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Muerte asistida, ¿qué peligro implica su legalización?

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Asunción Álvarez


Por un mejor final

Fotografía: Fondos de Pantalla (pistonclasico.com).

viernes 19 de julio de 2019

En el pasado mes de junio hubo dos acontecimientos importantes en el movimiento que se está dando en el mundo para expandir la legalización de la muerte médicamente asistida; en otras palabras, para que más personas enfermas puedan morir con la ayuda médica adecuada cuando consideren que eso es lo mejor para ellas. En el estado de Maine, en Estados Unidos, el pasado 12 de junio se firmó la Death with Dignity Act y el 19 de junio entró en vigor, en el estado de Victoria, en Australia, la Voluntary Assisted Dying Act 2017. Con ambas leyes, los residentes adultos de esos estados que padecen una enfermedad terminal pueden recibir medicamentos recetados para poner fin a sus vidas. En el caso de Victoria se contempla la eutanasia (que un médico aplique los medicamentos letales al paciente) para los casos en que el enfermo no tenga la capacidad física para tomar por sí mismo los fármacos. Lo que la ley permite en los dos lugares es lo que se ha llamado suicidio médicamente asistido, pero en ambos territorios se evita utilizar este término por la carga peyorativa asociada a la palabra “suicidio”.

Muerte asistida.

Imagen: grandandgrave.com.au.

Por su parte, en Nueva Zelanda se está discutiendo una iniciativa para permitir la eutanasia y el suicidio médicamente asistido, la End of Life Choice Bill. El proyecto de ley ya se aprobó en su segunda lectura el pasado 26 de junio y el 31 de este mes se discutirán los detalles de la iniciativa en una comisión interna del congreso. Según el proyecto de ley, sólo los ciudadanos mayores de 18 años serían elegibles para la muerte asistida. Deben tener una enfermedad terminal con sólo seis meses de vida o tener una afección médica grave e incurable y ser capaces de comprender el proceso. Por cómo han avanzado las cosas, entre quienes defienden esta ley hay optimismo de que será aprobada.

Como es de esperar, también se han escuchado las voces que manifiestan su preocupación ante el hecho de que las personas puedan tener el respaldo legal para elegir morir. Esto es esperable en sociedades democráticas y es importante que haya lugar para la expresión y defensa de posiciones diferentes sobre temas tan controvertidos como sin duda es el de la muerte asistida.

En Maine, The Christian Civic League presentó una petición para revocar la nueva ley a través de una iniciativa de voto por voto del pueblo. Deben recolectar 63,000 firmas antes del 18 de septiembre para poner la iniciativa en la boleta electoral en el estado. Las principales preocupaciones que expresa esta organización coinciden con los principales razones que se han dado en diferentes países para oponerse a la muerte asistida: pone en peligro a las personas vulnerables de la sociedad, corrompe la profesión médica al permitir que los médicos usen los medios con los que curan para matar, quebranta la necesaria solidaridad social y representa una violación a la dignidad de las personas. Todas estas preocupaciones serían totalmente válidas si se refirieran a situaciones en que un médico pone fin a la vida de personas que quieren seguir viviendo, pero resultan infundadas cuando se refieren a situaciones en que se ayuda a morir a personas que así lo quieren para liberarse del sufrimiento en que viven. Puede ser que debido a la enfermedad las personas se encuentren en una situación de vulnerabilidad y ésta podría disminuir en algunas su capacidad para decidir, pero claramente no en todas. Las que la conserven y eligen morir necesitan contar con médicos solidarios que no los abandonen en este pedido de ayuda y estén dispuestos a utilizar los medios de la medicina para que sus pacientes mueran sin dolor. De esta forma, respetan su autonomía y reconocen que los enfermos son quienes tienen la autoridad para decidir cuándo su vida les parece indigna de ser vivida.

Eutanasia.

Imagen: www.americannursetoday.com.

Más preocupante que los temores expresados por The Christian Civic League, es la estrategia que ha seguido la Arquidiócesis de Sydney en Australia difundiendo datos distorsionados sobre la aplicación de la eutanasia en otros países para mostrar el peligro que implica aprobar leyes que la permitan. A falta de argumentos convincentes contra la eutanasia, circularon un video con datos falsos sobre su aplicación en Bélgica para advertir que una vez que se permite esta práctica, se aplica de manera abusiva a personas que no la piden. Se afirma, por ejemplo, que en Bélgica una persona muere por eutanasia cada tres días sin haber dado su consentimiento. La organización Go Gentle Australia ha denunciado este engaño. Como dice su representante, mientras la jerarquía de la Iglesia proclama proteger a los vulnerables, hace lo contrario, pues bloquea las leyes que sirven para aliviar el sufrimiento de las personas cuando la medicina ya no puede hacerlo.[1] Pero no sólo eso, lo hace asustando a las personas con engaños para que rechacen las leyes que permiten la muerte asistida. Si la Iglesia cree que sólo Dios da y quita la vida y por eso no debe permitirse la eutanasia, debe limitarse a decir eso y los creyentes católicos decidirán si están o no de acuerdo con eso. Es muy lamentable que tenga que acudir a la mentira para mantener el control sobre asuntos tan personales como es decidir el final de la vida.

