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Karen K. Uhlenbeck y la ruptura de los estereotipos de género

Premio Nobel Matemáticas

David Rettig


Palimpsestos culturales

Karen Uhlenbeck (Fotografía: Andrea Kane-Institute for Advanced Study).

martes 2 de abril de 2019

El año pasado tuve la dicha de participar en algunos talleres para Plaza Sésamo. El reto y el tema eran y siguen siendo fascinantes: ayudar a identificar cómo mejorar la ejecución del programa Pequeñas Aventureras dentro de una red de escuelas públicas. Pequeñas Aventureras tiene un propósito que motiva a cualquier persona interesada en un mundo mejor y equitativo. El programa multimedia desarrollado por Sesame Workshop busca disminuir las brechas de aprendizaje y participación en ciencias y matemáticas que se presentan entre niñas y niños entre 3 y 6 años de edad. Sus herramientas buscan que dentro del sistema educativo, los contenidos, las educadoras y los padres sean agentes que ayuden a cambiar las tramas de desigualdad en las que se insertan niñas y niños. ¡Sí! Es impresionante cómo reproducimos, a veces sin querer, las formas culturales que favorecen a niños y que disminuyen el rendimiento de las niñas. Desde hechos tan simples como: que educadoras y educadores pregunten más a los niños, o incrementen su participación; o de que padres y madres digamos “no, es que eres niña, tú no puedes ser o hacer… eso es para hombres”.  El infierno está en los detalles. Los pequeños gestos, palabras, señales dirigen nuestro comportamiento y lo forjan, si logramos cambiar esos gestos durante los primeros seis años de nuestros hijos lograremos impactar de mejor manera en su carácter. Pequeñas Aventureras está haciendo esa inversión.

mujeres empoderadas.

Pequeñas Aventureras, Plaza Sésamo.

La disminución de la desigualdad de género es tan importante que la ONU lo contempla como uno de los 17 pilares del desarrollo sustentable y  como uno de los 8 objetivos de desarrollo del milenio. En los Estados Unidos el porcentaje de niñas que se encaminan hacia materias STEM (Ciencias, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés) no rebasaba el 25% en el 2016.  Esos campos, según las últimas investigaciones laborales, son los que están creciendo en el mundo: mejores salarios y mayores oportunidades de trabajo se esconden en STEM. La importancia de las personas modelo y de los roles que vemos representados en personajes públicos parecen tener un papel fundamental en lo que nuestras hijas querrán llegar a ser.

En un increíble audiolibro del psicólogo organizacional Adam Grant, Power Moves: lessons from Davos se dibuja, en el capítulo 3 Powerful Women, el nuevo papel que están jugando las mujeres en el mundo desde los roles de liderazgo. Sus entrevistas a Ellen Stofan (NASA),  Sheryl Sandberg (Facebook), Kerry Kennedy, Laura Liswood y otros fascinantes personajes no solamente el oyente es seducido, sino que se detonan profundas reflexiones y dudas en torno a cómo sería un mundo laboral, político y social con mayor presencia de mujeres en roles de liderazgo. Un dato mencionado por Grant es que de la población de Estados Unidos el 58% son mujeres y sólo el 0.5% de hombres se llaman John, sin embargo, hay más CEO llamados John que mujeres.

Directora de investigación de NASA.

Ellen Stofan (Fotografía: The Times).

Ellen Stofan llama la atención al haber comenzado sus años treinta como la directora de un proyecto de investigación en la NASA, un ingeniero que integraba su equipo se sintió capaz de gritarle e insultarla, diciéndole que era una niñita. Eso no detuvo a Ellen y siguió adelante como directora de dicho proyecto, pero el hecho refleja la cultura machista impregnada en nuestras estructuras sociales. Ellen, tocada por esos eventos se dio a la tarea de generar talleres dirigidos a impactar en la participación de STEM y establecía como propósito que quería influir en la primera mujer que camine en marte. Durante esos programas reflexionaba mucho sobre cómo durante más de 100 años de historia aeroespacial ha habido grandes mujeres y negros pero sus historias han sido poco contadas.

Recordemos que este mes se celebraría por vez primera la caminata de un equipo de mujeres astronautas, pero fuimos más sorprendidos por los comunicados de la agencia especial que cancelaba dicho hito debido a que se escapó un pequeño detalle: no había trajes a la medida de las astronautas.  A pesar de esa desagradable noticia, Anne McClain y Christina Koch terminarán marcando un importante paso en la historia.

mujeres astronautas.

Anne McClain y Christina Koch. (Fotografía: La Carpa).

Pero no todas las historias de mujeres de ciencia provienen del espacio. Conozcamos la historia de una niña norteamericana a quien le gustaba el campo y la lectura. Ella vivió con sus cuatro hermanos en un lugar rodeado de naturaleza y de libros. Ella y su familia fueron y son lectores hambrientos y exploradores de la naturaleza. Esa niña a la edad de 12 años se interesó por la astrofísica y por entender cómo George Gamow planteaba la existencia de dos infinitos. A los pocos años fue a una universidad mediana: su familia no tenía para pagar MIT o Cornell y en Michigan descubrió que su camino eran las matemáticas.

