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De la profesión médica. Primera parte

día del médico

Ian Reider


Ayer, Hoy y Mañana

Doctor Valentín Gómez Farías (Imagen: Ensenada.net).

miércoles 17 de octubre de 2018

De chamanes y curanderos a los especialistas de la genética y la cuántica medica

Hoy exploramos la evolución de la profesión médica como un reconocimiento a los médicos mexicanos que atienden a los millones de pobladores que vivimos en el territorio nacional y a todos esos especialistas mexicanos que han desarrollado técnicas quirúrgicas, medicamentos y esquemas de tratamiento y abordaje de los padecimientos que nos aquejan.

¿Por qué hoy dedicamos la columna a los galenos? Porque el 23 de octubre se celebra el Día del Médico en México. Esta fecha se eligió porque hace apenas 81 años, el doctor Valentín Gómez Farías inauguró el Establecimiento de Ciencias Médicas en la Ciudad de México.

A nivel mundial, se conmemora a los médicos el 3 de diciembre para homenajear al Dr. Finlay, descubridor de la fiebre amarilla. Es así como los médicos mexicanos pueden tener un doble festejo, el nacional y el internacional, sin embargo, sabemos que es el primero, el del 23 de octubre, el de mayor arraigo en la comunidad médica en nuestro país.

doctor cubano

Doctor Carlos J. Finlay (1833 – 1915) (Foto: Radio Cadena Agramonte).

La historia de la profesión médica es tan antigua como el propio desarrollo de la humanidad. Si se revisa su evolución, desde la época de las cavernas había en cada comunidad un ser considerado mágico y curativo que se encargaba de la conservación de la especie, basado en un conocimiento totalmente empírico de situaciones y sustancias que iban aprendiendo para cuidar la sobrevivencia del grupo. Este hombre o mujer, tenía un lugar de privilegio por su trabajo de atención a la salud de sus integrantes.

Así, todas las tribus de todos los continentes tuvieron a su curandero que, a través de hierbas, infusiones, compresas e invocaciones a los espíritus, hacía el trabajo de sanar, si era posible, a sus contemporáneos.

Una condición especialmente interesante de esta medicina primitiva es que, salvo que las circunstancias que provocaban el quebrantamiento de salud del individuo fueran evidentes, como una lesión o herida, en general no se hacía una relación causa efecto en cuanto a las enfermedades. El motivo de una fiebre o una diarrea, que en aquellos tiempos podían costar la vida del enfermo, además de propagar alguna enfermedad en toda la aldea, no se podía comprender. Incluso, el embarazo no se asociaba al coito. Se daban distintas, diversas y singulares explicaciones para estos hechos, incluyendo el que el embarazo era la decisión de alguna deidad que de alguna manera preñaba a la hembra.

Las sustancias y dosis que utilizaban para curar se probaban a ensayo y error y formaban parte de hallazgos en el uso. Comprender qué cantidad de orégano, romero o menta necesaria para que funcionara como remedio tenía una base “científica” cuya metodología era probar el beneficio e ir aprendiendo y transmitiendo el conocimiento de forma oral a quien fuera elegido para recibir el don de curador y sanador.

medicina alternativa

Ilustración: Cristales y Hierbas.

Esta recapitulación de la práctica médica, que tiene registros ancestrales, se realiza desde disciplinas del conocimiento como la paleopatología y la paleomedicina. Ambas nos permiten identificar testimonios de que en antiguas civilizaciones como la de los fenicios, los egipcios, los indios y los chinos había sanadores que incluso practicaban procedimientos quirúrgicos como las trepanaciones de cráneo o el estudio del hígado de los animales para estudiar las patologías hepáticas (hepatoscopia). Sin esta audacia, sin esta disposición a la generación del conocimiento y de descubrir las condiciones que acompañan la pérdida de la salud, no habríamos llegado al desarrollo de esta profesión en el punto en el que se encuentra ahora y con las tendencias que tiene hacia el futuro.

Adicionalmente, podemos entender que algunas prácticas de la alimentación kosher, que aún practican algunos miembros de la comunidad judía en el mundo, tienen que ver con la preservación de la salud. Por ejemplo, se estableció que no se podía comer carne de cerdo por las enfermedades asociadas –como la triquinosis- que, en aquel tiempo, no eran detectables, ya que no se verificaba la calidad de la carne en ningún rastro ni por algún Ministerio de Salud. No comer carne de animales que murieron solos, aquellos que tenían abscesos en los pulmones u otros problemas de salud, no comer sangre de los animales por la relación con la propagación de bacterias o la restricción de comer moluscos, almejas, langostas y cangrejos que pudieran provocar fiebre tifoidea, era una manera segura de prevenir enfermedades letales que podían afectar al colectivo. La Torá, a través de algunas de sus leyes promueve una higiene alimenticia que ha permitido la preservación del grupo.

Algunas otras medidas que se toman en la alimentación kosher no son comprendidas aún en este contexto, sin embargo, la relevancia de no mezclar alimentos de ciertos tipos de alimentos, como los lácteos y las carnes, por ejemplo, puede tener su base en los tiempos de descomposición de estos alimentos en su territorio geográfico o el que la combinación de estos haga que la digestión sea muy tardada.

