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Humor que se agradece

Sameh Zaobi.

Gabriela Gorches


Entre pantallas desde el Mediterráneo

Director de cine Sameh Zaobi en la producción de la película 'Tel Aviv en llamas' (Fotografía: Variety).

martes 23 de julio de 2019

Visiones Sociales es el nombre de un festival de cine que se desarrolla en torno al de Cannes y tiene lugar durante las mismas fechas. Organizado por el Centro de Actividades para los empleados de las industrias eléctrica y gasera de Francia, que incluye a unas 650,000 personas de 153 empresas, está además, abierto a todo público. La sede de las proyecciones es el llamado Castillo de Mandelieu, a unos ocho kilómetros de la Croisette, aunque las películas de esta categoría también pueden verse en cualquiera de las salas reservadas para los “cinéfilos acreditados” y que, en la medida de su capacidad, permiten igualmente la entrada gratuita a turistas y curiosos que visitan la Costa Azul en período festivalero.

Desde su primera edición en 2003, cada año el festival selecciona alrededor de una veintena de películas, provenientes tanto de otros certámenes europeos que apoya a lo largo del año, como de las sugerencias de cintas inéditas que recibe de otros organismos como la Asociación del Cine Independiente para su Difusión (ACID). Las obras se eligen con base en criterios que evalúan la originalidad y creatividad con que fueron realizadas y, más que nada, según la correspondencia que presenten con el principal objetivo del dicho Centro de Actividades: ofrecer acceso a nuevas propuestas artísticas de buena calidad, en el caso del cine específicamente, cine internacional de autor, que cuestione el orden social establecido.

Poster

Imagen: breitwand.com.

¿Qué implica, por otro lado, el término, cine de autor? La libertad de la que goza el director, no sólo en la manera de usar o incluso inventar su propio lenguaje cinematográfico, sino para plasmar en la obra sus sentimientos e inquietudes sin la presión o limitantes de los grandes estudios comerciales. En general, se trata de películas que invitan a la reflexión y a la crítica, algunas de ellas susceptibles de convertirse en paradigmas de la conciencia colectiva; sin embargo, lejos de perseguir el agrado del público, es cine que suele ser difícil de abordar y, por lo tanto, tiene poca audiencia. Una excepción al tono trágico acostumbrado en Visiones Sociales, Tel Aviv en Llamas de Sameh Zoabi promete ser una excepción en este último punto.

La temática establecida por el comité de selección para la manifestación de este año, giró en torno al cuestionamiento de varios jóvenes cineastas mediterráneos en cuanto a las posibilidades de construir una atmósfera de coexistencia armoniosa alrededor de un mar común. Las vicisitudes de los migrantes llegados de África, Oriente Medio y Europa Oriental, la guerra en Siria, las crisis económicas en Grecia, España o Italia integraron parte de una mirada de por sí entristecida ante el panorama, a la que faltaba posarse sobre el interminable conflicto palestino-israelí. Y lo hizo a través de la ganadora del premio al mejor actor en la sección Horizontes de la Muestra de Cine de Venecia, Tel Aviv on Fire (título original, 2018, Luxemburgo, Bélgica, Israel, Francia) que aborda el problema con una mezcla de humor surrealista y trivialidad.

Es posible que el director Sameh Zoabi ya hubiera llamado la atención de los cinéfilos más entusiastas con su primer largometraje, Man without a Cell Phone (2012, Palestina, Israel, Francia, Bélgica, Qatar) en el que un joven árabe se ve obligado a unirse a la lucha de su padre contra una compañía de teléfonos israelí que pretende instalarles una antena cuyas radiaciones, según el hombre mayor, van a enfermar a todos en el pueblo. A pesar de un guion no del todo consistente y diálogos a veces sin chispa, Zoabi logra en su cinta un tono gracioso que en momentos se vuelve agudo, sin desdeñar la seriedad de la situación y sus implicaciones.

