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Ocho funciones psicofísicas integran la autoconciencia

Johannes Wtenbogaert.

José Luis Díaz Gómez


Mente y Cuerpo

Retrato de Johannes Wtenbogaert, Rembrandt, 1633 (Fuente: EncicloArte.com).

sábado 25 de mayo de 2019

En el curso de estos artículos el “yo” se analiza y se descifra como la autoconciencia, un extenso y dinámico sistema cognoscitivo de auto-reconocimiento y auto-referencia. Pero la autoconciencia no es una función mental única y singular, sino plural y dinámica. Por el momento reconocemos ocho funciones que pueden operar por separado, coordinarse de diversas formas o trabajar como un todo interactivo, ajustado e integrado. Estas funciones constituyen la autoconciencia o el “yo” como colecciones transitorias y cambiantes de sensaciones o imágenes corporales, situaciones de cara al entorno, deliberaciones y pensamientos sobre uno mismo, recuerdos autobiográficos, previsión de la muerte, rasgos personales asumidos, redes de relaciones con otros, o adopción de valores morales. Cada función tiene una larga raíz filogénica y evolutiva, pues se presenta en diversos grados y formas en diferentes especies, para llegar a una manifestación particular en la humana. Tiene también una raíz ontogénica específica del desarrollo único de cada individuo y una raíz cultural de roles, normas o valores asumidos por la persona.

Autorretratos de Rembrandt.

Los muchos autorretratos de Rembrandt (1606-1669) reflejan la identidad y auto-representación personal del gran pintor del barroco holandés a lo largo de la vida. En la primera aparece el pintor a los 23 años en 1629.

Se puede afirmar entonces que la autoconciencia emerge en el transcurso de la evolución como un correlato de la encefalización y en el transcurso de la vida individual para ir conformando un sistema estratificado de funciones interrelacionadas entre sí que los humanos construyen como “yo”. Dichas funciones pueden acomodarse en una jerarquía que va desde la más “primitiva” y no conceptual, hasta la autorreferencia lingüística, la alteridad y la ética. Las capacidades elementales de autorreconocimiento consisten en la percepción de la postura y movimiento del propio cuerpo (propiocepción) y del estado de sus vísceras (interocepción), así como de las relaciones del individuo con su nicho físico y social inmediato que implican la diferenciación del individuo y su entorno. Un momento crucial en la evolución surgió con la capacidad de autorepresentación que muestran los animales con un buen desarrollo proporcional del cerebro y que eventualmente se asocia con funciones ejecutivas (la capacidad de disponer y ejecutar acciones) y funciones de introspección (la capacidad de observar los propios procesos mentales). En los seres humanos, estas facultades permiten la representación semántica mediante conceptos de autoreferencia estipulados por los pronombres en primera persona (yo, mi o mío) que adquieren significado con el desarrollo del lenguaje. A su vez, estas capacidades estan asociadas con la conciencia de las personas próximas y distantes como otros “yo” y con la conciencia de la muerte. Finalmente, esta conciencia de sí y del otro permite la conciencia moral, constituyendo la base de la ética.

Autorretratos de Rembrandt.

Autorretrato de Rembrandt a los 37 años, en 1640.

Ordenadas de las más fundamentales y primitivas hasta las más complejas, las ocho funciones de la autoconciencia que iremos examinando progresivamente, son las siguientes.

(1) Territorio somático e imagen corporal. La información del propio cuerpo es una función elemental, primaria y no conceptual que toda criatura móvil y encefalizada tiene en referencia a su posición, su movimiento, el estado de sus vísceras, su equilibrio y su tacto. Estas capacidades integran una representación dinámica del cuerpo que en los humanos se conoce como imagen corporal.

(2) Nicho doméstico y situación. La relación directa e inmediata que tiene una criatura viviente y móvil con su medio ambiente requiere una diferenciación tácita de su cuerpo y sus posibilidades de acción. Esta relación con el nicho o entorno más próximo y relevante es indispensable para su vida.