Ahora bien, son los griegos los que determinan la primera figura del médico. Ésta se basa en un hito mitológico. Les cuento: Asclepio (en latín Esculapio) era hijo de Apolo y nieto de Zeus. Asclepio tiene un símbolo ritual de la serpiente y el caduceo (bastón) que hasta nuestros días sigue siendo emblema de los médicos en el mundo occidental. Esta serpiente enrollada en el bastón establece la posibilidad de curación y renacimiento, que forman parte de los arquetipos que el inconsciente tiene para impulsar al hombre con la fuerza vital de los ofidios.

Asclepio

‘Un niño enfermo traído al templo de Esculapio’, John William Waterhouse, 1877.

Los médicos durante muchos años, siglos, fueron considerados representantes de dioses. Los brujos tenían el poder de provocar la enfermedad cumpliendo con los deseos de los dioses con relación a un individuo, incluso de un pueblo entero, o también por la posesión de demonios o de maléficos espíritus. Así, curar se volvió oficio de adivinos y hechiceros que protegían a los comunes combatiendo la maldad de los brujos.

La evolución a sociedades más complejas provocó la aparición de yerberos, parteras o comadronas y sobadores. Además, los sacerdotes de todas las religiones curaban con el poder de la oración. Así, cubiertos los planos de lo material y lo espiritual, los enfermos se ponían en sus manos con la esperanza de recuperar la salud, de no morir.

Con el desarrollo de la civilización, en los siglos IV y VI a.C. las prácticas curativas se registran y se refinan, y se establece la primera escuela laica encabezada por Hipócrates. Los médicos hipocráticos no pretendían realizar curas “milagrosas”, lo que enfatizaban, era, y sigue siendo, el principio de no hacer daño (primun non nocere). Su esquema de tratamiento partía de la minuciosa observación del enfermo para diagnosticar la alteración de alguno de los cuatro humores (sangre, flema, bilis negra y bilis amarilla), en cuyo “equilibrio”, afirmaban, se sustentaba la salud. Es en este momento de la historia en la que hay una primera aproximación teórica científica en que se puede definir el inicio de la medicina como profesión.

Este “marco mínimo” y el prolongado trajinar de la profesión médica a lo largo de siglos nos permiten recalar de nuevo en Hipócrates, se define categóricamente que la naturaleza es el médico de la enfermedad. Se “acaba” entonces, desde la perspectiva científica, la medicina tradicional, los hechizos, pociones y brujerías dejan de ser motivo y solución, la aproximación se categoriza de una manera diferente.

medicina

Hipócrates (Pintura: Robert Thom/SolNatura).

Dos siglos después de Hipócrates, Galeno retoma el legado y, a partir de su ejercicio médico y filosófico, de las bases hipocráticas, del arte médico y su forma de medicar, de las preparaciones anatómicas y las disecciones, apuntala la medicina galénica que tiene vigencia durante prácticamente toda la Edad Media, conviviendo con brujos, hechiceros y curanderos.

En el siglo XII se instituyen las escuelas de medicina donde se tenía que certificar al estudiante para validar sus conocimientos y poder ejercer la profesión. El papel de la fe seguía siendo predominante y los médicos, con todo su conocimiento, seguían siendo considerados como un legado y designio divino.

En el Renacimiento los médicos comienzan a destacar como protagonistas de un nuevo modo de enseñar, comunicar y aplicar la medicina. Andrea Vesalio investiga directamente en el cadáver y realiza las primeras disecciones anatómicas humanas. Miguel Servet descubre la circulación sanguínea (mucho después William Harvey la describiría como original), Tiziano y Leonardo Da Vinci realizan sus disecciones y dibujos inigualables sobre la anatomía humana. La medicina se desprende de la subordinación a la religión y se fundan las primeras facultades de medicina.

Con idas y venidas, la medicina continúa con su desarrollo y progreso a lo largo del tiempo, y conviviendo hasta nuestros días con medicinas alternativas, algunas ya legitimadas como la homeopatía, tratando a millones de seres humanos hasta nuestros días.

Continuará…

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Ian Reider

Ian Reider
Ian M. Reider realizó sus estudios en la UNAM y en la Universidad de Cincinnati, Ohio. Desde 1969 se ha dedicado a la mercadotecnia y a la investigación de mercados. Define su actividad como “metiche de nacimiento”. En 1969 y 1970 trabajó en Burke Marketing Research en Cincinnati, Ohio y México, D.F. En 1970 funda la empresa IMOP. En 1976 dicha empresa pasa a ser parte de la red de empresas Gallup y hasta 2001 la empresa es conocida como Gallup México. En 2005 Reider deja la presidencia de TNS Gallup y funda Impetus, una empresa dedicada a la consultoría en estrategias de mercadotecnia y de sistemas de información aplicada a la mercadotecnia. Ian Reider ha dado un sinnúmero de pláticas y talleres. También cuenta con diversos artículos sobre temas relacionados a la mercadotecnia y la investigación de mercados, así como el capítulo “Investigación aplicada. La opinión pública en México” del libro comunicación política editado por la UNAM y ser coautor del libro 100 autores en 500 palabras publicado en 2013. Ha recibido diversos reconocimientos y premios como, por ejemplo, Neocrata otorgado por la revista Neo, y World Achievement Award otorgado por The Gallup Organization. En 2012 recibió por parte de la CICOM, un reconocimiento por su trayectoria profesional. Desde 1996 es asesor del presidente del consejo de la comunicación, así como consejero en diversas empresas privadas y asociaciones civiles. Reider ha aprendido que cuando se sabe la pregunta le cambian la respuesta.