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Cuotas de administración

Cuotas Administración

Julio Ioseph May


El mundo que yo veo


lunes 9 de abril de 2018

Acabo de cumplir 4 años de residencia en Colombia y he decidido volver a leer Cien años de soledad. Lo que leí cuando  joven, o cuando la literatura latinoamericana de pronto se hizo famosa y era obligación leerla. Al ser de un pueblo chico de Argentina, sin duda había ciertas cosas que podían gustarme, pero ahora comprendo mucho mejor el relato, pues conozco a la gente y las instituciones.

Ante las protestas de su mujer, alarmada por tan peligrosa inventiva, estuvo a punto de incendiar la casa. Pasaba largas horas en su cuarto, haciendo cálculos sobre las posibilidades estratégicas de su arma novedosa, hasta que logró componer un manual de una asombrosa claridad didáctica y un poder de convicción irresistible. Lo envió a las autoridades […] al cuidado de un mensajero que atravesó la sierra, se extravió en pantanos desmesurados, remontó ríos tormentosos y estuvo a punto de perecer bajo el azote de las fieras, la desesperación y la peste, antes de conseguir una ruta de enlace con las mulas del correo […] José Arcadio Buendía prometía intentarlo tan pronto como se lo ordenara el gobierno, con el fin de hacer demostraciones prácticas de su invento ante los poderes militares […] Durante varios años esperó la respuesta. Por último, cansado de esperar, se lamentó ante Melquíades del fracaso de su iniciativa.
(Cien años de soledad).

No soy García Márquez, y no lo digo por humilde. Tiendo a pensar que soy Buendía, pero paso largas horas en mi cuarto haciendo cálculos en las noches, por lo tanto, sería Buenanoche y, así como la del personaje, mi esposa también protesta, y protesta mucho, pues ella es nacida aquí y conoce el entorno.

Cansado de esperar a que la gente se despierte, y reconociendo el fracaso de mi iniciativa, vuelvo a leer y escribir. No sólo soy Buenanoche, también soy el mensajero:  atravesé la sierra (Miramar), me extravié en pantanos (la fiscalía, la policía) y, por supuesto, me enfrenté con las peores fieras de dos patas.

No deja de ser increíble; hay una ley, 675 del año 2001, que regula la propiedad horizontal y hay escrituras públicas que registran los reglamentos de los edificios o conjuntos residenciales y todos, absolutamente todos, dicen o creen manejarse de acuerdo con la ley.

Aprecio que el público se divida en dos grupos: el mayoritario que no dice, no opina y no vota, y el menor, que se manifiesta y, en general, la mayoría de este grupo apoya a los que los engañan. Eso, en esencia, debe ser Macondo de García Márquez. No sólo pasa en los conjuntos residenciales; lo hemos apreciado en el plebiscito sobre los acuerdos de paz, donde ganó el no.

Han llegado a mis manos los informes financieros de cinco propiedades horizontales que agrupan entre 900 y 1000 viviendas. Uno de los conjuntos, el mayor, no señala en sus informes financieros la cantidad de apartamentos.

Los administradores no remontan ríos tormentosos, se manejan con mucha comodidad, aumentando sus honorarios según el incremento del salario mínimo, a pesar de ganan entre tres y cuatro veces un salario mínimo y trabajan muchas menos horas que un empleado con un salario mínimo, ya que pueden administrar varias unidades. En algunos casos, incluso, proveen de función en el marco de la administración a opositores. Tampoco comprendo muy bien qué hacen los miembros de los consejos de administración que aprueban ciegamente la actividad del administrador.

Administración

Los propietarios que pagan correctamente y en término son quienes sostienen los conjuntos residenciales, pues pagan cuotas “infladas” para cubrir a los propietarios que no pagan y a las empresas de vigilancia (éstas financian la falta de cobranza, en algunos casos, hasta por un año).

En una asamblea pregunté al auditor externo, después de que leyó varias páginas de un informe aparentemente perfecto, si había revisado el presupuesto del año y su ejecución, y sorprendido por la pregunta, respondió que el presupuesto a veces…, en fin, definitivamente no revisó. En una unidad económica que se financia con la cuota de administración que emerge de un presupuesto preparado por el administrador, sin duda alguna, es lo primero que hay que revisar. No importa cómo lo haga cada administrador, el resultado siempre es el mismo: recaudar dinero y nada más. Ahí, esta la primera acción ilegal, el pecado primero, no ajustarse al presupuesto.

