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¿Del irremediable skinny dipping al traje de epidermis?

nadar

Ian Reider


Ayer, Hoy y Mañana


miércoles 11 de julio de 2018

Llegan las vacaciones de verano y una serie de situaciones se presentan en la planeación de los días que pasaremos disfrutando del merecido descanso de los deberes escolares y laborales. Las familias están listas para ir a centros vacacionales y la preparación del equipaje incluye, insoslayablemente y por lo menos, un traje de baño o bañador.

Se calcula que hace unos 3 millones de años, con la imperiosa necesidad de alimentarse o de ponerse a salvo de depredadores terrestres, algunos de nuestros antepasados se enfrentaron a la necesidad de iniciar su relación con el agua y que, en algún punto de esa evolución, tuvimos que aprender a nadar e, incluso, encontramos placer en la actividad acuática. Tanto que en la actualidad somos capaces de nadar, bucear, esquiar, remar, navegar, etc. Hacemos competencias en albercas, ríos y mares, utilizamos el medio marítimo o fluvial para el transporte y la conservación de las culturas, y así sucesivamente. La sobrevivencia de la especie ha implicado la necesidad adaptativa de aprender estas habilidades que no son propias de los mamíferos que somos.

Ahora bien, como todas las actividades humanas, la de nadar está sujeta a una serie de convenciones que tienen su base en el cúmulo de condiciones que los grupos humanos establecen para la preservación de la especie, estos tienen que ver con criterios como el grado de evolución del conocimiento científico, la ideología y la moral imperante. Por ejemplo, nadar sin ropa está restringido a ciertos espacios (playas nudistas o skinny dipping), horarios (establecidos por seguridad en sitios turísticos de playa), medidas de higiene (sanitización de albercas) o actividades laborales, competitivas o recreativas.

Hablábamos entonces del ser humano en la adaptativa actividad de aprender a nadar hace 3 millones de años. ¿Te puedes imaginar los trajes de baño de entonces? Yo tampoco. Seguramente se tiraban al agua con lo puesto o con nada.

Usar trajes de baño es una usanza que se ha establecido a partir de los inicios del siglo XIX, momento en que la natación se consideró una actividad recreativa, y, entonces, se destinó un atuendo específico para nadar. En este caso, tanto hombres como mujeres disfrutaban el agua con ropa, ellas con un vestido que por debajo tenía pantalones largos y sombreros, ellos sólo con camisa, pantalón largo y sombrero. La cantidad de ropa y el sombrero cubriendo la exposición al sol, no tenía que ver exclusivamente con el pudor o la moral de no mostrar la piel, la base ideológica se basaba en mantener el color claro de la piel. Broncearse no era una moda, por el contrario, la piel totalmente pálida, alabastrina era símbolo de estatus social, los trabajadores se curtían al sol, los bien nacidos, los poderosos, no tenían la necesidad de exponerse a los rayos del astro rey y la prueba de ello era la blancura que los caracterizaba.

bocetos

Dibujos de trajes de baño antiguos.

En la segunda década del siglo XIX inicia la concepción de los trajes de baño como prenda de vestir incluida en la moda, el mono confeccionado en lana que cubría el cuerpo en una pieza, dejando sólo parte de las piernas y brazos descubiertos. Además, las jóvenes, por estilo, complementaban el outfit con medias. Puedes imaginar lo que pesarían estos bañadores después de absorber el agua, además seguro se deformaban por la carga de agua. La imagen en mi cabeza es que deberían sentirse incómodos y que quizá se veían feos esos trajes de baño después de meterse al agua. Sin embargo, existían esos vestidores playeros construidos en madera. ¿Los recuerdas? Seguro los has visto en las películas. La costumbre era salir del agua y cambiarse para estar adecuadamente vestidos y dejar que esa humedad se secara en un perchero distinto al cuerpo del usuario.

