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De mitos y chiquillos héroes

conmemoración

Gerardo Australia


Historias para recordar

Imagen: http://www.capital21.cdmx.gob.mx

viernes 14 de septiembre de 2018

Ayer se volvió a conmemorar el asalto al Castillo de Chapultepec por los norteamericanos, en 1847, y con ello la muerte de los famosos Niños Héroes, que ni eran tan niños y ni tan héroes.

En alguna ocasión Germán Dehesa dijo en su programa de radio: “El insostenible mito de los Niños Héroes de Chapultepec es una pura invención fabricada para explotar el patrioterismo y las manipulaciones de los políticos que padecemos.” El gobierno lo censuró y multó, como multaba al viejo Loco Valdés cuando en su programa Ensalada de Locos llamaba Bomberito Juárez al sacrosanto Benemérito oaxaqueño.

niños héroes

Imagen: http://eldecidor.com.mx

Pero Dehesa tenía razón: la historia de nuestro país se manejaba a antojo de cada sexenio. Hoy en día es más difícil por el gran acceso a la información que tenemos, pero las entonces versiones históricas oficiales, como ésta de los Niños Héroes en búsqueda de romantizar y sublimar el espíritu patrio, llegaron a ser verdaderamente ridículas. Por ejemplo: ¿seis cadetes “niños” enfrentaron a mil doscientos hombres armados y entrenados profesionalmente? Esto significa que cada uno de los nenes patrios, que además tenían un promedio de veinte años, se encargaron de nalguear a doscientos güeros cada uno. ¿Acaso eran ninjas?

Hoy en día los historiadores ‒no afiliados al gobierno‒ nos dicen que el famoso guiso de los Niños Héroes contra los norteamericanos no fue como nos lo enseñaron. Primero: “Aquel 13 de septiembre había poco más de ochocientos soldados mexicanos, que fueron apoyados por el batallón activo de San Blas con cuatrocientos hombres más y medio centenar de cadetes del Colegio Militar, no sólo seis”, comenta el divulgador de historia Alejandro Rosas.

Chapultepec

Imagen: www.taringa.net

Sin embargo, el hecho de que sí, en efecto, murieron muchos chamacos entregados de corazón a la causa patria, fue usado por los políticos en turno para ensalzar fervores patrios, lágrima incluida. Hasta el poeta del momento, Amado Nervo, se la creyó y se arrancó con su famoso poema titulado Los niños mártires de Chapultepec (1903) en donde canta:

Morían cuando apenas el enhiesto

botón daba sus pétalos precoces,

privilegiados por la suerte en esto:

que los que aman los dioses mueren presto

¡y ellos eran amados de los dioses!

¡Salchichas!, yo quiero morir así. Pero la verdadera historia nos dice que al final de la batalla de Chapultepec más de cuatrocientos soldados mexicanos salieron por patas desertando y alrededor de seiscientos murieron, chiquillos patrios incluidos. Entonces ¿por qué nada más tenemos que festejar la muerte de seis?, ¿y los otros?

La historia “oficial” nos cuenta que el cadete Juan Escutia prefirió envolverse en la bandera mexicana y aventarse del cerro antes de que el gringo la profanara. Pues nada, en primera no era cadete del Colegio Militar, sino un soldado del batallón de San Blas que se llamaba Juan Bautista Pascacio Escutia Martínez, quien además era un tirador apostado en la ladera y que al ser baleado cayó desde lo alto: “Escutia no murió por un salto ni envuelto en una bandera, cayó abatido a tiros junto con Francisco Márquez y Fernando Montes de Oca cuando intentaban huir desde arriba hacia el jardín Botánico”, vuelve a comentar Alejandro Rosas. Al final de la trifulca, la bandera mexicana sí la capturaron los norteamericanos y fue devuelta a México hasta el sexenio del presidente José López Portillo (1976-1982).

niños héroes

Imagen: www.mexicoescultura.com

Sería durante el periodo del presidente Miguel Alemán (1946-1952) que el gobierno se apresuró a sacar algo de su “closet de conveniencia histórica” para engrandecer el orgullo patrio, esto a raíz de que por primera vez en la historia un presidente norteamericano, Harry Truman, pisaba nuestro país en 1947. Además se conmemoraban cien años de la paliza que nos pusieron en Chapultepec, así que fue buen momento para sacar el conejo del sombrero de copa, y qué mejor que el cuento de la chiquillería caída en manos güeras. Así se mandó a construir el hoy conocido monumento a los niños héroes, en donde el presidente norteamericano, para tratar de caernos bien, colocó flores y dijo: “Un siglo de rencores se borra con un minuto de silencio”.

Vuelve Alejandro Rosas a decir: “El homenaje tocó las fibras más sensibles del nacionalismo mexicano y desató el repudio hacia el vecino del norte, a tal grado que, al caer la noche, cadetes del Colegio Militar retiraron la ofrenda del monumento y la arrojaron a la embajada estadounidense.”

niños héroes

Castillo de Chapultepec (Foto: www.capital21.cdmx.gob.mx).