Según la ley, los propietarios tienen que cubrir en forma solidaria, y de acuerdo con el coeficiente de propiedad, el presupuesto. De no pagar en término deben pagar intereses y, por supuesto, ser demandados.

El resumen de las cinco unidades y sus 900 a 1000 apartamentos presentan una cartera total de aproximadamente 230 mil dólares, 30% del total de los ingresos anuales. Los excedentes presentados por los contadores y administradores con explicaciones extraídas de las cátedras del MIT, Harvard, Oxford y Cambridge aparentemente conforman a los pocos propietarios que llegan a las asambleas anuales donde se aprueban los informes financieros del año recientemente finalizado y el presupuesto para el corriente año. De los cinco presupuestos para el año 2018 sólo apruebo uno, el que yo he preparado, que casualmente no fue aprobado por la asamblea.

Si esa cartera la reduzco 5% del ingreso anual, que considero un coeficiente razonable, los excedentes acumulados de 110 mil dólares se reducen a un déficit acumulado de aproximadamente 60 mil dólares. Por supuesto, cada propietario que lea este texto debería revisar los estados financieros de su propio conjunto. Las estadísticas siempre tienen un problema: son utilizadas a conveniencia del que las publica, no es como Trivago, que recorre miles de páginas y presenta para un mismo hotel las diferentes ofertas existentes. A nadie le explican cómo es posible que un mismo producto tenga tantos precios diferentes, y lo mismo pasa con los edificios.

Sin duda alguna, los administradores no hacen lo suficiente para cobrar. La cartera, el año anterior, representaba el 28% del ingreso anual, cuando es 30% en este año, como señalé previamente. Mientras que los ingresos totales se incrementaron 6.5% con relación al año anterior; la cartera neta se incrementó en 15%. El total de gastos se incrementó solamente 3.3%.

Este año es de elecciones en nuestro país (Colombia), y no sorprende entonces que el DANE (Departamento Administrativo Nacional de Estadística), haya publicado que se redujo la cantidad de pobres en el país. Seguramente habla de pobres-pobres, quienes tampoco tienen capacidad para residir en ninguno de los conjuntos mencionados porque el alquiler supera el salario mínimo.  El crecimiento de la cartera y la respectiva provisión de incobrables es una señal de empobrecimiento de la clase media, que es  la que vive en estos apartamentos.

Un índice del empobrecimiento de la clase media es que, aun reduciendo las tasas de interés del Banco de la Republica y la inflación, las tasas de interés en las cuentas corrientes y tarjetas de crédito no han bajado, pues es obligación del gobierno cuidar la estabilidad de los bancos y, por supuesto, sus dueños.

Los pobres tampoco disponen de cuentas corrientes ni tarjetas de crédito, por lo tanto, ellos no son el “problema” de los bancos.

Cuando residíamos en Israel, en la calle Shapira de Petach Tikwa, sólo éramos inquilinos, pero exigíamos revisar los informes, pues como inquilino uno no debe pagar montos que no sean para el mantenimiento corriente, es decir, sólo se debe pagar la cuota ordinaria. No fue fácil, pero gracias a una vecina propietaria, que comprendió nuestras explicaciones, nos convertimos en colaboradores. El resultado fue sorprendente y, por supuesto, muy satisfactorio. La cuota de 170 sheqalim se redujo a 130, y devolvimos 40 sheqalim por 18 meses a cada propietario, lo que obviamente mejoró la cobranza.

Recordemos, entonces: el que calla, otorga.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Julio Ioseph May

Julio Ioseph May
Julio Ioseph May (Yossi) nació en Colonia Avigdor, Provincia de Entre Ríos, Argentina. Desde 1973 vivió en el estado de Israel y a partir de febrero 2014 reside en Barranquilla, Colombia. Comparte publicaciones de cinco antologías (en las que se incluyen poemas y relatos): "De Paz y De Guerras" y "Lazos Umbilicales" publicadas en Israel en 2007, "Primer antología de Muestrario de Palabras" (2007) y "Libro del Haiku", Ediciones Artesanales Santoamor (2008), ambas en Buenos Aires. Participa activamente en variados grupos literarios de internet. Su preferencia es la narrativa y al haber sido auditor suele enfocar los temas desde una perspectiva crítica.