Cada vez que se discute una propuesta para permitir la muerte asistida en algún país (como se ha venido haciendo desde hace varias décadas en el Reino Unido, Estados Unidos, Francia, España, Canadá, por mencionar algunos ejemplos), se repiten los mismos argumentos en contra, los cuales pueden resumirse en estos tres:

1) No es necesaria la muerte asistida porque los cuidados paliativos son suficientes para aliviar el sufrimiento que lleva a las personas a pedir ayuda para morir.

2) Permitir que un médico ayude a morir a un paciente atenta contra la confianza en la profesión médica.

3) Si se permite la muerte asistida es inevitable que ésta se termine aplicando de manera abusiva haciendo que mueran personas que querrían vivir.

Apoyo a la muerte asistida.

Fotografía: The BMJ.

Las sociedades tienen que discutir estos y otros argumentos para decidir si conviene o no permitir la muerte asistida. Pero sucede que en la discusión se ponen en juego, de manera abierta o encubierta, las creencias religiosas de personas o grupos (generalmente con mucho poder económico) que rechazan la muerte asistida. Es lo que está sucediendo ahora en Maine, Victoria y Nueva Zelanda. Mientras que los argumentos son bienvenidos porque se pueden debatir, esto no es posible con las creencias religiosas, por lo que hay que ponerlas en su lugar que es la conciencia de las personas y excluirlas de debates que busquen definir políticas públicas. Como dice Miles Williams, un médico de Nueva Zelanda, las principales razones para oponerse a la legislación que permite la muerte asistida son el temor, la falta de conocimiento y las creencias religiosas y culturales. Los dos primeros pueden resolverse si las personas están dispuestas a aprender, mientras que los puntos de vista religiosos y culturales deben respetarse, pero no debe aceptarse que se impongan a quienes no los comparten.[2] Desmond Tutu, el arzobispo de la Iglesia anglicana, ha dicho: “Independientemente de lo que quieras elegir para ti, ¿por qué negar a otros el derecho a elegir?”.[3]

Deesmond Tutu.

Desmond Tutu, clérigo y pacifista sudafricano (Fotografía: TimesLIVE).

Regresemos ahora a los argumentos antes mencionados:

1) Cuidados paliativos. Es cierto que al proporcionar estos cuidados de manera adecuada, algunas personas que han pedido ayuda para morir ya no lo hacen, razón por la cual en las jurisdicciones en que se permite la muerte asistida se ha establecido que esta última ayuda se proporcione cuando se han agotado otros medios (como los cuidados paliativos) para aliviar el sufrimiento de los pacientes, o cuando estos los rechacen porque no desean padecer algunos de sus efectos como sería, por ejemplo, vivir sedado antes de morir. Por otra parte, es un hecho reconocido por los mismos especialistas en cuidados paliativos que estos no siempre pueden aliviar el sufrimiento de un enfermo (o la condición de indignidad en que, desde su punto de vista personal, vive). Quienes defienden la muerte asistida entienden que ésta y los cuidados paliativos son acciones complementarias, no excluyentes como sí lo piensan muchos defensores de los cuidados paliativos.

2) Confianza en la profesión médica. La afirmación de que al permitir la muerte (médicamente) asistida se quebranta la confianza en esta profesión se explica porque no se hace la necesaria distinción entre la acción de un médico que decide arbitrariamente poner fin a la vida de una persona y la acción con que un médico responde a la solicitud de una persona que le pide ayuda para morir bien. Ciertamente las opiniones sobre la muerte asistida se dividen entre los pacientes (y futuros pacientes), y unos quieren contar con esa opción y otros no, de la misma manera que hay médicos que no están dispuestos a dar una ayuda así, incluso en un contexto de legalidad, pero hay otros que sí, que no quieren abandonar a sus pacientes cuando la única forma que queda de ayudarlos es facilitándoles una muerte sin dolor. Muchas personas, sanas o enfermas, desean poder confiar en que al final de sus días, si la necesitan, habrá un médico que les dé esa ayuda tan especial.

3) Pendiente resbaladiza. Así se ha llamado al argumento que asegura que si se permite la muerte asistida en casos justificados (porque de hecho, se concede que es éticamente aceptable en algunos casos), inevitablemente se terminará aplicando en casos en que no se justifica. Más que un argumento, se trata de una falacia porque no se demuestra lo que se afirma. Funciona por la fuerte carga psicológica de lo que se asegura: que se va a matar a gente que quiere vivir y, evidentemente, nadie quiere que esto suceda. Quizá también por la autoridad que para algunos tenga quien lo afirme (representantes religiosos, políticos, etcétera). Esta supuesta argumentación podía entenderse cuando no se permitía la muerte asistida en ningún lugar y se advertía de las posibles e indeseables consecuencias. Pero ahora tenemos datos de lo que ha pasado en los lugares en donde es legal y, a menos que se distorsionen, demuestran que no se ha abusado de la muerte asistida y no se ha usado para terminar con la vida de personas que querrían vivir. Lo que sí ha sucedido es que en algunos países, como Holanda y Bélgica, se han ampliado los criterios para permitirla (pacientes psiquiátricos, personas con demencia en una etapa temprana) y algunos opositores de la muerte asistida presentan esto como prueba de pendiente resbaladiza. Si se han ampliado los criterios es porque en esos países se considera injusto negar la ayuda para morir bien a personas cuyo sufrimiento se debe a padecimientos diferentes a los de un paciente con enfermedad terminal, pero un requisito forzoso es que expresen un pedido voluntario, lo que excluye que se trate de un abuso.

