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¿Teatro o realidad?

Tráfico vehicular.

Samuel Podolsky


Pensar sintiendo

Foto: Blog Mamá Digital.

viernes 27 de marzo de 2015

Fui víctima del tránsito agobiante en la Ciudad de México. El nulo avance de los automóviles y el fastidio de pasar casi una hora sentado agotaron mi paciencia. Abrir la ventana no me funcionaba en estos casos, por lo que salí del automóvil por un poco de aire. En la esquina observé a un uniformado, decidí acercarme para preguntarle si conocía el motivo de la congestión. Cuando estuve a unos pasos del oficial, quien interrumpió tocando el cristal del automóvil siguiente, me convertí inesperadamente en espectador incidental de esta escena:

—Buenas, mi joven.

—Buen día, oficial. ¿Cuál fue mi error?

—Licencia y tarjeta de circulación por favor.

El conductor asintió y enseguida se dispuso a entregarle sus documentos. El oficial los tomó. Se excusó de tener que comprobar los papeles y caminó hacia la moto-patrulla. Al verme observando, se incomodó. Después de solicitar por la radio la revisión de los datos, el oficial acudió de nuevo al conductor diciendo:

—Entonces, joven. ¿Por qué considera haber cometido un error sí yo no le dije lo que ha hecho?

—Porque le entregué mis documentos.

—Mire, usted ejecutó el delito que se anuncia en el artículo… número once que dice que: “sujetar aparatos de u otros objetos que sean o representen, o interpreten distracción para… éste, la conducción segura del vehículo”. Y aparte de eso también como quien dice ha violado el artículo que sostiene que: “cuando por caso fortuito el conductor detenga su vehículo en las vías procurará no entorpecer la circulación”, ¿Cómo la ve?

—¿Perdón? Pero, ¿por qué? Estaba por colgar, avisaba a mi esposa del tráfico y estoy seguro que entiende oficial, aparte es absurdo que me multe cuando usted mismo ve que estamos sin podernos mover.

Multa de Tránsito.

Foto: Chilango.com.

—Por supuesto que lo entiendo, pero de todos modos es acreedor a las multas correspondientes.

—¿Multas? ¡Oficial! No me mal interprete, ¿Cuál es la verdadera razón de mi detención?

—Primero que nada no está detenido y así como le dije; ha violado los artículos que dicen que… “sujetar aparatos de… u otros objetos que sean de distracción para el vehículo. Y el quince que dice así como cuando por caso… el conductor se detenga, en las vías y, así procurará poner aviso y no entorpecer en las vías.”

El conductor le externó su confusión, acto que el policía tenía previsto y para evitar una larga explicación, el oficial pidió un momento para volverse a la moto y verificar los datos que recibió de central. Después de corroborar que no existía historial delictivo, regresó y entregó los papeles al conductor. El oficial agregó:

—No te muevas, joven. Enseguida traigo tu tanda de multas.

—¡Oficial! No me ha explicado las faltas que he cometido… ¡carajo!

—¡Hey, hey! ¿A dónde? Acaba usted de cometer un tercer ilícito acomodado en su Reglamento de Vialidad que dice que: “Así como ofender, insultar o denigrar a los agentes de la paz o personal de apoyo vial, está prohibido”.

—Disculpe, oficial, no quise ofenderlo de esa manera. Es mi sentir interno no mi visión de usted. Además, no comprendo el texto en forma ordenada de ninguno de los artículos, ni de qué se me acusa. Mire, permítame mostrarle mediante mi trabajo la forma en la que lo escucho a usted, así sabrá por qué no lo entiendo. Verá, soy actor y usted me recuerda mucho a un personaje que seguramente conoce.

Mario Moreno

Mario Moreno interpretando a Cantinflas. Fotograma de la película «Ahí está el detalle» (1940).

El conductor bajó del automóvil y pidió permiso al oficial para abrir la cajuela. El uniformado dio un paso atrás y se mantuvo alerta. Para esto éramos más personas mirando tal injusticia. El conductor sacó del fondo de una maleta un pedazo de periódico, lo dobló y tomó la forma de un ejemplar sombrero de policía, sacó de su bolsillo un plumón y se pintó en el rostro unos bigotes que carecían de forma. Sacó parcialmente su camisa del pantalón y lo bajó hasta la mitad de sus glúteos, cerró los ojos mientras el oficial lo miraba perplejo y los abrió de pronto diciendo:

—No papi, yo no conozco más vidriantes que los vidrios que limpio. (…) —Bueno, algo algo sí sé. (…) —No tanto como usted, pss porque no me gusta ser presumido, pero tampoco soy ignorante. (…) —Antes ya sabía uno qué le tocaba, lo que hacía, amigos y un ambiente así medio hostido medio insípido, yo de plano como que no me hallo. (…) –Pss discúlpeme usted y ya se acabó este relajo. –Nooo pss tampoco, que se pongan de otro lado, ¿qué me van a agarrar de su puerquito? (…) – ¿Y usted no se da cuenta que aquí algo anda chueco? Sí, señor, porque sí ustedes estuvieran… que digamos se ha perdido un collar… entonces vamos agarrando la pista, no más que agarran a usted, usted como policía… usted que tiene obligación de, ciertamente con cierta estructura ¿verdad? Un brillante, ¿qué puede valer? ahí te encargo. Se ha perdido un brillante, ¡fíjese usted qué cosas! Y en lo que ustedes no han caído, porque no más se han planteado, no señor. ¿Y con enfocarme con esa lucesota ya apareció el collar? No, chato, usted abusa.

El conductor finalizó su interpretación, respiró profundo y esperó en silencio. Todos aplaudieron incrédulos. Después de rascarse la barbilla pensando, el oficial reconoció al personaje que el conductor interpretaba. Asombrado por la actuación y por nuestro aplauso, con una enorme sonrisa en la cara, el policía agregó expresando:

—¡Maravilloso! ¡Hasta me hizo reír! Es usted un digno intérprete. Estoy sorprendido, no sabía que era actor. Mire como nos tiene a todos aquí en la calle.

—Muchas gracias, oficial. Me alegro que le haya gustado.

—Joven, pss así ¿cómo? Mire, antes de que siga su curso, déjeme felicitarlo por la magnífica interpretación que hizo de tan magnifico personaje. Mí Mario MorenoCantinflas”, que lo tengan bien cuidado ahí arribita. No se preocupe por la multa, pasa regularmente eso de tener que colgar las llamadas para no ser violadores de la ley. ¡Vaya bien, joven! Que conduzca con cuidado.

Querido lector, ¿Se ha visto usted en alguna situación parecida? Compártamelo. Espero sus comentarios en mi correo personal, pensarsintiendo@elsemanario.com

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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