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El ‘Efecto Greta Thunberg’

Greta Thunberg

Francisco Gil-White


La siguiente controversia, por favor…

Imagen: "O-Sekoer", caricaturista belga (tomada de: cartoonmovement.com).

jueves 10 de octubre de 2019

¿¡Cómo se atreven!?, espeta a los gobernantes del mundo la jovencita Greta Thunberg, la nueva voz de jóvenes indignados por la percibida inacción gubernamental frente al calentamiento global antropogénico.

Greta es un fenómeno.

Inició sola, sentada afuera del parlamento sueco, con un cartón por letrero. Pero los medios la convirtieron en noticia, y pronto se extendieron y multiplicaron las huelgas estudiantiles para exigir más acción contra el cambio climático. Se escucha ahora su voz en todo el mundo.

Greta Thunberg.

Delgada, pequeña, de apenas 16 años, Greta pudiera ser subestimada. Pero nada más comienza a hablar se percibe determinación, elocuencia, y un manejo experto del inglés (es sueca). Tiene aplomo de sobra para reprender a los gobernantes. Afirma sentir pánico—defiende sentir pánico, nos invita al pánico—porque “la casa,” dice, “arde en llamas”; pero esa emoción que visiblemente la posee—que la hace temblar y casi sollozar—no es el miedo. Es la ira. Entre frase y frase se detiene, tuerce la boca, toma aire. Se aprecia una lucha interna—algo que debe ser dominado—antes de cada exclamación.

“¡Hay gente sufriendo! ¡Hay gente muriendo! ¡Ecosistemas enteros se están colapsando! ¡Estamos en el comienzo de una extinción masiva! ¡Y ustedes solo pueden hablar de dinero y cuentos de hadas sobre crecimiento económico eterno! ¿¡Cómo se atreven!?

Aplauso.

¿Quién aplaude? Todo esto lo vocifera Greta en Nueva York desde el podio de la Cumbre sobre la Acción Climática ONU de 2019. Arenga, pues, en persona a los gobernantes mundiales ahí reunidos. Ellos son quienes aplauden.

¿Por qué aplauden?

Pregunto porque Greta no conoce los guantes de seda. Antes de iniciar su discurso, le piden su mensaje para los gobernantes ahí reunidos, y contesta: “Mi mensaje es que los vamos a estar vigilando.” Pausa. Aplauso.

¿Aplauso?

Greta moviliza el llamado ‘Efecto Greta Thunberg,’ que ha conseguido, entre otros poderosos resultados, doblar la publicación de libros infantiles relacionados al cambio climático. Esto promete engordar en todo Occidente, y en poco tiempo, las filas de jóvenes ‘huelguistas’ inspirados por Greta que imitan su ejemplo y se brincan la escuela para protestar. De ahí serán graduados a la Rebelión contra la Extinción, misma que, izando a Greta de estandarte, es ahora financiada por seguidores millonarios de Greta para organizar disturbios callejeros y exigir que se declare un estado de emergencia. El fundador de la Rebelión, según se reporta, quiere más—muchas más—confrontaciones con la policía; quiere a sus seguidores arrestados por miles, y a algunos cientos de ellos, de menos, en prisión (pues sólo así cambiará el sistema, dice).

“Los vamos a estar vigilando,” dice Greta. La implicación es obvia: o se cuadran, o habrá más disturbios en las calles. ¿Y los gobernantes aplauden? Sí. Y luego Greta les grita:

“Por más de 30 años la ciencia ha estado clara como el agua. ¿Cómo se atreven a desviar la mirada y a venir aquí a decir que hacen lo suficiente cuando las políticas y soluciones que necesitamos ni se vislumbran? Dicen que nos oyen y que entienden la urgencia, pero por más triste y enojada que yo esté, no quiero creer eso, porque si ustedes realmente entienden la situación y no actúan entonces son malvados, y eso es algo que me rehúso a creer.”

Aplauso.

¿Aplauso? Greta dice: “me rehúso a creer.” Pero esto es un recurso literario. Su indignación—su ¿¡cómo se atreven?!—no tiene lugar a menos que ella suponga a los gobernantes bien enterados y entendidos. Luego entonces, acusa a los gobernantes del planeta, en persona, en voz alta, en un foro mundial, con las cámaras todas prendidas y grabando, de ser malvados. Y dicho juicio moral—nadie se olvide—lo emite el ‘sucesor de Jesucristo,’ pues eso mismo afirma sobre Greta la Iglesia de Suecia (hasta el año 2000 todavía formalmente unida al Estado sueco). La implicación es clara: Greta, llena de gracia, amenaza excomunión. ¿Y los gobernantes aplauden?

Savonarola no fue recibido así (tampoco Jesús). Luego entonces, tenemos aquí una paradoja. ¿Puede resolverse? Creo que sí. La clave está en la demanda de los alarmados: más poderes para los gobiernos. ¿Asistimos a una manipulación? Es más fácil para un gobierno crecer sus poderes si la ciudadanía, en vez de resistir, lo exige.

Pero no sería Greta nuestro victimario; por el contrario: es otra víctima. La educaron a sentir pánico y sufrió depresión y letargo. Se rehusaba a comer y pronunciar palabra, salvo con sus papás, su hermana, y una maestra. A la sazón, fue diagnosticada con síndrome de Asperger, con trastorno obsesivo compulsivo, y con mutismo selectivo. Para algunos, son excentricidades propias del ‘profeta’ tocado por Dios (así piensa la Iglesia de Suecia). Y aquello parece influenciar a la niña, quien llama al Asperger “mi superpoder” y afirma, avalada por su mamá, que puede ver con sus ojos el dióxido de carbono (un gas invisible que existe en la atmósfera en una concentración ínfima de 400 partes por millón). Es obvio que ni sus papás ni nadie están protegiendo la salud mental de esta niña.

