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Presidenteando ando

banda presidencial de México

Gerardo Australia


Historias para recordar


viernes 30 de noviembre de 2018

Ya que andamos con mirada de chivo atribulado ante el futuro incierto por los cambios presidenciales, no cae mal enterarse de algunas curiosidades históricas (léase chismes) de algunos viejos presidentes:

La persona con más edad en llegar a la presidencia fue el veracruzano José Ignacio Pavón, quien tenía 69 años. Lo singular es que Pavón nada más fue presidente por un día, en agosto de 1860. Curiosamente, cedió el poder a quien hasta ahora es el presidente más joven de nuestra historia: el capitalino Miguel Miramón, que contaba con 28 añitos, y a quien fusilaron junto a Maximiliano de Habsburgo. Lo que no tenía de ambicioso Miramón (jamás hizo dinero), lo tenía de ojo alegre: ¡Ah, cómo le dio lata a su santa mujer, doña Concepción Lombardo de Miramón!, pues hasta días antes de su muerte el prócer infiltró algunas nenas a su encierro de Querétaro, mientras su esposa rogaba a Juárez que perdonara a su media naranja. Vale mucho la pena leer las memorias de esta atribulada mujer, quien le aguantó hasta el final sus infidelidades y jamás lo abandonó. Muerto Miramón, doña Concepción y sus hijos sobrevivieron gracias a la pensión que de antemano el buen Maximiliano dejó bien guardada en Austria para su compañero de fatigas.

José Ignacio Pavón

José Ignacio Pavón (1791-1866).

Si el general Pavón tuvo un día para saber lo que se sentía ser el más fuerte del país, el licenciado capitalino Pedro Lascuráin Paredes también lo supo, pero nada más de las 17:15 a las 18:00 horas del 19 de febrero de 1913: ¡45 minutos de superpoder!, el tiempo justo para sentarse en la afamada Silla, ver desde ahí la oficinota, ir al baño y regresar a preparar el papeleo para darle la presidencia nada menos que al jalisquillo Victoriano Huerta, quien, como sabemos, ha pasado a la historia como un traidor de sangre fría y un hombre de frialdad espeluznante a la hora de despachar amigos y enemigos por igual.

Pero aún los pérfidos presidentes tuvieron cosas buenas: Huerta creó el Ministerio de Agricultura, encargado de repartir las tierras, fomentar el fraccionamiento de haciendas y crear escuelas experimentales para mejorar la agricultura. También se preocupó por la alfabetización, construyendo cinco mil escuelas en zonas marginadas donde se aprendía, primero que todo, a hablar español, después a leer, escribir y a hacer operaciones aritméticas. Fue él quien impuso un día de descanso obligatorio en la jornada laboral.

presidentes mexicanos

Victoriano Huerta (1845 – 1916).

Sin duda, la muerte de Huerta fue una de las más horribles que puede sufrir un hombre: Delirium tremens. Estando en su exilio en Texas y con un alcoholismo avanzado, la familia decidió encerrarlo en un cuarto, cometiendo el error de cortarle el alcohol de tajo, cosa que no se debe hacer, sino paulatinamente.

Y hablando de salud: hubo presidentes jóvenes con pésima salud y viejos con un vigor poca veces visto. De los primeros, está quien fue el primer presidente de nuestro país, el duranguense José Miguel Ramón Adauto Fernández y Félix, mejor conocido como Guadalupe Victoria, quien asumió el poder a los 38 años, en 1824. Hijo de una familia acaudalada dueña de minas, a Miguelito lo mandaron a estudiar a la capital a lo que correspondería a la Ibero, la entonces afamada San Ildefonso. De ahí pasó al ejército, donde siguió llevando vida de catrín. Se dice que durante las campañas no dejaba que le sirvieran la comida como a los demás, sino en sus platos especiales y cubiertos de plata que llevaba en una canasta portátil.

Desgraciadamente, Victoria sufrió toda su vida de epilepsia, que por cierto no es enfermedad, sino la manifestación de una alteración cerebral. Victoria sufría ataques feroces y quizás eso lo llevó a tener una vida de solterón, por lo menos hasta sus últimos años que se casó con una buena mujer, María Antonia Bretón de los Herreros, quien en una carta a su hermana dijo: “La noche anterior tuvo un ataque que lo dejó sin fuerzas. El médico estuvo acompañándome hasta la madrugada. Estaba muy preocupado, ya que esta última crisis fue de lo más violenta, duró por espacio de media hora, habiendo arrojado espuma blanca por la boca, y sus gritos se oyeron por toda la fortaleza.”

