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La paz universitaria

UNAM

José R. Castelazo


Visión de Estado

Ciudad universitaria, concurrida y en paz.

viernes 14 de septiembre de 2018

 El espíritu de la UNAM es compromiso permanente

de pensamiento y acción por México y el mundo.

El autor.

En 2007 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) declaró al campus central (C.U.) de la Universidad Nacional Autónoma de México como un bien cultural del Patrimonio de la Humanidad. Esta distinción se centró en los siguientes argumentos: es un conjunto monumental del siglo XX que integra urbanismo, arquitectura, ingeniería, paisajismo y bellas artes, asociados con las tradiciones locales y el pasado prehispánico del país; encarna valores sociales y culturales de trascendencia universal, y es uno de los símbolos más importantes de la modernidad en América Latina.

Este lugar emblemático de la nación mexicana ha sido ultrajado. Se ha violentado a las instituciones educativas y al país.

Es del dominio público que el 3 de septiembre pasado una manifestación pacífica de estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades de Azcapotzalco, que reclamaba mejores condiciones académicas, fue atacado brutalmente por un grupúsculo de los llamados “porros”, quienes desde hace décadas ofenden los planteles universitarios.

Estas pandillas están presuntamente organizadas y financiadas por camarillas o autoridades que representan intereses oscuros. Realidad o ficción, se provee a los vándalos de un margen amplio de maniobra, extendido por la presencia del narcomenudeo.

La violencia, como expresión más clara del “no poder”, campea en todo el mundo. México ocupa el lugar 142 entre los 161 países incluidos en el Índice Global de la Paz, 2017. Debido al intercambio intenso con las estructuras sociales y de poder, la UNAM es un espejo de la realidad nacional. La situación que se vive en el país se manifiesta en los campus universitarios.

Sin embargo, no es una fatalidad irremediable. La comunidad universitaria encuentra, en su esencia, los elementos y recursos para enfrentarla, entre los más importantes:

  • Los fines fundacionales de la formación de profesionistas, investigadores, profesores y técnicos útiles a la sociedad; la investigación y propuestas de soluciones a los problemas nacionales, así como la preservación y extensión de los beneficios de la cultura;
  • La inteligencia colectiva que, a partir de la reflexión y deducciones objetivas, propone decisiones para el progreso social;
  • El sentido de pertenencia que impulsa a todo universitario a cumplir el compromiso que adquiere desde su ingreso a las aulas;
  • La identidad como conjunto de valores, convicciones y símbolos, que debe orientarse a fortalecer las conductas idóneas a la convivencia civilizada.

Los valores que conforman el espíritu universitario son factores de cohesión de la comunidad, para defender a nuestra Alma Mater contra las agresiones, cualesquiera que sean sus motivos, sus impulsores, sus métodos o sus fuentes de recursos.

Son indispensables la unidad y la organización de los universitarios: estudiantes, docentes, autoridades, trabajadores y egresados. El orgullo y el compromiso de ser portadores del carácter universitario son para siempre.

Se requiere de decisiones y acciones firmes que conduzcan a la identificación de quienes ordenaron el agravio, de quienes lo perpetraron y de aquellos que pretenden explotar el miedo como instrumento del no poder. Debe erradicarse la impunidad que induce a la repetición de estos hechos vergonzosos.

Mantener y desarrollar el ambiente académico, de investigación y difusión de la cultura, es responsabilidad no sólo de la Rectoría, sino una corresponsabilidad de todos los miembros de la comunidad. No se trata únicamente de una cuestión burocrática, de organización sobre la seguridad de las instalaciones y de quienes acudimos a ellas. Es inaplazable diseñar un sistema de control ex ante, preventivo; ex dure, que supervise las condiciones de tranquilidad para el flujo de la actividad cotidiana y ex post, que investigue, corrija y, en su caso, sancione conductas disruptivas que pongan en riesgo el clima de libertad y visión de futuro.

La justicia universitaria está abocada a las funciones sustantivas de la institución. No se le pida al Tribunal Universitario lo que es materia de los órganos de justicia nacionales o locales.

Con su visita, hace dos días, al CCH Azcapotzalco, el Rector ejerce su liderazgo institucional. Manifiesta la apertura y la voluntad de transformar el estado de cosas. Asume el compromiso de atender el pliego petitorio… pero al salir del encuentro es objeto de agresiones por parte de encapuchados… ¿De qué se trata?

El asunto llega a las dimensiones de la justicia civil y penal que recae en las autoridades constitucionalmente establecidas para garantizarla. La Rectoría no solicita la intervención de las fuerzas del orden, sino de las instancias judiciales. En su petición está implícita la necesidad apremiante de coordinarse con el gobierno federal, con el de la Ciudad de México y con los de aquellos lugares donde la UNAM tiene instalaciones, a fin de controlar integralmente las condiciones de paz para la realización de sus tareas.

Los estudiantes, profesores, investigadores, creadores, deportistas, trabajadores, estamos hartos de los porros y aún más de las fuerzas ajenas a la UNAM que pretenden influir o interferir en sus actividades y procederes. Ello desestabiliza al país, afecta la moral de todas las universidades de México, públicas y privadas, y abona a la parte negativa de la imagen que tenemos en el exterior.

Vivimos una nueva circunstancia política en la que los mexicanos estamos comprometidos. Es oportunidad para romper con la inercia de un control tóxico, mal entendido, mal encauzado y, en última instancia, ineficaz.

Nuestra Universidad mantiene una simbiosis con la sociedad, esencial para el desarrollo del país. Todo lo que acontezca en ella debe ser objeto de la atención y no de la intervención del Estado. La autonomía no es sinónimo de extraterritorialidad. Es una responsabilidad compartida que garantiza la libertad de pensamiento, de cátedra, de investigación y de expresión. Es preservar la paz universitaria, asunto que nos compete a todos.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre José R. Castelazo

José R. Castelazo
Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública, UNAM; Maestro en Gobierno, Universidad de Manchester; Diplomado en Liderazgo para el Cambio, Universidad de Harvard; Doctor en Derecho, UNAM. Profesor universitario en instituciones nacionales e internacionales. Articulista en publicaciones especializadas. Autor de trece libros, y coautor de cuatro más, entre los que están: “Administración Pública: Una visión de Estado”; “La Administración Pública en los Informes Presidenciales”; “Moving beyond the crisis: reclaiming and reaffirming our common administrative space”; “Democratic Governance, Public Administration and Poverty Alleviation”; “La Empresa Pública en México y América Latina: entre el Mercado y el Estado” y "Ejes Constitucionales de la Administración Pública en México”. Director General en áreas administrativas del Gobierno Federal. Delegado Político en Iztacalco, Diputado Federal, Embajador de México en Costa Rica. Presidente de organizaciones profesionales, la más reciente del Instituto Nacional de Administración Pública de México. Vicepresidente para América Latina del Instituto Internacional de Ciencias Administrativas; Miembro de la Junta Directiva de la Asociación Internacional de Escuelas e Institutos de Administración Pública; Fundador y Coordinador del Grupo Latinoamericano por la Administración Pública. Sucesivamente fue: Integrante, Vicepresidente y Presidente del Comité de Expertos en Administración Pública de la ONU. Actualmente preside la Consultoría “Sociedad y Gobierno”.