Yo doy por buena la sinceridad de Greta. Y respeto que tenga el coraje de sus convicciones. No apoyo las groserías de algunos contra su persona. Y no me interesa criticarla. Lo que debe evaluarse, al margen de sus excentricidades, es su conocimiento. ¿Qué sabe?

¿Qué sabe Greta?

Greta afirma que “por más de 30 años la ciencia ha estado clara como el agua.” Son los 30 años que tengo yo de ser ambientalista, y tengo memoria. Fue hace 30 años que James Hansen—a quien Greta identifica como influencia principal—iniciara, en comparecencia parlamentaria, la discusión pública sobre el calentamiento global (ver más abajo).

Pero lo dicho por Greta es falso: nadie afirmaba hace 30 años que la ciencia del clima estuviera “clara como el agua.” Todo mundo—excepto por James Hansen—confesaba incertidumbre. Fue a partir del año 2006, hace tan sólo 13 años, que nos empezaron a hablar de un ‘consenso científico’ sobre calentamiento global, con el estreno de Una Verdad Incómoda, de Al Gore.

Esa película afirma que el CO2—el alimento de todas las plantas y la base de toda la vida—es un contaminante.

A través del ‘efecto invernadero,’ sostiene Gore, la producción humana de CO2 ha calentado mucho la atmósfera, y en ello, dice, va una catástrofe para todo el planeta; luego entonces, es imperativo, a velocidad de emergencia, otorgar mayores poderes a los gobiernos para suspender (o por lo menos reducir dramáticamente) la quema de hidrocarburos. Es la llamada ‘hipótesis antropogénica’ del calentamiento global catastrófico (de ‘ántropos’ = hombre y ‘génesis’ = origen).

Ardió una gran controversia sobre Una Verdad Incómoda, pero ganó un Oscar y Al Gore, además, un Premio Nobel de la Paz. También recibió ese Nobel, conjuntamente, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC, por sus siglas en inglés) de la ONU, pues la información de Gore venía toda del IPCC. Hecho lo cual, Gore montó una tremenda organización (The Climate Reality Project) para publicitar su película y los asertos del IPCC, y aquello se convirtió en un fenómeno económico, cultural, y pedagógico jamás visto.

Gracias a los subsidios y reglamentaciones gubernamentales, se vertieron, en los últimos 13 años, millones y millones de dólares para crear estructuras y organizaciones donde uno cobra y/o mantiene su posición y prestigio avanzando el mensaje de la catástrofe global por calentamiento antropogénico (nada más el Investor Network on Climate Risk, creado en la ONU, maneja más de USD $23 billones—doce ceros—). Los discípulos bien financiados de Al Gore—quienes reciben la instrucción de jamás debatir en público con escépticos—viajaron a todo el planeta dando conferencias y repartiendo materiales que fueron consumidos y replicados por los medios de información. Los sistemas educativos de todos los países occidentales respondieron con cambios a sus currículums para educar a sus críos sobre los presuntos peligros catastróficos del calentamiento global y la presunta responsabilidad humana en dicho calentamiento.

Greta creció en este régimen. Sus ojos se abrieron, dice, cuando vio en la escuela, a los 8 años, Una Verdad Incómoda de Al Gore. Y lo que escuchó hasta el cansancio, en esa película, de los medios, de sus maestros, y de su gobierno, es que el 97% de los científicos están todos de acuerdo con lo afirmado por Al Gore y el IPCC.

Son raras las mentes que pueden resistir semejante metralla mediática y despliegue de Autoridad. Y es obvio que ha convencido a muchos, incluyendo a Greta. Pero es dudoso aquel presunto ‘consenso científico,’ pues su documentación precisa de metodologías cuestionables (o mudas) para interpretar publicaciones científicas que de hecho no se pronuncian sobre la controversia. Cuando se incluyen en el análisis solo aquellas publicaciones que sí presentan una posición explícita, el ‘consenso’ a favor de lo afirmado por Al Gore y el IPCC baja hasta 33%.

Entonces, se vale preguntar: ¿Y si lo afirmado por Gore en Una Verdad Incómoda fuera falso? ¿Si resultase que nosotros en nada afectamos las temperaturas atmosféricas, y que las consecuencias de un calentamiento (natural) no serán en absoluto catastróficas?

En dicho caso sería criminal estar asustando a una generación entera de niños como Greta Thunberg. Y sería todavía peor, muchísimo peor, usar la falsa ‘emergencia’ para inventar impuestos y regalar subsidios (distorsionar mercados), limitar libertades, y coercer comportamientos. Entonces, para un escéptico—es decir, para una persona que necesita evidencia antes de aceptar una afirmación extrema, y que sospecha de las presuntas ‘emergencias’ que exigen mayores poderes para los gobiernos y menores libertades para los ciudadanos—la pregunta clave es ésta:

¿Cómo saben Al Gore y los suyos que las temperaturas planetarias son tan sensibles a un ligero aumento de CO2?

