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Marruecos: Un Reino de Este Mundo

Colaboraciones y reflexiones de Gastón T. Melo-Medina en El Semanario

Gastón Melo


México en Sincronía


martes 27 de diciembre de 2016

Tres décadas tengo de haber iniciado una conversación con el Reino de Marruecos. Aprendí entonces que España podía mirarse desde la superioridad almorávide, almohade o watásida en el califato de Córdoba o la Taifa de Granada. Una hermandad y unidad de sentido se tejen en la urdimbre literaria, artística, estética y cotidiana que viaja de la Kutubía a la Giralda. Marruecos ha sido desde tiempos prehistóricos la antesala del sueño europeo de los magrebíes, los fenicios y cartagineses.

En tiempos romanos Amílcar supo dar la vuelta a la derrota cartaginesa en la Primera Guerra Púnica y en astilleros menores construyó la flota que transportó caballos y elefantes a España, donde fundo la Nueva Cartago (Gibraltar) y fue tras su muerte guerrera vengado por su vástago Aníbal, quien con bravura mitológica puso durante años en jaque a los romanos en las puertas mismas del imperio, una vez atravesados con valentía épica los helados Alpes.

Los mismos griegos bautizaron a ese límite del mediterráneo como las Puertas de Hércules y antes Ibn-Nafi en el S.VII, puso a Alá como testigo de su bravura al haber alcanzado los límites de la tierra, probándolo con su caballo que hundió en las aguas del Atlántico para demostrar la conquista del islam.

Bajo el extenuante calor del verano y midiendo las distancias en litros de agua por consumir y hasta el invierno que deja sentir aprisionado en callejuelas de las medinas un viento helado que baja de las montañas del cercano Atlas, Marruecos se revela con su elegancia simple, y su orgullo inevitable.

En todos lugares, mercado, tiendas, hoteles, edificios públicos o centros de conferencias, la imagen serena de Su Majestad, Mohamed VI, es obsesivamente preente, un rey con actitud sencilla, menos rebuscado que un Califa turco, de elegancia desafectada, un poco sobrado de carnes, solemne y solo o reservadamente feliz jugando con sus hijos, en pareja con su esposa Lalla Salma, o sus hijos Hassan, heredero al trono y la princesa Lalla Khadija, sus altezas  conviven así con su pueblo.

El mestizaje marroquí es sutil y placentero al punto que no inhibe como en México y otros países de Latinoamérica, la igualdad de posiciones ni la igualdad de oportunidades. Todas las etnias están y se sienten representadas en la dinastía alauí reinante, bereberes y andaluces, árabes y judíos conviven apreciándose y respetuosamente en el cotidiano marroquí. Los conflictos del sur en la frontera con Mauritania y Argelia son poco referidos en las grandes ciudades del centro del país.

Esta vez tomé un vuelo directo a Fes, desde Paris, en un trayecto de dos y media horas. El aeropuerto es pequeño, moderno y fácil. Llegamos en no más de 20 minutos a nuestro Riad en la Medina, en el barrio Batha, cerca de la Puerta Azul.  Esta es mi cuarta estancia en la ciudad dorada y se trata de la vuelta a un sitio que me gusta, que aprecio y que estoy comenzando a conocer.

Fes es una ciudad tradicional y moderna, gustosa de sus tradiciones y en nada ignorante de la modernidad.  Sus mezquitas son todas concurridas y suelen vaciar las plazas a le hora de la oración. No dejo de apreciar esta devoción que hace del pueblo marroquí uno a carácter espiritual y profundo. Todas visibles y poco visitables en los tiempos a que llama el muecín, son construcciones que datan en algunos casos de hace 10 siglos, se trata de edificaciones encaladas y de todas dimensiones que aparecen sorpresivas en esquinas y calles por las que se circula inconsciente fuera de los horarios establecidos para el rezo y principalmente antes de la oración del ocaso, la más recurrida.

Las calles de la medina se distinguen cada una cuando nos acostumbramos a verlas. De pendientes irregulares, de comercios particulares, cerca o lejos de las coloridas e intensamente olientes tenerías. Especias, carnicerías restaurantes, cafés, plazas, pasadizos, frutas, dulces, ropas, sastrerías, hamams, hornos comunitarios para el pan cotidiano, madrazas y mezquitas se arrebatan el espacio y lo animan.

