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Circo, maroma y Roma

Ricardo Bell el Payaso

Gerardo Australia


Historias para recordar

Fuente: mxcity.

viernes 1 de marzo de 2019

¿Porqué las calles de la colonia Roma responden a nombres de ciudades de la República? Con calles como Tepic, Jalapa, Mérida o Campeche, esta colonia, una de las más tradicionales de la ciudad, vuelve a ser centro de atención gracias a la explosión mediática que le dio la película del mismo nombre, del director Alfonso Cuarón, que por cierto está más aburrida que los monólogos mañaneros de nuestro mandatario.

El responsable de bautizar las calles con nombres de ciudades fue el empresario Walter Orrín, quien junto con su hermano llegó a México en 1872 en gira de trabajo. Los Orrín, de origen inglés, eran cirqueros, y al darse cuenta del negociazo que eran este tipo de espectáculos en nuestro país decidieron mejor quedarse y abrir el Circo Teatro Orrín, que pronto se convirtió en uno de los mejores del mundo y que durante veintiséis años ininterrumpidos en México fueron “ocasión de contento”, como se decía antes, de chicos y grandes, ricos y pobres… y algunas fieras.

Walter Orrín

Fuente: Mxcity.com.

Por supuesto, los Orrín se hicieron millonarios. Fue entonces que Walter decidió explotar su lado empresarial y visionario, especialmente en los bienes y raíces, un negocio sumamente atractivo en ese tiempo, pues el rápido crecimiento urbano durante el porfiriato obligó a que se desarrollaran nuevas colonias, fraccionamientos que con gran novedad ofrecían servicios jamás antes vistos: agua potable, drenaje, luz y calles pavimentadas, anchas y airosas (ejemplo: la avenida Álvaro Obregón mide cuarenta y cinco metros de ancho).

Walter Orrín creó la Compañía de Terrenos de la Calzada de Chapultepec, S.A., que duró poco, pero le permitió relacionarse con gente influyente y con familias ricas, como los Lascuráin. Los Lascuráin eran dueños de unos grandes terrenos cuyos límites eran entre lo que hoy se conoce como avenida Cuauhtémoc, el antiquísimo pueblo-rancho-hacienda La Romita, con sus famosos potreros, y la hacienda de La Condesa de Miravalle.

Fue así como en 1902 Walter Orrín y Pedro Lascuráin se asociaron junto con otras personas y solicitaron al gobierno autorización para fraccionar aquellos terrenos que se convirtieron en la Colonia Roma. En ese momento Pedro Lascuráin, de profesión abogado y de cuarenta y seis años, no se imaginaba ni tantito que once años después (1913) terminaría siendo presidente de la República por cuarenta y cinco minutos, cuando entró al quite tras la abrupta renuncia del ilustre Pancho Madero, para después darle la banda al chacal Victoriano Huerta.

Colonia Roma

Panorama de lo que era la colonia Roma (Imagen: mxcity.mx).

Cabe mencionar que, por supuesto, no se podía dejar al jefe máximo afuera de ningún negocio grande. Por lo mismo Orrín y Lascuráin invitaron a Porfirio Díaz Jr. a crear la Compañía de la Colonia Condesa, S.A. para que así se llevaran su rebanadota.

Para el diseño del fraccionamiento Roma invitaron a Cassius Clay Lamm (¡sí!, igual que el nombre verdadero del boxeador Mohamed Alí). Los arquitectos Lamm, de origen norteamericano, también eran de las familias más ricas del porfiriato. Hoy es conocida la casona llamada Casa Lamm, sobre la avenida Álvaro Obregón. Ésta la diseñó y construyó Lewis Lamm con la finalidad de irse a vivir ahí con su familia. Cuando la terminó en 1911 llevó a su esposa e hijos para darles la sorpresa, pero la sorpresa se la llevó él: la esposa odió el “palacete” y jamás lo habitaron. Para darle gusto a su mujercita, el arqui tuvo que construir otra casona en la calle de atrás, Tabasco, casa hoy demolida.

En 1905 Orrín y sus socios mostraron al ayuntamiento un esquema para nombrar las calles y avenidas de la Roma. Fue cuando Orrín propuso que las calles llevaran los nombres de las ciudades de la República en donde su circo había actuado y había sido “muy aplaudido”, esto durante las 14,300 funciones que dio el Circo Orrín en todo el país en sus veintiséis años.