En la década de los 30, el desarrollo de la industria textil posibilitó la creación de trajes de baño con materiales elásticos y satinados. Con esta innovación se generaron diseños que llegaron a playas y piscinas para permitir la liberación de la silueta femenina y surgió la primera versión del diseño del traje de baño masculino como una especie de short. En el caso de los hombres, el diseño del traje de baño a lo largo del tiempo sólo ha representado un largo distinto, diferentes paletas de color y más o menos tela. De los speedos a las bermudas, de las tangas masculinas a los boxers, la idea es un bañador que les permita meterse al agua cubriendo “sus partes pudendas”, nada más. En cambio, el traje de baño femenino empezó a mostrar siluetas ajustadas, escotes pronunciados y un diseño más cómodo, originando protestas moralinas y regulaciones legales (la policía era, en algunas playas de los Estados Unidos de América, la responsable de medir si el largo del traje de baño de las mujeres era el adecuado). De esta manera, se buscaba no contravenir la norma.

La década de los 40 es clave en la revolución del diseño del traje de baño. Louis Réard, ingeniero mecánico de origen francés, toma a su cargo la empresa de su madre, dedicada a la lencería. En unas vacaciones en Saint Tropez, observó la necesidad de las mujeres de arremangar los incómodos trajes de baño que portaban. Para entonces el bronceado era ya un imperativo de la moda que representaba la capacidad económica de pasar el verano completo en la playa. El color de la piel blanca dorada al sol pasa a ser símbolo de estatus superior y fue el pretexto para que Réard lanzara al mercado el bikini. Además, Jacques Heim creo el “átomo”, un traje de baño de dos piezas que mantenía el tabú de no dejar descubierto el ombligo. Total, ombligo expuesto o no, tanto Louis como Jacques se adelantaron a sus tiempos. Las mujeres se resistieron al uso de las dos piezas. No encontraban artista renombrada o celebridad que estuviera dispuesta a ser retratada en bikini para la publicidad y se acabó contratando a una nudista del Casino de París que a sus 19 años no tuvo empacho en posar por primera vez en bikini. Ella consiguió ser esa curiosa celebridad, sin embargo, la prenda no fue mejor aceptada en el mercado.

Resulta interesante este hallazgo del rechazo de las mujeres a los trajes de baño de dos piezas, especialmente porque, con el cambio de mentalidad de los años 50 y 60, estos se convirtieron en símbolo de liberación femenina. Las mujeres seguras de sí mismas, “independientes” y dispuestas a mostrar su fortaleza y su capacidad de pronunciarse, comenzaron a provocar a las buenas conciencias con el uso de bikinis. Como suele suceder, estas beligerancias se convierten con el paso del tiempo en cultura dominante. Con el avance de las ideologías y las creencias, el bikini se volvió una prenda más del vestuario femenino y actualmente lo utilizan amas de casa, niñas y hasta abuelitas. Ya no representa un argumento del discurso femenino y/o feminista. La precursora más visible de esta postura fue Brigitte Bardot, quien en su papel en Y Dios creó a la mujer en 1957 (más de 10 años después del primer lanzamiento del bikini) se puso sensual con un bikini que animó a cientos de mujeres a tener la audacia, a atreverse a mostrarse y manifestarse.

actriz francesa

Brigitte Bardot (Francia, 1934).

Lo que sigue en la historia del traje de baño es sólo moda y desarrollo tecnológico. Contar con el nylon y las telas elásticas adaptadas a los curvilíneos cuerpos femeninos permiten distintos diseños. Desde los enterizos tipo Baywatch que estuvieron tan de moda en los 90, hasta los trajes de baño completos o de dos piezas con cinturón que están en tendencia para este verano del 2018. El recato dejó de ser un criterio de importancia. Monokinis, clips que sólo cubren los genitales, triangulitos tanga, nudismo en sitios  dedicados a ello, trajes de baño completos, diseños especiales para lucirse.

En estos tiempos la licra, el crochet y el neopreno proporcionan nuevas ideas a los diseñadores que lanzan ya colecciones que incluyen línea playera. Tanto los trajes de hombres como los de mujeres presentan diseños con estampados geométricos, coloridos, florales, etc. No hay límite a la expresión de la moda vacacional, cada quien puede usar lo que desee. Los tiempos, las épocas y los diseños se ajustan a la propuesta estética individual y a la funcionalidad deseada. Si quiero tirar clavados no uso un bikini que perderé en el agua en cuanto me sumerja y si lo que deseo es tener un bronceado parejo, pues usaré la menor cantidad de tela posible. No hay juicio, no pasa ya por el criterio moral.