Confianza médica.

Imagen: hepatitis2000.org.

Hay un aspecto de este tercer argumento que es importante atender. Se ha dicho (en los lugares en que se discute su legalización) que de permitirse legalmente la muerte asistida, habría personas enfermas o con discapacidades que se sentirían psicológicamente presionadas a pedir ayuda para morir (“si todos saben que puede pedir ayuda para morir, se preguntan qué espero para pedirla si vivo en estas condiciones”). Sin duda sería lamentable que se realicen acciones que lleven a la muerte de personas que, aunque pidan ayuda para morir, en el fondo no la quieren. Que exista este riesgo debe servir para tomar más precauciones al evaluar cada pedido de eutanasia o suicidio médicamente asistido y asegurarse que la persona está decidiendo libremente, sin responder a ningún tipo de presión. No parece justo, sólo por el hecho de que algunas personas podrían equivocarse al pedir la muerte asistida, negar la opción a otras que saben muy bien que desean ayuda para morir, porque están convencidas de que lo mejor para ellas es poner fin a su vida.

Necesitamos un debate responsable y respetuoso que se base en argumentos fundamentados. Si permitir la muerte asistida, además de beneficios supone riesgos, hay que conocerlos para establecer medidas que ayuden a evitarlos. Lo que no se puede permitir es engañar a la sociedad con peligros inventados.

Notas:
[1] Author of Belgium study hits back at Catholic Church over ‘appalling’ assisted dying video. Go Gentle Australia: https://www.gogentleaustralia.org.au/author_of_belgium_study_hits_back?fbclid=IwAR3ukLtLvZm-If_XOnw8Zq-kmyW3cvUOcnemYHmtIy19CZZQ8BFFqTznDY0
[2] Opinion: Miles Williams: the ethical argument for legalizing eutanasia, Health Central. NZ, 11 de julio de 2018: http://healthcentral.nz/opinion-miles-williams-the-ethical-argument-for-legalising-euthanasia/?fbclid=IwAR3pQnmuJXKzVEoZNyyDQcXF5U7Kwi3iToHSVbQKPeBSaoZ0A5ULfnsNdtQ.
[3] Archbishop Desmond Tutu ‘wants right to assisted death’. BBC News, 7 de octubre de 2016: https://www.bbc.com/news/world-africa-37587290.
El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Asunción Álvarez

Asunción Álvarez
Maestra en Psicología y doctora en Ciencias en el campo de la Bioética por la UNAM. Profesora e investigadora del Departamento de Psiquiatría y Salud Mental de la Facultad de Medicina de la UNAM. Es nivel II del Sistema Nacional de Investigadores. Miembro del Colegio de Bioética, A.C., Consejera de la Asociación Por el Derecho a Morir con Dignidad, DMD México y Vicepresidenta de la “World Federation of Right to Die Societies". También es profesora y tutora de los programas de Maestría y Doctorado en la Facultad de Medicina, de Filosofía y Letras y de Psicología de la UNAM. Sus líneas de investigación son: La muerte en la práctica médica y Dilemas éticos de las decisiones sobre el final de la vida. Publicó La eutanasia (CONACULTA, 1998), en colaboración con Arnoldo Kraus, y es autora de Práctica y ética de la eutanasia (FCE, 2005; 2014 en ebook). Editora de Eutanasia, Hacia una muerte digna (Foro Consultivo Científico y Tecnológico y Colegio de Bioética, 2008), editora, con Paulina Rivero, de El desafío de la bioética (FCE, 2009) y editora de La muerte asistida en México (DEMAC, 2017). Es coautora, con Elvira Cerón de Un adiós en armonía (Grijalbo, 2015), con Julieta Gómez e Isaac González, del capítulo "Euthanasia and Assisted Suicide: Global Views on Choosing to End Life. Attitudes and Policies in Mexico” (Cholbi M (ed). Euthanasia and Assisted Suicide: Global Views on Choosing to End Life. E.U.A., 2017) y con Isaac González y Joaquín Gutiérrez de Decisiones médicas sobre el final de la vida en pacientes con enfermedad de Alzheimer (Fontamara, 2017). De junio a noviembre de 2012 realizó una estancia sabática en el Joint Center for Bioethics de la Universidad de Toronto trabajando en el proyecto Análisis ético y legal de las diferentes modalidades de muerte asistida.