Pregunto porque, como explica el Dr. Tim Ball, un climatólogo importante, el 95% de todos los gases invernadero es vapor de agua; por contraste, el CO2 es apenas el 4% de los gases invernadero. Y de ese total de CO2, nosotros producimos tan solo el 3.4%.

Gráfica carbono.

Es decir, que la producción humana de CO2 es apenas el 0.1% de los gases invernadero. Pero el planeta absorbe la mitad de lo que producimos, o sea que la contribución efectiva es alrededor del 0.05%. Entonces, ¿por qué está tan seguro Al Gore de que nuestra minúscula contribución importa?

Para justificar que las temperaturas atmosféricas sí responden de forma dramática a pequeñísimos cambios en las concentraciones de CO2, Al Gore presume en su documental las tres evidencias clave que, según él, representan el ‘consenso’ de la comunidad científica:

  • El ‘palo de hockey’ de los climatólogos Michael Mann, Raymond Bradley, y Malcolm Hughes, publicado en 1999 (abreviado MBH99).
  • Una gráfica con los resultados de los estudios de los núcleos de hielo de la Antártida.
  • Los modelos o simulaciones de computadora del IPCC.

Considero estas presuntas evidencias en orden.

El ‘palo de hockey’

MBH99 afirma ser una reconstrucción de las temperaturas atmosféricas durante los últimos 1000 años. La gráfica muestra una línea casi horizontal durante todo el periodo considerado, salvo en el último siglo, cuando se levanta de súbito con pendiente casi vertical: ‘palo de hockey.

Palo de Hockey.

Aquel ascenso súbito y único en la recta final parece apoyar la hipótesis de calentamiento antropogénico, pues coincide con los años de liberación humana de CO2 por quema industrial de hidrocarburos. Por eso Gore se sirvió del ‘palo de hockey.’ Si la mentada gráfica hubiese mostrado un calentamiento comparable al nuestro durante, por ejemplo, el Medioevo, de nada le habría servido, pues querría decir que el planeta, sin nuestra ayuda (pues nadie quemaba petróleo en el Medioevo), cómodamente alcanza temperaturas como las actuales.

Y ahí estaba el problema. Porque muchísimo trabajo científico había establecido que las temperaturas medievales fueron comparables a las actuales. Esto lo reconoció el IPCC, de hecho, en su reporte de 1990, el primero, cuando incluyó la curva que se aprecia abajo en rojo, tomada de un estudio sobre las temperaturas históricas en Gran Bretaña:

gráfica climática.

La curva dibujada en azul, que termina en verde, es el ‘palo de hockey’ de Michael Mann (MBH99).

Viene entonces la pregunta: ¿Cómo hizo Michael Mann para obtener una curva sin la joroba del calentamiento medieval? ¿Hizo trampa? Eso mismo sugirió el geólogo y geofísico David Deming, experto en flujos de temperatura planetarios, y también estudioso de la historia y filosofía de la ciencia, cuando compareció en el Congreso de Estados Unidos en 2006, año del estreno de Una Verdad Incómoda.

Deming explicó a los congresistas que, para cuando se publicó el primer reporte del IPCC en 1990, “La existencia del periodo de calentamiento medieval había sido reconocida en la literatura científica por décadas.” Los bien instruidos por Al Gore correrán aquí a inferir que debió entonces producirse una gran catástrofe global en el Medioevo. Pero nada semejante sucedió. Por el contrario: Deming explica que el alza de temperaturas medievales trajo consigo un auge de prosperidad. Empero, la documentación del calentamiento medieval sí representaba una catástrofe “para quienes aseguraban que el calentamiento del siglo XX era especialmente anómalo.”

¿A quiénes interesaba decir eso? Por ejemplo, a National Public Radio (NPR).

Deming testificó que, en 1995, luego de que él publicara en la revista Science un artículo sobre las temperaturas del siglo XX, le llamó por teléfono un reportero de NPR. Se ofreció a entrevistarle, pero solo “a condición de que yo afirmara que el calentamiento se debía a la actividad humana,” relató Deming. “Cuando me rehusé, me colgó.”

También afirmó Deming que, por aquellas fechas, recibió “un asombroso correo electrónico de un investigador muy importante en el área de cambio climático” (no lo nombró). “Me dijo, y lo cito: ‘Tenemos que deshacernos del periodo de calentamiento medieval.’ ”

No es probable que el “investigador muy importante” fuera Michael Mann, pues en 1995 Mann estaba todavía terminando su tesis doctoral. Además, en aquel entonces era otro, pues al año siguiente publicaría un estudio con Jeffrey Park donde concluyen que las predicciones de los modelos del IPCC son tan malas que el calentamiento reciente probablemente sea natural.

Pero algo interesante parece haber sucedido entre 1996 y 1999…

“En 1999,” explicó Deming a los congresistas,Michael Mann y sus colegas publicaron una reconstrucción de las temperaturas pasadas en donde el periodo de calentamiento medieval simplemente desapareció. Este estimado único fue conocido como ‘el palo de hockey’ por la forma de la curva.” Hacía referencia, claro está, a MBH99. “Normalmente, en la ciencia, cuando tienes un resultado novedoso que parece contradecir el trabajo anterior, tienes que demostrar por qué el trabajo anterior estaba equivocado.” Pero eso, sentenció Deming, no sucedió aquí.

