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La 4ª transformación hereda desastre en comercio exterior

Exportaciones mexicanas.

Arnulfo R. Gómez


Valor Agregado

Imagen: FashionNetwork.

lunes 22 de abril de 2019

Ellos se ríen de mí porque soy diferente
y yo me río de ellos porque todos son igualitos.

La evolución del comercio exterior en México durante los 25 años más recientes, especialmente a partir del año 2001, presenta un desarrollo deplorable que ha incidido de una manera directa y muy negativa en la generación de riqueza y bienestar en nuestro país.

Al igual que en muchos otros países, hace casi 40 años, en México se consideró al comercio exterior como la palanca del desarrollo, motivo por el cual en los años 80 y principios de los 90– se realizaron importantes reformas estructurales que incidieron muy positivamente en la economía del país al hacerlo más competitivo, pues contemplaban aspectos de sumo relevantes del mercado interno en sectores como autotransporte federal de carga, de turismo y de pasajeros; las patentes y marcas; las reformas en la tenencia de la tierra; cogeneración y autoabastecimiento de energía eléctrica; inversión extranjera, medicamentos genéricos y eliminación de control de precios.

Hacia el exterior se realizó una apertura que incluyó el ingreso de México al GATT, a la APEC y a la OCDE etc., proceso que culminó con la firma del TLCAN, mismo que se constituyó en el proyecto más importante para nuestro desarrollo económico pues facilitaba el intercambio de bienes, servicios e inversión con dos países que son verdaderas potencias económicas y que constituyen el mercado de consumo e importación más grande del mundo: Canadá y Estados Unidos.

Bajo esta perspectiva, nuestras condiciones para lograr una integración comercial y productiva con la región eran óptimas, sin embargo, esto no se logró pues no hubo complemento alguno que nos permitiera aprovechar las ventajas negociadas y nuestros teóricos. En lugar de diseñar una estrategia ad hoc, optaron por la firma compulsiva e irresponsable de TLC’s que se tradujo en enorme dispersión de nuestras reducidas fortalezas, situación que fue empeorada por la pérdida de competitividad del marco sistémico debido a la pésima calidad de las instituciones públicas y de sus políticos, que han sido incapaces de generar políticas públicas realistas que incidan positivamente en la competitividad, en la tramitología, en el fomento industrial y en el comercio exterior.

Así, los efectos positivos de las reformas se fueron diluyendo de tal manera que a partir de 2001, en que también han estado en vigor los TLC’s con 48 países y los 33 APPRIS, nuestros retrocesos en todas las variables económicas han sido terribles de tal manera que en Julio de 2018, la sociedad mexicana, harta de simuladores y teóricos del comercio internacional que han aplicado un liberalismo dogmático, optó por el cambio prometido por la 4ª Transformación, sin duda, una opción que debe  aprovecharse para abatir los enormes retrocesos registrados en nuestra economía.

Estos retrocesos incluyen la caída de México de la 9ª a la 15ª posición como economía; la pérdida de participación en la generación de riqueza mundial de 1.97% a sólo 1.45%; la caída del PIB per cápita del 50º al 74º lugar, debiendo señalar que sólo, entre 2014 y 2018, todos los mexicanos perdieron 1,232 US de su ingreso per cápita al caer de 10,846 US a 9,614 US, en tanto que un total de 2,500 empresas exportadoras desaparecieron, 900 de las cuales eran maquiladoras, mientras que nuestra captación de flujos de IED cayó de 4.39% a 2.07%.

Peor resulta que nuestro valor agregado a la exportación cayó de 59% en 1993, a sólo 38% en el 2018, pues la integración nacional en las ventas al exterior es reducida y decreciente misma que, en el 2018, se situó en 26% para el sector automotriz y autopartes que, se supone, son los sectores más emblemáticos de la industria mexicana y los más importantes de la planta productiva nacional.

Importante es señalar que en el año 1993, el porcentaje del valor de contenido mexicano en cada vehículo producido en el país era de 35%, pero más importante era que el valor agregado regional debía ser de 50%, y que el TLCAN incluía reglamentos para que el VCR se incrementara a 62.5% para el año 2004, situación que si se cumplió en el aspecto regional, pero que desgraciadamente México no pudo aprovechar como país, pues no hubo una estrategia ni programas que permitieran aprovechar esta norma ni incrementar el VCN en la industria automotriz, sino todo lo contrario.

Como ejemplo de la enormes deficiencias y del esquema de simulación que mucho prevaleció en el organismo promotor, BANCOMEXT, a partir del año de 1989, anexo el análisis que sobre el comercio exterior de México con la Unión Europea y con Holanda realicé en el año 2002, en el que se presenta la simulación y la serie de errores cometidos por el entonces “Consejero Comercial de México en Holanda”, y del cual se puede deducir por qué tampoco hubo una estrategia de México para aprovechar las ventajas incluidas en el TLCAN sobre la industria automotriz –a pesar que se supone dicho Consejero Comercial era un experto en la industria automotriz y electrónica–, pero que desgraciadamente parece que no tenía idea ni sabía cuál era el esquema de producción y comercialización de la gran industria en esos sectores.

