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¡A desenchinar esto, compadre!

asesinato-linchamiento

Gerardo Australia


Historias para recordar

Ilustración sobre la matanza de chinos en México.

viernes 11 de enero de 2019

Sin duda uno de los pasajes más vergonzosos y terroríficos de nuestra historia es el injustificado asesinato-linchamiento de trescientos tres chinos en Torreón, Coahuila, entre el 13 y 15 de mayo de 1911. Cobarde también la terca campaña antichina, racista, violenta y hasta ridícula (cuando se fue al discurso higiénico-sanitario), que los mexicanos siguieron avalando hasta mediados de los años treinta. Esto en un país que siempre ha presumido de hospitalario y pacífico para con los extranjeros.

Obviamente la masacre de Torreón ‒que no fue la única en México, pero sí la mayor en América‒ se tapó a tal grado que con el paso del tiempo se convirtió en cuento chino, de los que se platican en la sobremesa familiar con el bodoque sentado en las rodillas del abuelo.

masacre de chinos

Tropas revolucionarias en Torreón, Coahuila (Foto: Archivo de Harold Miller/BBC).

La ambición por modernizar México llevó al gobierno de Porfirio Díaz a invertir grandes cantidades sobre todo en comunicaciones. Así se construyó el Ferrocarril Central Mexicano, que unió Ciudad Juárez, Chihuahua, con la Ciudad de México. En 1883 en la zona Lagunera de Coahuila se mandó a construir en medio de una ex hacienda, con menos de trescientos habitantes y de nombre El Torreón, una estación de tren de paso. Años después, desde ahí se construyó otro ramal ferroviario que llegó hasta Eagle Pass.

El bum no se hizo esperar y para principios del siglo XX Torreón era el tercer puerto ferroviario del país y contaba con catorce mil habitantes engolosinados con la utopía norteña. Además de la rica agricultura algodonera, había “una fábrica de jabón, de hilados y tejidos, una cervecería, una ladrillera, otra fábrica de muebles, de refrescos y dulces, una fundidora y la guayulera Continental Rubber & Co”, cuenta Julián Herbert, autor de la hasta ahora mejor crónica que enfrenta, desmitifica y publica los terribles hechos en La casa del dolor ajeno (2015).

Ferrocarril mexicano (Foto: México Desconocido).

Chinos siempre ha habido en México, pero la primer gran inmigración fue hacia la segunda mitad del XIX, cuando Cuba expulsó a cientos de ellos. Aquí se aceptaron como trabajadores agrícolas o empleados en la construcción del ferrocarril. En 1895 había novecientos chinos en México; no venían en calidad de esclavos, como lo eran en Cuba, pero el trato que se les daba no distaba mucho de ser igual. Por otro lado, en 1882 nuestro vecinito del norte, alegando que el chino le quitaba el trabajo al hombre blanco, les prohibió la entrada al país y de paso expulsó a la comunidad oriental, quienes se jalaron para acá, asentándose en los estados norteños. Ahí los chinos, trabajadores incansables de perfil bajo, prosperaron rápidamente y pronto fueron dueños de lavanderías, panaderías, boticas, tiendas de abarrotes, hortalizas, hoteles, cantinas y, faltaba más, fumaderos de opio y burdeles.

Todavía los chinos en suelo mexicano se vieron más favorecidos, cuando en 1899 don Porfirio firmó el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre México y China, permitiéndoles la entrada al país sin limitaciones, para que se aplicaran a cualquier negocio, garantizando sus intereses, aunque la idea era traerlos como mano de obra, pues era la más barata. Por supuesto, los reclamos de nuestros paisanos no se hicieron esperar, y ante la amenaza comercial y laboral se desató una campaña antichina.

masacre

La opinión general sobre los chinos en México la podemos leer en una nota del periódico Siglo XIX (24-9-1871): “El pueblo chino es el más antiguo del mundo y a su vez el menos civilizado. Está acostumbrado a la miseria y dominado por la avaricia (…) La poligamia que es permitida en su país natal ha destruido casi por completo a la familia (…) Son dóciles no por virtud sino por su objeción y cobardía.” Además, se les reclamaba que nunca se integraban, que sólo daban empleo a sus compatriotas y que “nada más consumen productos que importan de su país.”

