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Dotar a la madre naturaleza de derechos

Derecho verde.

Manfredo Martínez


Sociedades del Siglo XXI

Imagen: Systemic Alternatives.

sábado 27 de julio de 2019

El Departamento de Nariño en Colombia ha dado un paso al frente –ejemplar y decidido–, al integrar en su legislación el decreto 348 que fomenta y promueve la protección de los ecosistemas ambientales de la región. Con ello, reconoce a la naturaleza como “sujeto de derechos”. Es el primero de los 32 departamentos que impulsa esta iniciativa mediante la cual se busca preservar el equilibrio en los ciclos biológicos y contribuir a la armonía de estos. Es interesante la figura “Guardianes de la Naturaleza”, con la cual se busca gestionar la promoción de buenas prácticas al respecto, y sancionar a aquellos ciudadanos que “atenten” contra la vida de la naturaleza.

La progresiva laceración de la vida natural y de los ecosistemas sociales en todas sus escalas ha hecho indiscutiblemente que empiece a formar parte de nuestro diccionario común, una terminología relacionada a: “migrantes climáticos”; “descarbonización”; “calentamiento global”; entre otros aspectos que han afectado de forma progresiva la calidad de vida de comunidades enteras a lo largo y ancho del orbe. Por ejemplo, en el caso de países como Honduras, las constantes sequías –que según el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH), afecta cada año “a más de 70,000 familias–, ha provocado que la agricultura tradicional se vea menguada, lo cual, si se mantiene constante en el tiempo y el espacio, va a generar una migración climática, debido a que las esperanzas de supervivencia se “diluyen” a falta de recursos económicos y tecnológicos (situación de países subdesarrollados), lo cual colateralmente y en cadena genera encarecimiento de los productos de la cadena alimenticia.

Migraciones climáticas.

Fotografía: El Mostrador.

Creo que la iniciativa incubada en esta zona del país andino es probablemente un “llamado a la acción” en la consecución de esfuerzos globales regionalizados, en tanto, a mi parecer, es más fácil llegar a acuerdos desde los microespacios –y propagarlos a los macro espacios– debido a los crecientes grados de complejidad.

El planeta tierra ha sido visto desde tiempos antropológicos como un espacio para la explotación, pero aquí deberíamos preguntarnos si compensamos en la misma manera esa benevolencia naturalizada, o somos cómplices por acción u omisión de los ecocidios que asedian a nuestra raza humana y que provoca tensiones corporales y “asusta” la normal convivencia. Veamos por ejemplo la temperatura récord de 42,6 grados que asoló este 25 de julio a la “ciudad luz” en territorio europeo, y que, de acuerdo con reportes mediatizados del diario El País, “golpea Europa con una intensidad sin precedentes”.

No cabe duda que la contención a la devastación, que empezó ya desde hace “un rato”, de este desequilibrio climático requiere más que acciones jurídicas y compromisos cívicos-ciudadanos, en el entendido en lo que afecta a la comunidad, pues contribuye a lesionar nuestra calidad de vida en sociedad. En este escenario global, hablamos de sustentabilidad y sostenibilidad, lo cual no va a ser posible sin una integración “plena” y desideologizada que fomente el respeto a la “vida de la naturaleza”, en el entendido que su sostenido equilibrio contribuye a una armoniosa evolución humana.

Ecocidio.

Fotografía: www.miambiente.com.mx.

En conclusión, pienso que no se puede hablar de “dotar” de derechos a la naturaleza, sin antes asumir cada uno nuestro papel de defensa del bienestar común –el cual invariablemente contribuirá al bienestar particular–, sin antes asumir responsabilidades y deberes desde nuestros “naturales” espacios de vida; los periodistas denunciando los daños medioambientales; los cuerpos judiciales fomentando el contrapeso efectivo y frontal contra los depredadores de la naturaleza; y, tanto alumnos como maestros que tomen un papel activo de liderazgo y fomento del bienestar humano-ambiental.

P.D.: De hecho, en una sentencia de 2016 en donde la Corte Constitucional de Colombia reconoce los “derechos” del río Ataro, argumenta que “son las poblaciones humanas las que son interdependientes del mundo natural –y no al contrario– y que deben asumir las consecuencias de sus acciones y omisiones con la naturaleza”, lo cual resulta en sí mismo una especie de “profecía” en cuanto a las consecuencias de provocar desiguales alteraciones a nuestras comunidades, y con ello se nos advierte además de la necesidad de procurar y gestionar el equilibrio en nuestra relación cotidiana con el medio ambiente que nos rodea.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

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Sobre Manfredo Martínez

Manfredo Martínez
Maestro en Comunicación por la Universidad Iberoamericana (UIA) y Licenciado en Periodismo por la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), en donde es profesor de Periodismo. Miembro Directivo (Secretario) de la Asociación de Egresados del Posgrado en Comunicación de la Ibero (ASEPEC UIA), Periodo 2017-2019. Ex encargado de la Comunicación y visibilidad del Programa de Apoyo a los Derechos Humanos (PADH) de la Unión Europea en Honduras. Ha sido colaborador de medios informativos como: Revista C+Ibero (UIA) y Blog “Factor Tiempo” (ambos en Ciudad de México); Diario el Heraldo; semanario “Honduras This Week”; periódico digital “hondudiario.com”; Televisión Hondured; Radio Reloj; Mundo TV (en Tegucigalpa, Honduras). Asimismo, ha colaborado con organizaciones promotoras de los Derechos Humanos: Programa de Voluntario de las Naciones Unidas (VNU-onusida); Asociación Colaboración y Esfuerzo (ACOES); y Centro de Atención al Migrante Retornado (CAMR).