En 2009 hubo un breve escándalo bautizado Climategate, pronto sofocado con apologías por grandes medios y altos funcionarios de prestigiadas instituciones científicas. Se había destapado, con correos robados de los servidores que usaba el Climate Research Unit (CRU) de la Universidad de East Anglia, que los científicos del CRU—los mismos que dominan los reportes del IPCC—habían cruzado correos con Michael Mann y otros para ponerse de acuerdo cómo hacer la trampa del ‘palo de hockey’—y otras además—.

Y son trampas. Un análisis de Steve McIntyre y Ross McKitrick de Climate Audit—confirmado por una investigación que congresistas estadounidenses solicitaron a Edward Wegman (el antes presidente del Comité sobre Estadística Teórica y Aplicada de la Academia Nacional de Ciencias)—demostró que el programa utilizado por Michael Mann para MBH99 dibuja un ‘palo de hockey’ inclusive cuando lo alimentan de datos aleatorios.

Comentando sobre este fraude, el antes mencionado climatólogo, el Dr. Tim Ball, expresó que Michael Mann debiera estar en prisión. Hecho lo cual, Mann lo demandó en Canadá por difamación. Hace algunas semanas, la corte canadiense falló a favor de Ball y ordenó que Mann pagara todos sus costos legales.

De todo esto, Greta Thunberg no se enteró, porque los grandes medios no lo reportaron. Silencio.

Y fue un doble fraude, pues la gráfica de Mann—el ‘palo de hockey’—no muestra francamente su cara en la película de Al Gore, Una Verdad Incómoda, sino que aparece bajo disfraz.

Al Gore presenta un ‘palo de hockey’ para los últimos 1000 años, pero lo bautiza ‘termómetro’ y atribuye la gráfica a un climatólogo, ocupado en extraer núcleos profundos de hielo de los glaciares de montaña, a quien Gore repetidamente llama “mi amigo Lonnie Thompson.”

Gráfica de temperatura.

Los núcleos de hielo son útiles para reconstruir el clima porque en los glaciares, durante siglos, cada nevada atrapa burbujas de aire, creando un registro vertical de burbujas. Si fechamos cada segmento, y liberamos y analizamos las burbujas, podemos establecer, directamente, la historia de cambios en concentraciones de CO2, e, indirectamente, la historia de cambios en las temperaturas (las últimas se infieren de isótopos de nitrógeno, argón, etc., presentes en las burbujas).

En su película y en su libro (pp.60-65), Gore afirma que “el ‘termómetro’ del Dr. Thompson” ha refutado a los escépticos, pues ahí se aprecia que “el presumido Calentamiento Medieval … fue muy pequeño comparado con los aumentos enormes de temperatura en el último medio siglo.”

En el mismo pasaje, Gore menciona también “el ‘palo de hockey’ … del climatólogo Michael Mann y sus colegas,” contra el cual montaran un “ataque feroz” los mismos escépticos. A estos últimos, al parecer, Gore no los considera “científicos,” pues sentencia que “los científicos han confirmado las mismas conclusiones básicas [de Michael Mann] de muchas maneras, y el trabajo de Thompson”—la gráfica que Gore llama ‘termómetro’—“es el más definitivo”: el cierre con broche de oro a favor de MBH99. Sobre el presunto rigor científico de todo esto, Wikipedia comenta, en calidad de aval, que “Lonnie Thompson … se pronunció satisfecho” con la presentación de su amigo Al Gore y dijo: “ ‘A mi juicio, es un resumen excelente para una clase introductoria de universidad.’ ”

Empero, Steve McIntyre de Climate Audit documentó que el presunto “ ‘termómetro’ del Dr. Thompson” ¡no aparece en publicación alguna de Thompson! Por el contrario, se trata de una reconstrucción de temperaturas del CRU de East Anglia (protagonista del escándalo de Climategate), fusionada con el palo de hockey fraudulento de Michael Mann: MBH99. “Es decir,” escribe McIntyre, “la confirmación de MBH99 es … MBH99.”

Entiéndase bien: el “resumen excelente” para la pedagogía “introductoria de universidad” es la segunda presentación del mismo fraude (MBH99), disfrazado en su segunda entrega para que funja como ‘confirmación independiente.’

¿Quién montaría semejante engaño si realmente fuera cierto que “las mismas conclusiones básicas” de MBH99 se “han confirmado … de muchas maneras”? ¿No era menos riesgoso citar una de esas múltiples confirmaciones que tomarnos el pelo dos veces?

Los grandes medios, claro está, jamás explicaron este doble engaño. Tampoco las escuelas. Greta no está enterada.

Pasemos a la segunda evidencia clave.

Los núcleos de hielo de la Antártida

La evidencia antártica fue presentada por Al Gore como la más importante y constituye el clímax científico de su película, pues dijo: “Mil años de CO2 en los glaciares de las montañas es una cosa. Pero en la Antártida se pueden remontar a hace 650,000 años.” ¿Por qué? Porque ahí la cosa se mantuvo congelada todo ese tiempo, entregándonos una muestra temporal muy amplia—tan amplia, de hecho, que permite establecer de manera definitiva la relación entre el CO2 y los grandes movimientos de temperatura—.

Verdad inconveniente.

Al Gore camina todo lo largo de su enormísima gráfica, señalando, uno por uno, el total de glaciaciones y deshielos que se aprecian en el subir y bajar de los niveles de temperatura y CO2: siete. Y llama la atención al vaivén de ambas curvas, CO2 y temperatura, que suben y bajan al mismo ritmo, en tándem, durante las siete glaciaciones. Entonces, pronuncia su ‘nocaut’ contra los escépticos: “… hay una relación más poderosa que todas las demás, y es ésta: cuando hay más dióxido de carbono, la temperatura se calienta.”