Teatro Circo Orrin

Fuente: mxcity.

Ahora bien, desde 1887 en la ciudad estaba impuesta la nomenclatura numérica y alfabética en las calles y avenidas (Calle 8H, Avenida Oriente 9K, etc.). Con el rápido crecimiento, el método se convirtió en una verdadera pesadilla, pues la gente se confundía y todos terminaban llamándolas con el nombre antiguo que llevaban. Entonces en 1904 el gobierno decidió cambiar el sistema al nominal, donde las calles llevarían “nombres propios, de poblaciones, acontecimientos y personajes notables.” Claro, jamás imaginaron que 1,328 calles llegarían a llamarse “Benito Juárez” en 2013 (ver Guía Roji).

Una de las razones por las cuales el Circo Orrín tuvo tanto éxito fue por la participación del payaso inglés Ricardo Bell, quien se convirtió en la atracción principal y que en su época fue, en palabras del escritor y poeta Juan de Dios Peza, “más famoso que el pulque.”

Payaso Ricardo Bell

Fuente: mxcity.

En 1881 los hermanos Orrín abrieron su circo en la Plazuela del Seminario, donde no permanecieron mucho, ya que Walter, siempre imaginativo, se fue a lo grande y construyó en la Plaza de Villamil (donde estuvo el Teatro Blanquita) “un flamante edificio de hierro, madera y cristal, obra del arquitecto francés Del Pierre, a cuya estructura metálica para el espacio principal del espectáculo circense se anteponían elegantes instalaciones complementarias, como salas de fumar, cantinas y salón para las señoras con pastelería y dulcería.” En el sitio cabían dos mil quinientas almas y tenía treinta y ocho palcos para los encopetados. También tenían caballerizas para veinticinco caballos.

Circo Orrín

Circo Orrín (Fuente: mxcity).

Circo Orrín por dentro

Interior del Circo Orrín (Fuente: mxcity).

En 1882 se presentó en México el primer elefante circense; el público quedó boquiabierto y maravillado con el Gigante del Mogol, como era llamado el jocoso paquidermo. Al año siguiente los Orrín invitaron como socio al entonces ya prestigiado Ricardo Bell, quien acababa de debutar formalmente como payaso con la compañía del Teatro Abreu.

Ricardo Bell, inteligente y un acróbata consumado, tenía un sentido de observación agudísimo que con los años de experiencia le ayudaron a crear un tipo único de payaso: “Se vestía de manera principesca, como la tradición manda a los payasos blancos (los serios, los formales, los regañones), con los espléndidos trajes cosidos por su esposa Francisca, de origen español. Dándole la vuelta a la tradición desarrolló un humor dulce y sencillo, tierno y a veces un poco tonto, como corresponde a cualquier payaso rojo o Augusto (eterna contraparte del payaso blanco). El público se moría de risa mirándolo contar sus dedos. Siempre le faltaba uno. Y en ese gesto inocente se ganaba el amor de los niños, la simpatía de las señoras y el elogio de los caballeros.”

Elefante de Circo

Fuente: mxcity.

Bell fue el primero en introducir en México las Pantomimas, representaciones semiteatrales con efectos especiales y música. El histrión convenció a los Orrín de meterlas en las presentaciones y en 1887 compraron los derechos de la Cenicienta. Al gran éxito de ésta le siguieron otras, como Ben Hur.

Sería durante la calma social porfiriana el circo tuvo un impulso trascendental, no sólo por la relativa paz y estabilidad que se respiraba, también por el fuerte desarrollo del ferrocarril, que ayudaba a trasportar a los circos con todo y animalotes a las más lejanas partes del país. Fue durante este tiempo que los Orrín y Ricardo Bell alcanzaron su máxima popularidad… y riqueza. Un apasionado reportero de la época escribió: “El Circo Orrín no es un negocio, es una institución pública. Es una costumbre tan arraigada como la Semana Santa y las posadas. Es la médula de la alegre tradición del pueblo mexicano, los mismo en Chihuahua que en Guadalajara.”

Ricardo Bell el Payaso

Fuente: Alejandra Arriaga (El Universal).