(3) Agencia y poder para actuar. La movilidad autónoma de los seres vivientes se expresa en un comportamiento encauzado con cierto sentido en el medio circundante. La evolución habilitó la diferenciación y liberación crecientes de las criaturas más desarrolladas, que llega a su expresión más ventajosa con la capacidad de dirigir su propia conducta.

(4) Introspección, atención plena y metacognición. Son funciones recursivas y reflexivas de automonitoreo para observar, inspeccionar, corregir y juzgar las propias actividades. El control y dirección de la atención, sea a los propios procesos mentales, a la ejecución y los efectos de los actos deliberados o a los objetos del mundo es su factor más caraterístico.

Autorretratos de Rembrandt.

Autorretrato de Rembrandt a los 53 años, en 1659.

(5) Discurso en primera persona y apropiación. Las funciones linguísticas de los pronombres personales (yo, mí o mío) permiten al sujeto conceptuar su cuerpo, su mente, su historia y su existencia como identidad y posesión propias. Se trata de un eficiente recurso de autorreferencia propio del pensamiento, del discurso y del texto.

(6) Memoria episódica, autobiografía y rol. Las capacidades de almacenamiento y rememoración de experiencias vividas se integran en una narrativa de la propia vida. Se usan en la construcción de una individualidad coherete y de una posición social de la persona en términos de su historia y de la red de relaciones que establece en su vida. La conciencia de la muerte es una característica tremenda de esta facultad.

(7) Atribución y alteridad. Son capacidades para asignar a otros seres vivos, en especial a los de la propia especie, las propiedades somáticas y mentales que tiene el sujeto. Por analogía, por contraste y por diferenciación definen tanto la identidad propia como la de los otros y permiten conocerlos y empatizar con ellos.

(8) Conciencia moral y postura ética. La conciencia moral se refiere al conjunto de criterios, valores y emociones sociales que permiten a un individuo juzgar si son correctas las conductas propias y ajenas en términos de sus causas y consecuencias. La postura ética implica la búsqueda tanto teórica como práctica para encontrar la mejor forma de vivir y actuar en referencia a valores propios y colectivos.

Autorretratos de Rembrandt.

Autorretrato de Rembrandt a los 61 años, hacia 1667.

Cada una de estas funciones se definirá, describirá y analizará en capítulos venideros, tanto en términos de sus caracterísitcas cognitivas, afectivas, volitivas y conductuales, como en referencia a sus bases cerebrales mejor conocidas. Adicionalmente a las ocho funciones mencionadas, exploraremos dos temas relevantes e ilustrativos para comprender mejor la natruraleza de la autoconciencia. El primero se refiere a la crisis de identidad y a la despersonalización que ocurren en ciertos padecimientos y condciones psiquiátricas, y el segundo a la disolución del yo y el concepto de un yo verdadero referidos en diversas tradiciones místicas con base en el cultivo metódico de técnicas introspectivas y contemplativas depuradas que involucran centralmente a la autoconcencia. Finalmente abordaremos el modelo integral que emerge de esta tentativa.

Esta teoría naturalista y extendida de la autoconciencia se puede considerar psicofísica o psicosomática porque integra funciones mentales y corporales evadiendo una fluctuación entre elementos internos y externos en favor de un proceso pautado de relación yo-mundo que opera actual o potencialmente entre el organismo y su nicho. Tal proceso abarca dimensiones neuronales, corporales, de conducta, ambientales y sociales que convergen en la construcción y expresión de la autoconciencia y la identidad personal integradas por un cerebro partícipe.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

