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Los temblores del 19 de septiembre, similitudes y diferencias

Temblores 19 de septiembre, México

Manuel Ramiro Hernández


Visión Integral


miércoles 11 de octubre de 2017

Este recién pasado 19 de septiembre, poco después de un simulacro que además de recordar, conmemoraba el sucedido en 1985, sentimos en la Ciudad de México un sismo que desde el principio supusimos como de enormes consecuencias. El que crea en ellas podría pensar que es toda una casualidad, 32 años y seis horas después, un tremendo sismo abate al entonces Distrito Federal ahora la Ciudad de México.

En 1985 el fenómeno se inició en la Costa del Pacífico a unos 600 km de la Ciudad, el reciente partió de muy cerca en los límites de Puebla y Morelos, lo que por cierto hizo que, aunque ahora contamos con una alarma sísmica, ésta sonó ya iniciado el movimiento con lo que prácticamente nadie pudo tomar precauciones. Al final del día 14 había sucedido un sismo también enorme que se inició en la costa del Pacífico y que, aunque se sintió en nuestra ciudad no causó grandes daños, sin embargo, sí fueron catastróficos en las costas de Oaxaca y Chiapas en donde devastó a muchas poblaciones con muchos fallecimientos y grandes daños materiales. Todas las ayudas se habían volcado hacia las zonas abatidas. Y súbitamente, como siempre, aconteció el nuevo 19 de septiembre. Una enorme diferencia es que ahora los daños no se restringieron a la capital del país, incluyeron a poblaciones del estado de Puebla y de Morelos, donde causaron grandes destrozos y fallecimientos. Poblaciones como Jojutla en Morelos tuvieron varias edificaciones destruidas y defunciones, y el Centro Histórico de Puebla sufrió también muchas pérdidas humanas así como daños físicos. En la Ciudad de México rápidamente se supo que diversas edificaciones se habían derrumbado, y digo rápidamente porque a diferencia de 1985, las comunicaciones se mantuvieron funcionando aunque no intactas, sin embargo, poco tiempo después se restablecieron de manera total. Debemos recordar que en 1985, la comunicación telefónica se perdió totalmente lo que fue motivo de grandes angustias y problemas.

Si en 1985 el temblor se originó en la Costa del Pacífico a unos 600 km de la Ciudad de México, ahora, en 2017, surgió muy cerca en los límites de Puebla y Morelos a poco más de 100 km. Parece ser que la medición en la escala de Richter se hace en el lugar de origen y aunque en 1985 fue de alrededor de 8, mucho tiempo hubo discusión en sí fue de 7.9 o 8.1, el sismo viajó más de 600 km antes de llegar a la vieja Tenochtitlán, ahora fue de 7.1 pero sólo viajó poco más de 100 km para llegar, destrozando en su trayecto a poblaciones de Morelos, Puebla, Estado de México y Guerrero, aunque en estos dos últimos de mucho menor magnitud. Tan rápido llegó que la alarma sísmica nos alertó ya que el movimiento se había iniciado. Comparar la magnitud no es sencillo.

La respuesta al sismo fue muy similar por parte de la sociedad civil, en ambos casos rápidamente se volcó a auxiliar a los lastimados por el temblor, ahora con las cadenas de comunicación y seguramente por una mayor conciencia y educación cívica, la ayuda resultó mucho más ordenada y eficiente. La respuesta gubernamental, estatal, sí que fue muy diferente en 2017; a los pocos minutos de lo sucedido, el Presidente de la República y el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México ya habían aparecido y estaban encabezando la respuesta, lo que hizo que los resultados fueran mejores. En 1985, Ramón Aguirre, Jefe del Departamento del Distrito Federal, tardó muchas horas en hacerse presente y aún más tardó Miguel de la Madrid, Presidente de la República. Hay que hacer notar que en ambos casos la respuesta de los cuerpos de emergencia, del ejército y la policía fue en ambos desastres rápida.

