Home || Colaboradores || Del hospedaje. ¿Para dónde vas viajero? 2ª Parte

Del hospedaje. ¿Para dónde vas viajero? 2ª Parte

Hostería

Ian Reider


Ayer, Hoy y Mañana

'Mosqueteros en una hostería', por Joaquín Agrasot. Realizado entre 1885 y 1890 (Fuente: Colección particular Valencia).

miércoles 15 de mayo de 2019

¿Para dónde vas viajero? ¿Dónde vas a descansar?

Ahora sí, después de nuestro recorrido anterior por la historia del hospedaje que nos llevó apenas al siglo XVIII vamos a continuar esta trayectoria por los siguientes siglos y décadas. En el siglo XIX no se modificaron las cosas de manera importante, lo fundamental del hospedaje, además de tener un sitio para dormir, era contar con refugio para que las estadías, más o menos cortas, se efectuaran con seguridad, tanto de la exposición a las inclemencias del tiempo como del riesgo de maleantes y delincuentes que esperaban a los viajeros en los caminos para despojarlos de cualquier objeto de valor que se transportara con ellos, en algunos casos, de la propia vida. Llegar a un sitio para albergarse, de preferencia antes de la caída de la noche, era una tranquilidad.

Por supuesto miles de historias se fraguaron en estos mesones o posadas del XIX, militares, comerciantes, migrantes, paseantes, todos tenían la necesidad de detenerse y hospedarse si el traslado representaba más de un día de viaje. Amores, guerras, encuentros y “conocencias” deben haber sucedido cotidianamente en estos rudimentarios hostales. Dadas estas experiencias y circunstancias, la oferta se fue afinando de acuerdo con las necesidades de los clientes y también de los propietarios que se veían obligados a evolucionar en función de las demandas cambiantes de su mercado.

De las primeras situaciones que requirieron de la atención de los dueños de mesones y posadas, consistió en cambiar la mala fama que se les atribuía. La carga negativa por su aspecto lúgubre, por la suciedad, por las habitaciones compartidas en las que incluso se dormía en pisos de tierra o tablas, formaban parte de las características que generaban desagrado y descrédito. La oferta no cubría ya las necesidades de privacidad e intimidad de los clientes y esto generó un rediseño en la incipiente industria hotelera y del hospedaje en el mundo.

Hospedaje siglo XIX.

City Hotel, Broadway, Manhattan (Ilustración: Wikimedia).

Aparentemente es en Estados Unidos donde se inicia el desarrollo de posadas/hoteles con servicios mejorados. La construcción de propiedades de mayor tamaño y, ampliamente equipadas, se convierte en una tendencia que convive con las tabernas y mesones iniciando con la sofisticación de un servicio que daba puntos de anclaje temporal a la tendencia viajera de los estadounidenses. Estos primeros establecimientos se fundaron en los puertos. En 1794, prácticamente a finales del siglo XVIII, se inauguró el City Hotel en la ciudad de Nueva York. Este primer hotel fue la inspiración de otros hoteles pioneros que se ubicaron en Boston, Filadelfia y en el mismo Nueva York. A diferencia de los hoteles para los aristócratas en Europa, estos hoteles norteamericanos ofrecían tarifas razonables por alojamientos limpios y cómodos que eran accesibles para cualquier trabajador o familia de clase media.

El primer gran hotel se construyó en Boston. Éste fue el Tremont House y entre los servicios que integraba y lo diferenciaban del resto de la oferta es que contaba con habitaciones con llave, cada habitación tenía un lavabo, una jarra y una barra de jabón. Además, empleaba a personal de tiempo completo. Éste fue el hotel precursor del estilo de oferta que durante muchas décadas imperó en el mundo, convirtiéndose en el modelo de establecimientos de prestigio. A partir de entonces, la oferta se desarrolló hacia la oferta de lujo, el primero en América fue el Palace Hotel en San Francisco. Tenía 800 habitaciones y contaba con 7 pisos de altura, tenía su propia planta eléctrica, abastecimiento de agua de pozos profundos, extinguidores de fuego y aire acondicionado, por supuesto, este hotel se encontraba lejos de la posibilidad de acceso del ciudadano común, era el equivalente de los hoteles europeos que brindaban servicio a la aristocracia. Su presencia resultó emblemática para que San Francisco cambiara su imagen de pueblo en florecimiento al de una ciudad de nivel internacional.

