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Yo veo un México

Colaboraciones y reflexiones de Gastón T. Melo-Medina en El Semanario

Gastón Melo


México en Sincronía


miércoles 18 de enero de 2017

Acabo de volver a México después de un par de meses en Europa y el norte de África. Estoy sorprendido con la ola de negatividad que reina en este país considerado aún por muchos -de las mil oportunidades.

Mi cuate RR anuncia un infeliz año nuevo, los augurios del BdeM no son halagüeños y apuntan un crecimiento del 1.7%, muy por debajo del 2.4 anunciado. El dólar vuela para 25 y la inflación se acelera al casi 4%, la cuesta de enero parece que se prolongará hasta la primavera por las deudas de las vacaciones y los prediales, la desinversión americana está a punto de pasar de ser un anuncio a convertirse en una realidad, la subida de las gasolinas es el preámbulo de otros aumentos, las manifestaciones en crescendo y la educación perdiendo.

Por eso quiero en esta nota formular algunas recetas para salir de la crisis, para cambiar radicalmente al país, para ser ejemplo en el mundo y para fomentar el orgullo nacional. Nada más, nada menos.

To make a short story long, como dicen mis hijos en sus violentas y cariñosas críticas a su padre. Déjenme comenzar con esta reflexión en el año 768, si no me equivoqué, en el siete seis ocho. Vamos, estamos a más de 500 años que los aztecas se establecieran en el valle de México. Eso sí, estamos hablando del medio del período clásico, teotihuacano y maya. Bueno, pues en esos años reinaba en Francia Carlos I, mejor conocido como Carlomagno, o Carlos Augusto, a partir del 800 cuando le coronaron emperador romano. Es en esa época que se gesta la solución al problema del México contemporáneo: La Universidad.

Se dice que fue Carlo Magno el creador de la universidad porque él mismo se sometió  a lo largo de toda su vida a un estricto programa de formación y porque tenía un enorme respeto por el mundo de las ideas, por el conocimiento, por la innovación y por las artes, aunque el concepto evolucionó hasta que unos trescientos años después (se dice rápido…), bajo el reinado de Felipe II de Francia y trescientos después con Henri IV, es decir, entre 1150 y 1600, el concepto de universidad depura sus formas y procedimientos. Poco hay de nuevo bajo el sol, casi todas las rencillas, desde la autonomía, el autogobierno, la sindicación de profesores, la manipulación gubernamental y de otros intereses espurios, todo se vivió ya en Nankin (259) Al Azhar (900) Boloña, en Paris, en Salamanca  o en Oxford.

De la educación se habla a grandes voces y en muchos círculos, desde los intelectuales hasta los líderes sindicales, pasando por la jerarquía burocrática, los industriales reclamones y las grandes instituciones internacionales. Por lo general se toma el problema por el principio, por la primaria, por la educación básicas. En esta nota nos iremos al otro extremo, a la formación profesional, a las grandes escuelas a las universidades, para avanzar algunos perfiles de los que pudiera constituir un análisis de esta institución, por eso nos vamos lejos y a lo fundacional.

Déjenme llevarles con el pensamiento a un paseo por algunas calles de Paris, por la zona de la Montaigne Sainte Geneviève, en el Barrio Latino, donde el turista conoce por lo general las termas de Cluny, hoy Museo de la Edad Media, en el cruce de los Bulevares Saint Germain y Saint Michel.  Es precisamente en los alrededores de esta zona que todo comenzó en materia universitaria

Rue St. Etienne du Mont Europa y el norte de África

Rue St. Etienne du Mont

Situémonos en la pequeña iglesia de San Julián el pobre, en la margen izquierda del Sena, junto a esa famosa librería inglesa, antes acogedora y hoy medio “tourist-trap” que es Shakespeare & Co. Allí muy cerca, discreta, detrás de un jardín que la mantiene en actitud reservada, San Julián, alberga hoy una iglesia del hermoso culto melquita católico. A veces el turista puede acudir allí para algún concierto de los más recurrido del repertorio clásico. (nocturnos y estaciones…).

Église Sain Julien-Le Pauvre

Église Sain Julien-Le Pauvre

En esa capilla hace unos 800 años, se llevaban a cabo terribles debates entre los estudiantes que acudían para tomar algunas clases encaramados en pacas de trigo o de granos. Esos estudiantes que representaban las primeras formaciones a las artes y oficios, a la medicina, al derecho a la filosofía, a las letras, estaban respaldados por las poderosas órdenes religiosas que tenían sus propias querellas y debates.

Los monasterios de San Víctor, Santa Genoveva, de Notre Dame y de Saint Germain l’Auxerois, rivalizaban y se violentaban a veces a través de sus pupilos, muchos de ellos protegidos o becados por los curas de cada orden. El concilio se hacía en San Julián con las consabidas riñas.

