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Seguridad yucatanense: juego de percepciones

tierra santa

Gastón Melo


México en Sincronía

Catedral de Mérida,Yucatán (Foto: tripsavvy).

martes 8 de enero de 2019

Llamo Tierra Santa a Yucatán, porque son bendecidos sus sitios sagrados, sus templos prehispánicos y coloniales, sus plazas y mercados, sus playas hermosas y de colores únicos tanto en temporada como fuera de ella, su biodiversidad, sus artes culinarias, sus caminos blancos, sus calles y pueblos bien trazados que hacen que la entidad se resuelva en la mejor, o, seamos prudentes, una de las mejores ofertas turísticas y de calidad de vida en la república mexicana.

Así anuncio mis incursiones habituales a esas latitudes. Voy a, vengo de, tierra santa… Asumo por otra parte esa condición de yucahuach que me hace a la vez familiar con algunos modos locales y extranjero cuando cometo errores perceptuales que evidencian mi no residencia.

Toda mi vida he tenido un pie en la península, mis vacaciones infantiles, estancias largas como entenado estival en haciendas de amigos y familiares, o en casa de parientes meridanos cuando era adolescente, en mis primeros rubores juveniles, y de adulto. Aprovechando cada circunstancia posible me acerco a Yucatán, tierra donde mis abuelos maternos y mi madre nacieron, vivieron, y donde muchos de ellos también murieron.

Pero atendamos, allende la nostalgia, nuestro asunto puntual para esta nota es que he visto pasar a Yucatán de una condición de territorio narco, alejado de las policías federales en la década de los 70, cuando el resto del país parecía relativamente tranquilo, con sus habituales proveedurías de opiáceas en el noroeste para producirle morfina a los norteamericanos en guerra, entonces en Vietnam, y su tráfico regular de marihuana en las fronteras.

Los primeros cargamentos de cocaína colombiana con destino a la Florida solían tener una parada obligada o accidental a veces, en los puertos del estado: desde Celestún hasta Holbox, pasando por Río Lagartos, Zilam de Bravo, Huaimitún, Chicxulub y Sisal, desde donde repartían por el Golfo y el Caribe, dejando una colita de materia para la promoción del consumo interno, entonces en pleno crecimiento. Parientes y amigos cayeron en la adicción y vi pasar a muchos, de los centros de tratamiento de adicciones a la franca relocalización de familias enteras para liberar a los hijos de las tentaciones y círculos de consumo.

playas mexicanas

Celestún, Yucatán (Foto: Mexican Caribbean).

Es en 1995, cuando con la entrada del gobernador Cervera Pacheco, nombrándose a Luis Saidén Ojeda, como jefe de seguridad en el estado de Yucatán, que las cosas parecieron calmarse un poco. El estado sintió blindarse de las organizaciones del crimen organizado como el propio Saidén se dio a divulgar; los controles policíacos proliferaron en carreteras pueblos y colonias. La gestión dio tranquilidad a casi todos y en particular a las élites yucatecas, a los empresarios y desarrolladores que han visto desde entonces un glorioso cuarto de siglo en que los negocios han crecido de modo sostenido, particularmente en los ámbitos comercial, turístico e inmobiliario.

Pero todas las monedas tienen dos caras y hay una sombra de sospecha que desde su primera gestión no ha dejado de perseguir a Saidén. Acusado de influir y proteger el tráfico del pepino de mar y de asociarse para ello con las mafias chinas, hasta señalársele como responsable del control del narcomenudeo en las zonas blindadas que su propio equipo estaría protegiendo.

Y es que 25 años en el poder, no dejan de sorprender y apuntar a una suerte de autogestión de la seguridad en el estado. La vinculación de Saidén con la colonia libanesa y sus buenas relaciones con diversos grupos industriales en el estado, sin duda le han protegido de los embates de una opinión pública que va in crescendo en sus críticas hacia él. Es tiempo de echar las barbas a remojar y pensar en una sana sucesión en el marco de un sistema realista de buenas prácticas.

Saidén ha hecho, con certeza, una buena labor independientemente que haya tenido para ese efecto que negociar con “los malos”, es decir, con representantes de los cárteles operando en la península y en el Golfo. Lo reconoce la sociedad que siente vivir tranquila, al margen de los grandes escándalos nacionales asociados con la materia del llamado crimen organizado.

En la narrativa social se acepta y se sabe que muchas de las familias de narcotraficantes viven tranquilas en Yucatán, con los hijos asistiendo a las mejores escuelas y mezclándose con la más rancia socialité estatal, aquella que se place en reconocerse casta divina, casta beduina o castahuacha, hoy en plena hibridación.

turismo

Calle 60, Mérida, Yucatán (Foto: Mérida de Yucatán).