Tremont House, Boston.

Banquete en el hotel Tremont House, Boston (Ilustración: Historic New England).

Así vemos cómo dicha segmentación por capacidad de pago es de los primeros criterios que caracterizan a esta industria. Mientras los hoteles de lujo empezaban a establecerse, también una oferta de bajo precio crecía para dar alternativas a otros sectores de mercado. Apareció entonces en escena el segmento de “hombres de negocios” para quienes los alojamientos eran necesarios pero que preferían evitar los costosos hoteles y las posadas con el antiguo esquema. Para este tipo de huésped se creó el hotel comercial. En ese concepto el baño privado se agregó como parte de la oferta. De esta manera entramos a la hotelería del siglo XX que ofrecía una habitación y un baño por un dólar y medio. El modo de operación, su forma de proporcionar mantenimiento y su modelo de servicio se convirtieron en el modelo de todos los esquemas de hospedaje desde moteles hasta resorts de lujo. Además, comenzó la creación de los hoteles de cadena, desde Conrad Hilton, Howard Johnson, Marriot, el Sheraton y Statler, que son muestra de marcas que aún prevalecen habiendo sobrevivido crisis, guerras mundiales y cambios de la industria a lo largo del tiempo. La oferta de perreras, máquinas de hielo, teléfono en la habitación, restaurantes, fuentes de sodas, tiendas, periódicos, servicio de alimentos en la habitación, todo se fue incorporando en el intento de diferenciar una oferta que se mantenía intacta en su esencia.

Los cambios en las últimas décadas y años han sido importantes en la forma, aunque el concepto básico sigue siendo idéntico. Y, como se han generado tantas vertientes en la oferta, vamos a dejar para una tercera parte el hoy y mañana de la industria del hospedaje. ¿A cuántos de nuestros lectores les estaremos recordando vivencias y experiencias que les tocaron durante su infancia o juventud? ¿Para cuántos este recuento es como una clase de historia del desarrollo de la hotelería? ¿Cuántos tendrán nuevas ideas, conceptos y expectativas para el alojamiento en el futuro? Seguiremos explorando del tema en una última entrega, por lo pronto me ocuparé de organizar un viaje buscando alguna de las más modernas y tecnológicas alternativas de hospedaje para experimentarla en carne propia. ¿Alguna propuesta?

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

Tu opinión es importante

Su dirección de correo electrónico no será publicada.Los campos necesarios están marcados *

*

Sobre Ian Reider

Ian Reider
Ian M. Reider realizó sus estudios en la UNAM y en la Universidad de Cincinnati, Ohio. Desde 1969 se ha dedicado a la mercadotecnia y a la investigación de mercados. Define su actividad como “metiche de nacimiento”. En 1969 y 1970 trabajó en Burke Marketing Research en Cincinnati, Ohio y México, D.F. En 1970 funda la empresa IMOP. En 1976 dicha empresa pasa a ser parte de la red de empresas Gallup y hasta 2001 la empresa es conocida como Gallup México. En 2005 Reider deja la presidencia de TNS Gallup y funda Impetus, una empresa dedicada a la consultoría en estrategias de mercadotecnia y de sistemas de información aplicada a la mercadotecnia. Ian Reider ha dado un sinnúmero de pláticas y talleres. También cuenta con diversos artículos sobre temas relacionados a la mercadotecnia y la investigación de mercados, así como el capítulo “Investigación aplicada. La opinión pública en México” del libro comunicación política editado por la UNAM y ser coautor del libro 100 autores en 500 palabras publicado en 2013. Ha recibido diversos reconocimientos y premios como, por ejemplo, Neocrata otorgado por la revista Neo, y World Achievement Award otorgado por The Gallup Organization. En 2012 recibió por parte de la CICOM, un reconocimiento por su trayectoria profesional. Desde 1996 es asesor del presidente del consejo de la comunicación, así como consejero en diversas empresas privadas y asociaciones civiles. Reider ha aprendido que cuando se sabe la pregunta le cambian la respuesta.