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Cuaresma Política y Fantasmas


lunes 12 de febrero de 2018

¡Ahí viene el coco! El fantasma está volviendo a expresarse. Redujo un tiempo sus manifestaciones, pero está regresando.

Sus formas son las mismas, se materializa en jóvenes aparentemente limpios, integrados. Prefiere y busca las frustraciones psicoafectivas, familiares, sociales o académicas para alimentar sus encarnaciones preferidas.

A veces un oscuro profesor universitario lanza algunas ideas, un estudiante las comparte en casa, el padre en paro las ensalza y las pondera en el café del barrio, las vende bien, se emociona y la mecha prende. En casa, se inflaman los comentarios a la luz de los diálogos alambicados, de ideas repetidas, de lugares comunes, de extracciones de la complósfera; la energía juvenil asume las consecuencias y toma los primeros riesgos.

Hace unos días en Astegieta, Vitoria, España, un grupo de vecinos inhibió la ocupación de un departamento otorgado a una familia gitana. En Macerata al norte de Italia, Luca Traini, un chico de 28 años, conduciendo un Alfa Romeo negro, disparó contra un grupo de inmigrantes negros hiriendo a seis, al cabo se envolvió en una bandera italiana. En Holanda el partido por la libertad PVV de Geert Wilders sigue siendo la primera oposición. Eslovenia, Portugal, Estonia y Austria tienen fuerzas legislativas importantes que se inspiran de esa ideología.

El fascismo está de vuelta en el mundo y parece estar tocando a nuestra puerta. Pero, ¿a qué nos referimos? Perdidos en el maremágnum de palabras huecas del discurso político partidista, nos es difícil distinguir lo esencial de lo superfluo, deslindar populismos, constructivismos y fascismos.

Si un coordinador de campaña señala (mintiendo) que su candidato está empatado con el de los otros partidos —a sabiendas de que el 90 por ciento de los indicadores dice lo contrario— recurre a astucias resbalosas y juega con los datos, buscando en el oscurantismo de las encuestas a modo —esas que se pagan para acomodar los datos a favor de una causa—, para producir una influencia entre los indecisos a quienes no les gusta estar del lado del perdedor. Si eso ocurre es que hay un riesgo de caer en el fascismo.

Cuando el argumento viene de quien controla las fuerzas fácticas, de quien maneja las instituciones, de quien es factótum en los cuerpos legislativos y que además influye en el trabajo de los cuerpos militares, entonces el argumento se hace más persuasivo, más eficaz. Lo percibimos cargado de una dosis de post-verdad, tiene un valor simbólico. El optimismo, de quien profiere la idea, nace de la convicción de que el argumento se va a hacer válido. Su sentir tiene cierto ascendiente, influye sobre el horizonte temporal.

En la contraparte descubrimos y observamos que se actúa al margen de la ley, por encima de ésta. Si las leyes no favorecen las ideas y las estrategias, es que las leyes son malas. No hay un reconocimiento de las instituciones, del frágil estado de derecho y se anuncia que todo está por hacerse. El populismo acecha.

El tercer campo está igualmente minado, sin cautela recogemos declaraciones que hechas en otro tiempo fueron eficaces y que leídas en el presente parecen contradictorias cuando no improbables. En fin, en todos los casos hablamos de un lenguaje utilitario y acomodado. Este es el perfecto caldo de cultivo para la aparición de ese fantasma llamado fascismo: ¡Achtung!

El discurso fascista es lo más próximo al populismo, las ideas son fáciles y comprensibles, se producen muestras de valentía eficaz. Cabe recordar que, pese a la idea bien expandida, el fascismo no es un fenómeno alemán del partido nacional socialista, no, el fascismo —perdónenme los conocedores— es un asunto italiano, Hitler, Franco y hasta Stalin se inspiraron de alguna manera en este ejercicio conceptual mussoliniano que promueve la unión sin grandes cuestionamientos en favor de un corporativismo de estado. Formar fascios y haces de varas produce que las espigas reunidas no se rompan una a una; sí “juntos somos invencibles” reza un lema fascista recientemente repetido en las campañas mexicanas.

