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El medio ambiente en el T-MEC

T-MEC.

Claudia Schatan


De Qué Se Trata

Imagen: Manufactura.mx.

jueves 4 de abril de 2019

Seguramente muchos recordarán que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que arrancó a fines de 1993, fue un acuerdo muy innovador en materia de medio ambiente. Fue el primero de este tipo que incluía un acuerdo de cooperación ambiental entre los países miembro (Acuerdo de Cooperación Ambiental de América del Norte, ACAAN), que también abarcaba el compromiso de aplicar las leyes nacionales de protección al ambiente, so pena de enfrentar incluso medidas comerciales punitivas en caso de incumplimiento. Todo ello bajo el alero de la Comisión de Cooperación Ambiental (CCA) del TLCAN, su Secretariado, y una importante participación ciudadana, instancias todas novedosas para llevar a cabo las tareas mencionadas.

El logro del acuerdo ambiental paralelo del TLCAN ocurrió en otros tiempos, es decir, en un contexto de auge de políticas de apertura al comercio internacional junto con una creciente conciencia del deterioro ambiental. Contribuyó a ello la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992 que impulsó diversas iniciativas muy importantes, como la Agenda 21 para un desarrollo sostenible y la creación de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que llevaría a la firma del Protocolo de Kioto en 1997 para reducir las emisiones efecto invernadero. En este contexto, la población civil a través de las organizaciones no gubernamentales (ONG) presionaban fuertemente a sus gobiernos para que actuaran. En América del Norte, esto era especialmente cierto en Estados Unidos donde las movilizaciones de aquellos preocupados por estos temas motivaron, junto con la mayor conciencia de los problemas ambientales por parte de Canadá y México, a la inclusión de disposiciones en el acuerdo, que evitaran promover un mayor comercio a costa del medio ambiente. Algo similar ocurrió en el aspecto laboral, pues había una gran preocupación porque hubiera un deterioro de las condiciones de los trabajadores de Estados Unidos al tener que competir con productos importados libres de aranceles y fabricados por mano de obra muy barata de México, aunque este acuerdo resultó ser más débil que el ambiental.

Protocolo de Kioto.

El primer ministro indio, Narendra Modi,  durante una sesión de la cumbre sobre cambio climático COP21 (Fotografía: La Crónica).

En la renegociación del TLC entre los tres socios de Norteamérica, 25 años después de su firma, las discusiones públicas sobre el medio ambiente han estado prácticamente ausentes. Esto a pesar de que los problemas ambientales en el mundo han aumentado fuertemente. Aún no se ha ratificado el T-MEC en los países miembro y no se sabe si se aprobará la versión acordada por los negociadores de los tres países o si sufrirá modificaciones, pero es probable que la parte ambiental del acuerdo no cambie gran cosa porque no ha sido un tema polémico en esta revisión del TLC.

¿Qué se puede decir del legado del TLCAN en su aspecto ambiental, en los preámbulos del nuevo T-MEC y de las modificaciones a las disposiciones en esta materia en el nuevo acuerdo? Se han realizado numerosas evaluaciones de los avances en materia ambiental a través del TLCAN, varios por parte de la propia Comisión de Cooperación Ambiental. En forma muy resumida, puede decirse que hay cierta coincidencia en que los aspectos de cooperación en el tema de protección ambiental han sido muy exitosos dentro del TLCAN, pero los alcances de la fiscalización en la aplicación de las leyes ambientales en cada país han sido, por el contrario, muy limitados. Es muy apreciable lo que la Secretaría de la CCA ha logrado hacer con un presupuesto tan reducido, entre muchas otras, están la generación de información regional sobre la contaminación transfronteriza, las de emisión y transmisión de gases de efecto invernadero por empresas u otras instalaciones; el Atlas Ambiental de América del Norte; la migración de especies y su habitat. Asimismo, son destacables los Planes de Acción para reducir la presencia en el medio ambiente de productos químicos peligrosos, entre otros.

El T-MEC presenta algunos cambios respecto al TLCAN pero, básicamente, en el aspecto ambiental es muy similar, siendo los cambios más de forma que de fondo. El acuerdo comercial incorpora el tema ambiental como un capítulo del acuerdo (Capítulo 24) y éste contempla un nuevo Comité Ambiental formado por representantes “senior” de los gobiernos para ayudar a su implementación, pero éste no sustituye a las instancias de operación del TLCAN para el tema ambiental. Asimismo, cambia el nombre del acuerdo de cooperación ambiental del ACAAN al Acuerdo de Cooperación Ambiental (ACA) que sigue siendo un acuerdo paralelo, con la estructura básicamente igual a la que tiene actualmente.

Calentamiento global.

Fotografía: lavoz.com.ar.