4 comentarios

  1. Raúl Maldonado Rodriguera

    1.- Dr Díaz Gómez, una vez más le agradezco por cada uno de sus libros y por cada uno de estos artículos que son parte de otro de sus libros.
    Ud es parte de ese selecto grupo de investigadores que a través de los siglos, con sus investigaciones y libros han contribuido para entender más de el Mundo, de la vida y quienes somos, y en particular en tratar de resolver el gigantesco misterio del Problema Mente Cuerpo.
    Nos dice Werner Heisenberg (1901-1976) en su último libro de 1969, traducción al español 1972, “Diálogos sobre la Física Atómica “ , al final de el prólogo:
    “La moderna física atómica ha puesto de nuevo sobre el tapete problemas fundamentales de la filosofía, la ética y la política, y es menester que en esta discusión participe el mayor número posible de personas. Tal vez, el presente libro pueda contribuir a poner las bases para ello.”
    Desarrollar la Mecánica Cuántica fue un trabajo de muchos titanes a finales de el siglo XIX y primeros treinta años del siglo XX. Fue una hazaña asombrosa! En contraste, llevamos miles de años tratando entender quienes somos los humanos. Claramente un problema mucho más complejo. Hay quienes creen que es un problema insoluble para los humanos. El tiempo lo dirá. C.U.M. Smith escribió en el prólogo de su libro “El Cerebro “. 1972:
    “Que es la conciencia, y hasta qué punto se extiende a través del reino animal? …acaba de salir del reino de la filosofía para pasar al de la fisiología. El científico realmente honrado, igual que San Agustín al enfrentar con el problema análogo del origen del alma humana, ha de reconocer su ignorancia.”
    Ya transcurrió medio siglo y si se ha avanzado algo. Cuando menos muchísima discusión, aunque si veo mucha precipitación cuando se se dice sin el menor recato y hasta la náusea que “solo somos un haz de percepciones” Hume, o “solo un paquete de neuronas un conjunto de neuronas y sus moléculas asociadas” (Crick), o que el Yo y el libre albedrío es una ilusión. Se repite como un mantra!
    Quiero seguir con el punto dos…

  2. Raúl Maldonado Rodriguera

    2.- En 2005, la muy respetable organización Edge.org preguntó a 120 destacados científicos y filósofos la pregunta: “What You believe but You cannot prove?
    Si se teclea :
    Susan Blackmore It Is posible to live happily and morally without believing in free will
    Aparece el link de la respuesta de la Dra Susan Blackmore. En wikipedia se puede ver su biografía.
    Voy a traducir con mi pobre inglés por si algún estimado lector no tiene buen dominio de ese idioma. Me parece que es un texto fundamental para conocer más el ambiente, razonamientos y sentimientos de una persona muy honesta y congruente con sus creencias. Rara vez nos encontramos con tanta sinceridad. Estoy muy agradecido con la Dra Blackmore.
    Traduzco libremente. En inglés los pronombres personales se escriben con mayúsculas, lo cual es muy correcto, pues es una representación de la Dignidad de una persona no de una cosa. En español, desgraciadamente no es así, y peor aún muchas veces no se escribe el pronombre, pues en la conjugación del verbo va implícito el pronombre, entonces el MARAVILLOSO PRONOMBRE NO SE ESCRIBE.

    “Es posible vivir felizmente y moralmente sin creer en el libre albedrío. Como Samuel Johnson (1709-1784) dijo: ‘Toda la teoría es en contra de la libertad de la voluntad; toda la experiencia a favor’ Con los desarrollos recientes en las neurociencias y teorías de la conciencia, la teoría es aún más en contra que en su tiempo. Así que Yo hace mucho tiempo me puse sistemáticamente a cambiar mi experiencia . Yo ahora no tengo el sentimiento de actuar con libre albedrío, aunque el sentimiento tomó muchos años en desaparecer.
    Pero qué pasa? La gente cree que Yo estoy mintiendo! Ellas piensan que eso es imposible, así que Yo debo estar engañandome a mi misma para poder preservar mi teoría. Y que puedo Yo hacer o decir para objetarles? Yo no tengo idea— que no sea sugerirles que traten el ejercicio, aunque es demandante.
    Cuando el sentimiento se va, las decisiones solo pasan con ningúna sensación de que alguien las hace, pero entonces una nueva pregunta surge— las decisiones serán moralmente aceptables? Aquí Yo he hecho un gran salto de fe. Parece que cuando la gente descarta la ilusión de un yo interior quien actúa, como muchos místicos y practicantes Budhistas lo han hecho, ellos generalmente se comportan de modo que nosotros consideramos moral o bueno. Así que quizá renunciar al libre albedrío no es tan peligroso como pareciera—pero esto también Yo no lo puedo probar.
    Así que abandonar totalmente el sentido de un yo interior consciente —es mucho más difícil. Yo solo sigo adelante…[no puedo traducir bien esta oración]. Aunque no lo puedo probar, esto es verdad…”

    MUCHÍSIMAS GRACIAS DRA BLACKMORE POR SU FRANQUEZA!