Fuera del circo Bell era un verdadero gentleman y trataba de mantener su vida privada alejada de la farándula. Vestía impecable de jaquet negro, chaleco de seda, pantalón a rayas blancas, zapatos de charol, sombrero de copa y monóculo. Fue un padre amoroso y muy dedicado a sus hijos, además de un católico ferviente y practicante. De los veintidós hijos que tuvo sobrevivieron catorce, mismos que estuvieron en las mejores escuelas y contaron con las dichosas institutrices francesas e inglesas. Vivió siempre en una casa de doce habitaciones en la calle de Madrid (a una cuadra de Reforma, atrás del hoy Hotel Sevilla Palace).

El jovial y famoso payaso era miembro asiduo del distinguido Jockey Club, a donde asistía la crema y nata de la sociedad. Se llevaba de piquete de ombligo con muchas personalidades, entre ellas nada menos que Porfirio Díaz, quien en una ocasión dijo que por eso no dejaba votar al pueblo, “porque todos iban a votar por Bell”.

Dios Peza-Ricardo Bell-Porfirio Díaz

Fuente: Expediente Ultra.

El happy marriage entre Bell y los Orrín terminó en 1906, cuando Walter decidió dedicarse a los bienes y raíces. Por medio de la buena amistad con don Porfirio, Bell pudo hacerse de unos terrenitos frente a la Alameda, donde estuvo el Hotel del Prado y desde 2004 está el Hotel Hilton México City Reforma. Ahí Bell intentó montar su propio espectáculo. Pero las cosas ya se manejaban diferentes, el público era otro y Bell, con su agudo sentido de observación, percibió la tormenta política que se avecinaba en el país.

En abril de 1910 partió con su familia a Nueva York. Allá se enteró del estallido de la Revolución y de que sus vagones de ferrocarril con todo su circo adentro habían sido confiscados. Perdida la esperanza de regresar a su amado país de adopción, decidió irse a vivir a Inglaterra, plan que nunca se realizó porque una pulmonía fulminante lo mató en marzo de 1911. Su lema era: “Confía, trabaja y espera.”

Mientras tanto la Colonia Roma, que contiene el 10% de todos los edificios del país, y su calle Tepic, ya quedaron inmortalizadas en blanco y negro en una película.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

5 comentarios

  1. Laura Prado Bravata

    Aunque no concuerdo con el
    comentario de la Película Roma,
    historias buenísimas de ese México tan Bello y entrañable!..

  2. En Guadalajara, la esposa e hijos de Bell compraron y habitaron una hermosa construcción que fue demolida con el tiempo. Originalmente llamado el Chalet Nigg, construida por el arquitecto Enrique Choistry.
    Se conoció siempre como la Casa Bell debido a la celebridad de la familia. Le anexo link con detalles de esta casa.
    http://guadalajaraayeryhoy.blogspot.com/2012/06/chalet-nigg-o-casa-bell.html

    Muy interesante historia como siempre Gerardo, gracias por compartirla.

    • Gerardo Australia
      Gerardo Australia

      ¡Qué interesante, Veronica!, mil gracias por compartir.
      El arquitecto Choistry sin duda uno de los más grandes de México..De hecho hay allá en Guadalajara una finca que él hizo, Casa Gleason, ¡¡preciosa y de tipo único!, que demolieron?…
      Creo que el también hizo el increíble Chalet Carpio…¡no, un buenázo!
      Le agradezco mucho su comentario y un abrazo cordial!

  3. ANGELES VILLANUEVA

    Usted es un estuche de historias y monerias! me gusta tanto el estilo con el que refresca situaciones, momentos actuales, pasados, personajes, historias, películas, la historia de México tiene un toque tan genuino a través de su voz, que, por momentos hasta parece inocente (si, solo parece 🙂 ) el matiz que usted le da de sencillez e inteligencia siempre da por resultado algo realmente atractivo, ya ni hablar del aporte histórico – cultural que nos comparte.

    26 años seguidos de circo? pff llevamos muchos más años, no es cierto? uno va entendiendo la sabiduría de las frases populares, pan y circo…

    Pues digamos que circo circo…tenemos todos los días, aunque no podría decir que sigue siendo ocasión de contento, lo que si es increíble es ese elefante haciendo yoga!! si hubiera sido video lo vemos haciendo la pose del sol y del perro boca abajo, seguro!!

    aquí le dejo la letra de otro tipo de circo y, antes o después de la misma, un gran abrazo Gerardo y mi agradecimiento por la forma de compartir su trabajo!