 

Monastère St. Victor

Monastère St. Victor

Lo que esas batallas legaron en el caso de Francia, es uno de los sistemas más meritocráticos del planeta en materia educativa. Y aunque buena tinta se ha gastado en señalar la iteración de las élites en la educación superior, sin negarlo, el sistema ha logrado siempre refrescarse y mantenerse con la apertura necesaria para reconocer en relativa igualdad de circunstancias el esfuerzo de los estudiantes para distinguirse, sobresalir y posicionarse en las élites del conocimiento.

En esto no es menor el papel jugado por Henri IV, quien ha dado nombre a una de los más prestigiosos liceos del hexágono (Francia continental). Henri es el rey sabio que supo por su propia experiencia, padre católico y madre protestante, mantener una gran apertura que repercutió positivamente en la educación de muchas generaciones de franceses.

Lycée Heri IV

Lycée Heri IV

Las calles del barrio V, están marcadas por los grandes establecimientos universitarios y parecieran todos, paradójica, trágica y elocuentemente estar orientados hacia la cúpula del Panteón (donde todos o casi, desean ir a parar o a gozar del æternam réquiem). La Escuela politécnica, El Instituto Pierre y Marie Curie, El Colegio de Francia, la Sorbona, los liceos, Luis le Grand, Henri IV con la torre de Clovis,  Saint Louis, entre otros, están flanqueados por en un extremo, entre la Sorbona y el Museo de la Edad Media, por Montaigne, cuyo pie (mírenlo ustedes)  es frotado por los estudiantes antes de los exámenes para darse “suerte”, en el otro por el jardín de plantas y el museo pedagógico de Historia Natural, arriba la mezquita de Paris, El monasterio  de San Víctor, la parroquia de San Julián, el Instituto del Mundo Árabe, la iglesia de Saint-Etienne du Mont, y allá, lejos, la nueva facultad de Medicina y la antigua casa de Suesse ó Suecia).  Ese es el Paris que no se ve ni se exhibe, una Paris, que hay que intervenir por la vía de las docenas de librerías de viejo y de nuevo, religiosas como la Procure, especializadas como las Hartman, de viejo como Boulligner o generalistas como l’Écume des pages, librerías de lujo que venden manuscritos originales en la calle de Saints Pères en el vecino barrio VI.

 

Torre Clovis y Panthéon

Torre Clovis y Panthéon

 

Collège de France

Collège de France

 

Pie de Montaigne frente al palacio Universitario de la Sorbona

Pie de Montaigne frente al palacio Universitario de la Sorbona

 

Universidad de la Sorbona

Universidad de la Sorbona

 

Calle de la Motagne Ste Geneviève

Calle de la Motagne Ste Geneviève

 

Lycée Louis le Grand (antigua casa de jesuitas)

Lycée Louis le Grand (antigua casa de jesuitas)

Raro, cierto, pero no imposible encontrarse hoy, en algún café cercano a la calle de Ulm, una mesa de estudiantes discutiendo en torno a una cerveza, algún texto clásico en griego antiguo, o con más frecuencia hablando en latín Esto ha sucedido siempre en la antigua Lutetia (nombre romano de Paris). La lingua-franca hoy para estas elites intelectualizadas sigue siendo el latín, por lo menos en el ámbito de las letras. Quien tenga la curiosidad de comprobarlo, léase el pasaje de “las benévolas” de Jonathan Little, Premio Goncourt, 2006 donde aquél joven soldado Nazi criado en las mejores escuelas alemanas, pasa por Paris y se toma la pena de hablar algo de griego con los estudiantes en estos sitios privilegiados y distinguidos por las élites de toda Europa.

Librería La Procure, Paris

Librería La Procure, Paris

Vivir de modo distinto la universidad, retomar para las elites del país, las que mi amigo Pedro Lamot Cervera, llama las de la epistemocracia, El Colegio de San Ildefonso, el Colegio de Minería, la Academia de San Carlos, La Facultad de Medicina, el Colegio e Vizcaínas, recuperar el centro histórico así, es una solución. Crear un aspiracional distinto, vinculado al mérito, al esfuerzo, a la belleza también, a la historia que en estos sitios vive.

