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La etología clásica y los designios de la conducta natural

patos y Lorenz-impronta

sábado 23 de junio de 2018

La etología es la ciencia que estudia el comportamiento espontáneo que despliegan los animales en su ambiente silvestre. Además de este cometido empírico y naturalista, la etología considera a la conducta como una variable fundamental de la selección natural descrita por Darwin en su libro La expresión de las emociones en los animales y en el hombre de 1872. De acuerdo con esta teoría, los comportamientos que resultan adaptativos mejoran las oportunidades del individuo para reproducirse y así se seleccionan, se refinan y se manifiestan en generaciones sucesivas. Las pautas de comportamiento tienen un pasado evolutivo que se estudia mediante el análisis comprativo de diversas especies animales.

Con estos robustos fundamentos teóricos y prácticos, la etología tuvo un desarrollo espectacular en la segunda mitad del siglo XX, una notable repercusión en ciencias tradicionales, como la fisiología o la antropología, una expansión en la etología humana, interacciones productivas con el psicoanálisis, la psiquiatría y la neurociencia, y un papel central en la génesis de la primatología, la sociobiología y la psicología evolucionista, a las que llegaremos pronto. La etología hizo posible analizar el comportamiento desde sus componentes más finos, como son las unidades de conducta, los movimientos precisos y acciones básicas de diversas especies animales, hasta la definición de las circunstancias del medio que precipitan, modulan, restringen o condicionan las conductas. Esto último requirió la inclusión del comportamiento en la ecología (con el nombre de ecología de la conducta), lo cual es medular en las redes de información que definen y mantienen a los ecosistemas. Con este amplio y estimulante panorama en mente, vamos a continuación a recapitular los primeros pasos de esta feraz ciencia a manos de varios zoólogos, en particular del más conocido de ellos, el austriaco Konrad Lorenz (1903-1989).

Lorenz y los patos

Konrad Lorenz “improntado” por un grupo de gansitos que le siguen como seguirían a su madre o cualquier figura que se les presentara en un periodo crítico de su desarrollo temprano (tomada de: https://jralonso.es/2014/06/04/gansos-con-impronta/).

Aunque Lorenz fue médico e hijo de un médico, no ejerció esta profesión que estudió en alguna medida para satisfacer a su padre, sino que mantuvo una vocación entusiasta de espiar la vida animal. Desde pequeño coleccionaba animales de todo tipo en su casa y de joven emprendió un dispensario en el zoológico y tomaba notas de la conducta de los pájaros en su diario. Después de graduarse de médico, completó un doctorado en zoología en 1933 y empezó a publicar importantes trabajos científicos sobre la conducta de diversas aves, en especial patos y gansos. En estos últimos utilizó el comportamiento típico de los polluelos recién eclosionados de seguir a sus padres para demostrar que estos podrían ser sustituidos por otras especies, incluyendo a su propia persona, si se presentan en un periodo crítico. Las fotografías de Lorenz rastreado por una fila de patitos se volvieron famosas y este notable fenómeno de la impronta mostró que un comportamiento innato puede ser moldeado por estímulos ambientales. La extensa investigación de Lorenz incluyó la observación y el registro de pautas estables de conducta que despliegan diversas aves en sus encuentros sexuales o agresivos y de otras señales de comunicación, como son las vocalizaciones. El reconocimiento de tales piezas del comportamiento como unidades de conducta permitió establecer catálogos de posturas, actos y acciones propios de cada especie. Estos catálogos, denominados etogramas, hicieron posible realizar mediciones de frecuencias o duraciones de cada comportamiento definido y desarrollar una etología cuantitativa.

En su conocido libro Sobre la agresión: el pretendido mal de 1963 (traducido al español en 1972), Lorenz mostró que la conducta agresiva es necesaria para adquirir y mantener roles y estatus en la estructura social de muchas especies, además de ser esencial para limitar las acciones invasoras, lesivas o abusivas de otros individuos. Por lo demás, en los encuentros de lucha territorial o competencia sexual, la agresión se aplaca cuando el receptor da indicios de sumisión. El aprendizaje social es esencial para ensayar y aprender cuándo y cómo canalizar la agresión para que se mantenga como un recurso adaptativo para el individuo y para el conjunto social. Tanto la agresión como la afiliación son elementos normales y necesarios para la formación y manutención de múltiples grupos animales.

libro de etología

Portada de la 22ª edición del libro de Lorenz “Sobre la agresión” (2005).

