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Diversificación, mediocridad y atomización en la economía

mediocridad

Arnulfo R. Gómez


Valor Agregado

Imagen: Impulso Bajío.

martes 8 de enero de 2019

Ellos se ríen de mí porque soy diferente

yo me río de ellos porque todos son igualitos. 

Anónimo.

Todos los años renuevo mi deseo perenne de dar alguna noticia buena y alentadora en relación con el comercio exterior mexicano, desgraciadamente, hace mucho tiempo que no he podido hacerlo debido a la enorme mediocridad que ha caracterizado a la evolución de este sector en los 25 años más recientes.

Las buenas noticias se han reducido a las que he dado al final de cada sexenio, celebrando el término de las funciones y la salida de la serie de burócratas y personas improvisadas que han “dirigido” la política, así como la promoción del comercio exterior y de los flujos de inversión extranjera directa durante dichos periodos.

Después de la entrada en vigor del TLCAN en 1994 -el proyecto más importante para el desarrollo de México, a través del cual se obtuvo el acceso preferencial al mercado más grande del mundo- se firmaron TLCs con un total de 52 países.

De acuerdo con nuestros altísimos funcionarios, con estos TLCs se lograría que México fuera más competitivo, se llevaría a cabo una sana diversificación geográfica de nuestra exportación y se captarían crecientes flujos de inversión extranjera directa. Sin embargo, la situación fue totalmente contraria, debido a que no hubo continuidad en el proceso que se había iniciado en 1982, a través del cual se buscaba un cambio estructural basado en una serie de reformas que favorecieron la competitividad. Se debe señalar que con el gobierno de México, en 1988, se definió una Estrategia de Modernización Económica, Política y Social, acorde con las nuevas tendencias mundiales de competencia e integración, que incluyó políticas públicas en relación con los siguientes elementos:

  • Pacto para la Estabilidad y el Crecimiento Económico (PECE).
  • Reforma del Estado.
  • Control riguroso de las finanzas públicas.
  • Renegociación de la deuda externa.
  • Apertura comercial.
  • Estímulo a la inversión extranjera.
  • Proceso de privatización.
  • Desregulación del sistema financiero, servicios, transporte, etc.

Este proceso comprendió, específicamente, un importante proceso de desregulación de sectores en dos vertientes:

  1. Al interior:
  • Autotransporte federal de carga, de turismo y de pasajeros, 1989-1993.
  • Patentes y marcas, 1991.
  • Reformas al artículo 27 constitucional en materia de propiedad de la tierra.
  • Cogeneración y autoabastecimiento de energía eléctrica, 1992-1993.
  • Inversión extranjera, 1989 y 1996.
  • Medicamentos genéricos, 1997-1999.
  • Eliminación de controles de precios 1992-1999.
  1. Al exterior:

Proceso de apertura comercial que se inició con el acceso de México a:

  • GATT             1986
  • APEC             1993         (21 países)
  • OCDE             1994        (30 países)

El proceso de desregulación al exterior y la apertura comercial tuvieron como corolario la firma del TLCAN en el año de 1992, mismo que entró en vigor el 1º de enero de 1994.

TLCAN

Imagen: GestioPolis.

Desgraciadamente, a partir del 1º de diciembre de 1994, y hasta el final del 2000, el periodo se significó por una mediocridad total en el que no hubo reformas ni políticas públicas que contribuyeran a la competitividad y al desarrollo económico del país. El 28 de diciembre de 1994 se incurrió en el “error de diciembre” que volvió más pobres a los pobres mexicanos, esto independientemente de que a todos los mexicanos también se nos endilgó una deuda a través del FOBAPROA; todavía debemos el 67% de ese fraude conocido como rescate bancario y que equivale a casi una quinta parte del presupuesto de egresos de la Federación de 2018.

En este periodo, la firma irresponsable y compulsiva de TLCs fue su emblema y, además, México registró el nivel de vida más bajo de toda su historia, que en 1996 se situó en 63.35% en relación con el 100% del año 1952.