Otro presidente joven con pésima salud fue el poblano Manuel Ávila Camacho, el primer presidente en mandar soldados mexicanos a servir fuera del país (Segunda Guerra Mundial). En las fotografías de su toma de posesión, en 1940, observamos a un hombre que se ve anciano, con una papada proverbial tipo “bufanda”, gordazo de miedo, pero nos enteramos que tenía ¡44 años! Su dañada salud se debía en parte por su obesidad morbosa. Durante los seis años de su mandato siempre estuvo enfermo y tuvo tres infartos, que por supuesto se escondieron al público. ¿De qué murió don Manuel? Faltaba más: de un infarto.

expresidentes de México

Manuel Ávila Camacho (1897 – 1955).

En cambio, quien tuvo una salud prodigiosa toda su vida fue el presidente michoacano Lázaro Cárdenas, quien asume el poder a los 39 años. Cárdenas, que no acabó la primaria, fue un consumado andarín: el hombre caminaba incansablemente durante horas o días. Inteligente y un tipo verdaderamente de primera, Cárdenas fue bondadoso, modesto y con una empatía para con los otros de elogio: se dice que, durante su estancia en el ejército, ayudaba a escapar a sus prisioneros antes de que le ordenaran fusilarlos. Fue Cárdenas el primero en negarse a mudarse al Castillo de Chapultepec, por pomposo, prefiriendo hacer la residencia oficial en el rancho La Hormiga, al lado del bosque, llamado ahora Los Pinos, en honor al huerto donde conoció a su esposa, Amalia Solórzano. Cárdenas salió por primera vez del país a los 62 años.

Sabemos que una de las particularidades de López Obrador es su terca resolución de no traer guardia de seguridad. Si tomamos en cuenta que la historia se repite, pues ojalá alguien le cuente al “Peje” que al presidente sonorense Álvaro Obregón lo mataron precisamente por su terquedad de no traer escolta, esto en 1928. Si hubiera tenido guardia no lo matan tan fácilmente. Y además se hubieran aclarado muchas cosas, porque en la autopsia que se le practicó no sólo aparecieron los siete balazos que traía la pistola del dibujante asesino, sino trece, ¿quién dio la ayudadita?

Álvaro Obregón

Álvaro Obregón (1880-1928).

Ahora bien, no era el primer atentado que Obregón sufría: un año antes habían intentado dinamitarlo mientras viajaba en su auto, sin escolta. Después en un viaje en tren de Arizona a Sonora, él y el amigo con el que viajaba, sin escolta, compartieron camarote. Por razones del destino y contra la lógica, pues Obregón no tenía brazo, decidió dormirse en la molesta litera de arriba. Ya dormidos alguien entró al camarote y, por lógica, abrió fuego contra quien creía era Obregón en la cama de abajo. Si hubiera tenido escolta esto no sucede.

Y para terminar:

Uno creería que el capitalino Carlos Salinas de Gortari, que por cierto ganó una medalla de plata en equitación en los Juegos Panamericanos de 1971, fue el presidente más chaparro que hemos tenido, pero nada: el oaxaqueño Benito Juárez superó a todos midiendo 1.37 m. Juárez fue el primer padre de familia en ir al Registro Civil para registrar a un hijo, en 1860. Este gran personaje no bebía mucho alcohol, pero era un fumador empedernido (ocho puros al día), además de entrarle al taco con alegría y no hacer absolutamente nada de ejercicio, ni siquiera caminar porque todo lo resolvía en carruaje, su juguete favorito (todos los días salía a dar sus vueltas). Este tren de vida lo llevó a que un día de julio de 1872, mientras despachaba en Palacio Nacional, sintiera de pronto un calambre dolorosísimo en el corazón, mismo que lo tiró al piso. Para revivirlo los doctores hubieran querido aplicar un efectivo tratamiento entonces de moda: choques eléctricos. Pero en Palacio no había electricidad. Entonces decidieron aplicar algo más drástico: le echaron una cubeta de agua hirviendo al corazón. El impacto y dolor revivió de un latigazo al presidente, cuyo pecho quedó severamente ampulado por las quemaduras. Dos horas después le volvió la punzada y le volvieron a echar más agua hirviendo, pero ya no reaccionó. ¿De qué murió, del infarto o por las quemaduras? Misterio.

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Benito Juárez (1806 – 1872).

