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Entender (y creer en) el año nuevo

entiendo

Carlos Azar Manzur


Ya merito

Foto: OLX.

viernes 4 de enero de 2019

Entiendo que la batalla entre los poderes es una prueba de democracia. La negociación y poner en la mesa puntos de vista distintos forman parte de la construcción de algo que hay que defender.

Creo que la democracia no sólo depende de respetar las voluntades en las urnas. Sin un pensamiento de Estado, sin tener el ánimo de pensar en instituciones de bienestar, sin cuidar que el sistema no se construya para el beneficio de algunos, nuestra democracia permanecerá en pañales.

Entiendo que queda mucho por hacer, mucho, para dejar de creer en un gobierno paternalista.

Creo que es responsable votar con el ánimo de volvernos oposición. No importan la esperanza, los intereses o las fobias. No importan las superficies y los deseos.

Entiendo que somos el país de los tips. ¿Será posible pensar en proyectos que duren más de seis años?

Creo que es legítimo aspirar a reducir las diferencias entre las percepciones salariales de todos, sobre todo las que emanan del erario (aun así, supongo que es mejor subir a los de abajo que bajar a los de arriba).

Entiendo que todos pasemos de ser críticos de cine a convertirnos en peritos forenses. Siempre hemos sido así, del mito al pensamiento mágico; de la inseguridad a la teoría del complot; del insulto a las verdades dogmáticas. (Lo que queda claro es que somos mejores forenses que críticos de cine).

mexicanos

Foto: Gizmodo.

Creo que pelearse con el poder judicial desde una ley champurrada, sin criterios ni precisiones, es permitir que dicho poder, tan acostumbrado a encontrar los pasadizos de la ley y a interpretar a su favor, nos derrote con sus propias armas.

Entiendo que, si alguien anuncia un plan de austeridad, todos comprendamos que dicha austeridad se ponga en práctica en los otros (“y los otros somos todos”, dijo Jean Paul Sartre), pero de ninguna manera en nosotros.

Creo que el tiempo es un ejercicio de nuestra conciencia.

Entiendo que Donald Trump quiera llevar a los juzgados a los productores de Saturday Night Live porque se atrevieron a hacer un sketch de su gobierno a partir de una parodia de ¡Qué bello es vivir! de Frank Capra. (En realidad, no, no lo entiendo, “desdichada la ciudad cuyo príncipe es un niño”).

Creo que, como creen muchos, no sólo los idiotas votaron por Trump o por Bolsonaro. (Sólo espero que no estemos dispuestos a repetir la década de los treinta del siglo pasado).

Entiendo que Monterrey haya alcanzado los índices de contingencia ambiental por arrojar fuegos artificiales y asar, de manera simultánea, mucha carne asada. (Tal vez tampoco lo entiendo).

carnes asadas y pirotecnia

Contingencia ambiental en Monterrey, Nuevo León, México (Foto: Código San Luis).

Creo que, si no estamos dispuestos a pensar de forma ecológica y de manera amplia, hay poco que hacer. (El problema no está en los popotes, sino en nosotros).

Entiendo que hay una serie documental en Netflix que se llama En pocas palabras y que profundiza sobre temas diversos en la actualidad. El capítulo dedicado al problema del agua se centra en la Ciudad de México porque los investigadores y los realizadores no pueden entender que, en una ciudad con tal nivel de precipitación pluvial, exista tanta complicación relacionada con el agua. (Ya sé que los problemas urgentes van antes que los importantes, pero me gustaría creer que no quisiéramos ser ese ejemplo mundial).

Creo que la historia no tiene que estar peleada con la política. (Aunque es absurdo comparar los panfletos políticos de algún gobernador con los libros de Álvaro Matute o Daniel Cosío Villegas, tan torpe como cotejar mis poemas espirituales con los de Juan de la Cruz).

Entiendo que los cambios angustian.

Creo que los guionistas de Black Mirror son unos genios notables.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

Un comentario

  1. No entiendo nada (cual será su moraleja)

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Sobre Carlos Azar Manzur

Carlos Azar Manzur
Como escritor, editor y maestro de secundaria y de varias universidades, siempre ha sido un defensa central. Estudió la licenciatura en psicología, convencido de que era una rama más de la literatura. Como nadie más cree eso, todos los problemas laborales que ha tenido se le deben achacar a Freud. Ahora, tiene dos maestrías, una en literatura y creación literaria por Casa Lamm y otra en Arts and Litterature por la AIU de Hawai: la puerta burocrática se ha abierto. Trabajó como el coordinador editorial de la CEPAL, comisión de la ONU y fue Secretario Técnico del Consejo Ciudadano para la Cultura y las Artes de Puebla. Ha publicado cuatro libros de poemas (“Pavana para el banquete de los poderosos”, “Distancias”, “Cántico a Eli” y “El círculo de la presencia”), una historia de la ópera, un cuento suyo fue elegido para la antología Delta de las arenas, cuentos árabes y judíos latinoamericanos, un capítulo del libro “Las dos caras de la historia” de Random House Mondadori, coordinado por Alejandro Rosas, y otro en “Máscara contra Rostro” de la Facultad de Filosofía de la UNAM. Fanático de la memoria y alimentado tras las bambalinas de un foro isabelino, ama el cine, el fútbol, la música y la cocina de Puebla, el último reducto español en manos de los árabes.