En el periodo 2000/2006 se creó la Oficina de Políticas Públicas y la Comisión Presidencial de Competitividad, paradójicamente, en este mismo lapso se continuó con una mediocridad total que se caracterizó por la ausencia de políticas públicas y la caída de la competitividad del marco sistémico, pasando de la 34ª a la 59ª posición. México pasó de ser la 9ª economía mundial a la 13ª, a pesar de que al inicio del sexenio nos prometieron que México sería la 5ª economía más importante del planeta.

El “gran filósofo, pensador y político mexicano”, Vicente Fox, nos ilustró y explicó el enorme retraso de México durante su periodo presidencial, diciendo: no es que México no crezca, sino que los otros países crecen más rápido.

Para el periodo 2006/2012 la caída de México como economía mundial continuó, pues descendimos hasta el 15º lugar y, en materia de competitividad, caímos al 66º lugar, debiendo señalarse que durante el sexenio de Felipe Calderón también se destruyó la estructura de promoción del comercio exterior y la captación de flujos de inversión extranjera que, aunque se puede decir que trabajaba relativamente bien en BANCOMEXT, no cumplía cabalmente con sus funciones por distorsiones internas generadas por el enorme número de recomendados incrustados en su estructura como altos funcionarios, sin importar su ignorancia supina y su desconocimiento en materia de comercio exterior.

Hay que recordar que sólo en el periodo 1989/2000, en que estuvieron al frente de la institución Humberto Soto, José Angel Gurría y Enrique Vilatela, quienes propiciaron el ingreso de numerosos amigos (as), el número de altos funcionarios en BANCOMEXT se incrementó en 605, al pasar de 132 a 737. En el mismo periodo, el total de empleados pasó de 1,116 a 1,892, de tal manera que la tasa empleado/funcionario pasó de 7.45 a 1.56, lo que generó una enorme atomización de funciones y fragmentación de las decisiones, haciendo imposible definir una estrategia y programas realistas pues, adicional al desconocimiento de las funciones sustantivas de la institución, lo único que interesaba a dichos funcionarios era justificar su permanencia y gozar de sus prestaciones.

En 2007 la situación en materia de promoción empeoró, pues en lugar de llevar a cabo una lógica reestructuración de BANCOMEXT y reorientar sus funciones, se generaron estructuras redundantes y onerosas al separar las funciones de financiamiento y promoción para crear un ente aún más amorfo, débil y anodino llamado ProMéxico, para colocar a más recomendados.

Para el periodo 2012/2018, aunque se aprobaron las tan largamente esperadas reformas estructurales, su implementación ha dejado mucho qué desear; se continuó con la misma política basada en el liberalismo dogmático y, aunque como economía ya no caímos más, pues permanecimos en el 15º lugar, el deterioro de todas las variables económicas fue terrible, de tal manera que el PIB per cápita del mexicano cayó hasta la 72ª posición, cuando en 1981 ocupábamos el 42º lugar, periodo en el que también nuestra participación en la generación de riqueza y en el PIB mundial cayó de 2.67% a sólo 1.45% y, en sólo tres años, entre 2014 y 2017, todos y cada uno de los mexicanos perdieron 1,597 US de ingreso anual, pues el ingreso per cápita cayó de 10,846 US a sólo 9,249 US, lo que continuó mermando la capacidad adquisitiva de todos los mexicanos.

economía mundial

Imagen: infoexpo.

Importante es señalar que nuestro PIB per cápita, que en el año 1982 estaba 42% por arriba del ingreso medio mundial, a partir de 2009 cayó, ubicándose en 2016 y 2017 en -17% y -13%, respectivamente. Anexo 1.

No hay duda de que el libre comercio es bueno si se maneja de manera inteligente, sin embargo, en los 25 años más recientes, el deterioro de la competitividad, el debilitamiento de la planta productiva, los retrocesos en materia de comercio exterior y de la captación de flujos de IED, y de la economía mexicana nos dice que la inteligencia y la lógica han faltado para lograr el objetivo de mayor bienestar para todos los mexicanos, pues los teóricos del comercio exterior, en su mayor parte improvisados burócratas habilitados como expertos en comercio internacional, nunca pudieron diseñar una estrategia realista para acceder y posicionarnos en el mercado regional del TLCAN, el mercado más grande del mundo y, adicionalmente, propiciaron una enorme dispersión de objetivos con la firma irresponsable.