El fascismo es de cierto modo un recurso cómodo desde la perspectiva ciudadana, es eficaz porque cumple a muchos, aunque baja las expectativas con la promesa de un mañana mejor, de un “aguántate tantito”.  El fascismo se acompaña siempre de una liturgia que preña la forma de vestir, de actuar, de comportarse, de usar el lenguaje. Implica un estricto respeto a la “nomenclatura”, al orden establecido y al poder fáctico. En el fascismo no nos cuestionamos nada o muy poco.

Los países de Europa —en donde esta modalidad no solo de gobierno, sino de cotidianidad prevalece— gozan de una condición en que la base de la pirámide social se encuentra siempre por encima del umbral de la pobreza y también por encima del umbral de la dignidad. En ese territorio fértil, el fascismo crece fácilmente azuzado por la promesa de un tiempo mejor, al que, con la panza llena y las necesidades básicas garantizadas, es relativamente fácil apostar.

En México, las medidas de la pobreza han variado estructuralmente de modo que hoy hay menos pobres oficiales y aunque los umbrales de dignidad no se han franqueado sin hambre, como suele decirse, las penas lo son menos y los deseos se exacerban.

En las próximas elecciones mexicanas, cuyas campañas iniciarán paralelamente —¡qué coincidencia!— al fin de la cuaresma, la apuesta ciudadana es por la inteligencia. La capacidad de pensar el porvenir y por un análisis de segundo piso para una oferta política sin adjetivos.

Es buena la metáfora de este ramadán electoral, de esta cuaresma de las tentaciones, de esta veda en que todo se relativiza, es igualmente un tiempo bueno para que los electores pensemos en el México que con la oferta política prevaleciente podemos construir. Quizá sea tiempo también de preparar las demandas ciudadanas, tiempo de hacer saber a los candidatos que hay otras formas de pensar allende las cada vez menos expresivas ideologías partidistas.

El decepcionante amor entre los partidos, de base ideológica distinta, deprime tanto como la amalgama de personas en un partido —que trata de recoger los trapos sucios del sexenio— sin llegar a construirse una ideología otra que la del perpetuum mobile.

Queridos Andrés, Pepe, Señor Anaya (no lo conozco personalmente), por favor, desde mi simpleza ciudadana les pido:

  1. Piensen por favor con respeto, una nueva interlocución con la ciudadanía. Háblenla como si estuviesen frente a una persona inteligente, sencilla, pero con una disposición al análisis y con intención de discernimiento. Estamos atentos a su discurso y no tenemos —la mayoría— decisiones tomadas y orientadas por la inercia militante.
  2. Eviten, les ruego, la denostación innecesaria, el chiste fácil (será difícil lo sé), antes de actuar piensen en ustedes mismos y no en la convulsión que les produce “el otro”.
  3. Si bien el mundo en que vivimos es multipolar, existe cierta tendencia a lo convencional unipolar, a las buenas prácticas. Úsenlas. Estudien sus temas y procuren soluciones naturales, lógicas, claras y transparéntenlas.
  4. En el marco de esta unicidad hay siempre espacio para una visión de las cosas, para un imaginario de país, para un rumbo y un camino. Ese que ustedes —quizá en el mejor de los casos— están dispuestos a construir, el que están dispuestos a comprometer, el que les hace mantener firme la mirada y animoso el corazón.
  5. Ustedes saben lo que implica el puesto por el que están compitiendo, se requiere una entrega total, hay cosas que son superiores a todo y el país es una de ellas.
  6. Tengan ustedes, les agradeceremos todos, una idea clara de la mexicanidad, de la construcción de un México incluyente. El verdadero cambio —les señalo, con muchos historiadores, sociólogos e ingenieros sociales— está en el pasar del México criollo a un país total, no mestizo sino descolonizado. Esto enriquecerá enormemente su visión y les moverá a nuevos diálogos. No queremos un México que marche a 70 millones de ciudadanos por sexenio, sino uno que ofrezca un camino a los 140 millones de mexicanos que viven en el territorio y a los casi 40 que viven fuera de él.
  7. Si bien nunca se está sino solo, es importante el trabajo en equipo, permitan que sus colaboradores hablen y se expongan, aprendan ustedes de ellos, procúrenlos mejores a ustedes, es factible lograrlo.
  8. Claro que es indispensable un diálogo con el crimen organizado, está ORGANIZADO, tienen cabeza y territorio, a veces es más soberano un territorio narco que el propio país, reconozcámoslo. Dialogar significa un paso a la amnistía, aprendamos a darlo, no queremos ni podemos vivir más con un país cuyo territorio está secuestrado, vedado, intervenido.
  9. Hagan bien sus cuentas y déjenlas bien hechas porque no deberán variar en los próximos seis años. Todos sabemos cómo se hace para perder la confianza y, desafortunadamente, es la clase política la que ha marcado la pauta, esto en su afán de hablarse de con las oligarquías.
  10. No estamos solos, pero estamos mal acompañados, en los organismos internacionales hay de igual forma intereses, en que otras fuerzas intervienen y presionan, aprendamos a leer críticamente sus recomendaciones y generemos un modelo propio, inspirado en las mejores prácticas, sí pero propio, analítico, conectivo y prospectivo.