Con mi familia pasé un par de semanas de este “maratón Guadalupe-Reyes” en tierra santa, gozamos la generosidad de un sol tibio, del aire puro, de las aguas cristalinas de algunos cenotes recién habilitados y por supuesto que nos rendimos a las delicias gastronómicas de la cultura. Sin embargo, no dejamos de observar algunos cambios significativos: la afluencia turística ha aumentado exponencialmente. Proliferan las casas de huéspedes, los modelos Airbnb, los hoteles boutique, las haciendas restauradas y los grandes establecimientos. El jardín de Santa Lucía, abarrotado para la presentación de su vaquería de cada jueves, el parque centenario, la plaza central, los restaurantes con filas de espera interminables, y no sólo en Mérida, sino en otras ciudades de Yucatán como Maní, Valladolid e Izamal.

Los retenes policíacos en las carreteras a Progreso y el entronque Campeche y Cancún, ahora se encuentran más activos que de costumbre, deteniendo a cualquiera que cumpla con los rasgos de potencial sospecha. Por las calles meridanas percibimos algunos rasgos nuevos en la policía: mejor armamento, a los agentes a veces se les percibe sobrequipados, las mujeres policía se ven no sólo bien entrenadas, sino francamente hermosas, y digo esta palabra no en el sentido yucateco de entradas en carnes, sino que llama la atención su belleza y esbeltez; pero en paralelo las torretas y sirenas más activas, los vehículos oficiales desplazándose a inusitada velocidad, en algunos casos innecesariamente arbitrarios en el abuso de su condición de impunidad para tomar un sentido contrario o hacer una vuelta forzada en doble fila y rebasando por la derecha.

Debe saber el lector que la sociedad meridana y yucateca, en general, es particularmente civilizada en materia de tránsito, lo cual evidencia y hace más perceptibles estas faltas.

Desde luego llegó hasta nosotros, granito de arena y parte de las redes sociales, un material de video donde un grupo armado amenaza a Luis Saidén y a algunos de sus lugartenientes por motivos que el lenguaje expresado no alcanza a describir y hacer totalmente claros. Desde luego que, de múltiples formas, el contenido de ese material fue desmentido de manera oficial, sin embargo, el río suena y la ciudadanía se pregunta si piedras lleva.

Luis Felipe Saidén Ojeda (Foto: Revista Expresiones).

La racha de buenas prácticas en la seguridad estatal debe seguir, pero no deben las personas perennizarse en los puestos, a riesgo de hacerse demasiado visibles, demasiado poderosas y autónomas y, por tanto, muy vulnerables.

Prudencia, discreción y eficacia son palabras entonces que quedan a la orden del día para la seguridad yucatanense, espacio de una sociedad que reclama porque goza de ellos, altos estándares de calidad de vida.

Los grandes retos de Yucatán en el marco de la Cuarta Transformación han sido asumidos desde un primer momento por el gobernador Vila, quien ha hecho gala a la vez de eficacia y de una política de austeridad muy en línea con las propuestas de la Cuarta Transformación, a pesar de la diferencia ideológica de los partidos. Parte de la eficacia estará determinada por una transición suave entre el mando de Saidén en los cuerpos de seguridad y las interfaces con la nueva Guardia Nacional que es factible entre pronto en acción.

Este 8 de enero se abre un interesante debate en el congreso nacional para decidir probablemente hacia finales de mes sobre su constitución. Habrá representantes de los gobernadores, alcaldes, sociedad civil organizada, académicos y expertos en seguridad. Valdría la pena que Yucatán hiciera notar su posición.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Gastón Melo

Gastón Melo
Gastón Tadeo Melo Medina ha dedicado su vida profesional al quehacer comunicacional. Doctor en Psicología Social y de las Comunicaciones por la Universidad Louis Pasteur, Estrasburgo, Francia, (1981). Concibió y produjo hasta 2005 “Cumbre Tajín” Fórmula para el encuentro entre altas y bajas identidades. Concibió produjo y animó “Espacio Vanguardia” (EVAC), seminarios, conferencias y actividades para reconocer la perspectiva joven sobre la agenda nacional y global y una plataforma de encuentro y diálogo entre el mundo de las universidades y el de las empresas, habiendo creado redes presentes en 22 países de Iberoamérica (1997/2013). En su función de Productor y Director en diversos medios, ha ganado premios en Cinematografía con la película “Talpa”, adaptando la obra de Juan Rulfo y en televisión con diversos documentales de investigación etnológica, arqueológica y científica. Redactor en Noticieros de Televisa en 1974, corresponsal en Francia hasta 1980. Director de la oficina de la presidencia del Grupo Televisa y vicepresidente de Grupo hasta el 2001; asesor de su Presidente, hasta el 2013. Gastón Melo es socio Director del Sistema de Información Logística (SILOG) desde 1993. Concibió y es rector del Colegio de la Globalización, seminario permanente de formación de cuadros de negociadores con instituciones multilaterales. Asesor de varias empresas y gobiernos y colaborador de la revista Semanario sin Límite desde 2015, Gastón es también, medalla al Mérito Universitario por la Universidad Anáhuac de México y Officier de l’Ordre des Arts et des Lettres, condecorado por el Gobierno de Francia (1998).