Tomando como referencia el año 1982, en que el 73.1% de nuestras exportaciones estaba destinado al mercado del TLCAN, para el 2017 el porcentaje ascendió a 82.63%; hacia América Central los porcentajes correspondientes fueron 3.55% y 1.47%; para América del Sur 6.54% y 3.4%; las Antillas 2.2% y 0.49%; Europa 30.28% y 5.67%; la Unión Europea 29.11% y 5.67%; AELC de 0.14% a 0.19%; otros países Europeos 0.55% a 0.13%; Asia 11.48% a 5.51%; y Oceanía 0.1% a 0.32%. Anexo 2.

Esto significa un decremento enorme en el porcentaje de nuestra exportación hacia todos los mercados, excepto a Estados Unidos, no porque se haya diseñado un estrategia ad hoc hacia ese país, sino porque no hemos podido ir a otros mercados debido a nuestra reducida y decreciente competitividad, pero, sobre todo, porque nunca hubo una estrategia para acceder al mercado del TLCAN, pareciera que nuestros funcionarios no se han dado cuenta de que la estructura de nuestra exportación, en su mayor parte, es dependiente de empresas transnacionales, principalmente norteamericanas radicadas en territorio mexicano, por lo que tampoco han aprovechado este elemento para lograr el objetivo inicial del TLCAN: una integración comercial y productiva con el mercado más grande del mundo.

En la realidad, el dinamismo de nuestras exportaciones no es resultado de una estrategia ni de programas diseñados por México que atiendan a un proyecto nacional de desarrollo, sino a la presencia en nuestro país de numerosas empresas extranjeras que definen proyectos con políticas, estrategias y decisiones corporativas muy exitosas, mismas que implementan a través de operaciones intrafirma, utilizando a nuestro territorio como un centro de costos con reducido y decreciente valor agregado.

Ante la ausencia de un verdadero programa de comercio exterior, nuestros altísimos funcionarios han provocado que nuestro país se convierta en un país maquilador que realiza labores de ensamble básico, fundamentalmente, importando cada vez más de diversos orígenes, principal y crecientemente de Asia, para poder reexportar a Estados Unidos, con decreciente valor agregado mexicano.

Por eso, los 50 principales productos de exportación mexicana cada año presentan mayor concentración ,por lo que su porcentaje se elevó en el contexto de la exportación total, pasando de 45.19% en 2008 a 50.98% en 2017.

También es importante señalar que de esos 50 productos, 17 son netamente mexicanos y que para producir los restantes 33 se importa gran parte de sus componentes, de tal manera que el valor de contenido nacional en el periodo 1993/2017 cayó de 59% a 39%, debido a que, inclusive en aquellos productos en los que supuestamente existe una gran habilidad mexicana y una especialización, el contenido nacional mexicano es muy bajo, como es el caso de los vehículos, que en 2017 fue de 29%, en la industria electrónica 20%, en la aeronáutica 9% y, peor, en los televisores de pantalla plana el porcentaje no rebasa el 5%, a pesar de lo cual los funcionarios mexicanos, con “enorme orgullo” se llenan la boca, diciendo que somos el principal proveedor de televisores de pantallas planas a Estados Unidos.

En esencia, los teóricos del comercio exterior mexicano parten de una base errónea para realizar la  promoción del comercio exterior, pues buscan la diversificación geográfica de las exportaciones a través de la firma compulsiva, ilógica e indiscriminada de TLCs, sin tener una base sólida, y sin antes lograr un marco competitivo que permita generar una estructura de producción y exportación fuerte y diversificada, con programas que atiendan a un proyecto nacional de desarrollo integral; es decir, en los 25 años más recientes, su estrategia ha estado basada en un esquema de simulación.

tratados

Ilustración: Alma Rodríguez/El País.

