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El PIB nacional condicionado

Donald Trump
Fuente: El Mundo.

viernes 1 de marzo de 2019

Estamos experimentando grandes cambios con desenlaces posibles muy diversos, lo que abre amplio espacio a la incertidumbre. Más aún cuando algunos factores de los cambios en proceso están fuera de control de la mayoría de los países y de sus gobiernos, como el de México. Es el caso de la evolución económica global, un determinante de las posibilidades de crecimiento nacional.

Desde que se dejó su control al mercado en los años de 1980 y se minimizó al Estado y, sobre todo, durante el último decenio, hemos vivido una serie de eventos globales negativos, como la crisis financiera de 2008-2009, la de la deuda soberana europea de 2010-2012 y los reajustes de los precios internacionales de los productos básicos de 2014-2016.

Si revisamos dos elementos de la economía global por separado, vemos que las bajas tasas de interés han impulsado a las bolsas de todo el mundo (el índice Dow Jones ha triplicado sus ganancias desde 2008 y las de Alemania y Japón las han duplicado), lo que resulta en una liquidez financiera que no tiene precedentes, la cual no encuentra oportunidades de ser invertida en actividades productivas.

De ahí el segundo factor: la reactivación de las inversiones productivas que empezó en 2017 en algunas de las economías desarrolladas, se mantiene en tasas modestas, a pesar de que prácticamente se habían estancado durante casi una década.

En ese contexto, Donald Trump está cambiando las reglas del comercio internacional, y puede ser que se salga con la suya. Su lógica no es un disparo en el pie del “bufón tonto”, como opinan algunos. La estrechez del mercado global, relativa a las capacidades instaladas de producción, convierte a todos los países en competidores implacables para atraer inversiones que hagan crecer su PIB.

La visión de Trump de esa competencia es que lo que gane en la conquista o protección de mercados (empezando por el de Estados Unidos) que estimulen el crecimiento de las inversiones, es a costa de lo que otros pierdan.

Es la teoría de suma cero, que al final empobrecerá a todo el mundo, pero la apuesta de Trump es que Estados Unidos habrá afirmado su liderazgo porque los demás países se empobrecerán más rápido.

Se cumpla o no a cabalidad el discurso de Trump, las circunstancias objetivas implican fuertes desafíos para México; uno de ellos es el de atraer inversión extranjera directa, cuya tendencia es a la baja desde 2013, como lo comenta Enrique Quintana en su columna del martes en El Financiero.

El problema es que el crecimiento del PIB nacional está condicionado por la capacidad de importación de insumos productivos que hay que pagar con divisas que no generan las exportaciones de bienes y servicios. México depende del ahorro externo (inversiones, endeudamiento) para cubrir su déficit comercial estructural.

Además de la feroz competencia estrictamente económica entre países por atraer inversiones productivas, es probable que el gobierno de López Obrador cargue con desconfianza entre inversionistas y bancos mientras no se perciban bases sólidas de la 4T. La consolidación de tales bases depende de un crecimiento del PIB del orden de 4 por ciento al terminar el sexenio.

Ayer, el Banco de México, considerando “una pérdida de dinamismo en el comercio mundial y en la actividad económica global más marcada de lo anticipado”, y “mayor debilidad de diversos indicadores de la demanda interna a finales de 2018”, ajustó su previsión de un rango de entre 2 y 3 por ciento, a uno de entre 1.7 y 2.7 por ciento.

Que el gobierno tiene claras las dificultades, lo demuestra la intención de “convertir a México en un paraíso para la inversión”, según lo expresó Alfonso Romo en la presentación del Consejo para el Fomento a la Inversión, el Empleo y el Crecimiento Económico, el 18 de febrero pasado. Un bajo crecimiento complicaría los aspectos sociales, medulares de la 4T.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Guillermo Knochenhauer

Guillermo Knochenhauer
Licenciado en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (UNAM). Egresado del Programa Avanzado en Dirección de Entidades Públicas, Instituto Nacional de Administración Pública. Miembro del Consejo Ciudadano para el Desarrollo Social del Estado de Morelos, e integrante del Comité Técnico para la evaluación de programas sociales. Escribe en el periódico El Financiero desde el 2002. En el sector público fue Director General de Comunicación Social del Sistema Alimentario Mexicano (1980-1982); Coordinador de Asesores del Subsecretario de Asuntos Multilaterales de la Secretaría de Relaciones Exteriores (1983-1984); Director de Planeación del Sistema de Distribuidoras Conasupo y Director de Empresas Industriales y Comerciales de Conasupo (1988-1991); Coordinador de Asesores de la Dirección General de Banrural (1991-1994); y Coordinador de Asesores del Subsecretario de Fomento y Normatividad Ambiental de la SEMARNAT (2001-2003). Fue productor y conductor del programa radiofónico “Sembrando Juntos en XEX” de Radiópolis/Televisa y de su réplica a través del Sistema Morelense de Radio y Televisión. Dirigió la revista Análisis XXI, mensuario de economía/política. Autor del libro Organizaciones Campesinas, Hablan Diez Dirigentes y co-autor de diversos libros, entre los que destacan: México Hoy, Por una Nueva Política Alimentaria, y El Sector Social de la Economía, una Opción ante la Crisis. También ha escrito decenas de ensayos, publicados en revistas como Comercio Exterior, Nexos, Este País, Quorum, Revista Mexicana de Ciencia Política.