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¡Toreo muy puro!

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Luis Ramón Carazo


Ocio y Negocio

Diego Urdiales en su última faena en Madrid (Foto: Marca).

jueves 11 de octubre de 2018

El 15 de noviembre de 2015, por medio de una sustitución, vino a confirmar a la Plaza México el torero riojano Diego Urdiales, quien sustituyó a Enrique Ponce; el hecho  que voy a comentar es que, al igual que pasó este año en Bilbao y luego en Madrid, Diego dio una lección de cómo debe ser el toreo en su máxima expresión; su padrino fue Fermín Rivera y el testigo Armillita IV, con el torero a caballo Alejandro Zendejas por delante.

La faena al toro de la confirmación, Personaje, de Bernaldo de Quirós, fue un dechado de belleza y emoción, citando con la bamba o centro de la muleta y conduciendo la embestida primero hacia los tobillos y luego despidiendo atrás de la cadera que, en aquella tarde, embelesó al público capitalino, dejando un aroma de torería que todavía recordamos; hasta hoy, en la misma cuerda solamente estuvo la faena a Peregrino de Teófilo Gómez, al año siguiente, el 11 de diciembre de 2016, que fue de Morante de la Puebla.

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Morante de la Puebla en el Puerto de Santa María, 2017 (Foto: Júcaro/El Mundo).

Por ello, con extrañeza recibimos la noticia de que Diego, por diferentes circunstancias, no fue requerido en las plazas europeas este año, cuando su presencia en los carteles significaba la posibilidad de recrear el toreo que hemos visto en imágenes de toreros privilegiados; de esa pasta, son unos cuantos en la historia del toreo.

Tuvimos en agosto la enorme suerte de ver su actuación en Bilbao y, como ya lo narré en este mismo espacio, fue una explosión de alegría verle actuar con los toros de Alcurrucén que bien le permitieron a Diego explayarse en su máxima expresión con el sentimiento interno (nacido intuyo) de sentirse relegado por un sistema taurino que tendría que recapacitar lo injusto que ha sido con un torero que, cuando se prestan las circunstancias, teje faenas inmortales.

El domingo 7 de octubre de 2018 en Madrid fuimos testigos, a través de las imágenes de televisión, de una corrida que, de entrada, nos permitió disfrutar de un encierro de Fuente Ymbro, propiedad de Ricardo Gallardo , que se destacó por el equilibrio de nobleza con bravura, aderezada esta última con cierta fiereza, lo que provocó que el festejo, en conjunto, fuera inolvidable.

Luminoso, el tercero de la tarde, fue un toro que, en unas manos distintas a las de David Mora (quien no las tuvo todas consigo), tal vez -sin querer pecar de exagerado- hubiera sido candidato a petición de indulto, que solamente una vez se ha concedido en Las Ventas -en 1982-, otorgado al toro Belador, de Victorino Martín, lidiado por Ortega Cano.

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David Mora en Sevilla (Foto: La Mejor Toros).

Octavio Chacón sumó una oreja conseguida a sangre y fuego que lo mantiene en el ánimo de los aficionados, quienes lo han visto resurgir del ostracismo con base en una vocación indómita.

Algunos Fuente Ymbro eran nobles, en el sentido de claridad en la embestida, combinada con fiereza, pero, para embarcar esa nobleza, rápida, ágil y fuerte, hacía falta mucho valor, mucha serenidad, mucha técnica y ésa, a raudales, la aportó Diego Urdiales, quien provocó gloria, drama, diversión, emoción; es decir, los elementos que caracterizaron por siglos a las corridas de toros, hasta que a alguien se le ocurrió que con el toro light es más bello el toreo.

La petición de vuelta al ruedo a los restos de Luminoso y Hurón fue ignorada por el presidente de la corrida, allá él y su juicio.

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Octavio Chacón en los recientes San Fermines (Foto: Rodrigo Jiménez/EFE).

Y ahora, para rematar, hay que volcarse con Diego, que estuvo bien en su primero, pero con Hurón rompió el cuadro; el Fuente Ymbro junto con el riojano dejaron en el ruedo una faena inmortal, en la que cada embroque era el preludio a un grito de reconocimiento a la rebeldía, con base en una tauromaquia que hoy en día muy pocos practican y que cada vez menos se aprecia en la conformación de los carteles.

Ojalá que las dos vueltas al ruedo, que hace años no pedía el público madrileño para un torero, con trofeos en la mano y bajo el grito unánime de ¡torero, torero!, no queden como anécdotas y que se le dé el lugar que merece al concepto embelesador de Diego Urdiales, aquí y en China.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Luis Ramón Carazo

Luis Ramón Carazo
Hijo del inolvidable cronista taurino José Luis Carazo “Arenero”, de quien heredó su pasión por la tauromaquia, convirtiéndose en cronista de toros y periodista de diversos medios impresos, radiofónicos y electrónicos como TDN (Televisa Deportes Network) y el Diario Reforma (Sección Negocios). Además de ser experto en Negocios Deportivos, es consultor y Consejero de Empresas. Actualmente también se desempeña como profesor de asignatura del ITAM en sus programas de Maestría de Negocios y Sistemas.