Panes horneados en el fogón comunitario Marruecos

Panes horneados en el fogón comunitario Marruecos / Gastón Melo

Las largas y cómodas djellabas son usadas igual por locales y extranjeros que contribuyen a dar identidad al sitio. Las barbas largas abundan y el burka también. El islam parece encontrarse en un momento de alegría, de expansión y crecimiento, de orgullo e identidad. Por encima de todo fanatismo se percibe un tono espiritual en la cotidianidad. Salam aleikum/Aleikum Salam en todas partes. Inshala, chukram. Uno termina por habituarse y por gustar de estas fórmulas sencillas del cotidiano.

La medina es enorme, una de las zonas peatonales más grandes del mundo, en algunas de las enormes plazas que separan el Mellah, (judería), el Palacio Real y el teatro Bab Makina, de la Puerta Azul, se juega a las cartas hay saltimbanquis y pregoneros, pero también una infraestructura para la contemplación y la deambulación.

 

Plaza de Fez, camino al Palacio Real. Marruecos / Gastón Melo

Plaza de Fez, camino al Palacio Real. Marruecos / Gastón Melo

La mayor parte de los tradicionales habitantes del Mellah que data del S. XV, y recoge a los judíos expulsados de Sefarad, se han ido a los barrios más modernos.  Las plazas y callejuelas de esta zona guardan sin embargo su identidad de otros tiempos. Las mesuzas perdidas o suprimidas, dejan en las paredes la forma de sus inclinadas aplicaciones.

La pequeña sinagoga ha dejado de funcionar y ha sido restaurada para convertirse en una poco frecuentada y muy custodiada atracción turística. También el barrio judío está dividido entre españoles, franceses y orientales.  Algunas de sus calles se reconocen por los balcones de madera que no existen en otras zonas de la Medina. Quedan las tumbas, las viejas casonas y los nombres de las viejas familias de este primer Mellah de Marruecos.

portón sin su Mesuza en la Mellah, Fes. Marruecos

portón sin su Mesuza en la Mellah, Fes. Marruecos / Gastón Melo

 

Pila de la Sinagoga de Fes. Marruecos

Pila de la Sinagoga de Fes. Marruecos / Gastón Melo

La restauración en Fes es extraordinaria, los tajines, cuscús, mechuis y pastillas cuando preparados con ánimo y reconocimiento a los autores son exquisitos. Nosotros los disfrutamos tanto en restaurantes como en nuestro Riad, donde bien acogidos por Tahir, nuestro gerente administrador y guía, pudimos disfrutar de extraordinarias cenas, sin menospreciar los platos que degustamos en restaurantes bien atendidos, jardineados y entibiados por fogones, en este invierno fresco. Logramos en esta ocasión no caer en los atrapa-turistas.

Visitamos infinidad de Riads, desde los más pretenciosos hasta los más sencillos. Un Riad es una casona insospechada, distinguida quizá sólo por una puerta en madera de cedro bien tallada. El interior de un Riad tiene una distribución bastante estándar con un patio central con plantas y mosaicos, arcadas moriscas y celosías vertiginosas que se tejen en un calado bordado en yesería y madera.   salones cómodos con amplios sillones, cojines, tapetes y tapices, mesas de té, bibliotecas o pinturas de paisajes montañosos y desérticos.  Scheherazade, Fes, Said, 20 Jasmins, Zamane, Lune et Soleil, son los nombres de algunos de ellos.

Patio de Riad, Fes. Marruecos / Gastón Melo

 

Puerta, Fes. Marruecos

Puerta, Fes. Marruecos / gastón Melo

El viaje a Fes terminó siendo uno a Rabat y a Marrakech también. La ciudad de Rabat que tenía 20 años de no visitar me volvió a sorprender por su belleza y su elegancia.  El Embajador Ordoñez me presentó al recientemente nombrado Director del Festival  Fes de Músicas Sagradas del Mundo. Platón Hadjimichalis, a su vez exembajador de Grecia en Rabat y a la postre un singular artista plástico.