    Comentarios a lo anterior:
    •La Dra Blackmore lleva a la fecha 30 años practicando meditación budista aunque no es Budista. Explícitamente es Materialista militante. Es inglesa, forma parte de el círculo de amigos junto con Richard Dawkins.
    •Es realmente difícil conciliar la muy respetable creencia materialista con la omnipresente cristalina y luminosa experiencia de ser Agente, Persona y además sentir que reflexionamos y valoramos y elegimos la mejor opción.
    •Si hay experimentos de que si las personas no creen en el libre albedrío, tienden a comportamientos inmorales. Kathleen D. Vohs y Jonathan W Schooler hicieron dos experimentos en 2008.
    Teclear: The value of believing in free will. Encouraging a belief in determinism increases cheating.
    •Como sería un mundo en el que no se enseñara a los bebés el lenguaje natural con pronombres y verbos que reflejan la vivencia de ser personas y agentes?
    •Como sería un mundo en el que se impusieran ejercicios de meditación que conlleven a tratar de matar el sentimiento de ser objetos y no sujetos?
    •Como sería un mundo en el se enseñara que los sentimientos de ser personas y de libre albedrío son ilusorios, irreales, generados por el cerebro, y que todos los sistemas de derecho se eliminan porque no existen personas morales, que todo es ilusorio. Un Mundo en el que se quemen todos los libros como en la película de “Fahrenheit 451, para ayudar a borrar el persistente sentimiento de ser personas y de libre albedrío?
    •Claro que le creo a la Dra Blackmore que si vive felizmente y moralmente! Pero se debe imponer su creencia a todo el mundo?
    •Entiendo que si llegamos a creer que nadie es responsable de lo que hace, que no hay bien ni mal, se acabarían los remordimientos, el mérito y el demerito… pero el infierno de violencia que vivimos no se pondría peor?
    •Etc, etc, etc.

    • Gracias Raúl por sus comentarios, pero se me adelanta usted. Planeo elaborar el tema de la autoconciencia en el curso de un año y tocaré varios de los asuntos que menciona. Le adelanto que yo sí creo en el libre albedrío y que es compatible con el determinismo…

    • Raúl Maldonado Rodriguera

      Una corrección, debe decir ….”Como sería un mundo en el que se impusieran ejercicios de meditación que conlleven a tratar de matar el sentimiento de ser Sujetos, Personas, Agentes y sustituirlo por el sentimiento de ser objetos?”.

      Y hago un añadido: Vale la pena escribir libros que tratan de convencernos a las Personas que solo somos “robots orgánicos “ ?

      Porque tanto insisten en deshumanizarnos? Porqué nos quieren despersonalizar?…El sentimiento de despersonalización es considerado una patología, porque nos quieren enfermar?

      Yo se que no lo hacen de mala fe, pero es necesario poner en guardia a las personas y hacer una campaña mundial de información de que de buena fe nos quieren despersonalizar, deshumanizar.

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Sobre José Luis Díaz Gómez

José Luis Díaz Gómez
Se graduó de médico cirujano en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1967 con una tesis dirigida por el Prof. Dionisio Nieto quien fue su principal maestro. En esta misma universidad y año emprendió una carrera académica como investigador de tiempo completo que continúa. A principios de los años 70 amplió su entrenamiento como investigador asociado en los Laboratorios de Investigación Psiquiátrica de la Universidad de Harvard y del Hospital General de Massachusetts en Boston, E.U.A a cargo del Prof. Seymour S. Kety. Se ha dedicado a la psicobiología y la neurociencia cognitiva. Sus estudios han incluido la interdisciplinariedad: la neuroquímica, la psicofarmacología, el problema mente-cuerpo, la naturaleza de la conciencia, las emociones y la epistemología. Es investigador titular “C” en el Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina de la Facultad de Medicina de la UNAM. Pertenece a la Academia Mexicana de la Lengua, electo desde el 2013, para ocupar la silla VI.