Las consecuencias fueron diferentes en magnitud, en 1985 la cifra oficial de muertos fue de más de 10,000 aunque nunca se llegó a precisar adecuadamente, el imaginario popular e informativo llegó a establecerlos de 3,000 a 30,000. El manejo en general de la situación fue desordenado y en momentos caótico, duró muchas semanas y posiblemente años, porque los aspectos financieros aún tienen colas no resueltas. El sismo reciente ocasionó 366 defunciones, 225 en la Ciudad de México, cifra bien determinada y que no ha recibido apelaciones; fue gestionado de manera mucho más ordenada, después de los mementos iniciales, diferentes organizaciones gubernamentales tomaron el comando y usando sus recursos, los muy valiosos de la población civil y los de la ayuda extranjera, quienes hicieron las labores de manera eficaz y eficiente. De las muchas edificaciones que se derrumbaron o sufrieron daños en 2017, la cifra no ha sido aclarada precisamente, pero aguantaron el primer jalón y no ocasionaron lesiones a sus habitantes, situación que hay que apreciar en sus debidos términos.

En 1985 el número de edificaciones derrumbadas fue muchísimo mayor, pero nunca fue precisamente determinado, y ahora precisamente hemos visto que no fueron debidamente atendidos o solucionados. En algunos de los edificios derrumbados o dañados en 2017 podemos apreciar la marca de la corrupción al no atender las especificaciones de las construcciones valiéndose de triquiñuelas y fraudes, en las que como siempre, parece ser, fueron partícipes autoridades y particulares. Pero en 1985 vimos situaciones aun más graves, en mi opinión espeluznantes, como la del Hospital Juárez que, poco tiempo antes había sido inaugurado como ejemplo de los cambios hospitalarios que en México debían suceder, se derrumbó como castillo de naipes y pronto se hicieron evidentes las faltas a los reglamentos de construcción, los constructores y funcionarios fueron identificados, pero hasta donde recuerdo no sancionados. Por cierto, la recuperación de los sobrevivientes y fallecidos del Hospital Juárez duró muchos días y nunca se estableció puntualmente su número, fue sumamente dramática la noticia del fallecimiento de profesores y médicos residentes que estaban en clases al momento del sismo, ¡los médicos siempre empezando tan temprano!, y con los que varios días se tuvo comunicación, hasta que fallecieron.

En 2017 dos semanas después se dio por terminado el rescate de víctimas, se estableció el número de edificaciones derrumbadas, y se está a punto de determinar los daños en las que no cayeron incluso con una clasificación que o permitirá habitarlos mientras se corrigen, o bien, desalojarlos mientras se hace, o incluso tirarlos porque el daño es muy grande. En unos cuantos días la planeación de la ayuda financiera, ahora en 2017, ya estaba en marcha, en Oaxaca y Chiapas, con el temblor anterior; mientras que en la Ciudad de México se han iniciado ayudas preliminares y están en marcha planes financieros para los damnificados. En 1985 tardaron una eternidad y no estoy seguro si se han concluido.

La respuesta ante el gobierno en 1985 fue muy crítica y tuvo consecuencias determinantes. En 1988 tuvimos la primera elección con resultados cuestionados, en los tiempos modernos, y han surgidos cambios muy notables. Ahora aunque la respuesta ha sido diferente, cuando menos es rápida y comprometida; la apreciación de la sociedad en la redes sociales y la prensa no ha sido la mejor, se han cuestionado infinidad de situaciones tanto para el Gobierno Federal como para los locales, Ciudad de México, Morelos, para Puebla y Estado de México en menor magnitud. Ante una situación electoral más cercana que en 1985, es muy posible que todo esto tenga consecuencias.

Los dos sismos del 19 de septiembre han sacudido y sacuden a México, no sólo desde el punto de vista físico sino muy probablemente también político y sociocultural; con consecuencias de las que deberemos estar pendientes.

El contenido presentado en este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente representa la opinión del grupo editorial de El Semanario Sin Límites.

6 comentarios

  1. María González

    Me parece muy interesante las comparaciones que hace entre los dos temblores de la misma fecha, del 19 de septiembre, con diferencia de 32 años. Efectivamente, en el primer evento muchas situaciones quedaron veladas y aún no se sabe si se han corregido todas. Ahora vivimos en una sociedad más transparente, no necesariamente porque los políticos así lo deseen, sino porque el avance de la tecnología permite la comunicación y que la información fluya al instante. Esta parte jugo un papel muy importante para que la ayuda llegara de manera eficaz a los lugares que la requerían. Sin embargo, considero que hace falta implementar un verdadero plan de protección civil, que no se reduzca a realizar simulacros en las escuelas y oficinas, sino que vivamos de manera consciente y congruente en un país sísmico, que los edificios se construyan en relación a esa limitante, no se necesitan nuevos reglamentos de construcción sino que las autoridades hagan que se cumpla y no permita que se viole, autorizando construcciones con niveles superiores a los que los planes de desarrollo han determinado en base a las características del suelo. Como usted bien dice los temblores sacudieron a México, a la sociedad civil, a las instituciones y al gobierno y de nosotros dependerá que sea para construir un mejor país. Lo felicito nuevamente por el análisis que hace de este evento, que nos movió a todos en México.

