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La condena a la memoria

damnatio memoriae condena de la memoria

jueves 14 de febrero de 2019

La damnatio memoriae, locución latina que puede ser traducida literalmente como “el daño a la memoria”, constituyó la condena a los actos de los malos gobernantes en la antigua Roma. Era una práctica en la que el Senado intervenía para proclamar, después de la muerte de algún personaje o emperador, que el nombre del mismo debía caer en el olvido, borrando toda huella o vestigio de su persona. En aquél tiempo era común que, además del secuestro de sus bienes, se borrara cualquier signo que pudiera recordarlo. Sus nombres y sus efigies eran suprimidos de estatuas, monedas, documentos, vías, palacios y todo cuanto hiciese alusión a ellos. Célebres emperadores ‒Nerón, Calígula, Domiciano y muchos más‒ fueron objeto de esta sanción, y tal vez se les recuerde aún más por ello, pues es difícil anular de la historia a quienes condujeron a uno de los imperios más poderosos de la Antigüedad, no obstante, los crímenes cometidos durante sus mandatos. Además, la sanción tenía como propósito dejar constancia de los hechos abominados para impresionar y un claro testimonio y ejemplo al pueblo.

Los sedimentos de aquella práctica no han desaparecido. De hecho, a través de toda la historia de la humanidad se han condenado de diversas maneras a los dictadores, déspotas, criminales y tiranos que ha habido en el mundo. Así, desde los Atilas, Tamerlanes y demás depredadores de los derechos de los humanos, hasta arribar a genocidas como Hitler, Stalin, Pol Pot, Idi Amin, Augusto Pinochet, y todos los que la memoria histórica del lector guste agregar, seguirán siendo repudiados de diversos modos por sus actos perversos que lastimaron la conciencia humana.

Stalin y Yezhov

En la primera fotografía, Stalin con el general Voroshilov (izquierda), Viacheslav Molotov, y Nikolái Yezhov (jefe de la NKVD), en 1937.

México no ha sido ajeno en su devenir político y social a este pretérito hecho. Desde los genocidios perpetrados por los conquistadores españoles, en su afán de codicia y la de imponer sus creencias religiosas y diferente sistema económico, hasta la etapa de gobiernos independentistas en las que se registran los nombres de Agustín de Iturbide, Antonio López de Santa Anna, Maximiliano de Habsburgo, por sólo citar los más relevantes; y posteriormente la del dictador Porfirio Díaz, cuyos restos  mortales reposan aún en Francia, a pesar de varias propuestas de sus admiradores por traerlo a México. Ya en el siglo XX es inevitable consignar al General Victoriano Huerta, autor de los crímenes nefandos del Francisco I. Madero y del vicepresidente José María Pino Suárez.

Saddam Hussein

Derrocamiento de la estatua de Saddam Hussein en la Plaza Firdos, Bagdad (Irak).

En el periodo de la modernidad no escaparon a la damnatio memorie presidentes de México como Miguel Alemán Valdés, cuya efigie colocada en la Ciudad Universitaria de la capital, fue dinamitada por dos ocasiones; José López Portillo, cuya magnífica estatua ecuestre ubicada en Escobedo, Nuevo León, fue removida y ocultada en alguna oscura bodega, y la dañada por cientos de personas erigida a Vicente Fox, en Boca del Río, Veracruz. Todo lo cual nos lleva a proponer que se integre una comisión, elegida democráticamente por ciudadanos distinguidos y legisladores, para que haga una revisión a fondo y dictamine la eliminación de nombres de personajes que indebidamente ostentan calles, parques, viaductos, edificios, estatuas y obras de diversa índole en todo el territorio nacional, y de esta manera depurar nuestra vida cívica y social al poner a cada uno en su lugar. Esto resulta así porque no es ético ni moralmente adecuado colocar al lado de asesinos y ladrones, a los héroes y líderes auténticos de esta nación. Aprendamos de la historia, que debe ser guía de nuestra vida individual y colectiva. En caso contrario, el olvido nos condenará a nosotros.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

Un comentario

  1. Me parece perfecto y correcto que se reglamente sobre que personaje merece que su nombre se imponga en una calle, estatua, estadios deportivos etc. para que la Ciudadanía recuerde su legado y no por capricho de un funcionario, tenemos varios ejemplos de Gobernantes de ingrata memoria que hay que poner su nombre donde corresponde o sea en el basurero

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Sobre Elías Cárdenas

Elías Cárdenas
Egresado de la Escuela de Leyes de la Universidad Autónoma de Coahuila. Fue Diputado Presidente de la XLVIII Legislatura local del Estado, y Representante del Partido Convergencia ante el Consejo General del Instituto Electoral del Distrito Federal, Representante ante el Consejo General del IFE y Representante Legislativo de la Fracción Parlamentaria de Convergencia en la Cámara de Diputados y Diputado en la LX Legislatura, donde ocupó el cargo de Presidente de la Comisión de Marina (Armada de México). Observador de México ante el Parlamento Centroamericano, Delegado a la II Convención Mundial del Mar en 1974, celebrada en Caracas, Venezuela, miembro de la Delegación de la Comisión de Vigilancia de la Auditoría Superior de la Federación ante su similares del Reino Unido y Noruega, Representante del Partido Convergencia en los cursos sobre normalidad democrática en Madrid, España, realizados en el Instituto José Ortega y Gasset; delegado en la Segunda Cumbre Parlamentaria Iberoamericana verificada en Montevideo, Uruguay. Orador huésped sobre poesía mexicana en la Eastern Kentucky University de la Ciudad de Richmond, Kentucky. Ha ejercido la abogacía ante tribunales federales y del fuero común, y el periodismo en distintos periódicos y revistas nacionales como editorialista, articulista, cronista y reportero, y editado los ensayos intitulados “El joven madero”, “El Senado de la República” y el libro ¿Dónde está la isla Bermeja?