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Una década de continua división sociopolítica

Crisis sociopolítica en Honduras.

Manfredo Martínez


Sociedades del Siglo XXI

Fotografía: RT.

sábado 29 de junio de 2019

El 28 de junio de 2009, el entonces presidente Manuel Zelaya Rosales fue depuesto abruptamente del poder presidencial hondureño por los militares (quienes “allanaron” el camino para que su sustituto fuese el presidente del Congreso Nacional en ese momento, Roberto Micheletti Bain, de acuerdo a una interpretación doméstica constitucional) en un evento calificado por la fuerza izquierdista como “golpe de estado”; entretanto, su contraparte derechista lo catalogó como una “sucesión constitucional”. Ese evento profundizó y marcó una frontera en las relaciones sociales de los hondureños (por motivos ideológicos), a tal grado que diez años después (ahora en el 2019), las “heridas” de la animadversión no han “cicatrizado”.

En un principio, creo que la sistémica confrontación entre líderes hondureños de izquierda y derecha, tiene su origen en la negación de las habilidades de gestión de “el otro”, lo cual obviamente se traduce en la crítica sin sustento o en propuestas de mejora; como consecuencia, esto contribuye a una “legitimación no escrita” de la polarización, pues los dos grupos en mención, al parecer solamente buscan la protección de intereses particulares y generar mecanismos de “distracción”, lo cual se traduce invariablemente en la profundización de los niveles de desigualdad y en asfixia de la esperanza de los habitantes del país centroamericano (ejemplo de lo anterior es el dramático éxodo de quienes viven “aislados” en el lado norte mexicano, en una especie del fenómeno llamado “tercer país seguro”, idea enmarcada en el estatuto de los refugiados de 1951).

Elecciones en Honduras.

Fotografía: Confidencial HN.

En mi opinión, toda oposición política debe tener un principio básico y es el de “resaltar” todas aquellas buenas ejecutorias que contribuyan a consolidar el estado de derecho, para que de tal manera se contribuya a la construcción de reales democracias (lo cual necesariamente nos indica que se debe trabajar por y para el ciudadano). No obstante, es indiscutible el hecho que se deben señalar todas aquellas “omisiones” desde el poder político en turno para combatir los grandes males de las sociedades contemporáneas: corrupción, narcotráfico, tráfico de personas, cambio climático, etc.

Diez años de confrontación política abierta y propagada en todos los rincones del país –como pasa en muchos otros de nuestra región latinoamericana– me parece que ha sido un lapso de tiempo suficiente para “madurar” y reencauzar al país hacia una búsqueda genuina del desarrollo “hacia adentro” (lo cual pienso que podría ser alcanzable mediante el desapasionamiento ideológico y movilizando estrategias y recursos hacia los sectores más deprimidos de la nación y con ello –colateralmente– abrir válvulas de escape, a fin de retener y disuadir el masivo éxodo de migrantes).

Campaña política.

Fotografía: LaPrensa.hn.

En mi opinión, las antojadizas interpretaciones de los marcos jurídicos como el “catracho”, solamente son un reflejo de la falta de una cultura política que respete el pacto social constitucional. Primero fue el derrocado presidente Manuel Zelaya Rosales quien abrió boquetes para generar la crisis política; seis años después, el opositor Juan Orlando Hernández, acentuó la “brecha” del entendimiento y la tolerancia al maniobrar con afines en la Corte Suprema de Justicia hondureña, con el propósito de facilitar “vías” para la reelección.

Para finalizar, el folclorismo político y la falta de una firme adhesión a un verdadero proyecto de país –observado por ejemplo en la mediatización diaria en la construcción de la realidad, separadas por líneas editoriales “incompatibles”–, solamente contribuye a ralentizar el trabajo por el “estado de bienestar” y a desviar la atención sobre las principales causas que han propiciado la situación actual.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Manfredo Martínez

Manfredo Martínez
Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana (UIA) y Licenciado en Periodismo por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), en donde es profesor de Periodismo. Miembro Directivo (Secretario) de la Asociación de Egresados del Posgrado en Comunicación de la Ibero (ASEPEC UIA), Periodo 2017-2019. Ex encargado de la Comunicación y visibilidad del Programa de Apoyo a los Derechos Humanos (PADH) de la Unión Europea en Honduras. Ha sido colaborador de medios informativos como: Revista C+Ibero (UIA) y Blog “Factor Tiempo” (ambos en Ciudad de México); Diario el Heraldo; semanario “Honduras This Week”; periódico digital “hondudiario.com”; Televisión Hondured; Radio Reloj; Mundo TV (en Tegucigalpa, Honduras). Asimismo, ha colaborado con organizaciones promotoras de los Derechos Humanos: Programa de Voluntario de las Naciones Unidas (VNU-onusida); Asociación Colaboración y Esfuerzo (ACOES); y Centro de Atención al Migrante Retornado (CAMR).