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Si tú quieres, moriré

Gerardo Laveaga

Antonio M. Prida


De Frente y Derecho

Gerardo Laveaga.

viernes 7 de diciembre de 2018

La más reciente novela de Gerardo Laveaga ofrece un momento de solaz frente al tenso ambiente político que se vive en México, al mismo tiempo que ofrece interesantes reflexiones de sorprendente actualidad sobre la historia, la política y el poder, e invita a fantasear sobre el devenir histórico que puede o no darse, dependiendo de circunstancias impredecibles.

En efecto, la novela histórica Si tú quieres, moriré, se desarrolla durante la época posterior a la Independencia, la 1-T, y antes de la Reforma, la 2-T, precisamente en torno al año de 1855 que continuamente es invocado por el autor, y su trama gira alrededor de dos fascinantes personajes contrapuestos que en la historia de Laveaga tienen la grandeza de espíritu para alinear sus intereses en beneficio de la nación, Valentín Gómez Farías y Lucas Alamán.

Como se sabe, Valentín fue presidente de México en cinco ocasiones, cuatro de las cuales sustituyó en el puesto a Santa Anna. Aunque apoyó a Agustín de Iturbide en su intento imperial, cuando ya coronado disolvió al Congreso, se convirtió en su opositor y apoyó entonces a mi tocayo López de Santa Anna para dar cauce a la instauración de la República. Fue considerado un liberal radical que luchó en contra del clero y del ejército, así como de los conservadores centralistas. En relación con la Iglesia, Gómez Farías prohibió al clero tratar asuntos políticos y obligó a vender los bienes que se encontraran en su poder si no tenían alguna utilidad pública. Los conservadores exigieron el regreso de Santa Anna quien se había retirado de la Presidencia por una supuesta enfermedad, con el propósito de exiliar al vicepresidente, además de derogar sus leyes.

novela histórica Si quieres, moriré

Por su parte, Lucas Alamán fue un destacado político, historiador, científico y diplomático que propuso que la corona española se convirtiera en imperio, permitiendo que príncipes de linaje español tomaran el trono en México, Perú y la Nueva Granada. Fue cofundador y miembro permanente del Partido Conservador Mexicano que apoyó la organización centralista de México. En la junta que gobernó México tras la caída del emperador Agustín de Iturbide, Alamán tuvo el puesto de Ministro del Interior y de Relaciones Exteriores.

En la novela comentada, cuando Santa Anna decide deponer al vicepresidente Gómez Farías, precisamente el 23 de abril de 1834, un general le anunció que “Santa Anna salió ayer de Veracruz rumbo a la Ciudad de México… espoleó su caballo y el animal tropezó, arrojando al jinete.  Se estrelló contra un pedrusco… se partió la cabeza. Ha muerto. Su cadáver regresó a la Hacienda Manga de Clavo para ser velado. Se espera que usted jure el cargo a la brevedad posible.” Es ése el acontecimiento inventado que sirve de parteaguas y que separa la historia alterna de Laveaga de la realidad, que permite a Gómez Farías congratularse de haber vendido Texas a Estados Unidos porque “habíamos provocado un movimiento telúrico, una acerba disputa entre esclavistas y abolicionistas, colocando a nuestro belicoso vecino al borde de la guerra civil.” Y es así que el presidente García Salinas inauguró un centenar de “aldeas de cooperación” a lo largo de la frontera, las cuales se convirtieron “en centros de acogida para los esclavos que huían de Estados Unidos” y que, con el mismo dinero que Estados Unidos pagó por Texas, México dividió a sus vecinos y se consolidó como una nueva nación la Confederación de Estados Americanos.

Durante su amena narración, el autor intercala correspondencia de una fémina llamada María Inés para dialogar con Francisco García Salinas el Tata Pachito, uno de los principales iniciadores del liberalismo, defensor de los derechos del Estado ante la Federación,  hace  cavilar a Alamán sobre su función como historiador al deber “examinar las razones de lo que ha ocurrido en mi patria, tanto como aquello que pudo haber ocurrido. Disfruto fantasear y aventurar escenarios. Así como una ligera variante en la dirección del viento que puede significar una sequía o una inundación para un pueblo, ¿hubo aspectos en nuestra historia que pudieron haber sido diferentes ante un giro insignificante?… me pregunto si la Historia no es sino obvio resultado de meras casualidades”; y hace contestar a José de San Martín “El hubiera no existe… Si vos vivís en el mundo de lo que pudo ocurrir y no ocurrió… difícilmente construirás para el mañana. Si no planeas te devorará el destino.”

político mexicano

Lucas Alamán (1792 – 1853) (Foto: Ciudad Museo Guanajuato).

Es Alexander von Humboldt quien le hizo ver a Alamán que era parte de ese mecanismo infernal de explotación y de que vive en “el país de la desigualdad” y lo conmina a darle a los indios “igualdad ante la ley y acceso a las mismas oportunidades que tienen los criollos.” Él mismo es quien le hace ver que “no son las personas sino las instituciones las que determinan el éxito de una nación”, y es Mora quien le da la lección “¿Quieres el caos o esa pax mexicana que implica mantener a un país de jodidos, sin esperanza de progresar?”.

De enorme actualidad resultan las preguntas que se hace Don Lucas durante uno de sus viajes por Europa: “¿Cómo podía aspirar alguien a dirigir un país si no había viajado? Sin ver otros mundos, sin comparar, ¿qué horizontes podía contornear un dirigente a su pueblo?”, al igual que otro cuestionamiento de otro personaje sobre “la obstinación de las autoridades chinas de oponerse al comercio del opio”, quien se pregunta “¿A dónde vamos a llegar si un gobierno nos dice qué podemos fumar y qué no? Si alguien quiere envenenarse, que se envenene, mientras no perjudique a nadie.”

