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Los hermanos Corzo – Parte 3


Martes 14 de Marzo de 2017

#HermanosCorzo

 

Pasaron las semanas y así los meses. El circo cumplía con los compromisos que se habían pactado en las diferentes ciudades europeas, pero sus actos ya no llamaban tanto la atención y no se mostraban nuevas cosas. Paolo había decidido recortar gastos y no contratar talento nuevo, por lo que Giuseppe prácticamente se encontraba sin hacer mucho y deambulaba por el circo como un autómata. Se le veía más triste por la muerte de Enrico y Simona, que lo que se encontraban los propios hijos.

El trato que tenía Paolo hacia Giuseppe era déspota e irrespetuoso y eso lo veía el resto del personal que, con pena, sólo observaba y no se metía. Gracias a que Claudio intercedía por Giuseppe, fue que este último no renunció. Las personas que trabajaban en el circo ya no tenían la pasión y el compromiso que antes mostraban con Enrico y Simona. Su muerte, y la salida de Giuseppe de la Dirección General, habían apagado el ánimo de los artistas. Sobre todo, se había apagado por la falta de liderazgo de Paolo quien, con maltratos y gritos, quería controlarlo todo en el circo.

Una tarde fría de octubre, mientras Giuseppe dormía una siesta, Claudio entró súbitamente a su habitación y le dijo:

¡Giuseppe, Paolo está enfermo! No se ha podido parar de su cama en toda la mañana y suda frío, titiritando –la cara de Claudio era de angustia–.

¿Ya le dieron algún remedio? –preguntó Giuseppe mientras se incorporaba–.

El doctor del circo no se le ha separado en todo el día, pero no mejora –respondió Claudio–. Me imagino que las presiones que tenemos para mantener operando al circo, son lo que lo tienen así. No sé si sabes que no hemos firmado nuevas fechas para presentar nuestro espectáculo y los gastos no bajan. Las cosas no van bien amigo.

Horas después, el doctor les informó que Paolo debía guardar reposo, al menos por tres meses. Claudio se veía triste y desesperado. Giuseppe sentía un cariño muy especial por ese muchacho que amaba al circo más que nadie y no comprendía cómo Paolo, su hermano menor, nunca se había dejado aconsejar por Claudio y siempre trataba de imponer su voluntad. En el circo no bastaba con cuidar el dinero, se tenían que producir nuevos actos, identificar y traer nuevos talentos y lograr emocionar al público. Como en todo negocio, si no tenías un buen producto, no lograbas nada. Todo esto lo sabía Giuseppe por lo que decidió que, si Claudio estaba de acuerdo, le devolvería el brillo y esplendor al circo que tanto amaba. Giuseppe aprovechó que Claudio quedó al mando del circo para volver a entrar en acción. Fue el propio hijo mayor de la pareja Corzo quien se lo pidió. Con todo el entusiasmo que le caracterizaba, Giuseppe manoteaba de un lado a otro dando instrucciones al personal, al tiempo que se ponía al tanto de la situación del circo a más de 6 meses de haberse desconectado de su administración. Claudio dejó toda la administración del circo en manos de Giuseppe y se dedicó a lo que más le apasionaba, sus caballos.

No había pasado ni un mes de que Giuseppe había retomado las riendas del circo y las fechas que antes no se firmaban ahora se estaban concretando. También, el entusiasmo del personal se sentía renovado desde que Giuseppe “había vuelto” y el ambiente en el circo mejoraba día con día. Lo único que faltaba era reclutar nuevo talento para hacer nuevos actos, cosas singulares y fuera de serie que llamaran la atención del público. Fue así que el milanés decidió hablar con Claudio.

Muchacho –dijo Giuseppe mientras entraba al establo– ¿Qué dicen los doctores? ¿Cómo sigue Paolo?

Claudio, que en ese momento se encontraba peinando a una yegua blanca de gran pelaje, dejó sus cepillos y volteó a ver a su director.

Paolo va un poco mejor –comentó Claudio–. Sigue estando muy débil, pero dice el doctor que se está recuperando.

¡Qué bueno escuchar eso! –exclamó Giuseppe–. Quisiera pedirte tu autorización para hacer una gran convocatoria que tenga como propósito atraer más talento. Me parece que la permanencia del circo depende, en gran medida, de que llevemos nuevos espectáculos al público que, ahora, es más exigente.

Mientras Giuseppe hablaba, su habitual manoteo divertía a Claudio. Para él, Giuseppe era como un segundo padre, y verlo tan entusiasmado después de estar varios meses tan apagado y deprimido, le llenaba de alegría.

Cuenta con todo mi apoyo –le interrumpió Claudio–.

¡Gracias muchacho! –dijo Giuseppe con alegría– Verás que será de gran importancia para el circo. No veo otra forma en que éste pueda sobrevivir. Los compromisos firmados tienen la peculiaridad de que debemos presentar actos nuevos, actos que no se hayan visto antes; sino, no nos pagarán.

Eso no me lo habías dicho –comentó Claudio con extrañeza–.

Sólo así podíamos recuperar la credibilidad del circo –contestó Giuseppe– pero confía en que traeré al mejor talento. Siempre fue mi especialidad cuando vivían tus padres y no veo por qué ahora tendría que ser distinto.

Los ojos del milanés brillaban con el entusiasmo de un niño cuando veía algo maravilloso por primera vez. Claudio también estaba entusiasmado, así que juntos idearon la estrategia para difundir la convocatoria por toda Europa. Sobre todo, el este del continente donde históricamente habían reclutado el mayor talento.

Las fechas en que el circo recibiría a las personas con sus talentos y sus actos, en una suerte de audición para presentar nuevos espectáculos, sería en dos meses. Claudio y Giuseppe prepararon todo, alistándose para entrevistar y, en su caso, reclutar a los artistas. Las solicitudes llegaron por cientos y las expectativas de todos eran enormes; las de los clientes que habían firmado sus contratos para llevar el espectáculo a sus ciudades; las del público que por toda Europa escuchaba que el Circo de Enrico Corzo se renovaba y traería nuevos actos; las del personal que laboraba en el circo y sentía que ahora que saldrían del letargo en que se encontraban, todo mejoraría; y, sin duda, de Claudio y Giuseppe, quienes estaban seguros que con el reclutamiento del nuevo talento le regresarían la gloria y esplendor que tenía el circo cuando Enrico y Simona vivían.

Con lo que no ninguno contaba es que la fecha estimada para la recuperación de Paolo, coincidiría con las fechas del reclutamiento.

 

Continúa la siguiente semana.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre José Elías Sahab Jaik

José Elías Sahab Jaik
Soy José Elías Sahab Jaik, orgullosamente chilango, de origen libanés. Abogado de la UNAM y maestro en Derecho de UTexas en Austin, reinventado a banquero de desarrollo (trabajo en Nafinsa) y apasionado por México y su gente. Tengo la convicción de que las empresas son el motor de la economía, por eso cada día trabajo para ver que haya más empresas que permanezcan a lo largo de los años en todos los estados de la República, con el fin de tener un desarrollo más homogéneo en el país. Soy un ferviente creyente del desarrollo regional, del Club América (aunque pierda lectores) y de que los humanos somos buena energía, aunque a veces nos falte alineación y balanceo. Positivo por naturaleza, enamorado de mi esposa, mis tres hijos y mi país. Seamos felices, que cuesta lo mismo.
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