Hoy hay trajes de baño con diseño especial para mujeres “queen”, es decir, curvilíneas tallas extra, o con el sistema para colocar una prótesis externa para mujeres mastectomizadas; además, se ha desarrollado tecnología que permite confeccionar trajes de baño con un sistema de marcador térmico que mide la cantidad de exposición al sol de manera que se pueda proteger la piel de niños y adultos que gozan de las actividades de playa y acuáticas, aunque esta actividad consista en tenderse al sol como lagartija. Por sólo 120 euros puedes comprar un traje de baño para hombre que tiene exactamente todas las características habituales de los bañadores normales, una especie de short guango, ¿qué ofrece o que lo diferencia como una innovación? Un bolsillo interior impermeable con un cierre impenetrable, es decir, puedes meterte a nadar con cartera, llaves y celular sin ponerlos en riesgo, ni te los robarán si los dejas en la playa enterrados bajo la toalla, ni se mojarán si te tiras un acrobático clavado, bueno, ni si el clavado es un sensacional “panzazo”.

¿Qué nos depara en el futuro esta prenda de vestir? O, ¿será más correcto denominarla prenda de desvestir?, ¿de nadar? Bueno, como quiera que la conceptualicemos es seguro que su diseño y rediseño seguirá buscando la sinergia de la expresión estética vigente con el desarrollo tecnológico. Quizá veremos telas que se sequen de manera instantánea o una cubierta completa, invisible que asocie dos cosas, que mantenga la enseñadera de piel, mientras proteja de los rayos UV y hasta de la kriptonita. Incluso, se me ocurre, que podría ser un spray impermeable que se pueda colocar en las partes del cuerpo que se desean cubrir y así materialice una capa gruesa de una especie de silicón o látex impermeable y protectora de rayos solares. Este spray generará un tipo de malla de color translúcido o transparente, brillante, mate o combinado. Cada quien podría diseñar sus combinaciones, el corte (completo, bikini, monokini, etc.), el colorido, la cantidad de material y las zonas del cuerpo que desea cubrir o exponer al sol y a la mirada de los demás. Tan cómodo y deportivo como sensual y seductor. De la desnudez a la cantidad y calidad de materiales que se te ocurran, es un hecho que los seres humanos seguiremos disfrutando de las actividades a la orilla de la alberca o en destinos de playa, en el mar. ¡Felices vacaciones! ¡Vámonos a nadar!

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Ian Reider

Ian Reider
Ian M. Reider realizó sus estudios en la UNAM y en la Universidad de Cincinnati, Ohio. Desde 1969 se ha dedicado a la mercadotecnia y a la investigación de mercados. Define su actividad como “metiche de nacimiento”. En 1969 y 1970 trabajó en Burke Marketing Research en Cincinnati, Ohio y México, D.F. En 1970 funda la empresa IMOP. En 1976 dicha empresa pasa a ser parte de la red de empresas Gallup y hasta 2001 la empresa es conocida como Gallup México. En 2005 Reider deja la presidencia de TNS Gallup y funda Impetus, una empresa dedicada a la consultoría en estrategias de mercadotecnia y de sistemas de información aplicada a la mercadotecnia. Ian Reider ha dado un sinnúmero de pláticas y talleres. También cuenta con diversos artículos sobre temas relacionados a la mercadotecnia y la investigación de mercados, así como el capítulo “Investigación aplicada. La opinión pública en México” del libro comunicación política editado por la UNAM y ser coautor del libro 100 autores en 500 palabras publicado en 2013. Ha recibido diversos reconocimientos y premios como, por ejemplo, Neocrata otorgado por la revista Neo, y World Achievement Award otorgado por The Gallup Organization. En 2012 recibió por parte de la CICOM, un reconocimiento por su trayectoria profesional. Desde 1996 es asesor del presidente del consejo de la comunicación, así como consejero en diversas empresas privadas y asociaciones civiles. Reider ha aprendido que cuando se sabe la pregunta le cambian la respuesta.