Excepto que Al Gore leyó la gráfica al revés.

Invariablemente—es decir, en todas y cada una de las 7 terminaciones glaciales que presenta la gráfica—sube primero la temperatura y luego (en promedio 800 años después) comienzan a subir las concentraciones de CO2. He confirmado esto personalmente (y usted puede hacerlo también) consultando los estudios científicos que son la base de las curvas presentadas por Gore:

Fischer, H., Wahlen, M., Smith, J., Mastroianni, D., & Deck, B. (1999). Ice Core Records of Atmospheric CO2 Around the Last Three Glacial Terminations. Science, 283, 1712 – 1714.

Mudelsee, M. (2001). The phase relations among atmospheric CO2 content, temperature and global ice volume over the past 420 ka. Quaternary Science Reviews, 20, 583-589.

Caillon, N., Severinghaus, J., Jouzel, P., Barnola, J.-M., Kang, J., & Lipenkov, V. Y. (2003). Timing of atmospheric C02 and Antarctic temperature changes across Termination III. Science, 299, 1728-1731.

Lo que Al Gore debió explicar es que, si el CO2 sube después, es imposible que sea la causa de los movimientos de temperatura. Pudiera ser la consecuencia—eso sí—. Pero si los cambios de CO2 no causan los cambios de temperatura, entonces—ojo—nuestra producción de CO2 no puede ser responsable de las temperaturas recientes.

Fueron muchísimos científicos los que señalaron esto. Un grupo muy prominente de ellos fueron entrevistados en un documental estrenado al año siguiente de Una Verdad Incómoda. Dicho documental lleva por título, La Gran Estafa del Calentamiento Global. En su clímax explican que Al Gore leyó la gráfica al revés. Luego de eso viene el comentario del Dr. Tim Ball, quien ganara en las cortes contra Michael Mann la controversia sobre el ‘palo de hockey’:

“El registro de los núcleos de hielo va hasta al corazón mismo del problema que tenemos aquí. Dijeron: ‘Si el CO2, gas invernadero, se incrementa en la atmósfera, entonces la temperatura va a subir’; pero el registro de los núcleos de hielo muestra precisamente lo contrario. Así que el supuesto fundamental—el más fundamental—de toda la teoría del cambio climático causado por los humanos ha sido expuesto como equivocado.”

Dado que Gore claramente nos tomó el pelo con el ‘termómetro de Lonnie Thompson,’ es difícil aceptar que presentó los datos antárticos al revés por error. Pero, aunque así fuera, nunca se corrigió, por lo cual, a la larga, bajo cualquier interpretación, nos tomó el pelo. (Otra vez.)

La Gran Estafa del Calentamiento Global debió causar un revuelo en los medios todavía mayor al de Una Verdad Incómoda. ¡Qué historia tan sabrosa! Al Gore había leído su gráfica más importante al revés. O sea, su ‘mejor’ evidencia en realidad era evidencia en contra. ¿Qué periodista podría resistir burlarse del casi presidente de Estados Unidos? Al parecer, casi todos. Fueron solo diarios muy pequeños los que comunicaron la verdad; los grandes medios se distinguieron por su silencio de ultratumba.

Luego entonces, Greta no se enteró.

Veamos ahora la tercera pieza.

Los modelos o simulaciones de computadora del IPCC

En Una Verdad Incómoda, Al Gore presume mucho las simulaciones de computadora del IPCC. Estos modelos muestran que el CO2 es muy importante para las temperaturas atmosféricas, y eso rutinariamente se presenta como ‘evidencia’ a favor de la hipótesis antropogénica. Pero poca gente entiende, y Gore jamás explica, que un modelo de computadora no es evidencia de nada.

Supongamos que yo afirmo la siguiente hipótesis: “Todo lo que sube debe de caer.” Tú me pides que presente evidencia a favor y yo contesto: “Ahí está ya la evidencia: es mi afirmación de que ‘Todo lo que sube debe de caer.’ ” ¿Te convencí? ¿Verdad que no? Entonces, tampoco deben convencerte las simulaciones del IPCC. Porque una simulación es una re expresión de la hipótesis (y repetir una hipótesis no puede confirmarla). Si en la simulación del IPCC resulta que, cuando añades más CO2, se calienta mucho la temperatura atmosférica, eso es porque así la programaron.

Nada tiene de malo hacer simulaciones de computadora. Son útiles para explorar la estructura lógica de tu hipótesis. Pero, para saber si tu hipótesis corresponde al mundo, tienes que investigar el mundo. Por ejemplo, ve a la Antártida y extrae profundos núcleos de hielo. Pero esos dicen que el CO2 nada le hace a la temperatura.

Ahora bien, si las simulaciones del IPCC pudieran por lo menos predecir las temperaturas futuras, tendríamos una buena razón para prestarles atención. Empero, Bob Tisdale ha publicado un libro entero donde compara las predicciones de los modelos del IPCC—todas las predicciones—con lo sucedido, y muestra el desempeño vergonzoso de estos modelos: no atinan a nada.

FAIL.

Empero, los grandes medios, y los materiales educativos en las escuelas, siempre hablan de los modelos del IPCC, con asombro casi místico, como si fueran ‘la mejor ciencia’ que tenemos, y no el fracaso colosal que en realidad representan.

Luego entonces, Greta no está enterada.

