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Siempre aquí y ahora: el eterno presente

José Luis Díaz Gómez


Mente y Cuerpo

Ilustración: Inverse.

sábado 17 de agosto de 2019

“Hacer acto de presencia” es una expresión empleada cuando se busca un efecto por el hecho de apersonarse en un lugar, un tiempo y una circunstancia señalados. Así, tener presencia es algo más que estar en un sitio; es la implicación y las consecuencias que esto tiene para el sujeto y para su entorno. Además, como veremos ahora, tener presencia demanda una laboriosa pericia existencial consistente en estar presente aquí y ahora con plena conciencia.

A partir de su libro Sentido de la presencia de 1953, el filósofo y poeta hispano-mexicano Ramón Xirau razona la presencia como una estancia, un estar aquí en el momento presente, una experiencia personal que, si bien es efímera y pasajera, alcanza una forma de eternidad. Éste es un concepto en principio desconcertante, porque el presente siempre es fugaz: ¿cómo puede algo efímero ser eterno? La respuesta procede desde Heráclito: porque el flujo es continuo y el cambio es eterno. Este planteamiento tan incierto requiere de ajustes severos para llegar a asimilar que no somos esencias fijas, sino seres dinámicos y transitorios, desplegados en el espacio y el tiempo, o, mejor dicho, en el espacio-tiempo.

Paul Tillich.

Paul Tillich hacia 1960.

Esta misma doctrina se explora con referencia al paso del tiempo en The eternal now (“El eterno ahora”) de Paul Tillich (1886-1965). Este teólogo protestante tan próximo al existencialismo recalca que tenemos futuro porque lo anticipamos en el tiempo presente y tenemos pasado porque lo recordamos también en el presente: todo ocurre en el presente. Pero el presente no existiría si consideramos que la flecha del tiempo físico difícilmente admitiría un punto inapreciable entre las escalas infinitas del pasado y el futuro. ¿Cómo comprender tal paradoja que confronta nuestra conciencia del presente con el progreso irreversible e implacable del tiempo? Su respuesta es la presencia:

¿No es el presente la línea fronteriza siempre móvil entre el pasado y el futuro? Pero una línea fronteriza no es un lugar donde pararse. Si nada nos fuera dado excepto el “ya no” del pasado y el “aún no” del futuro, no tendríamos nada. No podríamos hablar del tiempo que es nuestro tiempo, no tendríamos “presencia”. (1963, p. 130. Traducción mía.)

Tillich sostiene que vivimos en un presente que se renueva en cada nuevo presente; estamos en un eterno ahora, en un perpetuo todavía, una mudanza constante que garantiza tanto la presencia como la persistencia. Se podría especificar que el momento actual está constituido por ocurrencias u ocasiones que transcurren como los fotogramas de una película en puntos precisos y que no captamos como imágenes separadas. Tal y como sucede con la percepción de una película, el momento presente no es algo instantáneo sino un encabalgamiento de sucesos, ocasiones o estados. Se trata del “presente especioso” en términos de William James y de Alfred Whitehead, un presente extendido por un lapso en tránsito que se manifiesta nítidamente en la verbalización en tiempo presente que utilizamos para indicar acciones actuales como, en mi caso “estoy escribiendo,” o, en la conciencia del lector en este momento: “estoy leyendo.”

Ventana del presente.

Diagrama del autor que presenta la flecha del tiempo físico (arriba), la evolución simultánea de la conciencia (siguiente flecha) en la cual los eventos remanentes se desvanecen al ir pasando o se anticipan hacia el futuro. En el tercer nivel se presenta la ventana del momento presente y en la tabla de abajo las duraciones probables de cada lapso de acuerdo a diversas evidencias científicas.

Cuando escuchamos música no somos conscientes de cada sonido en el instante en que la información nerviosa llega del oído interno al área auditiva de la corteza cerebral, sino que se captan las notas que transcurren en un lapso mínimo, se mantienen en la memoria de trabajo por una retención retrospectiva y se hace una previsión prospectiva de lo que puede venir después. Esta ventana móvil involucra una actividad cerebral integrativa y duradera que permite escuchar el desarrollo de la pieza, experimentar la emoción, la cognición o la figuración musical en un lapso que se va actualizando y desvaneciendo conforme avanza la interpretación.

El eterno ahora no sólo es un concepto teórico: nos percatamos de su preeminencia en ciertos momentos de conciencia prístina y aumentada. Una de las expresiones más enérgicas de esta condición la leí hace muchos años en el clásico relato autobiográfico Walden de Henry David Thoreau (1817-1862) escrito en 1845 y re-editado en múltiples ocasiones. He utilizado la edición de 1961 de Walden para traducir de la página 31:

En cualquier clima, a cualquier hora del día o de la noche, me he esforzado para mejorar el momento justo y grabarlo así en mi báculo; pararme en el encuentro de dos eternidades, el pasado y el futuro, lo cual es precisamente el momento presente, y rastrear esa línea.