Imagino y deseo, una mesa en el café Tacuba, donde los mayistas del planeta, formados en la Universidad de México, rusos, yucatecos, franceses, hablen la lengua del rey Pakal para interpretar una estela del Tikal o en nahua para repetir la forma en que Moctezuma se expresó frente a Cortés, mientras un grupo de amigos rarámuris, totonacos y chinos del Xing Yang, conservando su fuerza identitaria, resuelven ecuaciones divertidas y enigmas insondables. Cerca de allí los ingenieros resuelven estructuras para contener las grandes lluvias y canalizar a las zonas áridas del Estado de Hidalgo y Querétaro promisorios caudales de fertilidad. En el gran teatro de Tlatelolco, el Maestro Sabino Cham-Santacruz, dirige una obra singular concebida para hacer lucir a los mejores ompaquitas (especialistas de la trompeta maya)

Sí, porque como Colosio, a quien sugerí en su momento la idea de “Yo veo un México”, así, yo veo un México que ponga en valor sus mejores recursos de voluntad, un México mestizo que haga valer no sólo SU sino LA mixidad, la tolerancia, la inclusión. Un país abierto y una región (América Latina) solvente en su autoconsciencia, fomentando la movilidad interna de sus estudiantes. Trabajar logística en Chile, Antropología Social e Ingeniería cultural en México, genética plantar en Argentina, en Salvador la mejor Escuela de Negocios.

 

Sí, yo veo un México no sólo mejor sino emblemático. Veo en su conducción a una mujer guerrera, de mirada limpia, llena de ánimo, bien formada, mestiza necesariamente, morena, con una visión del mundo en el que vive y pies-raíces en la tierra donde nació. Alegre y positiva axiológicamente sólida, con ideas y con equipo, conocedora de la historia, del país, de la región, de la cultura, de la otredad. Compleja sin contradicciones, emancipada y desafectada, vestida con dignidad y poco perfumada, bien alimentada cuya presencia impone e identifica. Veo a una mujer y no a un hombre porque reconozco en la feminidad una fuerza y una actitud que hoy nos es necesaria.

 

Veo un México que confía en sí mismo, en su sistema de justicia que se hace todos los días y en todos los frentes, un país que apalanca y da oportunidades a los menos favorecidos y que alienta en los más favorecidos la conciencia del retorno social. Un México en diálogo con el mundo y consigo mismo. Un México austero, sólido y sobrio, un país de pathos singular, reconocido en el mundo, una actitud mexicana, atenta, curiosa, sapiente, segura de sí misma. Un México que habla español e inglés por lo menos y deseablemente maya, zapoteco, wixárika o nahua.

Para lograr este México, debe construirse una generación de jóvenes para tomar el poder y hacerles contar con la mejor experiencia en el servicio. Para esto se requiere sin duda un programa y la promoción clara de una actitud que se ha venido gestando con conciencia de ciudadanía y que necesitamos todos dar a luz con nuestro propio dolor de parto de ideas, de actitudes y de conductas

El México que veo, es uno donde los críticos pasan a la propuesta, donde el poder se descubre en el servicio, donde la inteligencia no es la del “síndrome del industrial exitoso” que cree saberlo todo, sino la que se forma en el trabajo intelectual, en la resiliencia y en la visión compasiva, transformadora del entorno. Un país donde no se tenga miedo al silencio, menos mariachis y más cantautores. Un México con caso, emblemático, del que se habla en el mundo y que escucha al mundo. Veo un cuarto de siglo radical, donde la post-verdad sirva en lo simbólico para transformar lo concreto. Un tiempo de proyección y de superación de metas.

Un tiempo sin pausas, con ritmo, con musculatura, en síntesis, veo en lo por venir, un México enorme, ejemplar, referencial, que marcha en sincronía con la globalización y en armonía con su identidad.

 

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Gastón Melo

Gastón Melo
Gastón Tadeo Melo Medina ha dedicado su vida profesional al quehacer comunicacional. Doctor en Psicología Social y de las Comunicaciones por la Universidad Louis Pasteur, Estrasburgo, Francia, (1981). Concibió y produjo hasta 2005 “Cumbre Tajín” Fórmula para el encuentro entre altas y bajas identidades. Concibió produjo y animó “Espacio Vanguardia” (EVAC), seminarios, conferencias y actividades para reconocer la perspectiva joven sobre la agenda nacional y global y una plataforma de encuentro y diálogo entre el mundo de las universidades y el de las empresas, habiendo creado redes presentes en 22 países de Iberoamérica (1997/2013). En su función de Productor y Director en diversos medios, ha ganado premios en Cinematografía con la película “Talpa”, adaptando la obra de Juan Rulfo y en televisión con diversos documentales de investigación etnológica, arqueológica y científica. Redactor en Noticieros de Televisa en 1974, corresponsal en Francia hasta 1980. Director de la oficina de la presidencia del Grupo Televisa y vicepresidente de Grupo hasta el 2001; asesor de su Presidente, hasta el 2013. Gastón Melo es socio Director del Sistema de Información Logística (SILOG) desde 1993. Concibió y es rector del Colegio de la Globalización, seminario permanente de formación de cuadros de negociadores con instituciones multilaterales. Asesor de varias empresas y gobiernos y colaborador de la revista Semanario sin Límite desde 2015, Gastón es también, medalla al Mérito Universitario por la Universidad Anáhuac de México y Officier de l’Ordre des Arts et des Lettres, condecorado por el Gobierno de Francia (1998).