Mucho peor es que el documento muestra que tampoco había capacidad de supervisión de parte de los altísimos funcionarios y directivos de BANCOMEXT –recomendados la mayor parte de ellos– para evitar crasos errores como el que señalo en dicho análisis. Desgraciadamente, por este tipo de situaciones e individuos, la idea de mediocridad se generalizó en relación con el personal de base que realmente es un activo muy importante de dicha institución.

Con ejemplares como los arriba señalados, fácilmente puede explicarse el origen de la ausencia de una estrategia en el sector automotriz y el motivo por el cual, durante la vigencia del TLCAN, registramos una participación decreciente en un sector que resultaba prioritario para México y la región.

Esta situación se repitió prácticamente en todos los sectores de la industria mexicana, pues en el textil y la confección se sitúa en 29%; en cuero y calzado 38%; en productos metálicos 36%; en manufacturas de plástico 35%; en equipo médico 3.4%; en eléctrico e iluminación 28%; en equipo de audio y vídeo 0.7%; en equipo de comunicación 0.7%; en equipo ferroviario 26% y en moldeo de piezas 71%; por esta circunstancia, la participación del valor agregado mexicano en la exportación mundial también cayó de 1.22% a 0.89% en el mismo periodo.

Como he señalado, la firma compulsiva de TLC’s se ha traducido en un esquema de comercio exterior basado en la enorme simulación y una mayor improvisación, que genera creciente importación para reexportar con decreciente y reducido valor agregado de tal manera que, si en 1993 registramos déficit con 30 países con los que hemos firmado un TLC por un total de -11,923 millones US, para 2018, el déficit fue con 34 países por -59,402 millones US y para el periodo 1993/2018 con 39 países por -844,535 millones US, debido a que de ellos importamos crecientemente para reexportar a Estados Unidos con decreciente valor agregado en nuestro territorio.

Este esquema nos ha convertido en un país maquilador básico de ensamble con reducido y decreciente valor agregado, que no sólo se presenta con los países con los que hemos firmado TLC’s, sino con los países con los que no tenemos TLC’s de tal manera que del total de los 236 países, islas, entidades etc., con los que mantenemos relaciones comerciales, en el periodo 1993/2018 registramos déficit con 148 por un total de -2,026,785 millones US, equivalente al 169% del PIB total de México en el año 2018.

Al respecto, debo señalar que el colmo de este negativo proceso fue la firma del TPP-11, a través del cual se añadieron 6 países con los que nada tenemos que ganar debido a la nula competitividad del marco sistémico de nuestra economía según se puede ver a continuación:

Esto ha provocado un incremento enorme de nuestro déficit con esos países en los años más recientes mismo que continuará extrapolándose, aún más, con la entrada en vigor del TPP-11 a partir de 2019.

Sorprendente resulta que con Japón, país con el que tenemos un TLC desde el año 2005, nuestro déficit haya pasado de -3,222 a -14,339 millones US entre 1993 y 2018, mismo que para el periodo completo alcanzó la suma de -253,571 millones US y; todavía más aberrante, resulta que los teóricos y funcionarios nos digan que este TLC ha sido muy exitoso, pero mucho más sorprendente es que esos teóricos, ilógicamente señalaban la necesidad de participar en el TPP-11 a fin de ampliar las cuotas de acceso para el aguacate mexicano en Japón; como si no hubiera habido un TLC con ese país que, como se señala, es un marco vigente desde 2005 y que debería haber sido utilizado específicamente para negociar bilateralmente mejores condiciones de acceso para el aguacate y otros productos mexicanos, en lugar de llevar estas demandas a un foro multilateral en donde los supuestos beneficios negociados habría que compartirlos con los otros miembros, lo que también nos dice que esos funcionarios no sabían para que servía el TLC negociado con Japón,

Al final, para los funcionarios y teóricos y funcionarias y teóricas del comercio exterior –empleando el barbarismo que puso de moda el ilustre Vicente Fox– lo que parecía más importante era echarse el rollo, simular y firmar TLC’s al mayoreo para ser los campeones del libre comercio con el mayor número de TLC’s firmados, aunque no logre sacarse provecho alguno de los mismos y, contrariamente, se ponga en peligro a la planta productiva nacional al generarle una competencia desleal.

Sin duda, la firma del TPP-11 es la cereza de un pastel amargo e indigesto que los teóricos y funcionarios mexicanos nos han hecho tragar en los últimos 25 años más recientes, y que justificaron señalando que esa región es la más dinámica del mundo, sin conocer ni darse cuenta de las causas reales de este fenómeno, mismas que son originadas por la pérdida de competitividad y la carencia de una estrategia de desarrollo nacional que ha provocado el traslado de numerosas empresas norteamericanas que estaban radicadas en México a Asia, así como de empresas norteamericanas que estaban radicadas en Estados Unidos y que también se trasladaron al continente asiático, de tal manera que ahora seguimos importando bienes norteamericanos, pero ahora producidos en Asia por empresas norteamericanas y que son las que han propiciado grandemente el dinamismo de la región asiática.