  2. Magnífico artículo, actual y transcendente. Me parece que con su conocimiento, experiencia y formación sería de gran ayuda que pudiese aportar números, datos y situaciones que se presentan sobre el comparativo de afectaciones en el personal médico, enfermeras y de apoyo en ambas situaciones: en la infraestructura y equipamiento de salud en la hoy CDMX, en la atención de personas (recién nacidos, infantes, jóvenes, mayores y tercera edad) en la instalaciones que permanecieron sin mayor afectación, así como una serie de medidas preventivas para evitar en la medida de lo posible de que el sector salud (público y privado) en el futuro se vea afectado por fenómenos naturales y antropogénicos; independientemente de las actuaciones u omisiones de autoridades y políticos., o a pesar de ellos.

  3. Justo platicaba con mi esposa esa tarde del 19 la diferencia radical en la actitud del presidente de la república, en 1985 se escondió, en 2017 se hizo presente en los 2 sismos de septiembre.
    También es evidente que algo hemos aprendido

    • rafael dominguez

      Estimado Alberto, muy atinado tu comentario, platicando con unos amigos sobre la actuación de nuestro Presidente vemos una gran diferencia en su forma de trabajar positiva participando con la Ciudadanía y dejándonos ayudar en los rescates, en nuestra charla nos preguntábamos por un tema que desconocemos en su totalidad pero nos pareció que cuando ha habido catástrofes en el planeta es después de los ensayos nucleares que se hacen por parte de un País.
      Desconocemos que repercusión tengan esos ensayos pero dejamos la pregunta en el tintero para que si alguien conoce del tema nos despejara la duda.
      Saludos a todos.

  4. Lic. T.S. Guillermina Cruz

    Muy interesante su artículo comparativo de los sismos de los 19 de septiembre (1985 y 2017) el tema fue recurrente entre los habitantes sobre todo los que experimentamos los dos eventos. En ambos casos el miedo hizo presa y por mucho que apenas minutos antes habíamos hecho un simulacro (como cada año) ni nos libró del terror ni de los daños materiales en algunos casos; que si hay que reconocer fueron mucho menores que en el 85.
    Me hubiera gustado que usted nos hubiese dado estadísticas -dado el puesto que desempeña- de el número de personas afectadas físicamente. Solo se informó sobre las defunciones, pero no sabemos quienes y de qué sexo y edades están graves, en qué hospitales, quienes necesitarán prótesis, etc. De todos modos los felicito por su narrativa y le doy las gracias.

  5. Es un punto de vista objetivo y alentador después de tanto enojo y desconfianza, que entiendo también tendrán sus motivos pero no creo que sea bueno que se vuelva un hábito la actitud de desacreditar al gobierno independientemente de cuanto tenga para mejorar.

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Sobre Manuel Ramiro Hernández

Manuel Ramiro Hernández

Manuel Ramiro H. Médico graduado en la Facultad de Medicina de la UNAM miembro de la generación 1963-1968. Realizó la especialización en Medicina Interna en el Centro Hospitalario “20 de Noviembre” del ISSSTE, trabajó en el Hospital 1° de Octubre del mismo ISSSTE donde fue médico adscrito, jefe de servicio, subdirector médico y director. Después estuvo un breve tiempo en la Secretaría de Salud, fue director de la Clínica Londres y actualmente trabaja en la Coordinación de Educación en Salud del IMSS. Ha sido profesor de diversas escuelas y facultades de medicina desde hace más de 40 años. Es editor de diferentes revistas médicas desde hace más de 30 años. Ha publicado varios artículos en diversas revistas nacionales e internacionales. Es editor de un libro de su especialidad. Lector dedicado y desordenado; aficionado a varias cosas. Marido, padre y abuelo feliz.

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