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México: laboratorio de la política exterior estadounidense

Expansión Estadounidense.

Antonio M. Prida


De Frente y Derecho

Ilustración: The Ghion Journal.

viernes 7 de junio de 2019

A Xavier Riba Rincón Gallardo.

Ahora que México sufre un nuevo embate por parte del gobierno de los Estados Unidos, sugiriendo convertirlo en un “tercer país seguro” para negar asilos en la frontera, es pertinente recomendar la lectura del libro Imperio y Revolución del escritor estadounidense John M. Hart publicado por OCÉANO, en el cual relata a detalle el incansable esfuerzo de Estados Unidos por extender su área de influencia y exportar un modelo económico al resto de las naciones. El libro que se subtitula “Estadounidenses en México desde la Guerra Civil hasta finales del siglo XX”, demuestra que México fue el primer país en sufrir las consecuencias de su vocación expansionista.

Hart imparte la cátedra de Historia de México en la Universidad de Houston y es autor de otras obras sobre la Revolución mexicana, el cruce fronterizo y la clase obrera de México, pero su libro Imperio y Revolución es el que ha obtenido importantes galardones internacionales.

El propósito del libro es estudiar desde una perspectiva histórica y económica, la injerencia de Estados Unidos en México y la manera en la cual ésta ha influido en el imperialismo global. El autor reseña una reunión llevada a cabo en 1883 en el Waldorf Astoria de Nueva York, en la que miembros de los gabinetes presidenciales y financieros de ambos países, encabezados por el entonces general Porfirio Díaz y Ulysses S. Grant –quienes a la postre fueron presidentes de sus respectivos países–, negociaron el programa de libre comercio, inversión extranjera y privatización del campo mexicano, cuyo eco sigue resonando hoy día.

Imperio Y Revolución.

La tesis central de Hart es que la historia de nuestra relación bilateral fue fundamental en la forma en que Estados Unidos se convirtió en un imperio global, creándose el llamado “neoliberalismo” tan citado hoy día, y en que se expandió la cultura estadounidense en el mundo.  Explica que los estadounidenses infiltraron en México el “sueño americano”, mucho antes de que desarrollaran su capacidad de influencia en el mundo, consistente en valores protestantes, mercado libre capitalista, movilidad social, cultura de consumo y democracia representativa electoral.

En opinión del autor, esta injerencia comenzó poco después de la Guerra Civil, cuando un grupo de financieros e industriales de élite vislumbraron una nación estadounidense más grande, incluyendo partes de México y Canadá, con hegemonía cultural, económica y política sobre algunos pueblos del Caribe, el Pacífico, Centro y Sudamérica. La segunda etapa de dicha injerencia la coloca durante el Porfiriato, al comenzar a desarrollarse la infraestructura de México, lo que les dio acceso a los recursos naturales del país y alentó el asentamiento de estadounidenses aquí.

Durante la Revolución, esos estadounidenses se vieron a merced de rebeldes y nacionalistas, padeciendo incautaciones que sufrieron hasta la década de los cuarenta. Según señala el autor, a medida que avanzó el siglo XX y con motivo de la Segunda Guerra Mundial, sus ambiciones cambiaron a la búsqueda de mano de obra inmigrante barata y eficiente. Después de la guerra, crecientemente se realizaron asociaciones entre estadounidenses y mexicanos, muchas de las cuales subsisten a la fecha.

Hart sostiene que México proporcionó el primer escenario para un encuentro estadounidense fuera de su territorio, oportunidad que le resultó fundamental para analizar la naturaleza de su poderío. El Destino Manifiesto y el TLCAN forman parte de esa historia; de 1865 al 2000 en que se publica el libro, les ha permitido evaluar y medir los efectos de su intervención en el largo plazo.

Expansión de EE. UU.

Ilustración: Victor Gillam, (1898).

En México las élites estadounidenses han puesto a prueba varios enfoques que después han usado para extender su poder e influencia en el mundo entero.  Esos enfoques incluyen asociaciones con élites locales, acuerdos de cooperación entre multinacionales, e intervenciones que van desde operaciones encubiertas como el financiamiento y equipamiento de la deposición por parte de Porfirio Díaz del presidente Sebastián Lerdo de Tejada, hasta invasiones como la Expedición Punitiva del general John Pershing en México.

John M. Hart vaticina que lo próximo a ocurrir es la complicada historia de los estadounidenses en México, quienes han persistido a lo largo de 150 años en mantener sus intereses aquí, como signo precursor de acontecimientos mundiales. Quizá, de materializarse la demanda de Trump de convertir a México en un “tercer país seguro” para negar asilos en la frontera, dicha práctica llegue a utilizarse a nivel global en perjuicio de la soberanía territorial de los Estados.

La coyuntura punitiva en que Trump nos ha puesto al pretender violar el TLCAN para imponer tarifas a todos los productos mexicanos, de no querer jugar ese papel de “tercer país seguro”, es tan grave que, además de provocar una crisis humanitaria, podrá poner en crisis el pensamiento que sostiene la universalidad de los Derechos Humanos, contrayéndolos frente al reto de la seguridad. El tiempo nos lo dirá. Por lo pronto, da gusto ver a nuestro presidente defendiendo a tambor batiente el libre comercio como parte central del interés nacional, paradójicamente el bastión del neoliberalismo.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

2 comentarios

  1. Antonio Izquierdo

    Nuestro MÉXICO cada día más frágil y con una legión d Ciudadanos mal capacitados para el trabajo, poco productivos para ELLOS y para la Nación. No hay manera de salir adelante sí no se mejoran las capacidades y educación d los ciudadanos. Sí no hay productividad no hay forma d que el país progrese.

  2. Antonio M. Prida

    Coincido, estimado Tocayo. No hay otra: educación de calidad para que las futuras generaciones contribuyan a engrandecer el pais.

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Sobre Antonio M. Prida

Antonio M. Prida
Antonio M. Prida Peón Del Valle es abogado de la Escuela Libre de Derecho y Consultor Legal Extranjero admitido por la Suprema Corte de Nueva York y Texas. Socio de Curtis, Mallet-Prevost Colt & Mosle (NY) y socio fundador de su oficina en México. Fue Director Regional de ProMéxico en Europa, con rango de Ministro, y actualmente es miembro del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI). Es miembro y ha sido integrante del Consejo Directivo de la Barra Mexicana, Colegio de Abogados y Vice-Presidente del Ilustre y Nacional Colegio de Abogados de México; es Vice-Presidente Honorario Vitalicio de la Association Internationale des Jeunes Avocats y fue Consejero del Presidente de la Unión Internacional de Abogados. Miembro fundador, ex-Presidente y Presidente Emérito de la Comisión Mexicana de Derechos Humanos y miembro fundador y secretario de la Unión de Empresarios para la Tecnología en la Educación y de Mexicanos Primero. Presidente del Comité de Mediación del Capítulo Mexicano de la Cámara Internacional de Comercio y miembro del Instituto Mexicano de la Mediación. Ha sido profesor en la Escuela Libre de Derecho, la Universidad Iberoamericana y la Western State University de California. Tuvo una columna diaria en El Economista, fue corresponsal en Nueva York del mismo, de Expansión y del programa radiofónico “Mundo Empresarial”, condujo programas sobre el TLC en “Radio VIP” y fue colaborador del noticiero de Gutiérrez Vivó en Radio Red y de Rentería en Radio Fórmula.