de Francia (1998).