Si hacemos estas tareas, la ciudadanía va a ganar. México debe proveer, sobre todo, una idea de hombre, de la región, la cual espera mucho de esta elección. Abandonamos mucho tiempo nuestra condición menos ejemplar que de liderazgo regional en las ideas, en el arte, en la política, en la idea del ser —no todavía en la ciencia—.

Es tiempo de recuperar posición, menos con afán protagónico que con una natural toma de riesgo, proyecto y visión supranacional para ilustrar; ¿por qué no?, al planeta.

México es un crisol de humanidad, el mundo tiende a un mestizaje descolonizado, más biológico, menos connotado en una estética y en una sociología cortoplacistas. México puede tomar en circunstancia este liderazgo. Esta nación ya fue un laboratorio de humanidad: saltapatraces, mulatos, cambujos, mestizos, castizos, moriscos, chinos, lobos, jíbaros, tente en el aire. Nunca país alguno había producido tanta humanidad en tan poco tiempo. Y si bien esa humanidad asumió el yugo colonial y la imposición cristiana, es un hecho que lo biológico hizo sus propias reivindicaciones y, fortaleció e hizo resiliente y atractiva a la especie humana.

El planeta tiende en muchos de sus vectores hacia un neo-fascismo incómodo y condenado, a término, al fracaso. México, América Latina y África, en cambio, tienden a un mestizaje nuevo, a una hibridación y mixidad poscolonial enriquecedora. Asumir el papel que la genética humana nos provee, es asimismo un reto para los políticos, ustedes, que deben buscar gobernar en la historia y no sólo hacerse ciegamente del poder.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Gastón Melo

Gastón Melo
Gastón Tadeo Melo Medina ha dedicado su vida profesional al quehacer comunicacional. Doctor en Psicología Social y de las Comunicaciones por la Universidad Louis Pasteur, Estrasburgo, Francia, (1981). Concibió y produjo hasta 2005 “Cumbre Tajín” Fórmula para el encuentro entre altas y bajas identidades. Concibió produjo y animó “Espacio Vanguardia” (EVAC), seminarios, conferencias y actividades para reconocer la perspectiva joven sobre la agenda nacional y global y una plataforma de encuentro y diálogo entre el mundo de las universidades y el de las empresas, habiendo creado redes presentes en 22 países de Iberoamérica (1997/2013). En su función de Productor y Director en diversos medios, ha ganado premios en Cinematografía con la película “Talpa”, adaptando la obra de Juan Rulfo y en televisión con diversos documentales de investigación etnológica, arqueológica y científica. Redactor en Noticieros de Televisa en 1974, corresponsal en Francia hasta 1980. Director de la oficina de la presidencia del Grupo Televisa y vicepresidente de Grupo hasta el 2001; asesor de su Presidente, hasta el 2013. Gastón Melo es socio Director del Sistema de Información Logística (SILOG) desde 1993. Concibió y es rector del Colegio de la Globalización, seminario permanente de formación de cuadros de negociadores con instituciones multilaterales. Asesor de varias empresas y gobiernos y colaborador de la revista Semanario sin Límite desde 2015, Gastón es también, medalla al Mérito Universitario por la Universidad Anáhuac de México y Officier de l’Ordre des Arts et des Lettres, condecorado por el Gobierno de Francia (1998).