Y otro presidente solterón de toda su vida fue el poblano Ignacio Comonfort, que por cierto era tan pobre que, cuando lo nombraron presidente, en 1855, tuvo que pedir prestado para comprar un traje.

Y qué bueno que nada más fue presidente por 31 días, en 1853, porque la verdad nadie se hubiera aprendido el nombre del duranguense Juan Bautista Loreto Mucio Francisco José de Asís de la Santísima Trinidad Ceballos Gómez Sañudo.

Y el sonorense Plutarco Elías Calles, presidente en 1924, es considerado el más anticlerical de nuestra historia, al establecer la Ley de Tolerancia de Cultos (Ley Calles), la cual prohibía toda participación del clero en cuestiones de gobierno. Esta ley originó la afamada Guerra Cristera. Pues nada, se cuenta que cuando niño, Plutarquito era un entusiasta monaguillo, hasta que lo descubrieron robándose las limosnas para comprar dulces.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

13 comentarios

  1. Luis Enrique Avila Guzman

    Excelentes, divertidas y curiosas anecdotas, muy a tono con el dia. Gracias Gerardo

  2. Muy oportuno y como siempre divertido y ameno

  3. Como siempre, tan peculiar manera de narrar temas de gran interés!
    Aplausos!
    Alfonso Cervera

  4. Muy divertido e ilustrativo! 👌👍🏻

  5. Interesante!!! Yo no sabía cómo murieron varios presidentes, muy buena información y con su toque relajado y ameno se hizo una lectura emocionante.

  6. Estimado Gerardo

    Juárez medía 1.47 m.

    Saludos.

  7. Te leo y te veo estimado Gerardo. Absolutamente genial. Gracias por el humor en los tiempos del cólera. Abrazo

  8. eduardo guerrero

    Gerardo muy bueno e interesante !! saludos

  9. Muy interesante mi Gee

  10. Fernando Guerrero

    Excelente. Recopilación de anécdotas

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Sobre Gerardo Australia

Gerardo Australia
Músico, escritor de divulgación histórica y compositor con estudios en el Conservatorio Nacional de Música de México, en el Real Conservatorio de Madrid en España y en el Boston Conservatory en Estados Unidos. Ha conformado un repertorio con un amplio rango de géneros musicales que van desde letras pop como Tierra dorada (en coautoría con Memo Méndez Guiú), con Timbiriche, canciones de telenovela como Alcanzar una estrella, premio TVyNovelas a la Mejor Canción de 1992, y Muñecos de papel, interpretada entre otros por Ricky Martin, hasta proyectos alternativos como el primer cortometraje mexicano con animación en plastilina Sin sostén, el tema principal del programa Conversando con Cristina Pacheco, el documental 1910, La revolución espírita, acreedor al galardón Pantalla de Cristal a la Mejor Música, y los largometrajes Propiedad ajena (2007) y Gloria (2014). Como escritor colabora para los periódicos Reforma, Milenio Diario y La Jornada, así como para la revista Relatos e Historia en México y Replicante. Ha sido columnista de los portales Wikiméxico y SomosCultura. En 2015 Conaculta publicó su ensayo Francisco Gabilondo Soler: su obra y sus pasiones; una herencia para México, acercamiento sin precedente a la vida y obra del Grillito cantor Cri-Cri, mientras que en 2016 SACM le otorgó el reconocimiento Trayectoria por sus 25 años como compositor. También ha incursionado en el medio publicitario componiendo música para destacadas agencias en México y el extranjero tales como Mattel, Coca-Cola, Ford, Adidas, Cadbury, Bimbo, Budweiser, Kimberly-Clark, Nokia, Mars & Co., Corona y Volkswagen, entre muchas otras, trabajo gracias al cual ha sido acreedor —en México y Argentina— a premios como FIAP, BDA y Círculo Creativo. En 2008 fue comisionado para componer el himno y la melodía principal para el parque de diversiones Kidzania, temas que son escuchados en ciudades de 19 países tales como Japón, Dubai, Lisboa, Chile, Yakarta, Seúl e India. También a partir de este año realiza música original para los reportajes especiales del Teletón. Siempre involucrado y preocupado por una mejor música infantil mexicana, Gerardo Australia tiene más de 10 producciones para niños, con Editorial Trillas, que van desde ejercicios musicales sicomotrices hasta baladas tradicionales mexicanas, así como composiciones y producciones para artistas de gran tradición como Chabelo, para quien escribió canciones como Huarachón, Mi familia y Mi primo Johny, por mencionar algunas.