La hipótesis alternativa

Tampoco está enterada Greta de una hipótesis alternativa a la del IPCC, defendida por un grupo importante de científicos, entre ellos el danés Henrik Svensmark, que, a diferencia de la hipótesis antropogénica, corresponde muy bien con la evidencia. Esta hipótesis afirma que el calentamiento es natural. Costó mucho trabajo publicarla, como si los editores académicos se sintieran obligados—cual mea culpa—de responsabilizar a los humanos por calentar al planeta, y por ende, también, obligados de rechazar cualquier exculpatoria.

La dimensión moral: ¿quiénes son los ‘buenos’?

Greta está bien protegida de todo lo documentado y argüido aquí porque no se le ha invitado jamás a la evaluación racional de lógica y evidencia. Por el contrario, el mundo ha sido pintado para ella como el escenario de una lucha escatológica entre la Luz y la Oscuridad, la Virtud y el Pecado, Dios y el Demonio, la Redención y la Condena. Los escépticos—los ‘negacionistas,’ los herejes—somos los malos; las huestes de Al Gore, pugnando por la redención, los buenos.

Así hablan ellos.

Por ejemplo, ahí está Tim Wirth, subsecretario de Estado en el gobierno del presidente Bill Clinton, quien “trabajó con el vicepresidente Al Gore en asuntos globales en materia de medio ambiente y población, apoyando la postura de ese gobierno sobre calentamiento global.” Según Tim Wirth, los escépticos (ahora, ‘negacionistas’) hemos sido asalariados por los titanes de la industria petrolera. Y lo que hacemos, dice, es repetir “ ‘la estrategia de la industria tabacalera,’ ” que buscó socavar la conexión, establecida por sendas investigaciones, entre el consumo de tabaco y varias enfermedades, incluyendo el cáncer. O sea, matamos gente con tal de proteger una industria. (Greta, naturalmente, nada quiere escuchar de nosotros.)

No es obvio, empero, desde una perspectiva histórica, que las grandes industrias petroleras querrían oponerse a la pugna de Gore. Estas compañías son la ‘elite de poder’ que también incluye a Gore (vicepresidente, y luego casi presidente de Estados Unidos), y han intervenido mucho en los gobiernos occidentales; luego entonces, un estado de emergencia para fortalecer a estos gobiernos—justo lo que ahora exige la Rebelión Contra la Extinción—haría más poderosas a estas mismas compañías. Y ellas pueden perfectamente invertir su dinero en ‘energías renovables’ y lucrar con los subsidios (provenientes de nuestros impuestos) que la falsa crisis del cambio climático ha estado regalando.

Se vale entonces preguntar: ¿Habla con la verdad Tim Wirth? ¿De qué lado están realmente las grandes industrias petroleras?

La revista The Economist explicó en 2006, año del estreno de Una Verdad Incómoda, que “BP”—es decir, British Petroleum—es “el principal campeón corporativo exigiendo acción sobre cambio climático” (y es, además, un gran inversionista en materia de ‘renovables.’) El World Wildlife Fund (WWF) una de las principales organizaciones ambientalistas que corean a Al Gore, fue financiada desde el principio por compañías petroleras como Royal Dutch Shell, British Petroleum, y otras. John Loudon fue durante 15 años presidente de Shell y luego 4 años presidente de WWF. Y el propio Al Gore tiene una posición accionaria importante en Occidental Petroleum.

Pero Tim Wirth no descalifica a Al Gore. ¿Asistimos a una manipulación?

No sería la primera. Resulta que fue este mismo Tim Wirth, en la prehistoria de esta ‘crisis,’ durante el añejo gobierno del presidente Ronald Reagan, quien colocara al ‘calentamiento global’ sobre el escenario mediático estadounidense—y mundial—. Para esto se alió con James Hansen, en aquel entonces casi completamente desconocido, pero pronto convertido, gracias a Wirth, en el mundialmente famoso ‘científico de la NASA’ y promotor de la hipótesis del Calentamiento Global Catastrófico. ¿Cómo logró Wirth dicha transformación? Con un sabroso toque de teatro político.

Viendo su oportunidad durante la sequía de 1988, Wirth, entonces senador, agendó la comparecencia de Hansen en el Congreso de Estados Unidos en el día con mayor probabilidad de ser el más caliente del año. Según testimonio del propio Wirth, fue él mismo, personalmente, quien saboteó el aire acondicionado del recinto. Los congresistas se derretían en sus trajes mientras que Hansen declaraba: “Caballeros, estoy noventa y nueve por ciento seguro de que los humanos estamos contribuyendo al cambio climático.” ¡Noventa y nueve por ciento!

Muy satisfecho con sus dotes de escenógrafo y productor, Wirth recuerda orgulloso:

“Así, fue una combinación perfecta de eventos de aquel día, con el fenomenal Jim Hansen, quien, sentado en la mesa del testigo, se limpiaba el sudor de la frente y entregaba este impresionante testimonio. … Recibió muchísima atención de la prensa—estaba en todos los canales, Hansen fue reportado en todos lados.”

El efecto mediático fue en verdad poderoso: al año siguiente se creó el IPCC, el Panel Intergubernamental de Cambio Climático de la ONU, que entregara su primer reporte en 1990.

