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De la descripción a la prescripción económica

Economía crisis

Antonio Reyes


Economía


martes 17 de abril de 2018

¿Ciencia o dogma?

Si se desea cambiar la realidad, lo primero es, lógicamente, describirla, para después explicarla y finalmente definir cómo es posible cambiarla. De esta manera, describir, explicar y prescribir resultan los pasos metodológicos más simples y pertinentes si se pretende cambiar una situación no deseada o socialmente no conveniente para la mayoría.

Convencionalmente, la economía ha sido severamente criticada por los supuestos “irreales” sobre los que descansa buena parte de las teorías o conjeturas de sus expertos.  También, la ciencia lúgubre, como la calificó el inglés Thomas Carlyle, en el siglo XIX, ha sido criticada por lo equivocado de sus predicciones o lo poco convincente de sus explicaciones tardías.  No sin dejar de mencionar los deterioros sociales que ello muchas veces ha provocado. En épocas de crisis, a la crítica de la economía se agregan, con razón poco científica, bromas y fábulas sobre los profesionales de esa ciencia abismal.

Sin duda, la economía, desde la década de los ochenta, ha sido mayormente asumida desde el lado prescriptivo de la ciencia, obviando tanto la descripción objetiva de los hechos como la explicación científica de los fenómenos económicos. Oscureciéndose, así, las causas del proceder profesional de los “expertos” e inclusive las razones de las conductas de los gobernantes.

Este proceder técnico y de política pública ha llevado a negar lecciones básicas de la económica, tal como Paul Krugman, Nobel de Economía 2008, lo señaló oportunamente, y de los riesgos sociales que implican en la formulación de políticas económicas. En muchos casos, inclusive en la llamada descripción de los hechos económicos, se ha asumido posiciones parciales con el afán de sustentar prescripciones o recetas evidentemente fallidas. Este proceso quedó ampliamente evidenciado con la crisis financiera internacional, que “emergió” a partir de 2007, calificada como “La gran recesión económica”, para diferenciarla de “La gran depresión” de 1929.

Convencionalmente, en el análisis de los hechos económicos y su explicación científica, se procede inicialmente con la descripción de la situación prevaleciente, la explicación de ésta y, finalmente, la prescripción orientada a la solución de anomalías o consecuencias no deseadas. El método resulta, de esta manera, sencillo, pero también implica rigor y objetividad, de lo que pareciera muchas veces carecer.

En la posición de Karl Popper, científico de la ciencia, para la generación de conocimiento siempre se comienza con un problema y termina generándose otro problema. Es decir, siempre hay un continuum en la generación del conocimiento científico, por lo que no hay una solución definitiva a los problemas o anomalías que se perciben o se enfrentan por parte del individuo o la sociedad. De otra manera, aún en las ciencias naturales, sin esta conjetura, la generación de ciencia y conocimiento se hubiera detenido hace lustros, por no decir centurias. Hecho que muchos profesionales y científicos sociales parecen obviar.

En el caso de México, es obvio que ha predominado una prescripción en materia económica que, desde mediados de 1980, ha detenido su potencial de desarrollo. En contraste con el crecimiento económico, experimentado por China en su inserción en la globalización, el contenido nacional mexicano de las exportaciones cayó casi la mitad del logrado antes del TLCAN.  En tanto países de la región latinoamericana sacaron en los 2000 a millones de la pobreza, México potenció su nivel de pobreza y miseria, generando salarios mínimos por debajo de los logrados por algunos países de Centroamérica.

Pobreza México

Ante tales pruebas de la improcedencia de la política económica imperante en México, a partir de mediados de la década de los ochenta, se insiste oficialmente en que no hay otro camino que el seguido. Después de un largo periodo de ingresos extraordinarios por la explotación petrolera, la deuda pública se ha acrecentado, la balanza energética se ha deteriorado aceleradamente y el crecimiento económico y el empleo se han estancado.

Frente al rostro de tanta pobreza y estancamiento se pretende oficialmente describir una realidad que sólo existe en las mentes de unos cuantos que insisten en prescribir una política económica en un mundo que cambió dramáticamente y que únicamente prevalece por la ignorancia y los intereses de una élite transexenal y transpartidista. En materia económica, en México se ha mantenido una prescripción dogmática sin transitar de la descripción objetiva de los hechos a la explicación racional de por qué pasa lo que pasa y por qué la economía opera como opera generando resultados perversos. Se ha optado, así, más por el dogma que por la ciencia.

Ya vendrán tiempos en que nuestros gobernantes entiendan y acepten por qué el aparato productivo genera lo que genera, y nuestros funcionarios se abstengan de dictar cátedra a otros países y gobiernos que buscan proteger sus propios intereses nacionales y los de sus ciudadanos. Ello, a pesar de que se insista en prescribir que no hay más camino y destino que el nuestro.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Antonio Reyes

Antonio Reyes
Economista con diversos estudios de postgrado en Varsovia, Polonia; Manchester, UK; Berkeley, USA. Es Doctor en Finanzas por la Universidad de Strathclyde, Glasgow, Escocia, UK. Ha ocupado diversos cargos en el sector paraestatal del Gobierno Federal y trabajó en el Instituto de la Comunicación Educativa (ILCE) y el Senado de la República. Actualmente se desempeña como consultor y asociado a Dartmouth Research & Consulting, Boston, MA, USA.