Sin embargo, el chino emprendedor no se detuvo: “En 1901 la colonia china en Torreón era una de las más prósperas y notables de la región, conformada casi en su totalidad por varones dueños de exitosos negocios”, comenta Herbert. Asimismo, tenían líderes poderosos, como el rico comerciante Foon Chuck, cuya habilidad comercial lo llevó a fundar el Banco Wah Yick, institución de ahorro y crédito de gran importancia en la región, que desde luego apoyaba mucho a los suyos.

chinos

Vista del banco Wah Yick antes de la matanza, 1911 (Foto: El Siglo de Torreón).

Tres años después la floreciente y organizada familia china en Torreón fundó la Asociación Reformista del Imperio Chino, presidida por el inquieto Foon Chuck, que para desagradar todavía más a nuestro paisanaje creó la exitosa Compañía de Tranvías Wah Yick.

No tardó aquella bonanza china en atraer a algunos inversionistas, quienes viajaron hasta la ciudad norteña para comprar tierras y establecimientos. Uno de ellos se asoció con el travieso Foon Chuck para fundar un negocio de palabras mayores: La Compañía Bancaria Chino Mexicana, “subsidiaria de una Corporación Comercial que tenía como objetivo la compra y venta de bienes raíces y la transferencia de fondos a Nueva York y Hong Kong.”

En 1910 había trece mil chinos en México (aproximadamente 750 en Coahuila) y los ánimos en contra de ellos estaban ya recargaditos: “En las fiestas del centenario de 1910, el general porfirista Leonardo Escobar, en la ceremonia de la noche del 15 de septiembre, gritó tres vivas a México mientras la multitud desafiante al unísono replicaba tres veces: ¡Viva Madero! Por otro lado, esa misma noche, otros torreonenses vociferaban: ¡Mueran los chinos! Al día siguiente varias vidrieras de negocios cuyos dueños eran chinos amanecieron apedreadas”, Herbert dixit.

Coahuila

Masacre de chinos en Torreón.

En plena Revolución, en 1911, los maderistas que ocupaban el poblado de Gómez Palacio, Durango, celebraron la Batalla de Puebla con un desfile y la consabida serie de discursos. Uno de los oradores más ardientes fue el albañil Jesús Flores, quien olvidándose de Zaragoza y sus cuates comenzó a denunciar los gravísimos daños que los chinos causaban en la sociedad mexicana. El populo vitoreó y se infló.

A la semana siguiente, en la mañana del sábado 13 de mayo, los maderistas comenzaron su ataque contra la guarnición federal agazapada en Torreón, entonces sucedió lo peor… para los chinos: “El cabecilla revolucionario Benjamín Argumedo ordenó a sus tropas el asalto al Banco Wah Yick; ninguno de sus ocupantes salió vivo. Después salió rodando la caja fuerte del banco. Con hachas y fierros se logró al fin forzar la cerradura; en su interior había guardado mucho dinero, ya monedas de oro, ya billetes mexicanos y estadounidenses. Parte de ese botín fue conformado por pequeños ahorros conseguidos con mucho esfuerzo a través de un estilo de vida extremadamente austero que caracterizaba a los chinos.”

revolución mexicana

General Benjamín Argumedo (1876 – 1916).

El ataque feroz contra los amarillos continuó hasta el día 15. Aunque se sabían en peligro, nunca tuvieron tiempo de defenderse. Un testigo presencial, el periodista Delfino Ríos, escribió: “Las calles de Torreón a las tres de la tarde estaban cubiertas de cadáveres… La consternación en que quedó la ciudad es indescriptible, no hay palabras con que expresarla.” Herbert cuenta que el yerbero José María Grajeda, dueño de un puesto en el parián, pasaba a caballo gritando desaforado: “¡A matar chinos, muchachos!”.

