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La tragedia nacional y las prioridades de la política social

Desnutrición Infantil.

Antonio Reyes


Economía

Comedor en comunidad triqui (Foto: Primera Vuelta).

miércoles 18 de julio de 2018

En 1983 oficialmente se reconoció que: De los dos millones de niños que nacen anualmente en el país, cien mil mueren durante los primeros años de vida por factores relacionados con la mala nutrición y un millón sobreviven con defectos físicos o mentales debidos a insuficiencias alimentarias.  A ello se agregó: Entre los niños de las familias pobres, la mitad de las muertes se originan en la interacción entre desnutrición y enfermedades infecciosas (Programa Nacional de Alimentación, 1983-1988, Poder Ejecutivo Federal).

De entonces a la fecha, han transcurrido treinta y cinco años. Ceteris Paribus, como los economistas de entonces decían, hoy se estimarían en 35 millones de personas los que sobreviven con limitaciones físicas o mentales por razones de insuficiencia alimenticia inicial. Cifra dramática que explicaría buena parte de los retos y consecuencias que debería enfrentar con urgencia y atingencia la política social del Estado Mexicano, así como posible razón objetiva de la violencia que ahoga al país. El drama sería continuar con una política social que desde 1995 ha puesto más énfasis en paliar la pobreza que en atender las consecuencias de un bajo crecimiento económico, empleo e inequidad social.

En 2016, Coneval estimó la población debajo de la línea de bienestar en 50.6%, correspondiendo a 62 millones de mexicanos, al tiempo que calculó que la población con carencia social por acceso a la alimentación correspondía a 20.1% del total, significando un volumen de 24.6 millones de nacionales. Así, más de 20 millones de mexicanos cada día enfrentan, más allá de todo eufemismo, hambre, con los efectos sociales correspondientes, especialmente de mortandad infantil, afectación a los niños en gestación y a los niños que en los primeros años de vida verán definir sus capacidades físicas y mentales para insertase sanamente a la sociedad.[1]

En el mismo sentido de carencias, fue reconocido oficialmente en 2016 que la población de quince años y más sin educación básica completa, que comprende la secundaria y el nivel medio superior, [N]uestro país tiene 30.8 millones de personas en condición de rezago educativo, informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Por lo que [D]e los 89.7 millones de personas de 15 años y más del país, 34.4% se encuentran en situación de rezago educativo, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Hogares 2016.[2]  Así, más de la tercera parte de los mexicanos de quince años y más no han alcanzado un nivel educativo básico, que les permita insertarse en el aparato productivo de manera eficiente y productiva.

Al mismo tiempo, como parte del desempeño escolar, [E]l sistema educativo en México fue incapaz de mantener en la escuela a 80% de los niños que iniciaron la primaria en 1999 y que hoy tienen 24 años de edad, según cifras de la Secretaría de Educación Pública (SEP). Si la tendencia se mantiene, en el ciclo escolar 2017-2018 no acudirán un millón 193 mil 497 niños y jóvenes…[3] En el contexto, es obvio que tal situación es más compleja que la sobre simplificación de asignar a la pobreza el bajo desempeño y el abandono escolar, pretendiendo con apoyos económicos simples paliar sus “causas”.

Ya desde inicios del siglo XX, en México era señalada la interacción de la mala alimentación y la salud.  Así, se enunció que [L]a desnutrición primaria es acompañante habitual de la pobreza… como regla general, se asocia con el estrato socioeconómico y la distribución geográfica de la pobreza y la marginación; así, tiene carácter endémico y una distribución epidemiológica propia. En general, el sujeto con desnutrición primaria no está en contacto con el sistema de salud…[4] De entonces a la fecha, han transcurrido tres administraciones federales, casi cuatro lustros, que en sus afanes de política pública han pretendido resolver problemas sociales cuyas causas y prioridades están en esferas más allá del afán burocrático en turno.

comedores sociales

Comedor comunitario, Ixtapan de la Sal (2015) (Foto: Edomex Informa).

En un proceso circular y acumulativo, en México es obvio que las carencias alimentarias por sus deficiencias proteínicas en gestantes y niños deben estar afectando el rezago y el desempeño escolar, especialmente a nivel medio básico y superior. Efecto negativo que se mantendrá por un relativo largo periodo de tiempo, por lo que las asignaciones económicas directas e individuales de corto plazo, es decir, subsidios, no lo abatirán, aunque tengan otra función social, especialmente en materia de seguridad y violencia protagonizada por adolescentes y jóvenes.

En el mismo sentido, todo deja indicar que en materia de salud el acceso al servicio es prioritario para gestantes y recién nacidos, para prevenir y atender secuelas de salud que la mala alimentación haya generado. Ello tendría efectos en el corto y mediano plazos, más allá del voluntarismo político que las transferencias monetarias o subsidios busquen lograr en materia de violencia y pacificación del país.

Por su magnitud y trascendencia de la alimentación y sus consecuencias sobre el rezago educativo y la salud, la política social debe atender con urgencia tal carencia social, aun cuando sus resultados positivos últimos puedan ser vistos sólo en el largo plazo y se apacigüe la violencia social que tal carencia desata en el corto plazo. La alimentación, la salud y la educación, más lejos del cortoplacismo gubernamental, deben ser atendidas con perspectivas de miras, responsabilidad y compromiso moral.

Deben valederamente ser identificadas causas y definidas prioridades en materia de la política social. El riesgo es pasar de una política social paliativa de los efectos adversos de la política económica y del quehacer gubernamental, a una política social de transferencias económicas individualizadas que solo atenúe y aparente cambios que, en realidad, no son cambios para enfrentar la tragedia nacional. Con el riesgo de no parecer políticamente correcto, es posible decir que millones de mexicanos afectados en sus capacidades físicas y mentales atestiguan el fracaso de 35 años de política social fallida. La mayoría de esos mexicanos subsisten y sobreviven en el sur-sureste del país. ¿Cuantos años más tendremos que esperar para iniciar con certeza la atención de la tragedia nacional?

Referencias:

[1] https://coneval.org.mx/Medicion/MP/Paginas/AE_pobreza_2016.aspx

[2] https://www.forbes.com.mx/mexico-30-millones-personas-rezago-educativo/

[3] http://www.eluniversal.com.mx/nacion/sociedad/desercion-escolar-infrenable-sep

[4] http://revistas.bancomext.gob.mx/rce/magazines/31/6/RCE.pdf

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Antonio Reyes

Antonio Reyes
Economista con diversos estudios de postgrado en Varsovia, Polonia; Manchester, UK; Berkeley, USA. Es Doctor en Finanzas por la Universidad de Strathclyde, Glasgow, Escocia, UK. Ha ocupado diversos cargos en el sector paraestatal del Gobierno Federal y trabajó en el Instituto de la Comunicación Educativa (ILCE) y el Senado de la República. Actualmente se desempeña como consultor y asociado a Dartmouth Research & Consulting, Boston, MA, USA.