Las armas

mezquita.

Avelina Lésper


Arte y Dinero

Mezquita Masjid Al Noor Mosque, Christchurch (Nueva Zelanda).

domingo 24 de marzo de 2019

Las armas otorgan el privilegio de convertirse en jueces y verdugos, disparar el gatillo es dictamen, juicio y condena. Los seres humanos nos hemos otorgado la autorización de matar, de convertirnos en criminales con cualquier excusa: la ideología racista o política, la venganza, la diversión y hasta esa aberración de llamar “deporte” a la cacería de animales. La compra de armas es uno de los negocios más lucrativos en el planeta, sin necesidad de publicidad explícita, basta establecer la presencia de un enemigo, para que se justifique la adquisición de armamento, para un país o para un individuo. El comprador de un arma decide que necesita protegerse, porque antes decidió que tenía enemigos, y él mismo los elige, les da rostro y motivaciones para construir un armamento particular.

Esa conclusión la alcanza porque se considera superior, él con sus armas va a hacer algo que solo él puede hacer, y la víctima es inferior, los sociólogos afirman que hay resentimiento social, porque de alguna manera tratan de victimizar al atacante y no es verdad, el que asesina lo hace con la certeza de que está en lo correcto y que tiene la capacidad de hacerlo. Los criminales han dejado de ser los mayores compradores, son los individuos, es por eso que, en los países que otorgan licencias de armas a los ciudadanos, tienen los mayores volúmenes de posesión de armas per cápita. Las ideologías siempre han recurrido a la violencia, los países con graves crisis económicas, con necesidades urgentes poseen ejércitos equipados con armamentos sofisticados, es más apremiante proteger el liderazgo que proteger a la población que vive en el desamparo real de la pobreza.

Mezquita de Al Noor en Deans Rd.

Mezquita de Al Noor en Deans Rd., Christchurch, Nueva Zelanda (Foto: EFE).

El consumo crea sus propias necesidades, las empresas de armas pertenecen a los países que sufren más atentados terroristas, y que padecen a los grupos extremistas de ultra derecha, ellos mismos venden armas a los países que están en guerra. ¿En qué radica la decisión de alguien de darse la autorización de matar? En que tiene un arma en las manos. De la delincuencia organizada, los extremistas, terroristas a los que aplican una venganza personal, la diferencia la hace el acceso a un arma. Mintiendo afirman que “las armas no matan, mata el que las usa”, el asunto es que son para matar, no tienen otro uso, y si una persona adquiere una, es porque implícitamente se dio el poder de matar. Al otorgar una licencia de portar armas, en realidad están otorgando una licencia para matar, y desde ese punto las autoridades deberían asumir su implicación en un crimen.

La delincuencia adquiere armas en la clandestinidad, su principio es la ilegalidad, el problema es la incongruencia de “otorgar permisos” y después espantarse cuando una persona con licencia hace uso del permiso. En el atentado de Nueva Zelanda, el asesino tenía permiso de usar armas, había pasado el examen y en el curso de tiro dijeron que era un tipo “razonablemente normal”. En ese país otorgan el permiso desde los 16 años, para los vendedores de armas y las autoridades a los 16 años alguien tiene autorización de matar.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Avelina Lésper

Avelina Lésper
Crítica de arte y entre sus líneas de investigación está la pintura europea y el mercado de arte.