Karen K. Uhlenbeck

Karen K. Uhlenbeck (Fotografías: Blog Naukas).

Durante su trayectoria académica descubrió un intrincado mundo masculino. Como ella misma lo describe en su perfil personal de la universidad de Texas: “algunas personas intentan explicar por qué habíamos tres doctoras graduadas con Honores en la Universidad de Michigan, una universidad mediana comparada con las otras” y reflexiona cómo, muy probablemente, si esas tres mujeres hubieran sido hombres hubiesen estado repartidos en universidades mejor ranqueadas y más caras. También nos cuenta cómo cuando llegó al programa Sputnik se dio cuenta que no era bueno tener amigas. “Era evidente que no avanzaría en mi carrera si me juntaba con otras mujeres. Nos dijeron que no podíamos hacer matemáticas porque éramos mujeres”.

La semana pasada se dio la noticia que esa niña, Karen Uhlenbeck, fue la ganadora del prestigioso Premio Abel, equivalente al Nobel de Matemáticas, a la edad de 78 años. La hazaña de Karen es precedida por la talentosa científica iraní Maryam Mirzakhani, quien ganará en el 2014 un premio de menor envergadura que el Abel, el Fields, considerado el Nobel Matemático para menores de 40 años. Desafortunadamente, el cáncer de mama cobraría la vida de Maryam tres años después de haber recibido dicho premio.

Premio Abel.

Maryam Mirzakhani (Fotografía: Youtube).

En la carrera extraordinaria de Karen la lucha contra los estereotipos que Pequeñas Aventureras está intentando erradicar, fueron una constante. Sin duda, se necesitan más modelos a seguir como Karen e historias de éxito en que muchas mujeres dentro de diversos ámbitos están trazando las pautas para transformar nuestro mundo en uno mejor que goce de equidad de género.

Por mi paso como maestro y estudiante,  en diferentes universidades y como manager de equipos, me he encontrado con estudiantes y trabajadores sobresalientes, llevo un registro muy personal en ese record (son como mis apuestas a futuro), 95% de estudiantes y líderes empresariales que he considerado en esa lista son mujeres. Espero que en México los roles de liderazgo e influencia comiencen a ser tomados por más mujeres talentosas: juntos debemos ayudar a crear esas condiciones.

Sin embargo, no basta con suplantar un deseo feminista desde mi posición de hombre. Al igual que es importante reflexionar al machismo como un sistema, no basta con resguardar los discursos y las responsabilidades y localizarlas en ciertos actores. Todos participamos y contribuimos en los discursos y su reproducción.

K. Ulhenbeck.

Karen Uhlenbeck (Fotografía: Institute for Advanced Study).

Es común escuchar frente al machismo cómo las mamás impactan en la reproducción de los paradigmas y estereotipos para ensanchar y agrandar el propio machismo y poco se devela sobre el papel que jugamos los hombres. Para el caso de la equidad de género sería lo mismo pensar que todo recae en encontrar y generar más historias de mujeres que como Karen rompen paradigmas. Desde luego, esto es necesario y fundamental, pero también lo es preguntarnos el papel que como hombres jugamos para reproducir o frenar esos estigmas y paradigmas. ¿Cómo siendo padre, maestro, esposo, empleado, líder en una organización, ayudo a desmantelar o a reproducir los estereotipos que han formado el tejido de valores actual? Esa pregunta es esencial.

Hace unos meses el debate derivado del anuncio publicitario de la compañía de Gillette mostró lo endeble de nuestro paradigma masculino. Hombres de diferentes latitudes mostraron su desaprobación al comercial, pocos hemos salido a defenderlo. Tenemos mucho por hacer y dialogar con nuestra capacidad de cumplir tareas y roles que regularmente han sido estereotipados como femeninos. Tenemos mucho que reflexionar sobre nuestro propio papel para generar un mundo con igualdad de oportunidades para hombres y mujeres.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre David Rettig

David Rettig
Estudió arqueología (ENAH), especializándose en Filosofía de la Ciencia (UNAM) y en prehistoria y evolución humana (Universidad de Ferrara- URV). Ha trabajado como profesor en México y ha sido investigador en sitios prehistóricos en México, Italia, España y Rusia. Apasionado por el comportamiento humano, David Rettig encontró un paralelo al estudiar y entender las tribus del pasado con las del presente. Le inquieta explicar nuestro comportamiento, entender lo que nos hace humanos y transformar a la sociedad. Es por eso que se autonombra arqueólogo de innovación en Mindcode. La empresa en donde hoy es socio y busca generar impacto, David ha realizado investigaciones enfocadas en generar estrategia de negocios e innovación durante los últimos 10 años y colaborado en más de 150 proyectos con marcas como Kimberly Clark, Metlife, ALSEA, Santander, Bimbo, Calimax, Grupo Posadas, Televisa, Deloitte, Samsung, Google y Facebook. Los proyectos que más le apasionan tienen una carga de responsabilidad social y de cambio cultural.