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EL TLCAN EN CAPILLA. NO HAY PLAZO QUE NO SE CUMPLA

Colaboración y reflexiones de Enrique A. Escalante en El Semanario
Enrique A. Escalante: Colaboración y reflexiones de Enrique A. Escalante en El Semanario.

Viernes 17 de Febrero de 2017

Las marchas de la unidad no dejaron huella ni sobre los pavimentos. Lo que sí evidenciaron es que ya no somos los mismos ante la unidad nacional, que tristemente transita para convertirse en una especie de cliché, en uno de los tantos mitos mexicanos, en una especie de recuerdo nostálgico que quizá nunca regrese. Parece ser que el viejo sabio de la política perredista, el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas, tenía razón al decir que “…con banderitas no se resolvería gran cosa…”. Palabras más, palabras menos. Lo cierto que ni veinte mil almas –incluyendo las de los más famosos– marchando de hinojos a Chalma, resolverán algo que tuviera que ver con algún muro o con las muecas del señor Trump.

Una senadora, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores –da igual cuál sea su nombre o su extracción política– también realizó su marcha, pero ella hacia Estados Unidos a saludar a sus afamados homólogos. Me parece un hermoso detalle de su parte por la candidez de su noble intención, sin embargo, aún tenemos dificultades para encontrar que dicha acción encaje en el complicado rompecabezas en el que estamos inmersos con el vecino país de norte, en el que echamos en falta que dicha Comisión y su presidenta, se pongan las pilas aun más, se reúnan con el canciller y los demás secretarios ocupados en el tema de la tirante relación con Estados Unidos, y urdan un plan conjunto que genere presión, propuesta y resultados. Las fotos vendrán después.

Estamos frente a un escenario adverso y desde lejos se advierte que no será fácil transitarlo. Por ello, las ideas que surjan de la inspiración de las fuerzas políticas del país, que en un impulso de hondo sentimiento nacional arrebaten sus maletas y crucen fronteras para tratar de ser redentores de las causas más sentidas de los mexicanos, resultarán verdaderamente vanas y superficiales porque si no están enlazadas a una estrategia, sólo se convertirán en una fugaz nota periodística.

No hay plazo que no se cumpla. Wilbur Ross es el nuevo Secretario de Comercio de Estados Unidos. Empresario entrado en años que parece de una madera correosa, con intereses personales diversos en México. En breve se sentará a la mesa a replantear el sentido del TLCAN, y posiblemente bajo los argumentos maniqueos del presidente de Estados Unidos.

En la otra esquina, nuestro secretario de economía, Ildefonso Guajardo, uno de los pocos de aquel “Dream Team” que hizo nacer el TLCAN, que aún está situado en una responsabilidad pública importante. Es innegable que este documento que ha regido durante dos décadas los intercambios comerciales de América del Norte, ha servido de mucho, aunque es verdad que ya es tiempo de revisarlo, teniendo en cuenta que es poco creíble que este tratado comercial sólo haya beneficiado a México. Mediante este instrumento, los tres países involucrados han ganado.

Si alguien ha sido prudente durante todo el camino es el secretario Guajardo. No se ha impuesto la toga de la sabiduría, sino que se ha detenido a escuchar con atención el testimonio y las propuestas de cuantos pasaron por ese sinuoso camino y que, como él, han dado seguimiento puntual a la evolución del TLCAN durante todos estos años. El señor Ross llegará con sus casi ocho décadas a cuestas, a quejarse al estilo Trump o las empleará para verter una nueva propuesta que sea atractiva, pero a ojo de buen cubero no creo que los representantes de Estados Unidos tengan muy claros sus planteamientos. Es decir, que tal vez el primer saque verdadero y serio deba provenir de lado sur del Río Bravo. Quizá será la reunión más importante de cuantas hayamos tenido en el exterior o en tierras mexicanas durante los últimos 20 años. Aunque también debemos tomar en consideración el diálogo comercial para ampliar y madurar el acuerdo comercial de México con la Unión Europea que está en marcha y en buenas manos.

Por su parte, el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, prácticamente ha amarrado algunos acuerdos con el señor Trump en la Casa Blanca, el pasado lunes. El preludio lo conocemos, pues unos días previos a dicha reunión, la Secretaria de Relaciones Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, ya expresaba su firme posición dándole un revés al Secretario de Estado de Trump, Rex Tillerson, manifestando que su país respondería con aranceles ante una eventual escalada proteccionista de los Estados Unidos. Con ese tono llegó el premier canadiense a la avenida Pensilvania. Otro instrumento de presión ante Estados Unidos empleado por el premier canadiense, es su sobresaliente gestión ante la Unión Europea para fortalecer su ya destacado acuerdo comercial, calificado como inédito.

Ellos podrán decir misa, si gustan, pero en los asuntos de negocios no hay nada escrito. Canadá es un buen amigo de México, lo reconocemos. Eso cuenta mucho, pero hay muchos otros factores que son importantes. Los canadienses y los mexicanos tienen empresas que funcionan coordinadamente para que el mercado funcione usando las ventajas que proporciona el TLCAN, y en esta guisa también están inmersas las empresas de Estados Unidos.

Los tratados comerciales hacen que las economías se vuelvan simbióticas, por eso, después de poco más de dos décadas de vigencia de TLCAN, todas esas redes de negocios hierven en un espeso caldo de intereses que será muy difícil deshacer. Lo mejor es seguir adelante y desarrollar nuevas fórmulas que permitan un constante perfeccionamiento.

En esta misma columna, en nuestro artículo titulado Diálogo Social en Norteamérica, sugerimos que la parte mexicana eventualmente propusiera  la creación de una nueva instancia; un foro permanente que garantice la participación ciudadana de los tres países, donde converjan, discutan y tomen acuerdos las asociaciones empresariales, uniones de productores, pymes, emprendedores, trabajadores, regiones y demás sectores de interés, para alimentar la evolución del TLCAN, ya que para ellos fue hecho este instrumento comercial hemisférico. Ello evitaría que cualquier disparate que proviniera de alguno de los gobiernos firmantes, trastocara las bases sociales en las que se fundamenta un mecanismo de intercambio económico como éste.

Las próximas semanas nos tendrán al filo de la butaca. Estaremos muy pendientes de la evolución del proceso de diálogo político y la negociación del replanteamiento del TLCAN entre Canadá, Estados Unidos y México.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

Sobre Enrique Ariel Escalante Arceo

Enrique Ariel Escalante Arceo
Nació en la ciudad de San Francisco de Campeche el 23 de mayo de 1969. Es licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Campeche y cuenta con un máster en Gestión de Recursos de la Unión Europea de la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESAE) en Madrid. Actualmente es candidato a Doctor en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid. Asimismo, fue Diputado a la LVII Legislatura Local del Estado de Campeche (2000-2003) y Diputado a la LIX Legislatura Federal (2003-2006). También se desempeñó como Secretario de Desarrollo Industrial y Comercial del Estado de Campeche (2009-2015). Ha ocupado diversos cargos en los tres niveles de gobierno (Municipal, Estatal y Federal) y desempeñado diversas responsabilidades en los tres poderes del estado de Campeche.

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