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Protestas con Propuestas

Uber.

Luis Wertman Zaslav


Construcción Ciudadana

Foto: PixaBay.

miércoles 9 de octubre de 2019

La Ciudad de México lleva una racha de manifestaciones, algunas con episodios de mucha violencia que se han convertido en un asunto político y social que pone sobre la mesa la manera en que reclamamos como sociedad.

La última, apenas este lunes, convocó a cientos de taxis y a sus operadores para protestar en contra de las empresas de transporte por aplicación (Uber, Cabify, Didi y Beat) que irrumpieron en uno de los mercados más complejos y corruptos que tenemos en la capital: el transporte concesionado de pago.

Días antes, las autoridades de la Ciudad de México advirtieron sobre los bloqueos que diversas organizaciones de taxistas llevarían a cabo en una urbe ya de por sí complicada en su tránsito vehicular; a primera hora de la mañana los choferes con sus unidades habían cerrado las principales arterias y avenidas.

Manifestación de taxistas.

Fotografía: CNN.

Gracias al aviso de antelación, miles de personas tomaron sus previsiones y convivieron en un escenario poco común de mucho menos automóviles, avenidas desiertas y carriles cerrados para caminar, mientras en las redes sociales los usuarios de alguna de las varias aplicaciones tecnológicas de traslado lanzaban hasta un boicot para que durante una semana nadie se subiera a un taxi.

Claro que el concepto “taxi” es diferente aquí comparado con otras ciudades del mundo, pero no muy alejado de la idea que tenemos en México: unidades sucias, con choferes poco cuidadosos, sin servicio para el cliente, en malas condiciones y carentes de cualquier tipo de prestación laboral o social.

Es decir, la forma en que se regula este mercado y se fijan sus reglas de operación, habla mucho del progreso de una ciudad. Mientras los taxistas cuenten con un medio para vivir, mantener sus unidades en buena forma, brindar un servicio adecuado y tener derechos laborales al igual que obligaciones, no parece haber problema entre quien presta el servicio y quien lo recibe.

De hecho, la aparición de las aplicaciones surgió de esta brillante ocurrencia de ofrecer cientos de opciones de traslado que fueran más baratas, seguras, limpias y con mejor servicio, mientras el dueño del vehículo tenía tiempos muertos que aprovecharía para llevar a otra persona, como él, a su destino.

Atención Uber.

Foto: PixaBay.

Fue, en suma, una innovación tecnológica basada en cuestiones que a todos nos atraen mucho como clientes, amabilidad, consideración, atenciones y, sobre todo, un precio justo.

Es mundial el descontento que han provocado estas empresas tecnológicas a las comunidades de taxistas, debido a que estos últimos se quejan de esta manera de juntar a dos personas, una que puede llevarlo y otra que necesita que lo lleven; no se paga impuestos, no genera seguridad social, y tampoco protege al chofer de accidentes o le da un patrón al que acudir. Todo es cierto.

Sin embargo, en medio de la protesta, perdemos de vista lo realmente importante para nosotros los ciudadanos o usuarios: un servicio correcto por un precio justo, que le permita a quien lo brinda un medio digno de vida; más o menos como alguna vez sucedió en los años 50 cuando un padre de familia podía darle sustento a su familia como chofer de un taxi.

Lo mismo aplica para estos mastodontes económicos que han surgido con las bondades de la tecnología, pues quienes están en su plataforma como conductores, iniciaron pensando que éste sería un trabajo temporal, de horario flexible, y hoy, la incorporación masiva, la contratación de pruebas de seguridad laxas, los ha puesto sólo a unos cuantos escalones en la escalera que los separa del taxi de nuestras pesadillas. Y el camino, para ambos, sólo es hacia abajo.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Luis Wertman Zaslav

Luis Wertman Zaslav
Luis Wertman estudió Administración de Empresas. Es Presidente de Confianza e Impulso Ciudadano, A.C. Miembro del Consejo Nacional de Seguridad como Representante de la Sociedad Civil. Durante ocho años encabezó el Consejo Ciudadano de la Ciudad de México, y presidió la Red Nacional de Consejos Ciudadanos A.C., integrada por 16 organizaciones civiles enfocadas en la prevención del delito y la cultura de la denuncia. Fue representante de la sociedad civil ante el Consejo Nacional de Seguridad Pública, y miembro de World President’s Organization (WPO), organización que agrupa a más de 8 mil líderes mundiales en los negocios y la filantropía. Fue presidente de Young President’s Organization (YPO) capítulo México, y miembro también de Chiefs Executive Organization (CEO), la única organización independiente integrada por 2 mil líderes. Miembro del Consejo Nacional de Impulsa/Junior Achievement, organización dedicada a la educación y fomento de jóvenes emprendedores. Encabezó a la delegación empresarial más grande de nuestro país a la India, como presidente del Comité México-India del Consejo Empresarial Mexicano de Comercio Exterior (COMCE). Formó parte del Consejo Económico y Social de la Ciudad de México (CES) y del Consejo Consultivo para el Turismo (CCT) de la capital. Miembro numerario de la Legión de Honor Nacional de México. Cuenta con cinco doctorados Honoris Causa por su trayectoria como líder de la sociedad civil en México. Obtuvo la presea "Tepantlato", mérito a la labor a favor del Ciudadano. Invitado y conferencista permanente en universidades, instituciones privadas y públicas, sobre participación ciudadana, prevención, seguridad y procuración de justicia. Articulista y comentarista permanente en diversos medios nacionales de comunicación.