Lo peor vino después, cuando el gobierno de Alemán, dando patadas de ahogado, mandó a decir que de pronto a pie del peñón de Chapultepec se encontraron seis calaveras, pertenecientes estas a los seis chiquillos héroes: “La supuesta autenticidad fue apoyada por varios historiadores y por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. Nadie se atrevió a contradecir la verdad histórica, avalada por el presidente, con un decreto donde declaró que aquellos restos pertenecían indudablemente a los niños héroes.” O sea: entre los cientos de muertos regados por todos lados, seis de ellos amanecen sepultados en el mismo lugar “para gloria de México”. Ahora díganle NO al Presidente.

Desde entonces la leyenda de los Niños Héroes sigue vigente y aunque sabemos a ciencia cierta que la historia oficial y sus calaveras son un “fraude óseo”, la creencia en la historia bonita del héroe tierno caído ante el perverso enemigo nos sigue mitificando las tremendas ganas de justificar nuestras pérdidas y, como dijo el poeta Carlos Pellicer, nuestras dos obsesiones como pueblo: el gusto por la muerte y el amor por las flores.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

3 comentarios

  1. Hola Gerardo.
    Excelente análisis del evento histórico mañosamente deformado por las autoridades educativas, con el aval de los gobiernos, que se aprovechan de la ignorancia y buena fé de muchos mexicanos para exacerbar el “amor a la patria”, dejando de lado hechos verdaderos que convenientemente no se incluyen en las clases de historia, como por ejemplo como los distintos gobiernos que hemos padecido se han encargado de darle en la progenitora a este país.
    Y la tan llevada y traida “reforma educativa” ¿considerará hacer algo al respecto? o solamente seguirá la linea de ocuparse de los “maestros”, sus demandas y reclamos, dejando de lado a nuestros niños, solamente para justificar que “juntos haremos historia” (ellos, los del nuevo gobierno).
    Gracias.
    Un abrazo.

  2. Excelente nota como siempre mi querido amigo.
    Todos hemos crecido con la enorme manipulación de los libros de la SEP, sobre todo desde los años 50 hasta los años 80, donde ha sido más determinante para las creencias de los que alguna vez no teníamos otras fuentes de información.
    En mi caso, sabía que era un mito, pero siempre conocer los detalles de la manera en que los colocas, es enriquecedor y divertido el aprendizaje.
    Muchas más notas por favor!

    Un gran abrazo!
    Alfonso Cervera

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Sobre Gerardo Australia

Gerardo Australia
Músico, escritor de divulgación histórica y compositor con estudios en el Conservatorio Nacional de Música de México, en el Real Conservatorio de Madrid en España y en el Boston Conservatory en Estados Unidos. Ha conformado un repertorio con un amplio rango de géneros musicales que van desde letras pop como Tierra dorada (en coautoría con Memo Méndez Guiú), con Timbiriche, canciones de telenovela como Alcanzar una estrella, premio TVyNovelas a la Mejor Canción de 1992, y Muñecos de papel, interpretada entre otros por Ricky Martin, hasta proyectos alternativos como el primer cortometraje mexicano con animación en plastilina Sin sostén, el tema principal del programa Conversando con Cristina Pacheco, el documental 1910, La revolución espírita, acreedor al galardón Pantalla de Cristal a la Mejor Música, y los largometrajes Propiedad ajena (2007) y Gloria (2014). Como escritor colabora para los periódicos Reforma, Milenio Diario y La Jornada, así como para la revista Relatos e Historia en México y Replicante. Ha sido columnista de los portales Wikiméxico y SomosCultura. En 2015 Conaculta publicó su ensayo Francisco Gabilondo Soler: su obra y sus pasiones; una herencia para México, acercamiento sin precedente a la vida y obra del Grillito cantor Cri-Cri, mientras que en 2016 SACM le otorgó el reconocimiento Trayectoria por sus 25 años como compositor. También ha incursionado en el medio publicitario componiendo música para destacadas agencias en México y el extranjero tales como Mattel, Coca-Cola, Ford, Adidas, Cadbury, Bimbo, Budweiser, Kimberly-Clark, Nokia, Mars & Co., Corona y Volkswagen, entre muchas otras, trabajo gracias al cual ha sido acreedor —en México y Argentina— a premios como FIAP, BDA y Círculo Creativo. En 2008 fue comisionado para componer el himno y la melodía principal para el parque de diversiones Kidzania, temas que son escuchados en ciudades de 19 países tales como Japón, Dubai, Lisboa, Chile, Yakarta, Seúl e India. También a partir de este año realiza música original para los reportajes especiales del Teletón. Siempre involucrado y preocupado por una mejor música infantil mexicana, Gerardo Australia tiene más de 10 producciones para niños, con Editorial Trillas, que van desde ejercicios musicales sicomotrices hasta baladas tradicionales mexicanas, así como composiciones y producciones para artistas de gran tradición como Chabelo, para quien escribió canciones como Huarachón, Mi familia y Mi primo Johny, por mencionar algunas.