Por lo que se refiere a la importación, hay que señalar que ahí sí se presenta una enorme diversificación, con crecientes compras procedentes de otros países de fuera de la región, debido a que no hubo una estrategia para aprovechar la zona de confort y las ventajas adquiridas a través del TLCAN para lograr una integración productiva, tampoco la ha habido con el resto de los países con los que se han firmado TLCs y mucho menos con el resto de los países que integran la comunidad internacional.

Los 50 principales productos de importación incluyen partes para vehículos, ensambles de pantalla plana, partes para ser incorporadas en productos electrónicos finales y partes para la industria aeronáutica, lo que nos indica la característica esencial de la labor que se realiza en México a través de la maquila, misma que se circunscribe a ensamble básico y reducido valor agregado.

Conviene señalar que los productos importados presentan mayor dispersión, pues los 50 principales productos, en el año 2017, sólo representaron el 26% de la importación total, lo que nos habla de la enorme variedad de productos que importamos.

Como resultado de este negativo proceso, la integración productiva propuesta como primer objetivo prioritario del TLCAN no se ha podido realizar, debido a que no ha habido una estrategia realista al respecto, lo que ha orillado a numerosas empresas mexicanas y extranjeras, fundamentalmente norteamericanas, a abandonar el territorio mexicano.

En este negativo desplazamiento se incluye a más de 900 empresas maquiladoras que salieron del país, situación que ha sido agravada por la firma compulsiva de numerosos TLCs y una apertura comercial basada en una desgravación unilateral totalmente incoherente, que ha jugado en contra de las empresas mexicanas y extranjeras radicadas en territorio mexicano, al generarles una competencia desleal.

Lo sorprendente es que esta emigración de empresas norteamericanas ha sido hacia Asia, de donde importamos crecientemente, pero lo más paradójico es que ahora importamos productos norteamericanos producidos en Asia, para reexportar a Estados Unidos, con reducido y decreciente valor agregado mexicano.

Por esta circunstancia, los resultados en materia de “industrialización”, competitividad y comercio exterior para México han sido negativos, especialmente a partir del año 2001, en que han estado en vigor los TLCs con 48 países, los 33 APPRIS  y la ilógica desgravación unilateral implementada por los teóricos del comercio exterior.

Así, el déficit con los países con los que se firmaron TLCs se ha incrementado de una manera totalmente ilógica; si en el año 1993 teníamos déficit con 24 países por un total de -11,347 millones US, para 2017 fue con 32 por -42,454 millones US, en tanto que para el periodo 1993/2017 fue con 35 países por -653,577 millones US. Incluyendo a los nuevos socios del TTP-11, el déficit asciende a 40 países por un total de -855,223 millones US. Anexo 3.

Con los países con los que no se han firmado TLCs, la situación también ha sido muy negativa, pues si en el año 1993 teníamos déficit con 80 países, para 2017 fue con 111 y para el periodo 1993/2017 con 116 países; es decir, en este periodo registramos déficit con 156 países por un total de 1,705,143 millones US.

tabla

En materia de inversión extranjera la situación es más deprimente, pues en el periodo 1994/2016 pasamos de ser el 4º destino preferido de los inversionistas, a nivel internacional, al 18º en 2016, en tanto que nuestra participación en la captación de flujos mundiales cayó de 4.31% a 1.53%, respectivamente. Esto a pesar de que somos el vecino más cercano al principal generador de inversión extranjera directa en el mundo, Estados Unidos, y de que tenemos un TLC con ese país.

Sin duda, la sana diversificación de nuestro comercio exterior, el fomento productivo y la mayor captación de flujos de inversión extranjera prometidos por los altísimos funcionarios quedaron en buenos deseos, en atomización de nuestras reducidas fortalezas y en enormes retrocesos de la economía mexicana.

Resumiendo, ninguno de los 5 objetivos del TLCAN se alcanzó, pues no logramos una integración comercial ni productiva con Canadá y Estados Unidos; tampoco se aprovecharon nuestras  ventajas comparativas; no avanzamos en competitividad; no captamos mayores flujos de IED; y, consecuentemente, no se ha logrado ni lejanamente la creación de empleos en la medida que lo requiere el crecimiento natural de la PEA; es así que el nivel de vida de los mexicanos, en lugar de aumentar, ha ido en franco retroceso.