Thoureau.

Escultura de Thoureau frente a su cabaña del lago Walden en Concord, Massachussetts. Se propuso vivir allí a mediados del siglo XIX en soledad, con la mayor simpleza posible y deliberadamente, es decir, con toda presencia y atención, cualidades de la autoconciencia explícita. La vigorosa escultura intenta captar estas cualidades.

Estos empeños tan decisivos del admirable naturalista libertario de Concord, al retirarse en soledad a una cabaña del lago Walden para vivir con frugalidad y deliberación, exhortan a invertir nuestra energía vital y aplicar la voluntad para mantener una mente alerta y una presencia resuelta, un estado de autoconciencia explícita o intencional. Sin embargo, esta tarea no es nada fácil ni está garantizada por sólo admitir el tiempo presente como un hecho ineludible de la condición humana: es necesario afanarse en ello.

La milenaria tradición budista también hace un hincapié decidido en mantenerse consciente en el efímero y cambiante presente, en emplear y entrenar la atención para percatarse de los sucesos actuales, observar lo que pasa tal y como acontece, estar con plena presencia aquí y ahora. En vista de que estos estados se consideran ingredientes necesarios para una vida más plena y para adquirir sabiduría y compasión, se practican metódicamente en diversas técnicas de meditación budista.

Parecen muy  relevantes a este tema cuatro locuciones clásicas en latín que solían usarse ligadas y mostrarse desde el medioevo en relojes de sol. El dicho hic et nunc (aquí y ahora) no sólo se refiere a la condición siempre contemporánea de la existencia, también se ha usado para experimentar la realidad actual sin dejarse llevar por teorías o creencias, lo cual requiere una atención refinada y una cognición crítica. Esta actitud sería el complemento del tempus fugit (el tiempo vuela) que se complementa con memento mori (acuérdate que vas a morir) y con carpe diem (aprovecha el momento). Las cuatro expresiones constituyen una exhortación vehemente: como el tiempo vuela y la muerte se aproxima inexorable, aprovechemos el momento y la ocasión aquí y ahora. Ahora bien, la amonestación que nos llega desde las plumas de Horacio y Virglio, no necesariamente es la de una búsqueda ávida del placer sensorial, como se suele interpretar, sino de adquirir y mantener una presencia consciente en cualquier circunstancia y que permite otra forma de ventura: admitir lo que venga y dejarlo ir cuando pase.

Carpe diem.

Reloj de sol con el lema Tempus fugit (izquierda) ubicado en Carrer Comte de Rius de Cornudella de Montsant, Tarragona, España, y con el lema Carpe diem (derecha) ubicado en el número 6 de la rue d’Astanières, Capbreton, Landes, Francia (tomadas de Wikimedia).

En suma: estar presente aquí y ahora es un atributo de la autoconciencia explícita e intencional en tanto duran los estados de la atención controlada del sujeto hacia su cuerpo, su mente, su entorno, su situación. Este hacerse y permanecer presente de forma voluntaria y deliberada es actividad propia de un agente, lo cual será motivo de futuras reflexiones.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

3 comentarios

  1. Raúl Maldonado Rodriguera

    Estimado Dr Díaz Gómez, sus ensayos, producto de decantadas cavilaciones, impulsan a interiorizar, y nos invita a comentar. Por falta de tiempo no he aportado mis reflexiones respecto a esos temas.

    Este ensayo como otros muchos es especial. No pasan desapercibidos. Son memorables. Un cordial saludo de mi parte.

  2. LAURA DEVITTA DIAZ

    UN GRAN Y AFECTUOSO SALUDO DESDE URUGUAY, QUERIDO JOSÉ LUIS Y MIS FELICITACIONES.
    COMO SIEMPRE DE MUCHO INTERES TUS ESCRITOS. ABRAZO.

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Sobre José Luis Díaz Gómez

José Luis Díaz Gómez
Se graduó de médico cirujano en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en 1967 con una tesis dirigida por el Prof. Dionisio Nieto quien fue su principal maestro. En esta misma universidad y año emprendió una carrera académica como investigador de tiempo completo que continúa. A principios de los años 70 amplió su entrenamiento como investigador asociado en los Laboratorios de Investigación Psiquiátrica de la Universidad de Harvard y del Hospital General de Massachusetts en Boston, E.U.A a cargo del Prof. Seymour S. Kety. Se ha dedicado a la psicobiología y la neurociencia cognitiva. Sus estudios han incluido la interdisciplinariedad: la neuroquímica, la psicofarmacología, el problema mente-cuerpo, la naturaleza de la conciencia, las emociones y la epistemología. Es investigador titular “C” en el Departamento de Historia y Filosofía de la Medicina de la Facultad de Medicina de la UNAM. Pertenece a la Academia Mexicana de la Lengua, electo desde el 2013, para ocupar la silla VI.