    Todos menos yo
    ¡Patatas! ¡Pipas! ¡Caramelos!
    Pasen señores, pasen y vean:
    el gran circo ya está en marcha.
    Señoras y señores, niños queridos, sin más dilaciones:
    ¡las elecciones!

    Una buena elección
    es una buena acción
    que te permite ver
    quién va a mentir después:
    tú tienes que votar,
    hay que participar,
    todos para ganar
    se meten en tu hogar,
    todos van a actuar en la televisión.
    Todos… menos yo.
    Hay que pensarlo bien
    no vaya a ser que al fin
    tengamos que salir
    echando pies de aquí:
    he visto a más de uno
    que van a rezar
    a ver si el Señor
    en su infinita bondad
    les resucita al general.
    Algunos… menos yo.
    ¡Jaja!
    Ya tienes un papel
    en la gran función
    donde ninguno son
    lo que eran ayer:
    el bueno no es bueno,
    el indio es inglés,
    el malo comulga
    y la chica soy yo.
    ¡Jajajajaja!
    ¡vaya función!
    Algunos se han liao
    con Cristo redentor
    y ofrecen el milagro
    de resurrección:
    los ciegos van a ver,
    los sordos van a oír,
    los cojos van a andar
    y al fin de la función
    las mujeres van a parir.
    Todas… menos yo.
    Todos vana a ganar
    y nadie va a perder
    dormidos a la sombra del general;
    y aunque no es lo peor que puede suceder
    el último la vez, del primero la voz
    y a todos guarde Dios con el santo papel
    Todos… menos yo.
    ¡Jaja!
    Ya tienes un papel en la gran función
    donde ninguno son lo que eran ayer
    el bueno no es bueno,
    el indio es inglés,
    el malo comulga
    y la chica soy yo
    ¡Vaya función!
    letra: Patxi Andión
    música: “Vesoul”, por Jacques Brel

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Sobre Gerardo Australia

Gerardo Australia
Músico, escritor de divulgación histórica y compositor con estudios en el Conservatorio Nacional de Música de México, en el Real Conservatorio de Madrid en España y en el Boston Conservatory en Estados Unidos. Ha conformado un repertorio con un amplio rango de géneros musicales que van desde letras pop como Tierra dorada (en coautoría con Memo Méndez Guiú), con Timbiriche, canciones de telenovela como Alcanzar una estrella, premio TVyNovelas a la Mejor Canción de 1992, y Muñecos de papel, interpretada entre otros por Ricky Martin, hasta proyectos alternativos como el primer cortometraje mexicano con animación en plastilina Sin sostén, el tema principal del programa Conversando con Cristina Pacheco, el documental 1910, La revolución espírita, acreedor al galardón Pantalla de Cristal a la Mejor Música, y los largometrajes Propiedad ajena (2007) y Gloria (2014). Como escritor colabora para los periódicos Reforma, Milenio Diario y La Jornada, así como para la revista Relatos e Historia en México y Replicante. Ha sido columnista de los portales Wikiméxico y SomosCultura. En 2015 Conaculta publicó su ensayo Francisco Gabilondo Soler: su obra y sus pasiones; una herencia para México, acercamiento sin precedente a la vida y obra del Grillito cantor Cri-Cri, mientras que en 2016 SACM le otorgó el reconocimiento Trayectoria por sus 25 años como compositor. También ha incursionado en el medio publicitario componiendo música para destacadas agencias en México y el extranjero tales como Mattel, Coca-Cola, Ford, Adidas, Cadbury, Bimbo, Budweiser, Kimberly-Clark, Nokia, Mars & Co., Corona y Volkswagen, entre muchas otras, trabajo gracias al cual ha sido acreedor —en México y Argentina— a premios como FIAP, BDA y Círculo Creativo. En 2008 fue comisionado para componer el himno y la melodía principal para el parque de diversiones Kidzania, temas que son escuchados en ciudades de 19 países tales como Japón, Dubai, Lisboa, Chile, Yakarta, Seúl e India. También a partir de este año realiza música original para los reportajes especiales del Teletón. Siempre involucrado y preocupado por una mejor música infantil mexicana, Gerardo Australia tiene más de 10 producciones para niños, con Editorial Trillas, que van desde ejercicios musicales sicomotrices hasta baladas tradicionales mexicanas, así como composiciones y producciones para artistas de gran tradición como Chabelo, para quien escribió canciones como Huarachón, Mi familia y Mi primo Johny, por mencionar algunas.