El objetivo del TLCAN original (1994), compartido vehemente por México y Estados Unidos, de crear empleos y de que se incorporara mayor valor en México y en la región con la evolución positiva de este proceso, insistía, y tenía como fin último, la creación de mayor número de empleos y riqueza en nuestro país, pues esto se traduciría en menor emigración de mexicanos hacia Estados Unidos.

Paradójicamente, durante los 25 años de vigencia del TLCAN, la emigración mexicana ha sido mayor, es decir, la salida de capital humano y la enorme sangría de nuestro país se ha mantenido en tasas muy altas.

Durante este periodo, la PEA en México se incrementó en 21.04 millones de personas en tanto que sólo se crearon 10.2 millones de empleos formales, generando un déficit de 51.43% (10.85 millones) en la creación de puestos de trabajo formales que se requieren para cubrir las necesidades del país en función del crecimiento de la PEA.

Por eso en México la población que actualmente trabaja en la economía informal asciende a más de 30 millones de personas, gran parte busca una solución real y definitiva a sus problemas emigrando y otra ingresando a las filas de la delincuencia para poder satisfacer sus necesidades más básicas y las de su familia.

Sin duda, el panorama que enfrenta nuestro país en la actualidad es verdaderamente problemático y difícil por las enormes lagunas y distorsiones creadas por una burocracia improvisada que ignora el bajo nivel de competitividad del marco sistémico, además de que desconoce la estructura de la planta productiva, de la operación real del comercio internacional y del comercio exterior mexicano, por lo que su actuación se ha basado en la simulación y la improvisación, definiendo “estrategias” con programas poco realistas y mucho menos efectivas.

Hoy, para no perder la costumbre, renuevo mis anhelos para que la administración mexicana entrante logre mi deseo perenne de éxito en materia de comercio exterior, para que se logre definir una estrategia lógica, integral y proactiva; que se abandone la simulación y la improvisación para que podamos aprovechar las ventajas comparativas que todavía tenemos con el objetivo de posicionarnos adecuadamente en el mercado del TLCAN y en algunos otros de los mercados internacionales, a fin de generar más empleos, riqueza y bienestar en nuestro territorio.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Arnulfo R. Gómez

Arnulfo R. Gómez

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM. En 1975 elaboró su tesis profesional sobre China y Japón. Cuenta con estudios de especialización en comercio internacional y promoción de inversiones en la Agencia de Cooperación Técnica del Gobierno Francés, en París; en el Centro de Comercio Internacional UNCTAD–GATT, en Ginebra; en la Comisión de la Comunidad Económica Europea, en Bruselas; y en el Warwick Research Institute, en Reino Unido.

Fue Coordinador de Consejerías Comerciales para Asia, África y Oceanía; Coordinador de Consejerías para Europa Occidental y, con motivo de la reanudación de Relaciones Diplomáticas con España en 1977, fue designado Consejero Comercial Adjunto de la Embajada de México en Madrid; también fue Jefe de la Oficina Comercial para Cataluña y Valencia; Consejero Comercial en Costa Rica, Nicaragua y Panamá; Cónsul en el Puerto de Rotterdam y Consejero Comercial para el BENELUX y Países Escandinavos así como Consejero Comercial para Quebec y las Provincias Marítimas de Canadá, con sede en Montreal 1990/1994, periodo durante el cual se realizaron las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. También fue Gerente para los Tratados de Libre Comercio de BANCOMEXT, y Gerente para Europa Occidental de BANCOMEXT y el IMCE.

En 1977 creó el Primer Programa de Desarrollo de Proveedores a la Exportación a Europa y, en 1984, fue el creador y conductor del Programa de Promoción y Exportación de Aguacate que, en el año de 2017, llegó a ser en el principal producto agrícola de exportación mexicana con 3,201 millones US.

Actualmente es Asesor de diversos organismos empresariales, consultor en comercio exterior e inversión extranjera, y Catedrático de Comercio Internacional en la Universidad Anáhuac.