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Chicuelo y el toreo moderno

Torero Chicuelo.

Luis Ramón Carazo


Ocio y Negocio

Foto: Blog Dinastía Chicuelo.

lunes 25 de marzo de 2019

Cien años se van a cumplir del día cuando Manuel Jiménez Moreno, “Chicuelo”, recibió la alternativa en Sevilla, el 28 de septiembre, siendo padrino Juan Belmonte y testigo Manuel Belmonte. El toro de la ceremonia se llamaba: Vidriero del Conde de Santa Coloma. La confirmación en Madrid fue el 18 de junio de 1920, padrino El Gallo, testigos Juan Belmonte y Fortuna.

El torero de la Alameda de Sevilla, no tuvo la misma consistencia en su carrera de Belmonte o de Joselito, sin embargo, el sevillano propició ligar los pases de muleta, técnica que ha trascendido hasta nuestros días con la aportación posterior de toreros que han venido sumando distintas maneras de interpretar el arte efímero, con la misma base.

Su padre fue matador de toros y de él tomó el apodo que le da nombre a uno de los lances más interpretados; la Chicuelina, invención del sevillano.

Nació Manuel cómo Juan Belmonte en el barrio de Triana, el 15 de abril de 1902, para irse a la Gloria en 1967 en su amada Sevilla. Fue criado por su tío Zocato de apodo y con tan sólo diez años, ingresó en la Escuela Taurina de Sevilla donde se fue forjando la carrera de quien, en unos meses más, recordaremos cien años de alternativa.

En 1924 debutó en nuestro país, alternando con Valencia II en El Toreo de la Condesa, para posteriormente torear tres domingos seguidos en la última temporada en activo de Rodolfo Gaona, 1924-1925.

Torero Chicuelo.

Foto: Blog Dinastía Chicuelo.

El 7 de diciembre fue su debut en el coso –hoy en día El Palacio de Hierro– con toros de Piedras Negras y no correspondió a las expectativas generadas, posteriormente, el 21 de diciembre, en mano a mano con Rodolfo Gaona, tuvo detalles exquisitos, todos los datos tomados de la Historia del Toreo de Guillermo E. Padilla.

Por cierto, antes de esa temporada, el 25 de diciembre se presentó como becerrista, Fermín Espinosa Armillita en El Toreo de la Condesa, llamado con justicia, “El Maestro de Maestros”.

El 25 de enero de 1925, con un toro de Atenco, Chicuelo tuvo al fin la esperada gran faena y el 1 de febrero en mano a mano con Rodolfo Gaona, por ser herido el leonés, lidió cinco toros; uno de ellos “Lapicero” de San Mateo, toro criado por Don Antonio Llaguno, quien le permitió trazar la faena de la manera que fue novedosa en su tiempo y enloqueció a nuestros antepasados.

El 25 de octubre de 1925, reapareció en México actuando con Juan Silveti y el torero español Manolo Martínez, Chicuelo tejió la faena de muleta a “Dentista” de San Mateo, astado de bandera, fueron varias series que sumaron hasta 25 naturales, dando cauce a la modernidad.

Torero Chicuelo.

Foto: Blog Dinastía Chicuelo.

Manuel la interpretó ligando con varias series de pases y, a pesar de haber fallado con la espada, el público enloquecido exigió los máximos trofeos y la salida en hombros; dejando ya su sello para la posteridad.

Fue el 24 de mayo de 1928 en Madrid, cuando la sintonía de un toro de Graciliano Pérez Tabernero, “Corchaito”, y la manera de torear de Chicuelo, se conjugaron para provocar que periodistas como Federico M. Alcázar escribiera: “Chicuelo realiza con el toro ‘Corchaito’ la faena más grande del toreo. ¿Cómo toreó Chicuelo? Como nunca se ha toreado, como jamás se toreará”.

“Lo grandioso, lo indescriptible, lo que arrebata al público hasta el delirio, es cuando el torero, ¡el torero!, ejecuta cuatro veces el pase en redondo girando sobre los talones en un palmo de terreno”. Alcázar describe así al toreo moderno, aportado por el sevillano, quien le cedería la alternativa en Sevilla el 2 de julio de 1939 a Manolete, otro de los arquitectos del toreo de la actualidad.

Así las cosas, me detuve un rato a recordar a Chicuelo, sin dejar de lado el día con día, alegrándonos por la buena actuación de Miguel Aguilar en Aguascalientes, quien en Arnedo, España, en la categoría de sin caballos, se llevó el Zapato de Plata  ‒prestigiado trofeo que da aire a su esperanzadora carrera a futuro‒, y a quien le vimos detalles importantes en La México. Por otro lado, vimos a Juan Pedro Herrera, saliendo en hombros de la novillada de Aguascalientes. Ahora viene Texcoco, Sevilla, Madrid, y muchos otros festejos, ¡viva el toreo!

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Luis Ramón Carazo

Luis Ramón Carazo
Hijo del inolvidable cronista taurino José Luis Carazo “Arenero”, de quien heredó su pasión por la tauromaquia, convirtiéndose en cronista de toros y periodista de diversos medios impresos, radiofónicos y electrónicos como TDN (Televisa Deportes Network) y el Diario Reforma (Sección Negocios). Además de ser experto en Negocios Deportivos, es consultor y Consejero de Empresas. Actualmente también se desempeña como profesor de asignatura del ITAM en sus programas de Maestría de Negocios y Sistemas.