El departamento de Platón en el interior de la medina de Rabat es extraordinario, amueblado con sencillez y sensibilidad de artista, goza de vistas extraordinarias de la ciudad.  El programa del festival para 2017 no se ha revelado, pero está casi listo y nuestro anfitrión nos avanzó que tiene que ver con la sacralidad del agua. Quizá  pueda tratarse de un exorcismo para ahuyentar las grande lluvias que inhibieron la realización de algunos espectáculos en  la edición del 2016.

Platón Hadjimichalis en su casa de Rabat, con el Embajador Ordoñez / Gastón Melo

Platón Hadjimichalis en su casa de Rabat, con el Embajador Ordoñez / Gastón Melo

En Marrakech, fuimos invitados por Andrés Rosenthal, a los Atlantic Dialogues, organizados por el German Marshal Fund, donde encontré a varios mexicanos distinguidos como Jorge Castañeda, quien hizo una interesante y provocadora presentación acerca del futuro de las relaciones con los Estados Unidos.

La ciudad de Marrakech que conocí hace 25 años y que revisité hace 10, está completamente transformada. Los hoteles se han desarrollado extensivamente, las residencias también, los comercios y las tiendas de todas las grandes ciudades están ya allí.  La ciudad es bonita, clínica y un poco artificial. La Medina ha perdido algo de su encanto, pero en la plaza Jemaa el-Fna, la principal de la ciudad, siguen los encantadores de cobras, los vendedores de tapetes y otros malabaristas haciendo sus agostos en pleno diciembre.

Naturaleza intervenida, Marrakech. Marruecos

Naturaleza intervenida, Marrakech. Marruecos / Gastón Melo

Marruecos es importante para entender nuestra identidad de mexicanos. Es parte de ese mundo árabe que se evoca cuando se piensa en nuestros orígenes mestizos en su vertiente española.  Muchos mexicanos nos parecemos a los marroquís físicamente y tenemos mucho que compartir. Los miles de moros llegados a la Nueva España, están también en nuestra sangre y allí nos reconocemos. A diferencia nuestra, sin embargo, -ya lo señalábamos- la identidad allá es bastante tersa y no saltona y estridente como en nuestro país. Gusta allá en bereber y el andaluz, se disfrutan y se entienden los burkas, los chédares, los nicab y el diálogo intercultural, la curiosidad expresa y abierta  al otro. Marruecos es una frontera del islam, del judaísmo, del cristianismo. Un reino que pareciera ser no de este mundo y sin embargo..

 

Por Gastón T. Melo-Medina

 

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Sobre Gastón Melo

Gastón Melo
Gastón Tadeo Melo Medina ha dedicado su vida profesional al quehacer comunicacional. Doctor en Psicología Social y de las Comunicaciones por la Universidad Louis Pasteur, Estrasburgo, Francia, (1981). Concibió y produjo hasta 2005 “Cumbre Tajín” Fórmula para el encuentro entre altas y bajas identidades. Concibió produjo y animó “Espacio Vanguardia” (EVAC), seminarios, conferencias y actividades para reconocer la perspectiva joven sobre la agenda nacional y global y una plataforma de encuentro y diálogo entre el mundo de las universidades y el de las empresas, habiendo creado redes presentes en 22 países de Iberoamérica (1997/2013). En su función de Productor y Director en diversos medios, ha ganado premios en Cinematografía con la película “Talpa”, adaptando la obra de Juan Rulfo y en televisión con diversos documentales de investigación etnológica, arqueológica y científica. Redactor en Noticieros de Televisa en 1974, corresponsal en Francia hasta 1980. Director de la oficina de la presidencia del Grupo Televisa y vicepresidente de Grupo hasta el 2001; asesor de su Presidente, hasta el 2013. Gastón Melo es socio Director del Sistema de Información Logística (SILOG) desde 1993. Concibió y es rector del Colegio de la Globalización, seminario permanente de formación de cuadros de negociadores con instituciones multilaterales. Asesor de varias empresas y gobiernos y colaborador de la revista Semanario sin Límite desde 2015, Gastón es también, medalla al Mérito Universitario por la Universidad Anáhuac de México y Officier de l’Ordre des Arts et des Lettres, condecorado por el Gobierno de Francia (1998).