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Psicología neurológica: daño mental por lesión cerebral

José Luis Díaz Gómez


Mente y Cuerpo

Imagen: http://elpsicoasesor.com

sábado 15 de septiembre de 2018

Una de las evidencias más abundantes y decisivas del fundamento cerebral de las actividades mentales y la conciencia está constituida por el conjunto de enfermedades y lesiones manifiestas del cerebro que afectan a la mente. Éste es el tema de la neuropsicología clínica, interdisciplina de larga estirpe que ha comprometido a psicólogos y a médicos neurólogos con preparación refinada y creativa en el campo de las facultades mentales y sus desarreglos. Muchas de las pruebas e instrumentos de medición y evaluación de las actividades mentales como la percepción, el pensamiento, el razonamiento, la memoria, el reconocimiento, la imaginación, el control del movimiento, la conciencia moral o la conciencia de sí fueron desarrollados o perfeccionados por neuropsicólogos.

El método de estudio aplicado en la investigación clínica es distinto al que se emplea en la investigación experimental básica. En ésta se selecciona un problema y se establecen hipótesis verosímiles para ponerlas a prueba al comparar un grupo en el que se aplica un estímulo clave con otro similar en el que no se aplica. En la clínica el problema no se escoge, sino que irrumpe en la humana forma de un paciente con una dolencia. El investigador registra datos del enfermo, desde sus quejas o síntomas, hasta lo que revela la exploración de su cuerpo, sea directa o indirecta, sirviéndose de diversos análisis. El clínico en general y el neuropsicólogo en particular proceden como detectives que siguen pistas y van enfocando sus pesquisas para llegar a un diagnóstico, en este último caso, hasta localizar el daño cerebral.

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Dibujos de un paciente con síndrome neuropsicológico de hemi-agnosia. A la izquierda, su copia de los dibujos y a la derecha, dibujos espontáneos de un rostro y de un reloj. El paciente con lesión del lóbulo parietal derecho ignora la parte izquierda de su campo visual y de su imagen mental (Tomado de: http://trialx.com/curetalk/wp-content/blogs.dir/7/files/2011/05/diseases/Neglect-2.gif).

Como figuras destacadas y ejemplares de la neuropsicología moderna me he de referir brevemente a dos grandes investigadores clínicos del siglo XX, el ruso Alexandr Luria y el británico-neoyorkino Oliver Sacks. El médico Alexandr Románovich Luria (1902-1977), nacido en Kazán, inicialmente se interesó por el psicoanálisis, pero al conocer a Lev Vigostsky en 1924 colaboró con él con la idea, derivada del marxismo, del desarrollo de la mente humana como producto de las transformaciones sociales e históricas que vive cada individuo. Formados también en la tradición pavloviana de la reflejología, estos investigadores se encontraron con el paradigma generalizado de considerar que las actividades mentales están localizadas en el cerebro, de tal forma que una lesión en una zona determinada era la causa de un déficit en su función mental. Durante la II Guerra Mundial, que impactó severamente a la URSS, Luria tuvo ocasión de estudiar múltiples lesiones cerebrales traumáticas y se imbuyó profundamente en la localización de las funciones mentales por el estudio de casos. Eventualmente, con una vasta experiencia clínica y una notable capacidad teórica, Luria corrigió la teoría localizacionista para plantear una noción de sistemas funcionales complejos que sigue vigente y esbozo ahora.

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Alexandr Luria hacia 1950.

En las décadas de los años 60 y 70 Luria publicó textos clásicos de la neuropsicología en los cuales estableció las funciones ejecutivas de los lóbulos frontales que, hasta ese tiempo, eran poco conocidas, analizó las bases cerebrales de la memoria y las llamadas funciones corticales que consideró responsables de las actividades mentales más desarrolladas. Estos procesos mentales superiores eran para este notable neuropsicólogo los de naturaleza cognoscitiva implicados en el conocimiento, como el pensamiento, el cálculo, el lenguaje, la lectura y la escritura. A diferencia de una localización puntual de cada uno, los concibió como funciones complejas que requieren de la asociación concertada de zonas distantes de la corteza cerebral organizadas en sistemas. Como un mosaico que conforma una figura cambiante, cada una de estas zonas realiza una función específica de tal manera que las funciones resultantes no pueden ser localizadas o adscritas a una región particular, aunque, si se lesiona alguna de estas, la función entera se resiente. Las obras de Luria fueron traducidas al inglés, francés y al castellano y con ello ganó reconocimiento general como padre de la neuropsicología moderna.

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Dos obras fundamentales de Luria traducidas al castellano: “El cerebro en acción de 1979” y “Las funciones corticales superiores del hombre” de 1977, tercera edición de 2015.