No hace falta decir que la matanza se hizo con extrema crueldad y un resentimiento que reveló un odio más allá de la guerra. En su libro sobre los hechos, Entre el Río Perla y el Río Nazas (1993), el autor Juan Puig dice: “Al tiempo que saqueaban, buscaban a los chinos y los mataban a tiros en sus escondites, otros a machetazos: entre los cadáveres llegó a verse muchos mutilados. O los sacaban a la calle para acribillarlos. Los cadáveres de los tenderos y empleados chinos eran arrastrados afuera o arrojados por encima de las bardas, y se los dejaba tendidos en la calle. Un testigo de la matanza, el comerciante Charles W. Enders, declaró haber visto incluso cómo unos niños, mexicanos, venían a patear en la cabeza a los cadáveres.”

matanza

El pretexto que se dio para el “pequeño genocidio” fue que los amarillos habían apoyado disparando al equipo contrario. Esto jamás sucedió. Lo que sí sucedió es que los federales usaron los establecimientos chinos para de ahí disparar, pero ellos nunca tomaron parte en la batalla: “A los chinos de Torreón los mató el pueblo. El pueblo menesteroso: ése fue su verdugo, lo mismo si cayeron bajo las balas de los guerrilleros maderistas que bajo los machetes y cuchillos de obreros y campesinos de La Laguna”, dice Puig.

La noticia de la matanza recorrió el mundo. Inmediatamente el gobierno chino pidió cuentas. El recién presidente electo, Francisco I. Madero, asumió la responsabilidad y aceptó pagar la indemnización de tres millones cien mil pesos. Desgraciadamente asesinaron a Madero y el pago no se cumplió.

En 1921 el gobierno chino retomó el asunto. Nadie le respondió. Lo volvió a hacer en 1924: “Hola, don Ching, es que el presidente no está, salió a comprar elotes”. En 1927 por fin los mexicanos contestaron: “… pos nomás tenemos quinientos mil pesos.” ¡Venga!, dijeron los hijos de Cantón. Pues nada, hasta ahora los chinos siguen esperando su compensación.

México

Foto: Chino Arte Lengua.

Para mediados de los veintes el antichinismo volvió a tomar fuerza con tonos hasta pseudocientíficos e higienistas, pues se les acusaba, aparte de “degenerados”, ser portadores “tuberculosis, sífilis y lepra”. Un diputado sinaloense comentó: “Los chinos no han probado ser elementos útiles sino degeneradores de nuestra raza”. El objetivo era expulsar a como diera lugar a los chinos, y al parecer algo se logró, pues de los veintiséis mil chinos que había en 1937, en 1940 nada había cinco mil chinos legales.

El nada gracioso relajito antichino tuvo que terminar cuando Japón declaró la guerra a China en el marco de la Segunda Guerra Mundial y nosotros nos aliamos con Estados Unidos. Quizás actualmente las relaciones de México con China son las de dos países que se respetan mutuamente, pero están creciendo poderosamente y quizás nos la tienen guardada.

conmemoración

Estatua del Hortelano, en el bosque Venustiano Carranza, fue colocada en el lugar donde los chinos tenían los sembradíos de legumbres para rescatar la memoria de esta comunidad, que aún a pesar de la tragedia siguió creciendo y apoyando al desarrollo de la región. Tras la develación de la placa, Perlita Lee, descendiente de chinos, anunció la colocación de una cápsula del tiempo que contiene un mensaje para las futuras generaciones.

Mientras tanto en su plegaria a Dios, el “dios de todos los seres, de todos los mundos y de todos los tiempos”, Voltaire dice:

No nos has dado un corazón para odiarnos y manos para degollarnos:

haz que nos ayudemos los unos a los otros a soportar el peso de una vida dolorosa y pasajera;

que las pequeñas diferencias entre las vestimentas que cubren nuestros cuerpos débiles, entre nuestras lenguas limitadas, entre todas nuestras costumbres ridículas, entre todas nuestras leyes imperfectas (…)

 que todos estos pequeños matices que distinguen a los átomos llamados seres humanos no sean señales de odio y de persecución.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

15 comentarios

  1. Oscar Gabilondo

    Las páginas negras en la historia de México.
    Ojalá y no nos tengan el tema guardado entre los pendientes de la relación México China.
    Gracias Gerardo.

  2. Gerardo Australia
    Gerardo Australia

    Muchísimas gracias por leer, estimado Oscar!!
    Yo creo que sí, en efecto, los chinos no la tienen guradada.