A diferencia del primer acuerdo, que era pionero en temas ambientales, el nuevo aparece como rezagado frente a los temas actuales. El Calentamiento Global, del cual no se tenía conciencia clara en 1993 pero que ahora aparece como una amenaza seria a la sobrevivencia del planeta, está ausente del T-MEC, lo cual es consistente con la postura de desconocimiento del calentamiento global por parte del gobierno de Estados Unidos.

Eso no significa que no haya temas nuevos de relevancia. La nueva versión del acuerdo abarca temas que no se consideraban en el original, tales como la amenaza que representan las especies invasivas, la contaminación generada por las embarcaciones, la necesidad de contar con una silvicultura sostenible, el impacto negativo de la contaminación de los plásticos, y la necesidad de una mayor acción de protección de la capa de ozono. Se pone especial énfasis en preservar las especies marinas, evitando la sobrepesca en la región, para lo cual propone controlar, reducir e incluso eliminar subsidios que contribuyen a esta práctica. También es novedoso en este acuerdo revisado el que se tome en consideración los derechos constitucionales de los pueblos indígenas y aconseja consultarles respecto de actividades que pudieran afectarles negativamente (pero no hay ninguna medida obligatoria respecto de este punto).

Para Canadá el T-MEC presenta dos cambios positivos para el medio ambiente: elimina el mecanismo para la solución de controversias en materia de inversión del capítulo 11 del TLCAN que permite a empresas afectadas por el cambio de legislaciones ambientales demandar a los gobiernos responsables de ello, lo que ha inhibido el mejoramiento de las regulaciones ambientales por parte de los gobiernos. México, en cambio, se beneficia sólo parcialmente de esta modificación pues sigue siendo sujeto a ese mecanismo en el sector de gas y petróleo. También se beneficia especialmente Canadá de la eliminación de la “cláusula de proporcionalidad” que requería que Canadá mantuviera sus exportaciones de petróleo a Estados Unidos a un cierto nivel, lo cual impedía que se pudieran limitarse si así lo deseaba Canadá con propósitos ambientalistas u otros.

Petróleo mexicano

Fotografía: El País.

El T-MEC tiene la virtud de conservar los mecanismos de cooperación ambiental que han fructificado en sus 25 años de existencia, pero carece de vías para subsanar las grandes fallas de las que adolecen los mecanismos que deberían asegurar que los gobiernos cumplan con sus leyes ambientales, en la medida en que éstas se encuentren vinculadas al comercio. Si bien es cierto que a través de los capítulos 14 y 15 del TLCAN (cuyo contenido en gran parte está incluido ahora en el capítulo 24 del T-MEC) están sentadas las bases para que los ciudadanos de cualquiera de los tres países presenten peticiones con el propósito de que se hagan investigaciones sobre reiteradas trasgresiones a la ley de alguno de los tres países, estos mecanismos son muy laxos y difícilmente llegan a puerto. La prueba está en que ha habido muy pocos Expedientes de Hecho (88 entre 1993 y 2018), que son los informes que expide el Secretariado, instruido por el Consejo de la CCA (formado por los Ministros de Medio Ambiente), encargados de conducir a la adopción de medidas que resuelvan el problema si la investigación muestra que éste existe.

El procedimiento se lleva a cabo a través de consultas entre los países miembro y no de forma contenciosa.  El limitado número de Expedientes de Hecho y el que estos no se hagan públicos automáticamente han creado suspicacias acerca de cuán independiente es el Secretariado frente al Consejo. La nueva versión del tratado no parece abordar estos problemas a fondo, ya que agrega nuevas instancias de consulta entre las Partes en lo cual juega un papel el nuevo Comité Ambiental, pero no hay garantía de que ello agregue mayor rapidez o efectividad al proceso. Parece aún más difícil que en la versión anterior, el TLCAN, se resuelvan disputas ambientales cuando no se logra un acuerdo amistoso entre las Partes.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Claudia Schatan

Claudia Schatan
M.A. en Economía, Universidad de Cambridge, Inglaterra. B.A. en Economía, Universidad de Chile, Santiago, Chile; Consultora independiente en temas de Tecnologías de la Información y Competencia en los Mercados (2014-2016); Académica e Investigadora Visitante, Universidad Iberoamericana, México (2012-2014); Jefa de la Unidad de Comercio Internacional e Industria, Comisión Económica para América Latina y el Caribe, (CEPAL), Naciones Unidas (1992-2011); previamente, Catedrática Investigadora del Centro de Investigación y Docencia Económica (CIDE), México. Investigadora visitante en varias universidades en Estados Unidos (Harvard Institute of International Development, HIID, Universidad de Harvard; Center for United States-Mexican Studies, Universidad de California en San Diego, entre otras). Publicaciones más recientes: “México: políticas industriales y producción de bienes y servicios de tecnologías de la información”, co-autor Leobardo Enríquez, Revista de la CEPAL Nº 117 y “Panorama y retos de la política de competencia en Centroamérica”, Serie Estudios y Perspectivas Nº 169, CEPAL, 2016.