Más tarde, en 1997, James Hansen participaría en otra manipulación. En ese año, se convirtió en la autoridad citada por otros para usar 14 grados centígrados como la nueva temperatura global promedio: la referencia para medir si el planeta se está calentando. Digo “nueva” porque antes de 1997, Hansen, el IPCC, Michael Mann (etc.)—todos—utilizaban 15 grados centígrados como la temperatura promedio de referencia. El cambio de 15 a 14—enteramente arbitrario—les ha permitido decir que la atmósfera se ha calentado más.

Este manipulador, James Hansen, es consejero de Al Gore y una de las principales influencias sobre Greta Thunberg.

No es la primera ‘crisis’…

Para cerrar, quiero reconocer el problema obvio: mis lectores, un poco aturdidos, querrán resistir toda esta evidencia. ¿Cómo es posible—me replicarán—que las autoridades hayan montado semejante fraude? ¿Será realmente posible? ¿Acaso hay precedente para esto?

Precedente sí hay.

El bestseller Silent Spring (Primavera Silenciosa) de Rachel Carson (publicado en 1962), afirmó que el uso del pesticida DDT conllevaría la extinción de muchas especies de aves (porque supuestamente adelgazaba los cascarones de los huevos). Además, afirmó que el DDT nos causaría cáncer. Todo eso fue falso. El DDT es una de las sustancias más inofensivas creadas por la química industrial humana.

Eso ya se sabía cuando el DDT fue prohibido. El alboroto de Carson provocó una investigación masiva de la EPA (Environmental Protection Agency de Estados Unidos) sobre los efectos del DDT que concluyó, después de muchísimo trabajo, que era inofensivo. Pero a pesar de eso, William Ruckelshaus, director de la EPA, simplemente lo prohibió. Se montó una gran campaña mediática para demonizar esta sustancia, y luego USAID amenazó a los países del tercer mundo con la retirada de cualquier asistencia de Estados Unidos si no lo prohibían también.

A la fecha, continúan las mentiras sobre el DDT.

Un artículo reciente en el Daily Mail repite las falsedades sobre los presuntos peligros de este pesticida, y presenta evidencia de cómo en la primera mitad del siglo XX todo se fumigaba con DDT: “los jardines, los nadadores en las piscinas, y la gente comiendo alrededor de una mesa.” Calles enteras, y personas de pies a cabeza, fueron fumigadas—por décadas—. Según el Daily Mail, “estaban totalmente inconscientes del peligro en el que estaban.” ¿Cuál peligro? Se le olvida mencionar al Daily Mail que no les pasó absolutamente nada.

Daily Mail.

Lo que sucedió en Estados Unidos y también en Europa con la fumigación de DDT es que se eliminó la malaria, porque el DDT irrita al mosco que transmite la malaria y así no entra a las casas fumigadas a picar humanos. Siendo que el plasmodio que produce la malaria necesita incubarse en el humano para luego ser retransmitido por piquete, el DDT interrumpió su ciclo y lo exterminó en Estados Unidos y en Europa.

Pero luego de eso, la histeria alimentada por Carson sirvió para prohibir el uso del DDT en todo el mundo, y esa prohibición ha sido responsable de millones de muertes por malaria en las ‘economías emergentes’ del Tercer Mundo, incluyendo en México. Así lo explican Donald Roberts y sus colegas en The Excellent Powder: DDT’s Political and Scientific History. Si fuera poco, los pesticidas que se usaron para sustituir al DDT, esos sí, resultaron dañinos para el medio ambiente y la salud humana.

Quizá no deba sorprendernos: Al Gore celebra mucho a Rachel Carson y a Silent Spring por haber lanzado el movimiento ambientalista moderno. Pero Greta Thunberg no está enterada sobre este pecado original del movimiento ambientalista, y no sabe interpretar los elogios de Al Gore para Carson como algo que debiera preocuparnos. Por lo mismo, no sabe, tampoco, recibir la información que Al Gore le ha dado sobre cambio climático con el debido escepticismo.

Así las cosas, Greta, como tú, puede ser manipulada.

Últimas noticias

Greta Thunberg y otros activistas jóvenes acaban de anunciar una demanda legal en contra de la ONU. Serán entonces los niños, en esta foto mediática, quienes habrán ‘torcido el brazo’ de los gobernantes. ¿Y quién invitó a Greta a declamar a la ONU? Fue António Guterres, secretario general de la ONU. ¿Asistimos a una manipulación?

¿Y qué precio pagaremos esta vez por exigir que suspendan nuestras libertades y empobrezcan nuestra existencia? Un precio que ya estamos pagando es: ¡en el cuidado de nuestro medio ambiente! En México, el 70% de nuestros cuerpos de agua están envenenados. La Ciudad de México y Toluca están ambas en alto riesgo de colapso hídrico. Pero por atender una crisis falsa, nosotros los ambientalistas mexicanos estamos descuidando la verdadera crisis: la del agua dulce.

Hasta la próxima.

Francisco Gil-White es el investigador más citado del ITAM (Instituto Tecnológico Autónomo de México) y es codiseñador de la Universidad del Medio Ambiente, en Valle de Bravo.

 

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

5 comentarios

  1. Francisco te felicito. Gran artículo. Lo difundir. Hace poco una ambientalista me tundio, no tenía ni los datos ni.la claridad que tienes. El argumento lo escuche de voz de quien fuera mi maestro de paleoclima en Tarragona. Gracias

    • Francisco Gil-White

      ¡Muchas gracias por difundir! Es importante, porque nos enfrentamos a muchísima desinformación. Espero resulte muy útil.