  3. Gerardo Australia
    Gerardo Australia

    ERRATA GRANDE:
    GOMEZ PALACIOS NO ES COAHUILA, ES DURANGO, aunque durante la Revolución las demarcaciones en la zona Lagunera se vieron comprometidas, incluyendo Matamoros, Gomez Palacios siempre siguió siendo Durango…

    Agradezco mucho a mi gran amigo Pedro “El Oso” García Carrasco por corregirme!!!….

  4. LUIS ENRIQUE AVILA GUZMAN

    Conozco a algunas personas mayores que tienen una fuerte repulsión por los chinos y los orientales en general y núnca había entendido porque, de hecho no me daban una razón justificada. Ahora gracias a tu relato entiendo que en su infancia vivieron esta campaña antichinos. Gracias, un abrazo

    • Gerardo Australia
      Gerardo Australia

      Como siempre mil gracias por leer, estimado Luis!
      Cierto, la xenofobia es inherente en el ser humano…
      un gran abrazo

  5. Extraordinaria narrativa, felicidades y gracias por compartir!!

  6. ANGELES VILLANUEVA

    Que impactante… han cambiado las formas y los objetivos, más no estoy segura que hoy seamos mejores humanos, que hayamos aprendido algo después de tropezar 857 veces con la misma piedra.

    Y si, seguro los chinos tienen algo reservado y no es arroz frito.

    Gracias Gerardo!!

    • Gerardo Australia
      Gerardo Australia

      jajajaja!!!…Ya la extrañaba, doña Ángeles!!…Como siempre le agradezco mucho que me haga el favor de leerme y por sus siempre atinados comentarios!!
      Reciba un gran abrazo

  7. Fernando Carlos García Alonso

    Gracias por compartir estos datos olvidados tan interesantes mi buen amigo Gerardo..!! muy interesante como todos tus articulos. Recibe un fuerte abrazo.

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Sobre Gerardo Australia

Gerardo Australia
Músico, escritor de divulgación histórica y compositor con estudios en el Conservatorio Nacional de Música de México, en el Real Conservatorio de Madrid en España y en el Boston Conservatory en Estados Unidos. Ha conformado un repertorio con un amplio rango de géneros musicales que van desde letras pop como Tierra dorada (en coautoría con Memo Méndez Guiú), con Timbiriche, canciones de telenovela como Alcanzar una estrella, premio TVyNovelas a la Mejor Canción de 1992, y Muñecos de papel, interpretada entre otros por Ricky Martin, hasta proyectos alternativos como el primer cortometraje mexicano con animación en plastilina Sin sostén, el tema principal del programa Conversando con Cristina Pacheco, el documental 1910, La revolución espírita, acreedor al galardón Pantalla de Cristal a la Mejor Música, y los largometrajes Propiedad ajena (2007) y Gloria (2014). Como escritor colabora para los periódicos Reforma, Milenio Diario y La Jornada, así como para la revista Relatos e Historia en México y Replicante. Ha sido columnista de los portales Wikiméxico y SomosCultura. En 2015 Conaculta publicó su ensayo Francisco Gabilondo Soler: su obra y sus pasiones; una herencia para México, acercamiento sin precedente a la vida y obra del Grillito cantor Cri-Cri, mientras que en 2016 SACM le otorgó el reconocimiento Trayectoria por sus 25 años como compositor. También ha incursionado en el medio publicitario componiendo música para destacadas agencias en México y el extranjero tales como Mattel, Coca-Cola, Ford, Adidas, Cadbury, Bimbo, Budweiser, Kimberly-Clark, Nokia, Mars & Co., Corona y Volkswagen, entre muchas otras, trabajo gracias al cual ha sido acreedor —en México y Argentina— a premios como FIAP, BDA y Círculo Creativo. En 2008 fue comisionado para componer el himno y la melodía principal para el parque de diversiones Kidzania, temas que son escuchados en ciudades de 19 países tales como Japón, Dubai, Lisboa, Chile, Yakarta, Seúl e India. También a partir de este año realiza música original para los reportajes especiales del Teletón. Siempre involucrado y preocupado por una mejor música infantil mexicana, Gerardo Australia tiene más de 10 producciones para niños, con Editorial Trillas, que van desde ejercicios musicales sicomotrices hasta baladas tradicionales mexicanas, así como composiciones y producciones para artistas de gran tradición como Chabelo, para quien escribió canciones como Huarachón, Mi familia y Mi primo Johny, por mencionar algunas.