Por su parte, el neurólogo de origen británico Oliver Sacks (1933-2015) fue una personalidad destacada y original no sólo de la neuropsicología, sino de las letras y la divulgación científica. Cuando inició sus trabajos en el hospital Beth Abraham de Nueva York, Sacks observó a supervivientes de la epidemia de encefalitis letárgica que cundió hacia 1920. Los enfermos estaban en diversos estados de coma desde hacía décadas y requerían atención permanente. Por inferencias neuroquímicas, en 1970 Sacks les administró L-dopa, la sustancia que produce la dopamina en el cerebro y que estaba siendo utilizada con buen resultado en el mal de Parkinson. El resultado sensacional fue que los enfermos salían de su estado comatoso o letárgico. Yo me encontraba en un laboratorio de neuroquímica y psicofarmacología en Boston y recuerdo cuando uno de los maestros llegó precipitadamente anunciando que en Nueva York alguien estaba despertando a los enfermos de coma con L-dopa, lo cual resultaba asombroso. Desgraciadamente, el efecto benéfico revirtió y, en muchos casos, tuvo que ser suspendido porque provocaba movimientos incontrolados. Sacks relató esta experiencia en Despertares (1973) llevado al cine en 1990 con Robin Williams como Sacks y Robert de Niro como un conmovedor enfermo que sale del coma durante un tiempo limitado.

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Oliver Sacks en 2009 (Tomada de: Wikipedia).

A partir de esa época, Sacks encontró en la narración de casos clínicos una veta de análisis y expresión original y creativa de interés médico, neurocientífico y literario. Unificó en sus relatos la neuroanatomía, las emociones, la reflexión clínica, las referencias a filósofos, su admiración por Darwin y la fascinación por el cerebro. Con un lenguaje llano, claro y preciso llevó a todo tipo de lectores casos clínicos, como el que describe en su célebre libro El hombre que confundió a su mujer con un sombrero, de 1985, donde trata sobre un paciente con una lesión del lóbulo temporal que es crucial para reconocer caras. En otro libro aborda la agnosia visual de un ciego de nacimiento operado de cataratas congénitas y que llegó a ver, pero no a reconocer los objetos y características de su campo visual. Éste fue tema de la película A primera vista (First sight) de Irwin Wrinkler (1999), basada en el ensayo To see or not to see (“ver o no ver”) en alusión al monólogo de Hamlet. Ésta es la tónica de docenas de casos clínicos literariamente narrados.

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Portada del libro “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” (2005), traducido del inglés en 2008 por José Manuel Álvarez Flores.

Sacks le concedía una importancia central al relato del paciente y lograba así extraer los síntomas más finos de su padecer, al tiempo que lo hacía sentir escuchado y comprendido. Ejerció la investigación clínica estableciendo una relación con cada paciente marcada por la empatía, la intimidad, la curiosidad y el deseo de ayudar. La relación clínica aunada a la capacidad narrativa marcan una contribución única a la neurociencia, a la divulgación científica y a la reflexión sobre la mente y el cerebro.

Además de todo esto, el hombre es admirable por una vida intensa relatada en su autobiografía de 2015 On the move: A life. Con elocuente veracidad, Sacks comparte cómo superó el rechazo de su familia por su homosexualidad o realizó todo tipo de intereses, desde experiencias con LSD, el fisicoculturismo, la natación en aguas glaciales o el motociclismo, hasta desembocar en la neuro-narración de historias médicas.

Luria y Sacks inspiran a neuropsicólogos actuales, como Jesús Ramírez-Bermúdez, y, además, impulsan una neuropsicología integral y generosa que aborda a la persona humana en sus facetas de cuerpo, cerebro, conciencia, conducta y circunstancia, cinco cés cuya pentagonal cúspide constituye una manera útil de ponderar el problema mente-cuerpo.

Los contenidos de la columna Mente y Cuerpo forman parte del próximo libro del autor. Copyright © (Todos los Derechos Reservados).

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

2 comentarios

  1. Rafael Ocrospoma Cruz

    Este artículo está interesante ya que contribuye a conocer o recordar la historia de la neurosicologia y permite reconocer que la ciencia soviética sirvió de base para el desarrollo de las neurociencias considerando que el cerebro es la base para la actividad mental.

    • José Luis Díaz Gómez

      Agradezco su comentario, pero le recuerdo que la tesis de que el cerebro es la base para las actividades mentales fue sostenida por muchos pensadores e investigadores de diversas latitudes, como hemos estado revisando en esta columna Mente y Cuerpo. Sin duda Luria y Vigostsky fueron claros y contundentes al sostener la tesis materialista de la mente, pero no existe hasta el momento una evidencia o una teoría de cómo ocurre la conciencia en el sistema físico del cerebro.

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Sobre José Luis Díaz Gómez

José Luis Díaz Gómez
Se graduó de médico cirujano en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1967 con una tesis dirigida por el Prof. Dionisio Nieto quien fue su principal maestro. En esta misma universidad y año emprendió una carrera académica como investigador de tiempo completo que continúa. A principios de los años 70 amplió su entrenamiento como investigador asociado en los Laboratorios de Investigación Psiquiátrica de la Universidad de Harvard y del Hospital General de Massachusetts en Boston, E.U.A a cargo del Prof. Seymour S. Kety. Se ha dedicado a la psicobiología y la neurociencia cognitiva. Sus estudios han incluido la interdisciplinariedad: la neuroquímica, la psicofarmacología, el problema mente-cuerpo, la naturaleza de la conciencia, las emociones y la epistemología. Es investigador titular “C” en el Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina de la Facultad de Medicina de la UNAM. Pertenece a la Academia Mexicana de la Lengua, electo desde el 2013, para ocupar la silla VI.