  2. Francisco, excelente articulo¡, creo que el principal problema en cuanto a la ciencia o mejor dicho, la fisica ambiental es que es demasiado compleja e intervienen muchas variables, los datos que veo en la televisión acerca de este tema es muy simplista y hasta ambigua y es muy facil creerlo, es mas fácil pensar como grupo que hacer un juicio personal.Ayudare a difundirlo lo mas posible. y gracias¡

    • Francisco Gil-White

      Gracias Iván. La física ambiental es compleja pero el _resultado_ de un estudio no es complejo de interpretar. La percibida ‘complejidad’ de la física ambiental ha servido para que la gente se pasme y acepte lo que le dicen las autoridades, cuando la verdad es que cualquier ciudadano medianamente educado (digamos, con educación universitaria) puede perfectamente evaluar la siguiente pregunta: ¿Tenemos evidencia de que el CO2 importa para los grandes movimientos de temperatura? La respuesta a esa pregunta, que mis lectores pueden ellos mismos contestar consultando las fuentes aquí proporcionadas, parece ser: «no.»

      ¡Gracias por compartir!

  3. La discusión sobre si el calentamiento global es de origen antropogénico o es un fenómeno “natural” ha generado una pasión quizás comparable a si el mundo era redondo o plano, como en el tiempo de Galileo. Pero ahora las implicaciones de una u otra postura son más dramáticas pues una sostiene que si no se hace nada respecto a las emisiones efecto invernadero podemos llegar a la extinción de la vida en el planeta, y desde el punto de vista opuesto, si llegara a ocurrir algo al mundo por el calentamiento global (improbable), no sería culpa de la humanidad. Hay mucha pasión y acusaciones en este artículo contra la postura del calentamiento global y evidentemente no hay atisbo de que puedan llegar a converger los «creyentes» y los «escépticos».

    En todo cada vez hay más investigación y más seria. Desde el libro y el documental de Al Gore se han hecho una infinidad de estudios adicionales, con mucha más información y llegan a conclusions similares pero mucho mejor fundamentadas (y sin los errores señalados). Por ejemplo, el artículo «No evidence for globally coherent warm and cold periods over the preindustrial Common Era» de varios autores en la revista Nature con reconstrucciones basadas en 700 registros proxy del cambio en temperatura provenientes de árboles, hielo y sedimentos de todos los continentes muetran que en los últimos dos mil años ninguno de estos cambios climáticos drásticos tuvo lugar en forma generalizada en el globo terráqueo, sino más bien en lugares específicos. Por ejemplo, en el siglo XV las temperaturas más bajas se dieron en la zona del Oceano Pacífico Central y del Este, y durante el siglo XVII en el Noroestre de Europa y Sureste de Norteamérica. Entonces para esos períodos no se puede decir que hubo un cambio en el clima de todo el mundo (o casi) como ha sido el caso de las décadas recientes.

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Sobre Francisco Gil-White

Francisco Gil-White
Catedrático del ITAM, antropólogo político e historiador. Maestro en Ciencias Sociales por la Universidad de Chicago (su tesis ganó el Premio Earl & Esther Johnson), y Doctor en Antropología Evolutiva y Sociocultural por la Universidad de California en Los Ángeles (su tesis ganó el premio Best New Investigator de la Human Behavior and Evolution Society). Su trabajo, enfocado en explicar el racismo y el conflicto étnico, se ha centrado en los últimos años en el antisemitismo y su impacto político. En 2007 publicó con Arón Gilbert “El Ultimo Sobreviviente”, libro que narra la historia de Shie Gilbert, el más famoso testigo del Holocausto en México, con un anexo de Gil-White sobre las causas políticas de la catástrofe. A partir de 2011, Gil-White comenzó a publicar El Colapso de Occidente: El Siguiente Holocausto y sus Consecuencias (a la venta en amazon.com), obra en 10 tomos que recorre 2,500 años de historia política y geopolítica occidental para explicar el papel que en ella juega el antisemitismo. Es director ejecutivo de la Fundación para el Análisis del Conflicto Étnico y Social (FACES), que edita la página web Historical and Investigative Research (www.hirhome.com). El trabajo de Gil-White también se ha enfocado en la evolución de los mecanismos de aprendizaje social que sesgan la estabilidad de los "memes" (ideas, normas, hábitos, creencias, etc.) y explican los fenómenos de la cultura y la historia. Emplea métodos etnográficos, así como experimentos cognitivos y económicos. Particularmente, ha estudiado los efectos del sesgo de prestigio, el sesgo conformista y la identidad social, especialmente étnica. Su trabajo sobre la psicología del racismo ha tenido un efecto transformador en el campo. Gil-White mantiene interés por los procesos de los medios modernos en Occidente, y el impacto que tienen en la conciencia política y lo que él llama "gramática política". Ha estudiado cómo tales procesos afectan los movimientos políticos en el mundo, su contexto de conflicto étnico y religioso. Su preocupación en problemas ambientales lo llevó a ser cofundador de UMA, la Universidad del Medio Ambiente (Living Environment University) en Valle de Bravo. Presta especial atención en los debates sobre la hipótesis del calentamiento global antropogénico y sobre cómo se ha utilizado y mal interpretado la evidencia, movilizando presiones sociales de diversos tipos. Escribió “The Antarctic Ice Cores and Global Warming” sobre la cuestión crucial de la evidencia de los núcleos de hielo de la Antártida y su relevancia para las afirmaciones sobre el cambio climático inducido por el hombre.