Es notable que John Stuart Mill exprese su convicción sobre la igualdad del hombre y la mujer, pero acota que “nadie tenía el derecho de traer hijos al mundo que vinieran a sufrir. Los gobiernos debían velar por el control de la natalidad.” y que Alamán defienda a la Iglesia católica en los siguientes términos: “La religión era un rasgo de la identidad nacional… La Iglesia católica era, por añadidura, un contrapeso al poder gubernamental. Sin equilibrios, no podía haber progreso”, poniendo sobre la palestra dos temas de enorme importancia en la agenda nacional de hoy.

Hay referencias a uno de los personajes como “Un peligro para México” a quien “había que eliminarlo” porque “había puesto en jaque a las instituciones.” Alguien quien decía que “el poder me seducía. Porque anhelaba imponer mi voluntad y lograr que mi nombre se recordara en el futuro.” Y en cuanto al pobre pueblo, “no entendía un carajo de lo que ustedes hacían y deshacían en su nombre.”  “Hay que desconfiar de los paraísos por venir.”  Alamán recuenta el discurso que dirigió a la Judicatura cuando tomó posesión como presidente: “No quiero una Corte Suprema abotagada… sino una Corte incómoda, que nos recuerde constantemente que todos, en el gobierno y fuera de él, estamos obligados a respetar la Constitución”.

Curiosa es la advertencia del Secretario de Estado de Estados Unidos a Alamán: “Una guerra era lo que hacía falta… Con ella, México saldría ganando. El flujo de negros que padecía nuestro país terminaría ipso facto, en cuanto la unión se volviera a reconstruir.”  “Porque una cosa sí le anticipo, míster Alamán:  si ustedes acaban construyendo ese muro que ha propuesto Miramón, mi país se sentiría agraviado.” “Miramón pretendía construir en la frontera para frenar la migración”.  “Muchos blancos los que cruzan la frontera, con la intención de realizar los trabajos que los Mexicanos preferían no hacer”. “Si Estados Unidos hubiera ido a la guerra con México cuando se discutía la posible independencia de Texas, Estados Unidos habría acabado sumido en una guerra civil y ahora ni siquiera existiría este tren. La guerra la habría ganado México ayudado por España, Francia y hasta Inglaterra”.

novela histórica

Ilustración de la guerra entre México y Estados Unidos (Imagen: Resaltado).

El autor se refiere a los “afanes utópicos” de García Salinas y Gómez Farías que “pretendían ser los redentores de México”, e incluye referencias a Gómez Pedraza como “presidente legítimo” y a la realidad de que “nuestras instituciones se desmoronaban”.

Sorprende la reflexión de Alamán frente a la galería con los retratos de los presidentes en los siguientes términos: “Todo lo que padecí no fue sino para que mi retrato figurara en este sitio”.  “Todos los que alguna vez fungimos como presidentes de México, tuvimos que pagar costos altísimos en nuestra salud, familia, amigos y prestigio”.  “Los ideales no suelen ir asociados con la realidad porque a él le tiene sin cuidado el progreso de México… sólo busca aplausos y dinero”, “los cimientos de ese país próspero que habías concebido estaban a punto de desmoronarse, a menos de que tú orquestaras una guerra civil.” “Descubrí que no debía preocuparme por mi lugar en la historia de México.  Éste no iba a depender de lo que hiciera o no hiciera, sino de las nuevas generaciones”.

Uno de los personajes reconoce que “La vida es una larga pelea. Cuenta más la resistencia que la fuerza”, y que “el poder sirve para que unos se salgan con la suya.” “Todos buscan el poder para disfrutar riquezas y honores”. Aunque Laveaga pone en boca de Alamán “La realidad es bastante rica como para que tengamos que imaginar lo que pudo haber sido”, Laveaga se da ese lujo, para fortuna de sus lectores.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Antonio M. Prida

Antonio M. Prida
Antonio M. Prida Peón Del Valle es abogado de la Escuela Libre de Derecho y Consultor Legal Extranjero admitido por la Suprema Corte de Nueva York y Texas. Socio de Curtis, Mallet-Prevost Colt & Mosle (NY) y socio fundador de su oficina en México. Fue Director Regional de ProMéxico en Europa, con rango de Ministro, y actualmente es miembro del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Es miembro y ha sido integrante del Consejo Directivo de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados y Vice-Presidente del Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México; es Vice-Presidente Honorario Vitalicio de la Association Internationale des Jeunes Avocats y fue Consejero del Presidente de la Unión Internacional de Abogados. Miembro fundador, ex-Presidente y Presidente Emérito de la Comisión Mexicana de Derechos Humanos y miembro fundador y secretario de la Unión de Empresarios para la Tecnología en la Educación y de Mexicanos Primero. Presidente del Comité de Mediación del Capítulo Mexicano de la Cámara Internacional de Comercio y miembro del Instituto Mexicano de la Mediación. Ha sido profesor en la Escuela Libre de Derecho, la Universidad Iberoamericana y la Western State University de California. Tuvo una columna diaria en El Economista, fue corresponsal en Nueva York del mismo, de Expansión y del programa radiofónico “Mundo Empresarial”, condujo programas sobre el TLC en “Radio VIP” y fue colaborador del noticiero de Gutiérrez Vivó en Radio Red y de Rentería en Radio Fórmula.