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Telescopios auxiliares

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Julieta Fierro Gossman


Ciencia bajo demanda


viernes 1 de junio de 2018

La historia de la astronomía es larga: ha transitado de las observaciones a la simple vista, pasando por el uso de telescopios ópticos y de radio hasta el uso de satélites, para analizar frecuencias como la radiación ultravioleta o la infrarroja. Cada tipo de frecuencia nos aporta información distinta. La luz visible, el aspecto de un astro, las ondas microondas la presencia de moléculas.

La astronomía no cuenta con un detector universal para todas las frecuencias. Los distintos telescopios se dedican a problemas específicos. El universo es tan vasto que es poco probable que varios telescopios de distintas frecuencias apunten al mismo sitio de manera simultánea. Imaginemos que lo que observa un telescopio es del ancho de la punta de un alfiler, y lo utilizamos para analizar nuestra recámara, sólo la superficie que cubre la punta del alfiler a la vez, y en una sola longitud de onda, en luz visible, o ultravioleta u ondas de radio; tendríamos una visión muy limitada de nuestra recámara, aunque hiciéramos miles de observaciones.

Ahora que se han podido detectar las ondas gravitacionales fue más evidente que nunca la necesidad de observar un solo evento con el mayor número de instrumentos posibles. Cuando llegaron las ondas gravitacionales, producto de la colisión de dos estrellas de neutrones a la Tierra, de inmediato los telescopios que cubren el resto de las frecuencias se apuntaron a la región de dónde provinieron. En el esfuerzo participaron 1200 investigadores (el 10% de los astrónomos del mundo) lo que permitió conocer con precisión dónde y qué produjo el brote de ondas gravitacionales.

Pronto estará en órbita el telescopio James Webb, diseñado para observar ondas infrarrojas, las que se sienten como calor cuando frotamos las manos. Y hemos tomado conciencia de que será una limitación no complementar sus observaciones con las de otros instrumentos.

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Telescopio espacial James Webb. (Revista Science)

Por lo tanto, hay quienes han sugerido la posibilidad de colocar varios satélites con telescopios capaces de observar en frecuencias distintas al infrarrojo, para que observen de manera simultánea con el James Webb los mismos objetos celestes.

Hasta el momento, se han invertido nueve mil millones de dólares en el nuevo telescopio espacial , 9 veces más de lo planeado, y la construcción ha demorado 10 años. Será un telescopio muy poderoso, 10 veces más que el Telescopio Espacial Hubble, con el que hemos disfrutado de imágenes extraordinarias. Ahora, con las nuevas tecnologías se pueden diseñar telescopios más modestos y ligeros con costos mucho menores. Además, los cohetes, que suelen ser una parte considerable de la inversión para colocar un satélite en órbita, se espera se reduzcan a 1/5 del costo actual.

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Imagen de una nube de formación estelar tomada en luz visible con el telescopio espacial Hubble. (NASA)

Sin embargo, el presupuesto del Webb ha sido tan elevado que está en discusión la pertinencia de colocar estos “telescopios compañeros” que potenciarían sustancialmente las observaciones. Es una lástima, pues la vida útil del Webb, se estima, será como máximo de 10 años, y poner en operación nuevos telescopios puede tomar otra década; la observación simultánea de regiones claves del firmamento permitiría que la astronomía siga impulsando a otras ciencias como la física o la biología y generando nueva tecnología.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Julieta Fierro Gossman

Julieta Fierro Gossman
La doctora Julieta Fierro es Investigadora Titular del Instituto de Astronomía de la UNAM y Profesora de la Facultad de Ciencias. Ocupa la Silla XXV de la Academia Mexicana de la Lengua y es miembro del Sistema Nacional de Investigadores en el máximo nivel. Se dedica a la divulgación de la ciencia. Ha trabajado para exposiciones en museos, cuenta con varios libros y artículos publicados, participa en programas de radio y televisión, diseña talleres de ciencia y dicta conferencias. Ha recibido numerosos galardones nacionales e internacionales incluido el Premio Kalinga que es la máxima distinción a la divulgación de la ciencia. Sociedades astronómicas, laboratorios, bibliotecas y cinco escuelas llevan su nombre.