Esto también nos habla de la carencia de una estrategia regional para aprovechar adecuadamente al TLCAN y lograr la ansiada integración comercial y productiva entre los tres países.

La firma del TLCAN venía a formalizar el proceso de producción transfronteriza que se había forjado con Canadá y Estados Unidos durante más de 40 años a través de un proceso de producción compartida, motivo por el cual se suponía que las ventajas se iban a maximizar, teniendo en cuenta que se propiciaba una economía de escala con el mercado de consumo e importación más grande del mundo, el más cercano, con elevado nivel de vida y complementario con la planta productiva nacional, pero con el que desgraciadamente no se ha podido lograr la deseada integración comercial ni productiva prometida para crear empleos y elevar el nivel de vida de los mexicanos debido a la simulación ejercida por nuestros altísimos “funcionarios y funcionarias”.

La ilógica participación de México en el TPP-11, definitivamente será negativa pues estamos hablando de mercados muy lejanos, que por su dimensión y el nivel de vida de la mayor parte de sus habitantes resultan unos mercados marginales, nada complementarios con nuestra economía y competidores directos nuestros en bienes que antes producíamos y de los cuales éramos grandes exportadores pero que ahora importamos precisamente de esos países porque, desgraciadamente, son mucho más competitivos que México en el proceso de manufactura, en el que se supone somos muy hábiles.

Sin duda, un panorama muy desalentador y problemático el que han dejado los teóricos que manejaron el comercio exterior de México en los 25 años más recientes, debiendo señalar su enorme ligereza al tomar decisiones, así como su gran desconocimiento de la operación real del comercio internacional y del comercio exterior de México, que se manifiesta en los enormes retrocesos de nuestra economía y, consecuentemente, en la decreciente participación en la economía mundial.

El libre comercio es positivo cuando se utiliza de una manera inteligente, por lo que la política de comercio exterior de la 4ª Transformación deberá atender las expectativas depositadas por el pueblo mexicano, dejando a un lado la simulación e improvisación, a fin de evitar que continúen las tremendas regresiones que ha generado el liberalismo dogmático, en el que la pésima calidad de las instituciones públicas y sus funcionarios han sido determinantes.

Por esta circunstancia, la única forma de mejorar en esta materia contempla la imperiosa necesidad de establecer un programa integral de comercio exterior teniendo como base la mejora de la competitividad, el fomento industrial y el fortalecimiento de la estructura de promoción, misma que resulta fundamental para promover y facilitar las exportaciones y captar mayores flujos de IED, utilizando verdadera inteligencia comercial, complementada con apoyo técnico y financiero que incluya información precisa y capacitación de alto nivel así como la definición de actividades de promoción que dejen a un lado la improvisación y la simulación para que haya programas y proyectos realistas que incidan positivamente en el desarrollo del país y en el bienestar de los mexicanos.

Sin duda, la 4ª Transformación enfrenta un extraordinario reto teniendo en cuenta la pésima situación en que dejaron al comercio exterior de México los teóricos y funcionarios encargados del diseño de la política y la estrategia del comercio exterior en los años más recientes.

Anexos:

TLC’s 2018 1993 con TPP saldo total periodo-1

Escandalosa simulación, ahora con Holanda

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Sobre Arnulfo R. Gómez

Arnulfo R. Gómez

Licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM. En 1975 elaboró su tesis profesional sobre China y Japón. Cuenta con estudios de especialización en comercio internacional y promoción de inversiones en la Agencia de Cooperación Técnica del Gobierno Francés, en París; en el Centro de Comercio Internacional UNCTAD–GATT, en Ginebra; en la Comisión de la Comunidad Económica Europea, en Bruselas; y en el Warwick Research Institute, en Reino Unido.

Fue Coordinador de Consejerías Comerciales para Asia, África y Oceanía; Coordinador de Consejerías para Europa Occidental y, con motivo de la reanudación de Relaciones Diplomáticas con España en 1977, fue designado Consejero Comercial Adjunto de la Embajada de México en Madrid; también fue Jefe de la Oficina Comercial para Cataluña y Valencia; Consejero Comercial en Costa Rica, Nicaragua y Panamá; Cónsul en el Puerto de Rotterdam y Consejero Comercial para el BENELUX y Países Escandinavos así como Consejero Comercial para Quebec y las Provincias Marítimas de Canadá, con sede en Montreal 1990/1994, periodo durante el cual se realizaron las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte. También fue Gerente para los Tratados de Libre Comercio de BANCOMEXT, y Gerente para Europa Occidental de BANCOMEXT y el IMCE.

En 1977 creó el Primer Programa de Desarrollo de Proveedores a la Exportación a Europa y, en 1984, fue el creador y conductor del Programa de Promoción y Exportación de Aguacate que, en el año de 2017, llegó a ser en el principal producto agrícola de exportación mexicana con 3,201 millones US.

Actualmente es Asesor de diversos organismos empresariales, consultor en comercio exterior e inversión extranjera, y Catedrático de Comercio Internacional en la Universidad Anáhuac.