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El choque de trenes en el cine

Netflix, Cinépolis, Cinemex

Carlos Azar Manzur


Ya merito

'Making of' de 'Roma' (dir. Alfonso Cuarón, México, 2018), a cuadro: Yalitza Aparicio -actriz protagonista de la cinta- y Alfonso Cuarón (Foto: El Círculo del Fotograma).

viernes 23 de noviembre de 2018

Esta semana un tuit de Alfonso Cuarón volvió a poner en la picota el conflicto entre dos colosos. En el mensaje, el director se quejaba de que Roma, su nueva película producida por Netflix, se estrenaría en nuestro mexicano domicilio solamente en 40 salas. En esa misma queja, decía que la misma película se estrenaría en 50 salas en Corea del Sur y en 57 en Polonia, por citar algunos ejemplos.

Roma es una víctima más del conflicto entre las taquillas de los cines y los sitios de streaming. Como sucedió con Okja de Boon Joon Ho, película que quiso ser descalificada del Festival de Cannes cuando su casa productora, Netflix, se negó a pagar el porcentaje de taquilla correspondiente, argumentando que la película no iría a los cines, sólo a la red. En realidad, Netflix se negó a pagar un “pelo de gato” y gracias a esto, la ley cambió y Cannes no acepta, desde entonces, películas que no saldrán al circuito taquillero. Por eso, Roma no pudo competir en la edición de este año.

plataformas de streaming

Fotograma de ‘Okja’ (dir. Boon Joon-ho, EU/Corea del Sur, 2017), a cuadro: Ahn Seo-hyeon -actriz protagonista- y Okja (Netflix).

Este problema que podría resolverse con un desayuno en El Cardenal, una comida en el Pujol o unos tacos en El rincón de la lechuza, se ha convertido en una charla de borrachos dispuestos a defender hasta el último centavo. Este conflicto anuncia un posible choque de trenes.

Según IMCINE, en México se venden 210 millones de boletos de cine al año. Esa cifra convierte al tándem Cinépolis-Cinemex en el cuarto mercado exhibidor del mundo, sólo superado por los mercados de la India, China y Estados Unidos. Este imperio se ha podido enfrentar a los colosos de la distribución cinematográfica que han querido modificar los porcentajes (como en el caso de Inception de Christopher Nolan) y han salido victoriosos. Se sabe que 42% del precio del boleto se queda en el exhibidor, otro 42% se destina al distribuidor y sólo el 16% llega al productor de la película. Este mercado inmenso ha dado lugar a grandes cabildeos para salvar sus ganancias, incluso a costa del cine mexicano. En el sexenio de Fox se planteó destinar un peso del precio del boleto para producir películas mexicanas, como acontece en Francia o en España. 210 millones de pesos no es una cifra despreciable (sobre todo -lo sabemos-, si el público será el que pague ese peso), pero no ha sido posible implantar esa ley, el imperio se ha resistido. Se ha tratado de marcar un porcentaje de exhibición nacional, pero se han impuesto caminos tramposos para evitar que suceda. Salvo los grandes impactos comerciales (Nosotros los nobles, No se aceptan devoluciones) es difícil que las películas mexicanas superen las dos semanas en cartelera.

distribución

Fotograma de ‘Inception’ (dir. Christopher Nolan, EU, 2010) (Pinterest/Warner Brothers).

Por su parte, el gigante del streaming cuenta con 137 millones de usuarios a nivel mundial y, sólo en 2018, la compañía ha gastado alrededor de 13 mil millones de dólares en sus producciones, 5 mil millones más de lo que tenía planeado gastar en todo el año. El contenido de Netflix alrededor del mundo se ha situado en una media de 140 millones de horas al día en 2018 y, por extraño que parezca, México se ubica en el primer lugar en suscriptores que hacen uso de la plataforma todos los días.

En ese escenario comercial se ubica la batalla alrededor de Roma. Ya Netflix sacó un tuit en el que exhortaba a Cinépolis y Cinemex a sumarse al éxito de la película; ya Cinépolis contestó que nada les haría más felices que “Exhibir Roma, a la que consideramos como una joya de la cinematografía moderna”, pero que Netflix debería respetar las tradicionales “ventanas” que indican que una película no puede llegar a las plataformas de streaming antes de 90 días de haber sido estrenadas en el circuito cinematográfico. Y entonces, de nuevo el famoso Songo le dio a Borondongo, Borondongo le dio a Bernabé… La película que se perfila para reventar los premios en 2019 transita por los rieles mezquinos de dos trenes que no pretenden bajar la velocidad y negociar a favor de la “cinematografía moderna”. Ni modo, sólo esperemos tener la oportunidad de ver la película de Cuarón como se debe, que, al final, es lo único importante.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

2 comentarios

  1. Graziella Uriarte

    Es el colmo! Ya bájenle dos rayitas y por el buen común del buen cine y su público, lleguen a un acuerdo, caramba!!!

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Sobre Carlos Azar Manzur

Carlos Azar Manzur
Como escritor, editor y maestro de secundaria y de varias universidades, siempre ha sido un defensa central. Estudió la licenciatura en psicología, convencido de que era una rama más de la literatura. Como nadie más cree eso, todos los problemas laborales que ha tenido se le deben achacar a Freud. Ahora, tiene dos maestrías, una en literatura y creación literaria por Casa Lamm y otra en Arts and Litterature por la AIU de Hawai: la puerta burocrática se ha abierto. Trabajó como el coordinador editorial de la CEPAL, comisión de la ONU y fue Secretario Técnico del Consejo Ciudadano para la Cultura y las Artes de Puebla. Ha publicado cuatro libros de poemas (“Pavana para el banquete de los poderosos”, “Distancias”, “Cántico a Eli” y “El círculo de la presencia”), una historia de la ópera, un cuento suyo fue elegido para la antología Delta de las arenas, cuentos árabes y judíos latinoamericanos, un capítulo del libro “Las dos caras de la historia” de Random House Mondadori, coordinado por Alejandro Rosas, y otro en “Máscara contra Rostro” de la Facultad de Filosofía de la UNAM. Fanático de la memoria y alimentado tras las bambalinas de un foro isabelino, ama el cine, el fútbol, la música y la cocina de Puebla, el último reducto español en manos de los árabes.