Guionista a la vez que director, Zoabi multiplica aciertos en su segundo largometraje que bien merece la calificación “imposible perdérselo” que le otorga el periódico francés Le Monde. La cinta trata sobre una telenovela, la más exitosa del momento y objeto del romanticismo popular que reúne en una sola pasión ambos lados de la frontera entre Palestina e Israel. Una serie de situaciones genialmente absurdas, que siempre vienen a cuento con el hecho de tener tales dos públicos, llevan a Salam, el protagonista de la película, a convertirse en escritor del programa, trabajo que se ve obligado a hacer con las intervenciones y bajo el visto bueno de Assí, oficial israelí del punto de control que Salam tiene que cruzar todos los días. Ambiciosa en su contenido, Tel Aviv en Llamas muestra de manera amable el grado de intoxicación de este territorio marcado por el antagonismo de dos discursos nacionalistas. La telenovela se centra en una intriga romántica que tiene lugar durante la Guerra de los Seis Días, entre una espía palestina encargada de frustrar los planes de su enamorado, un carismático general israelí. Mientras Assí, pensando en complacer a su esposa, quiere a la fuerza que la espía se enamore y se case con el general, es decir, un matrimonio impuesto que refleja la situación actual en la zona, Salam se vuelve loco entre la cinefilia del director, su tío, que insiste en rendirle homenaje al Halcón Maltés y la exigencia de los productores a favor de que la espía se haga explotar para apoyar la causa palestina. Él, por su parte, como sospechamos que lo desea Zoabi, querría crear una base de igualdad sobre la que se construya la relación entre los dos adversarios, representados por los personajes de la telenovela.

Fotograma de la película Tel Aviv en llamas

Fotograma de la película Tel Aviv en llamas de Sameh Zoabi (2018).

Sameh Zoabi –tanto como su Salam–, forma parte del 20% de la población israelí que reivindica la cultura y la religión musulmanas, mientras gran parte del resto del país los considera una amenaza debido a su rápido crecimiento demográfico. Abusos y maltrato injustificado, en su opinión, la realidad para ellos se ha vuelto tan trágica que si uno la muestra tal como es la gente la rechaza y además se corre el riesgo de ser juzgado antisemita; es por ello que hay que encontrar nuevos métodos y lenguajes creativos. Bajo esta premisa, Zoabi desarrolla un principio de sátira de la paradoja sobre temas serios que había sido esbozado por su coterráneo Elia Suleiman y para la que probablemente se inspira en sus cineastas favoritos, Woody Allen, los hermanos Coen y Billy Wilder. El resultado es una deliciosa comedia cuyo humor aborda una realidad de ironías y contradicciones en la que, sin embargo, es posible imaginar un lenguaje de comprensión mutua.

Tel Aviv en Llamas se estrenó en México en el marco del Festival de Cine Judío. Es una propuesta inteligente y muy divertida que invita a ampliar la visión sobre los problemas de las sociedades en el mundo. Y, por qué no, a reflexionar en cuanto a la manera de solucionar conflictos, de esos que no faltan en ninguna parte.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Gabriela Gorches

Gabriela Gorches
Gabriela Gorches (1961) nació, creció y empezó su familia en México, pero hace años que vive entre Niza, Barcelona y San Remo. Antes se había establecido un tiempo en Atenas, a lo mejor por el afán de conocer sus orígenes o por el de aprender otra lengua, un tema de estudio que le encanta. Además, es amante de los viajes, la literatura y sobre todo el cine, con la suerte de poder asistir cada año como cinéfila invitada al festival de Cannes. En México se graduó como licenciada en Informática (U. Anahuac) y también en Historia del Arte (ICS), así como del diplomado, Español como Lengua Extranjera (CELE de la UNAM). Ha trabajado como dictaminadora, traductora y profesora de español, ha dado conferencias y escrito artículos, lo mismo que algunos libros, entre ellos, Basura Cósmica, publicado en 2013 por Ediciones Irreverentes, Madrid, España.