Lorenz fue reclutado por el ejército alemán como médico y capturado en 1944 como prisionero de guerra en la Unión Soviética. En 1948 fue liberado y regresó a Austria tomando la dirección de varios institutos, incluyendo desde 1961 el Max Planck de Fisiología de la Conducta. En 1973 el Premio Nobel de Fisiología le fue otorgado a Lorenz en compañía de su colega y amigo, el sueco Nikolaas Tinbergen, y del alemán Karl von Frisch. En su Estudio del Instinto de 1951 Niko Tinbergen (1907-1988) argumentó que hay cuatro formas válidas de explicar cualquier instancia de comportamiento: la primera es la ventaja adaptativa, o sea, la función que tiene para la sobrevivencia y la reproducción del individuo, la segunda es su causa inmediata, sea ésta fisiológica o los estímulos del medio que la precipitan, la tercera es la ontogenia y la constituyen las modificaciones que suceden durante el desarrollo del individuo en respuesta al aprendizaje y la cuarta es cómo se compara con otras especies, lo cual aborda su filogenia o causa evolutiva. Las cuatro explicaciones son complementarias y se han vuelto usuales en diversas argumentaciones teóricas y filosóficas sobre la mente, el cerebro y la conducta.

amigos científicos

Nikko Tinbergen y Konrad Lorenz, amigos y promotores de la etología moderna, en el año de 1978.

Frish-Lorenz-Tinbergen

La perspectiva etológica es relevante en la concepción y tratamiento del problema mente-cuerpo, pues la conducta es la acción manifiesta de los organismos en su medio ambiente, cuya expresión está regulada por funciones del sistema nervioso en las que suelen participar procesos mentales como motivaciones, emociones, deseos, estrategias, memorias y decisiones. Al proveer de técnicas de estudio del comportamiento natural, inferencias adaptativas de su evolución y de hipótesis viables sobre la relación de estados mentales de orden cognitivo, afectivo y volitivo con ciertas conductas bien definidas, la etología ha contribuido en la comprensión de aspectos particulares de la relación mente-cuerpo. Por ejemplo, la compleja relación entre las emociones de rabia y de miedo con las conductas de amenaza, ataque, defensa, huida o sumisión se ha analizado en diversas circunstancias y en contextos naturales que permiten llegar a diversas conclusiones y formular nuevas hipótesis.

gestos faciales evolución

Figura del libro “Sobre la agresión” de Lorenz, para ilustrar los gestos faciales del perro en dos dimensiones, a partir de la neutral abajo y a la izquierda, una de rabia (hacia la derecha) y otra de miedo (hacia arriba). La expresión de arriba y a la derecha muestra rasgos combinados de rabia y miedo. Cada una de las expresiones puede ser tomada como una unidad conductual para ser comparada con otras especies animales, ser registrada o analizada en referencia a su causa emocional por el etólogo cognitivo (tomada de Wikipedia).

En efecto, las herramientas de la etología colocan al investigador en posibilidades de realizar estudios y mediciones estrictas del comportamiento y atisbar fenómenos psicofisiológicos para avanzar hipótesis y teorías sobre sus mecanismos, causas y consecuencias. Con este cometido. en los años 70 surgieron interdisciplinas como la neuro-etología, abocada a estudiar las bases fisiológicas y cerebrales de las conductas espontáneas, y la etología cognitiva originada por la demanda de analizar las causas, correlatos y consecuencias psicológicas de múltiples comportamientos. Pronto veremos que el desarrollo de la etología cognitiva tocante a la inferencia verosímil de estados o actos mentales a partir del comportamiento espontáneo de diferentes especies animales instituye la cuestión del origen evolutivo de la conciencia y la moralidad. En un sentido más general, la etología encaminada a mediados del siglo pasado por Lorenz, Tinbergen y otros zoólogos hoy, es una vigorosa biología de la mente y el comportamiento que instaura una abundante psicodiversidad, es decir, no sólo la existencia de numerosas especies biológicas, sino (pace Descartes) de múltiples especies de mentes y (pace Rousseau) de otras culturas además de la humana.

conductas de animales

Colección de imágenes que intentan mostrar la diversidad de las conductas de comunicación animal y que manifiestan muy diferentes estados psicofisiológicos y estrategias adaptativas (tomado de Wikimedia, Ethology diversity 2).

Los contenidos de la columna Mente y Cuerpo forman parte del próximo libro del autor. Copyright © (Todos los Derechos Reservados).

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Sobre José Luis Díaz Gómez

José Luis Díaz Gómez
Se graduó de médico cirujano en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1967 con una tesis dirigida por el Prof. Dionisio Nieto quien fue su principal maestro. En esta misma universidad y año emprendió una carrera académica como investigador de tiempo completo que continúa. A principios de los años 70 amplió su entrenamiento como investigador asociado en los Laboratorios de Investigación Psiquiátrica de la Universidad de Harvard y del Hospital General de Massachusetts en Boston, E.U.A a cargo del Prof. Seymour S. Kety. Se ha dedicado a la psicobiología y la neurociencia cognitiva. Sus estudios han incluido la interdisciplinariedad: la neuroquímica, la psicofarmacología, el problema mente-cuerpo, la naturaleza de la conciencia, las emociones y la epistemología. Es investigador titular “C” en el Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina de la Facultad de Medicina de la UNAM. Pertenece a la Academia Mexicana de la Lengua, electo desde el 2013, para ocupar la silla VI.